🚨Está historia es intersexual, (Osea, mujer con sistema reproductivo de un hombre, comúnmente llamado p*ne) Si eres sensible a estás historias, por favor no leer. De igual manera, a veces lo que no nos gusta es porque nunca antes nos hemos atrevido a probar, así que no te prives de algo que nunca has probado.
Espero que os guste la novela. Dejen su Like y comentario. No olviden seguir para estar al tanto de cada capítulo que suba. Los episodios se subirán los lunes y viernes, gracias por todo😘 🚨
Alisha, es la jefa de la mafia: peligrosa, dominante... Valeria, aburrida de una vida que la consume, comete un error que cambiará todo: pedirle a Isabela que no la deje volver a su casa.
Ella no imaginaba que esa súplica sería tomada al pie de la letra. Ahora está atrapada en una jaula dorada, bajo el control de una mujer que mezcla crueldad con seducción, amenaza con un beso y castiga con una caricia.
Entre balas, risas oscuras y noches que arden, ambas descubrirán que lo prohibido pu
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Juego De Poder.
(Hola, disculpen la hora, se me había olvidado publicar. Espero que les esté gustando está historia. No olviden dejar su opinión al respecto y sus likes, gracias..😊)
...Tener autocontrol frente a una mujer desnuda, y más una como ella, es difícil, y no necesariamente se debe tener un gusto romántico hacia esa persona para sentirse atraído sexualmente por alguien. Ella tiene una mirada inocente, de las que cuando se enamoran lo hacen de verdad, de las que les cuesta mentir porque sus ojos las delatan, de las que cuando se intimidan no pueden ocultarlo. Su piel emanaba un aroma suave, casi imperceptible, pero que me invitaba a acercarme más.
—Te atraigo, ¿verdad?
...Le pregunté. La tenía pegada a mí, y si no se resiste, no sé qué pueda pasar. Ella bajó la mirada, luego dijo:
—¿De qué hablas?
...Sonreí.
—Tus ojos no mienten, princesa.
...El tono de su voz era suave, casi un susurro, pero podía sentir la tensión en cada músculo de su cuerpo.
—Suéltame.
...Intentó soltarse, pero no la dejé.
—¿Por qué tan rápido? ¿No te gusta lo que sientes?
...Mi amiguito se estaba despertando, él sabe que la mujer frente a mí no es cualquier mujer. El calor de su cuerpo contrastaba con el ligero temblor de sus manos.
—Idiota.
...Dijo. Miré sus labios mientras sonreía. Esta mujer es hermosa de pies a cabeza; la forma en que su cabello enmarcaba su rostro, la curva de su cuello, la delicadeza de sus manos... todo en ella era una tentación.
—¿Cada cuánto lo hacías con tu novio? ¿Dos veces a la semana? ¿O más?
...Le pregunté, ya que ha estado en mi casa durante cinco días y puede que su cuerpo le esté pidiendo atención. Frunció el ceño, entonces supe que me respondería con diez piedras en la mano.
—¡¿Por qué rayos hablaría de eso contigo?! Ahora suéltame.
—No quiero, me siento bien así.
—Yo no, así que suéltame.
—No te aguantarás si no lo hago, ¿verdad?
—Señora Rusca, que me suelte, no lo volveré a pedir.
...Me dio una mirada asesina; fue como ver un arcoíris en medio de la tormenta, o tal vez fue porque no estoy pensando con la cabeza.
—Si no quiero que va...
...No terminé de hablar cuando sentí su rodilla entre mis piernas.
—¡Ay!, ¡maldición!
...Caí de rodillas al piso del dolor llevándome la mano izquierda allí. Está desgraciada me las pagará. El aire se me escapó de los pulmones y un sudor frío me recorrió la frente.
—Te dije que me soltaras y no quisiste.
—¡Pero no debiste pegarme! ¡¿Quieres dejarme insensible?!
—Tú te lo buscaste.
—¿Me busqué esto? ¿En serio? ¿No te has mirado en un espejo o qué?
...Qué dolor tan insoportable, duele más que una bala. Pero esta me las pagará. Sintiendo aún dolor, me levanté; apenas vio que me estaba levantando, salió del baño. Yo la seguí, necesito saber si mi amiguito funciona bien.
—¡Oye, ven aquí!
—¡No!
...Sabía lo que pasaría porque se había encerrado en el armario.
—¿Por qué lo hiciste si sabías lo que pasaría?
—Tú no me querías soltar, no me quedó de otra.
—¡Sal ahora! Aún duele, y debo confirmar que todo esté bien.
—Bien, entonces dile a la muchacha que vino la última vez que te ayude con eso.
...Sonreí. Ya eran dos veces que me recordaba a esa muchacha. Bien, ella lo pidió.
—Tienes razón, pero esta vez sales tú de la habitación.
...Se quedó en silencio. Parece que no le pareció eso. Yo estaba parada frente al armario de brazos cruzados, aún desnuda; el dolor ya había pasado. Después de un rato, salió, ahora vestida con una camisa blanca mía, viéndose aún más sexy que cuando estaba totalmente desnuda. La miré de arriba abajo sintiéndome totalmente atraída por ella, tanto física como sexualmente. La forma en que la tela se adhería a sus curvas, la manera en que su cabello caía sobre sus hombros... era una visión que me hacía arder por dentro.
—Lo siento, me iré a otra habitación.
...Arrugué las cejas. ¿Cómo que se irá a otra habitación? Eso no es lo que quiero. Me acerqué a ella; estando a centímetros le dije:
—¿Y a ti quién te dijo que quiero que salgas de la habitación?
—Pero tú...
—Sshh...
—Pero...
—¿No lo entiendes aún?
—Pues no.
...Sonreí.
—Está bien. ¿Cómo te fue hoy? ¿Qué hiciste?
...Cambié de tema. No iba a obligarla a hacer nada que no quiera. Además, no creo que sea como las demás, que se meten con cualquiera sin sentir nada. Pasé por su lado para vestirme. Había tenido un día demasiado agitado y necesitaba descansar, aunque aún es muy temprano. El aroma de su piel seguía impregnado en el aire, mezclándose con el mío.
—Te propongo algo...
...La escuché decir. Terminé de vestirme y salí del armario.
—¿Qué propuesta?
—Por lo visto no me dejarás salir, y la verdad... ya no importa si salgo o no...
...Su voz se escuchó triste, entonces supongo que le pasó algo. Sus ojos reflejaban una mezcla de resignación y melancolía.
—Lo que intento decir es que... podemos dormir en la misma cama, pero me darás algo a cambio.
...Hmpm... ¿qué querrá?
—De acuerdo, ¿qué quieres?
...Lo único que puede querer es salir de aquí y ver a su familia, y está bien; igual, creo que es mejor lo que ella me dará.
—Me gustaría salir e ir con mi familia; al menos debería decirles la verdad. También, quiero darle una explicación a mi novio.
...Familia, novio, familia, novio... ¿Acaso no sabe pensar en otra cosa? Es molesto. La impaciencia me recorrió el cuerpo como una descarga eléctrica.
—Como quieras.
...Dije para luego salir de la habitación. ¡Qué joda querer volver con ese idiota! Debería mandarlo a desaparecer para que le quite la joda.
—Buenas noches, Sra. Rusca, la cena ya está servida.
...Dijo la Sra. Lucía mientras caminaba detrás de mí.
—Avisa a Valeria.
—Sí, señora.
...Antes de llegar a casa sabía que había hablado con su familia, por eso había planeado dejarla salir, eso sí, acompañada. Además, la ropa que le trajeron la ubicaron en otra habitación; le iba a decir, pero...
—Hola, hermana.
...Apareció de la nada él delante de mí mientras caminaba al comedor. El idiota se desaparece por semanas y vuelve como si nada.
—Oye, ven aquí, ven.
...Lo llamaba con mi mano; él, sabiendo lo que le haría, se alejaba.
—No quiero, me jalarás la oreja... otra vez.
—¡Te dije que vinieras!
—No.
—Si no vienes, mandaré a cerrar ese club.
...Apenas escuchó que cerraría su club, se quedó quieto y bajó la cabeza. Con lo único que lo puedo detener es con eso; por eso aún sigue funcionando, de lo contrario ya lo había mandado a cerrar. Me acerqué a él y lo agarré de la oreja.
—¡Auh, auh, auh!
—¿Qué son estas horas de aparecer? ¿Crees que en mi casa puedes entrar y salir cuando se te dé la gana? Además, ¿quién te dijo que le prestaras tu celular a Valeria? ¡Idiota!
—No había venido por esto, por esto no había venido. Y sobre mi cuñada, yo no sabía que no podía prestarle el celular; además, ¿qué tiene de malo que hable con su familia? ¿Acaso la tienes secuestrada?
...Lo solté. Me di media vuelta, quedando de costado a él.
—¿De verdad la secuestraste? Te dije que cuando a uno le gusta una chica no es necesario secuestrarla. Tienes dinero, fama (no de la buena, pero es algo), tienes buen cuerpo, eres alta, a pesar de ser mujer tienes lo que las mujeres buscan en un hombre, y no es porque eres mi hermana, pero eres guapa, lo tienes todo. ¿A qué le tienes miedo? ¡Por favor!
...Solo me quedé mirándolo. Apenas tiene dieciocho años, pero habla como si tuviera mayor experiencia que yo.
—No la secuestré, y ella no me gusta.
...Dije. Luego seguí caminando al comedor; él me siguió.
—Te conozco, y sé que no lo admitirás, pero te digo, debes dejarla ir y conquistarla de nuevo. Ella me cayó bien, mucho mejor que Adriana, sin nombrar que es mucho más guapa.
...Frené en seco.
—¿Y a ti quién te dijo que me gusta Adriana? Solo es mi amiga.
—Lo sé. Pero sabes que ya no soy un niño. Ustedes no están juntas porque no funcionó, ¿acaso crees que no sé que durmieron una vez, y que anda detrás de ti? No soy idiota.
...Finalizó encaminándose al comedor. Yo me quedé allí parada. Al parecer sabe más de mi vida amorosa que yo, pero hay algo en lo que no tiene razón: Valeria no me gusta.
—¿Qué haces aquí parada?
...Su voz me asustó. Espero que no haya escuchado nada de lo que dijo Alan. Me volteé.
—Nada, solo pensaba.
...Dije para luego seguir mi camino; ella también. Ya en el comedor, la cena pasó en silencio. A ella, que le gusta comer, casi no comió; solo picaba en su plato. Alan estaba perdido en su celular, como siempre. Iba a decir algo cuando mi celular sonó.
—Valeri... ¡rayos!
...Miré quién era, y era Diogo, entonces contesté.
—Sí. Ajá. No, mañana. No necesitas preguntarme; haz lo que tengas que hacer, confío en tu juicio.
...Hoy estuvimos solucionando problemas de un pequeño grupo que anda haciendo cosas malas en mi nombre, y ya la policía me seguía los pasos. Si no fuera por mi gente, ya estaría en problemas, y no quiero meterme con la policía, no por ahora, o nunca. Diogo solo me llamó para preguntarme qué hacían con los hombres que agarramos. Pensé que me encargaría de ellos mañana, pero al parecer ellos ya hablaron, y no se imaginan quién anda en todo esto. Algún día nos tendremos que enfrentar cara a cara, y ese día recordará hasta el día que nació. La traición me hervía en la sangre.
—¿Qué quería Diogo?
...Preguntó mi hermano; solo le fruncí el ceño. El aire se volvió denso con la tensión.
—De acuerdo, "entre menos sepa, más vive", entendido.
...No pude mantenerlo lejos de mí, pero al menos debo mantenerlo lejos de mis problemas. Miré a Valeria y parecía lejos de este planeta. ¿Qué tanto piensa? Le hablaría, pero mi hermano se me adelantó. Sus ojos estaban perdidos en la distancia.
—Cuñada, ¿qué tanto piensas?
...Levantó la mirada; su expresión de no saber qué pasaba me dio ternura.
—¿Qué?
—Sí, pareces elevada. ¿En qué piensas, cuñada?
—No me digas cuñada, que no lo soy.
—Claro que lo eres. Si no lo eres... entonces eres...
—Que no soy tu cuñada ni lo seré; tampoco seré tu novia. No me gustan los niños.
...No pude ocultar mi sonrisa a eso último. Ellos se llevarán muy bien.
—No soy un niño; ya tengo dieciocho, ¿sabes?
—Sigues siendo un niño.
—¿Quieres probarme a ver si sigo siendo un niño?
...Hmpm...
—Por favor, eres un niño al igual que lo que tienes allí entre tus piernas.
...Yo solo escuchaba de brazos cruzados. Alan ya se estaba molestando, mientras que Valeria seguía seria como al principio. Y vaya información que me está dando. El ambiente se cargó de una electricidad palpable.
—¿Qué? ¿Qué dijiste? Espera... espera y verás.
...Se levantó del asiento y comenzó a bajarse la ropa. ¿Pero qué hace?
—¡Oye, idiota! ¿Qué pretendes?
...Lo reprendí. Me miró, luego, se subió el pantalón mientras tomaba asiento de nuevo.
—¿Te crees idiota? ¿Qué pensabas hacer?
—Pero ella...
—¡Pero nada! ¿Acaso estaba mintiendo? Eres un niño, ¿te crees adulto? Si lo eres, entonces ve a trabajar, ya que no haces nada por tu vida.
—Lo siento.
—¡Conmigo no eres con quien debes disculparte!
—Lo siento, cuñada, no debí ser tan grosero.
...Se disculpó. Valeria no le dijo nada, solo asintió.
—Que no se vuelva a repetir.
...Dije para después levantarme. Fui a mi despacho para hablar con Diogo. Tomé el celular y le marqué.
—Buenas noches, jefa.
...Dijo apenas contestó.
—Arregla una salida para mañana a primera hora.
—Como ordene. ¿Y a dónde irá?
—Al centro comercial con Valeria. Arregla todo, no quiero inconvenientes.
—Sí.
—Bien, eso era todo.
...Finalicé cortando la llamada. Me quedé allí pensando por un buen rato. Es un poco diferente a todas las chicas que he conocido; es más delicada, más inocente, más tierna y más hermosa. Tiene un aura agradable, de las que le cae bien a todo el mundo. Tiene un aroma especial, como si su piel fuese quien votara ese olor, es... es... es simplemente agradable y dulce. Tiene... Sus ojos, cuando me miran, me desarman. Su sonrisa, cuando es genuina, ilumina todo a su alrededor.
—¿Hermana? ¿Hermana, estás aquí?
...La voz de Alan me sacó de mis pensamientos. Entró a mi despacho; me volteé para mirarlo.
—¿Qué sucede?
—Quería preguntarte algo...
—¿Qué es?
—¿Cómo hago para tener a la chica que me gusta en casa como tú?
...Fruncí el ceño.
—¿De qué hablas?
—Ya sabes, tienes a mi cuñada en casa durmiendo contigo, quiero lo mismo.
—Estoy confundida.
—No sé si te acuerdas de la chica de la que te hablé...
...Repasé mis recuerdos.
—Recuerdo.
—Quiero que venga a vivir conmigo, pero siempre me saca excusas.
...Este niño no ha aprendido nada. Esa chica solo anda con él por su dinero, pero él sigue como garrapata pegado a ella. La ingenuidad me irritaba.
—El día que me hablaste de ella te dije que esa chica no te quería, solo diviértete y ya está. ¿Por qué ilusionarte con ella?
—Lo sé, solo quiere el dinero que puedo darle, pero no me importa; solo quiero que sea mía, de nadie más. Solo que no quiero nada a la fuerza, no quiero obligarla. He hecho de todo para enamorarla, pero sigue igual; ya no sé qué hacer.
—Ignórala y ella vendrá a ti; siempre funciona.
—¿Puedes hacer eso con Valeria? Yo tampoco puedo hacerlo con Cile.
...Idiota, comparando a Valeria con esa cualquiera. ¡Qué imbécil!
—Esa muchacha no se compara en nada con Valeria. Pero te digo algo... aléjate de ella. Hay muchas más chicas detrás de ti, y mucho más lindas.
...Finalicé encaminándome a la salida.
—¿Cómo sabes eso?
—Eres un culicagado, ¿crees que andarás por ahí sin vigilancia?
...Allí finalizó nuestra conversación. Fui directo a mi habitación, donde ya se encontraba Valeria acostada. No lo dudé y me acosté a su lado muy pegada a ella. Creo que es su olor lo que me da tranquilidad a la hora de dormir; por eso creo que con ella puedo dormir más. Su cercanía me hacía sentir una calma que no había experimentado en años.
(....)
—Ya está todo organizado, jefa.
—Bien.
...Diogo salió de la sala dejándome sola en espera de Valeria. No estaba estresada; es normal que se demore arreglándose. Entonces me senté a esperarla mientras revisaba algunos documentos en el iPad. Luego de un rato, bajó las escaleras como toda una princesa. Me quedé boquiabierta mirando lo guapa que era, y lo genial que le quedaba ese vestido. Me levanté lentamente sin quitarle la mirada de encima. Ella se acercó a mí... El vestido resaltaba sus curvas y sus ojos brillaban con una luz especial.
—¿Cómo me veo?
...Preguntó emocionada. No le respondí; estaba literalmente hipnotizada por su belleza. La forma en que se movía, la manera en que la luz jugaba con su cabello... era una visión que me robaba el aliento.
—¿Sra. Rusca?
...Al escucharla llamarme así, rompió todo el encanto que había posado en mí. La formalidad de su voz me devolvió bruscamente a la realidad.
—Solo soy once años mayor que tú.
...Dije entre dientes pasando por su lado. La diferencia de edad no me molestaba, pero sí la distancia que marcaba con ese "Sra.".
—¿Qué?
—¡Nada, solo ven!
...Ya en el carro, yo seguía con mi trabajo; solo de vez en cuando la miraba. Esta mujer posee una belleza inalcanzable. Antes se veía hermosa, pero no se peinaba ni se arreglaba, así que no podía imaginar cuánta belleza poseía, pero ahora... ahora que se ha arreglado me doy cuenta de que es una mujer realmente bella... y esa constatación me incomodaba.
—¿A dónde vamos, Sra. Rusca?
...Preguntó de la nada. No le respondí. El sonido de su voz interrumpió mis pensamientos.
Me comenzaba a dar un vuelco en el pecho al ver lo que estaba haciendo por alguien insignificante para mí; no debería estar haciendo esto, esto es absurdo. Respiré hondo y hablé. La culpa y la confusión se mezclaban en mi interior.
—Debería tener una recompensa por esto. Es molesto hacer esto.
...Dije apagando el iPad. Necesitaba poner fin a esta farsa, a esta extraña conexión que estaba surgiendo entre nosotras.
—¿De qué hablas? ¿Hacer qué cosa?
...La miré, la alegría en sus ojos me recordaba que ella era prácticamente una niña, entonces supe que no debería enojarme con ella o hablarle feo; literalmente parecía una niña pequeña a la cual llevabas al parque de diversiones.
—Nada, hablaba del trabajo; es muy pesado.
—Hmpm... comprendo. ¿Entonces me dirás a dónde vamos?
—No te preocupes; solo iremos de compras, luego te llevaré con tu familia.
...Hago esto porque saldré del país y no sé cuándo vuelva; puede que sean tres días como tres semanas, todo depende de cómo avancen las cosas. Llegamos a la tienda; todo estaba tranquilo, igual, traía hombres. Apenas entramos nos encontramos con los empleados esperándonos.
—¡Buenos días, señora Rusca!
...Saludaron todos al tiempo. No les di importancia; no era necesario. Entré y me senté en el sofá con Valeria a mi lado, entonces Diogo habló.
—Traigan lo que les pedí que prepararan.
—Sí, señor.
...Los empleados se fueron; segundos después aparecieron con distintos diseños de ropa y zapatos. Di una sonrisa sarcástica. Tal como me lo imaginé. Miré a Valeria y miraba las prendas sorprendida, entonces le pregunté:
—¿No te gusta?
...Ella sonrió. Yo estaba seria; pensaba que realmente no le gustaba, pero luego luego habló.
—¿Eso es para mí?
—Si no, ¿para quién?
—¿Para ti, no?
...Fruncí el ceño.
—No, claro que no. No uso ropa tan... tan fresita.
...Dije observando la multitud de colores que había. Por lo general, mi clóset está lleno por trajes o prendas casuales oscuras; es más fácil de combinar. La sola idea de verme con esos colores me producía urticaria.
—¿Hablas en serio?
—Sí, todo lo que te guste lo llevamos.
...Se levantó emocionada, miraba, tocaba, sonreía, me miraba y volvía a sonreír. Y no sé, pero por alguna razón me sentí feliz al verla tan alegre y emocionada, pero luego dejó de sonreír. Fruncí el ceño, ¿qué le pasó? Su cambio de humor me desconcertó.
—¿Ocurrió algo?
...Le pregunté levantándome y yendo con ella.
—No pasa nada, solo que no creo que todo esto sea gratis. ¿Qué quieres de mí?
...Me quedé mirándola. ¿Acaso está bromeando? La tengo encerrada en mi casa por beneficio propio, ¿y me pregunta qué quiero de ella? Su pregunta me tomó por sorpresa.
—¿O sea que ese primer puesto en la universidad fue regalado?
...Le pregunté. Arrugó las cejas. ¿Cómo es posible que durante los años de universidad siempre quedara en primer lugar y ahora me pregunta qué quiero de ella? Su desconfianza me ofendió.
—¿Me estás diciendo bruta?
...Respondió retándome con su mirada, entonces se la sostuve. No ha nacido la primera persona que me haya ganado con esto, por eso mis enemigos tiemblan apenas me ven, porque con solo mi mirada ya saben que perdieron. El desafío en sus ojos encendió una chispa de curiosidad en mi interior.