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Mi Vida Como Imán De Hombres (Y Mi Terapeuta No Está Lista Para Esto)

Mi Vida Como Imán De Hombres (Y Mi Terapeuta No Está Lista Para Esto)

Status: Terminada
Genre:Harén Inverso / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Anastasia solo quería un café tranquilo y quizás encontrar la oferta del 2x1 en su supermercado. En cambio, terminó siendo el centro de atención de siete hombres que parecen sacados de una fantasía... o de un manicomio con buena genética.

Un millonario excéntrico, un artista bohemio dramático, un científico genio con alergia social, un chef que solo cocina para ella, un guardaespaldas estoico que le tiene miedo a los gatos... ¿y la lista sigue? Anastasia intentará mantener la cordura (y su espacio personal) mientras su "harem" compite por su afecto de las maneras más hilarantes y desastrosas imaginables.

¿Podrá encontrar el amor verdadero o solo una gran factura de terapia?

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: La Gran Aventura de Compras de Max

La "proposición científica" de Silas había sido... ilustrativa. Anastasia había aprendido que, para algunos, el amor se medía en porcentajes de compatibilidad y variables optimizadas. Para ella, sin embargo, significaba una nevera organizada por fecha de caducidad y un monitor de sueño que la juzgaba. Decidió que era hora de un respiro de la lógica y la ciencia. Y, como si el universo estuviera escuchando, Max Fortuna decidió que era su momento de brillar.

Max no entendía de algoritmos complejos ni de expresiones artísticas atormentadas. Su lenguaje era el de la opulencia, la grandiosidad y la capacidad ilimitada de su chequera. Para Max, cualquier problema en la vida de Ana podía ser resuelto con una adquisición cuidadosamente seleccionada, o con una experiencia que demostrara que su fortuna no tenía límites.

El primer indicio de la "ofensiva Max" llegó en forma de un mensajero con guantes blancos que le entregó a Ana un pequeño paquete de terciopelo. Dentro, no había joyas (Ana habría preferido un buen libro), sino una tarjeta de crédito negra, sin límites, con una nota grabada en láser: "Para mis gastos de manutención de musa. Sé que tienes un buen ojo para las cosas. Úsala." Ana la miró, perpleja. Su salario mensual apenas justificaba una tarjeta de crédito plateada, y ahora tenía en sus manos una herramienta de poder económico ilimitado. La dejó en un cajón, al lado del generador de ruido blanco de Silas.

Pero Max era persistente. Su siguiente movimiento fue más directo. Una llamada telefónica.

"Ana, querida", dijo la voz suave y resonante de Max, "hemos estado un poco estresados últimamente, ¿no crees? Tanta ciencia, tanto arte... lo que necesitas es una buena terapia de compras. Mi asistente ha preparado un itinerario para ti. Una experiencia de retail de primer nivel. Estarás lista en una hora. Mi chófer pasará a recogerte." Y sin esperar respuesta, colgó.

Ana suspiró. Un itinerario de compras. Sonaba agotador. Pero quizás, solo quizás, podría usarlo para comprar algo... práctico. Como calcetines. Los calcetines desparejados de su sueño eran un problema real.

Una hora más tarde, un Rolls-Royce negro se detuvo frente a su apartamento. El chófer, un hombre impecablemente vestido que parecía una estatua, abrió la puerta para ella. Dentro, para su sorpresa, ya estaban los otros hombres.

Max estaba sentado cómodamente, bebiendo champán de una copa de cristal. Caleb estaba en una esquina, con su cuaderno de bocetos, dibujando el interior del coche, "la opulencia del capitalismo, tan vacía, tan llena de promesas". Silas estaba con su tablet, calculando la eficiencia del combustible del Rolls-Royce y el impacto de las emisiones. Y Rocky... Rocky estaba sentado en el asiento delantero, junto al chófer, escaneando el exterior con su habitual intensidad.

"¡Hola, Ana!", exclamó Max, con una sonrisa deslumbrante. "Pensé que los chicos también disfrutarían de la experiencia. Además, un buen equipo de apoyo es esencial para una juerga de compras de esta magnitud."

Ana se desplomó en el asiento de cuero. Esto no era una terapia de compras. Era una expedición.

El primer destino fue una boutique de alta costura, donde cada prenda parecía costar más que su alquiler. Max, con la tarjeta negra de Ana en la mano (la había sacado del cajón, ¿cómo?), le indicaba qué probarse. "Este vestido resalta tu figura, Ana. Y este, es perfecto para una gala benéfica... La semana que viene. Tenemos una."

Mientras Ana se probaba un vestido de seda que la hacía sentir como una actriz de cine, los otros hombres hacían sus propios comentarios.

"La textura del tejido es interesante", musitó Caleb, dibujando el dobladillo del vestido en su cuaderno. "El peso, la forma en que cae... es casi una danza."

"El coeficiente de fricción de la seda es bajo, lo que reduce la posibilidad de irritación de la piel", analizó Silas, acercándose peligrosamente a la tela con un pequeño medidor. "Y la eficiencia térmica es óptima para un clima de entre 20 y 25 grados Celsius."

Max, por su parte, le susurró: "Es bonito, Ana. Te lo compro. Y todos los demás colores. Y el escaparate entero."

Rocky, que había estado vigilando la puerta del probador, de repente se puso tenso. "Señorita, creo que hay un ratón de tienda. En el escaparate. Podría ser un explorador felino."

Ana se sintió abrumada. Salir de compras con Max era como estar en un desfile de modas en el que ella era la única modelo y un panel de críticos muy peculiares.

El siguiente paso fue una joyería. "Ana, te mereces algo que brille tanto como tu espíritu", dijo Max, entregándole una bandeja llena de collares de diamantes.

"Este collar simboliza la opresión del sistema capitalista", declaró Caleb, intentando dibujar el brillo de los diamantes con un lápiz de carbón.

Silas, por su parte, estaba examinando la pureza de los diamantes con una lupa. "La escala de Mohs indica una dureza de 10. Pero el valor de mercado está inflado artificialmente por la percepción social y la escasez controlada."

Ana, mientras tanto, pensaba en cómo podría vender un diamante para pagar sus calcetines y quizás unas vacaciones tranquilas.

La "Gran Aventura de Compras" continuó por tiendas de electrónica de lujo, galerías de arte (donde Max casi compra un Picasso solo para "complementar" el estilo de Ana), y hasta una librería antigua (donde Max, para consternación de Ana, compró la librería entera porque ella mencionó que le gustaba el olor a libros viejos).

Los otros hombres no se quedaron atrás en sus intentos de "competir" con los regalos de Max, aunque sus métodos eran muy diferentes. Caleb intentó dibujar retratos de Ana en cada tienda, presentándolos como "obras de arte espontáneas" a los dueños (que parecían una mezcla de asombro y alarma). Silas le regaló un reloj de pulsera que medía sus pulsaciones, el nivel de estrés y la temperatura corporal, con una app que proyectaba sus "datos vitales" en su teléfono. Nico le traía pequeños dulces y aperitivos gourmet en cada tienda, asegurándose de que nunca le faltara "energía para el consumismo". Y Rocky, siempre vigilante, parecía haber contratado a un equipo de seguridad personal para Ana, lo que resultaba en un grupo de hombres trajeados que la seguían a todas partes.

A medida que avanzaba el día, Ana se sentía más y más exhausta. Su tarjeta de crédito sin límites seguía sin usarse, pero su cabeza estaba llena de diamantes, vestidos de seda, algoritmos de eficiencia y la constante amenaza de un "ratón de tienda" que Rocky juraba haber visto.

Finalmente, cuando el sol comenzaba a ponerse, Max la llevó a su última parada: un concesionario de coches de lujo.

"Ana", dijo Max, abriendo la puerta de un deportivo rojo brillante. "Un coche que refleje tu velocidad, tu pasión, tu... prisa por llegar a las rebajas del 2x1."

"Max, no necesito un deportivo", dijo Ana, con la voz ronca. "Apenas conduzco."

"¡Tonterías! Todos necesitan un deportivo", replicó Max. "Te lo compro. El rojo. Y el azul. Y el verde. Para que tengas opciones."

Caleb se puso dramático. "El rojo es el color de la pasión, pero también del peligro. El azul, de la melancolía. El verde, de la esperanza. ¡Qué dilema existencial!"

Silas, por su parte, ya estaba investigando las especificaciones del motor. "La eficiencia de combustible es del 12 km/litro en ciudad. No es óptimo para el tráfico urbano. Y las emisiones de CO2 son elevadas. La sostenibilidad es un factor a considerar."

Nico, de repente, se acercó al coche con una bandeja de mini-tartaletas de frutas. "El color de estas fresas complementa el rojo del coche. Pero un buen pastel de limón sería un mejor acompañamiento para un viaje largo."

Rocky, que había estado de pie junto a los coches, de repente dio un respingo. "¡Ahí! ¡Detrás de ese descapotable! ¡Un felino!"

Todos se giraron para mirar. Detrás de un descapotable negro, un pequeño gato callejero, con una mirada de curiosidad, se asomaba.

Rocky soltó un grito ahogado y se escondió detrás de un todoterreno. El concesionario se sumió en el caos. Los vendedores, acostumbrados a clientes excéntricos, no estaban preparados para un guardaespaldas aterrado por un gato.

Ana se llevó una mano a la frente. Esto era su vida. Un circo ambulante de opulencia, arte, ciencia, gastronomía y fobias felinas. Miró a Max, que ahora intentaba calmar a Rocky (mientras secretamente le ofrecía comprar el gato para "donarlo a una institución de investigación felina"). Miró a Caleb, que ya estaba dibujando el "drama del felino en el concesionario". Miró a Silas, que estaba midiendo la velocidad del gato con una aplicación. Y a Nico, que le ofrecía una tarta de manzana para "contrarrestar el estrés".

Se dio cuenta de que, a pesar del caos, de la extravagancia y de la invasión constante de su espacio personal, había algo entrañable en todo ello. Estos hombres, a su manera peculiar, se preocupaban por ella. Y aunque sus métodos eran desastrosos, sus intenciones eran, en el fondo, sinceras. O al menos, eso quería creer.

"Max", dijo Ana, finalmente, con una sonrisa. "No necesito un deportivo. Pero, si realmente quieres regalarme algo... ¿podrías comprarme un año de terapia?"

Max parpadeó. "Terapia. Interesante. ¿Privada? ¿En una isla tropical? ¿Con un terapeuta personal a tiempo completo?"

Ana suspiró, pero su sonrisa se amplió. "Tal vez. Solo tal vez."

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Iris Jazmín Rodríguez
me encantó el libro 😄 es divertido 😃 y muy entretenido la verdad que me fascinó el libro 🥰👍
Jessicar: iris muchas gracias
total 1 replies
Iris Jazmín Rodríguez
🥰😃😃👍👍👍🥰🥰👍👍👍
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