Sangre y Cenizas
"Te mataría si pudiera dejar de amarte"
Maya es cazadora de vampiros. Lucien es el vampiro que debería haber
muerto hace años.
Entre encuentros clandestinos y besos prohibidos, descubren que existe
un amor más peligroso que cualquier arma: uno que te envenena desde
adentro, que te hace traicionar todo lo que eres, y que solo termina
de una manera.
En la oscuridad, donde el bien y el mal se desdibujan, dos almas
rotas aprenderán que algunos fuegos nunca deberían encenderse.
Pero algunos ya arden.
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CAPÍTULO 17: La Orden se Mueve
Los ataques comenzaron tres días después.
El primero fue contra Viktor. Un grupo de cazadores de La Orden del Amanecer lo emboscó en el club Obsidiana. Viktor logró escapar, pero perdió a tres de sus vampiros más antiguos. El mensaje era claro: La Orden no bromeaba.
El segundo ataque fue contra Thomas. Cazadores de la Orden irrumpieron en la casa de los Blackwood, buscando información sobre Lucien. Thomas logró defenderse, pero quedó herido. Uno de los cazadores fue capturado antes de poder escapar.
Cuando lo interrogaron, reveló todo. La Orden del Amanecer tenía una lista. Una lista de todos los que habían trabajado con Lucien. Una lista que incluía a Maya, a Thomas, a Viktor y a todos sus aliados.
La Orden planeaba matarlos a todos. Uno por uno.
Maya estaba en la universidad cuando recibió la noticia. Su teléfono sonó. Era Lucien.
—Necesitas salir de ahí. Ahora —dijo, su voz urgente.
—¿Qué pasó? —preguntó Maya.
—Atacaron a Viktor. Atacaron a tu padre. La Orden está moviendo todos sus peones. Están tratando de aislarnos. De matarnos antes de que podamos unirnos.
Maya recogió sus cosas rápidamente y salió de la universidad. Cuando llegó a la calle, vio a Sophia esperándola, junto con cinco cazadores armados.
—Hola, Maya —dijo Sophia, sonriendo—. Creo que es hora de que tengamos una conversación más seria.
Maya intentó correr, pero los cazadores la rodearon. Sacó su cuchillo, pero sabía que no tenía oportunidad contra seis cazadores entrenados.
Fue entonces cuando Viktor apareció de la nada, atacando a los cazadores desde las sombras. Dos de ellos cayeron antes de que supieran qué estaba sucediendo.
—¡Corre! —gritó Viktor.
Maya corrió, y Viktor la siguió, ambos desapareciendo en las calles de la ciudad.
Se reunieron en un almacén abandonado en el barrio industrial.
Thomas estaba allí, vendado pero vivo. Lucien estaba allí también, sus ojos rojos brillando de rabia. Había otros cazadores y vampiros que habían logrado escapar de los ataques.
En total, eran aproximadamente treinta personas. Treinta contra una organización que tenía miles de miembros esparcidos por todo el mundo.
—¿Cuál es el plan? —preguntó Thomas.
—No hay plan —respondió Viktor—. Estamos siendo cazados. Estamos siendo eliminados uno por uno. Lo único que podemos hacer es intentar sobrevivir.
—Eso no es suficiente —dijo Maya—. Necesitamos ir a la ofensiva. Necesitamos atacar a La Orden del Amanecer antes de que nos ataquen a nosotros.
—¿Y cómo sugieres que hagamos eso? —preguntó Thomas—. No sabemos dónde está su base. No sabemos cuántos miembros tienen. No sabemos nada.
—Sabemos algo —dijo Lucien, levantándose—. Sabemos que Sophia es una de sus líderes. Sabemos que ella está coordinando los ataques aquí. Si la capturamos, podemos obtener información. Podemos aprender dónde está su base.
—¿Y cómo la capturamos? —preguntó Viktor—. Ella estará protegida. Estará rodeada de cazadores.
—No si la atacamos en un lugar donde no espera ser atacada —respondió Lucien—. No si usamos su propia estrategia en su contra.
Se acercó a un mapa de la ciudad que estaba en la pared.
—Sophia está en el hotel Meridian esta noche —continuó—. Está en la suite de lujo en el piso treinta. Tiene dos guardias afuera de su habitación y probablemente dos más adentro. Pero no espera que la ataquemos durante el día. No espera que nos atrevamos a atacar en un lugar público.
—¿Así que atacamos durante el día? —preguntó Thomas—. ¿Cuando los vampiros son vulnerables?
—Exactamente —respondió Lucien—. Yo no entro. Solo entran cazadores. Vosotros capturáis a Sophia y la traéis aquí. Y luego, la interrogamos.
El ataque fue rápido y limpio.
Thomas y cinco cazadores más entraron en el hotel Meridian a través de la entrada principal. Se vistieron como trabajadores del hotel, llevando uniformes falsos. Nadie les prestó atención.
Llegaron al piso treinta sin problemas. Los dos guardias afuera de la suite de Sophia fueron derribados antes de que pudieran reaccionar. Los dos guardias adentro fueron sorprendidos y rápidamente sometidos.
Sophia fue sacada del hotel y llevada al almacén abandonado.
Cuando llegó, estaba furiosa.
—¿Sabes lo que acabas de hacer? —gritó, dirigiéndose a Maya—. ¿Sabes lo que has hecho?
—Sé exactamente lo que he hecho —respondió Maya—. He capturado a una cazadora de La Orden del Amanecer. Y ahora voy a obtener información.
—¿Información? —Sophia rió, un sonido amargo—. ¿Crees que puedes torturarme? ¿Crees que puedo romper? Llevo veinte años entrenándome para resistir el dolor. Llevo veinte años preparándome para esto.
—No voy a torturarte —respondió Maya—. Voy a dejar que Lucien hable contigo.
Lucien se acercó. Sus ojos rojos brillaban en la oscuridad del almacén.
—¿Qué quieres de mí, vampiro? —preguntó Sophia, desafiante.
—Quiero que entiendas algo —respondió Lucien—. Quiero que entiendas que no soy el enemigo. Que nunca he sido el enemigo.
Se sentó frente a Sophia.
—Seraphine quería controlarme. Quería usarme como arma. ¿Y sabes qué hice? Luché. Luché contra ella con todo lo que tenía. Y finalmente, fui liberado. —Hizo una pausa—. Pero tú... tú quieres lo mismo que Seraphine. Quieres usarme como arma. ¿Cuál es la diferencia?
—La diferencia es que nosotros queremos salvar el mundo —respondió Sophia—. Nosotros queremos eliminar a los vampiros antiguos. Queremos crear un mundo donde los humanos puedan vivir sin miedo.
—¿Y para eso, estás dispuesta a sacrificar a gente inocente? —preguntó Lucien—. ¿Estás dispuesta a matar a cazadores que no están de acuerdo contigo? ¿Estás dispuesta a sacrificar a toda una ciudad para lograr tu objetivo?
Sophia no respondió.
—Eso es lo que pensé —dijo Lucien—. Ahora, vamos a hacer un trato. Voy a dejarte ir. Pero primero, vas a decirnos dónde está la base de La Orden del Amanecer. Vas a decirnos cuántos miembros tienen. Y vas a decirnos cuál es su verdadero plan.
—¿Y si me niego? —preguntó Sophia.
—Entonces morirás —respondió Lucien simplemente—. Y La Orden del Amanecer nunca sabrá qué sucedió contigo.
Sophia lo miró durante un largo momento. Luego, lentamente, comenzó a hablar.
Lo que Sophia reveló fue perturbador.
La Orden del Amanecer no era solo una organización de cazadores. Era parte de algo mucho más grande. Era parte de un movimiento mundial que buscaba controlar a la población vampírica del planeta. Pero no para destruirlos. Para usarlos.
La verdadera meta de La Orden era crear un gobierno mundial vampírico que estuviera bajo su control. Querían usar a los vampiros antiguos como gobernantes, como figuras de autoridad que mantuvieran a la humanidad bajo control.
Sophia fue capturada hace veinte años y reclutada por La Orden porque demostraba talento. Le fue ofrecido poder, dinero, la oportunidad de cambiar el mundo. Y ella aceptó.
Pero lo que La Orden no le había dicho era que ella era solo una peón. Que había miles como ella. Que la mayoría de los miembros de La Orden nunca sabrían la verdad sobre sus verdaderos objetivos.
—¿Dónde está la base? —preguntó Thomas.
—En Ginebra —respondió Sophia—. Es un edificio antiguo bajo tierra. Lleva siglos allí. Lleva siglos guardando secretos.
—¿Cuántos miembros? —preguntó Viktor.
—Miles —respondió Sophia—. En cada país. En cada ciudad importante. La Orden está en todas partes.
Maya sintió que el pánico la invadía. Habían derrotado a Seraphine. Habían escapado de La Orden del Amanecer. Pero ahora se daban cuenta de que todo era mucho más grande de lo que habían imaginado. Mucho más complicado. Mucho más peligroso.
—¿Y cuál es el siguiente paso del plan? —preguntó Lucien.
—El siguiente paso es capturarte —respondió Sophia—. El siguiente paso es llevarte a Ginebra. El siguiente paso es convertirte en lo que siempre debiste haber sido.
Después de que Sophia se fue, el grupo se quedó en silencio.
Habían ganado una batalla. Pero se daban cuenta de que la guerra era mucho más grande. Mucho más profunda. Mucho más imposible de ganar.
—¿Qué hacemos? —preguntó Thomas finalmente.
—Hacemos lo único que podemos hacer —respondió Lucien—. Nos preparamos para lo que viene. Nos preparamos para la verdadera batalla.
Maya se acercó a Lucien y lo abrazó.
—¿Crees que podemos ganar? —preguntó.
—No lo sé —respondió Lucien honestamente—. Pero vamos a intentarlo. Juntos.
Pero mientras lo decía, supo que el precio de la victoria sería mucho más alto de lo que jamás podría imaginar.