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Esposa Sustituta

Esposa Sustituta

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Completas
Popularitas:12.6k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es obligada a tomar el lugar de su hermana en un matrimonio arreglado entre clanes de la mafia

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 6

—¡Cielos! —exclamé en voz alta, dejándome caer sobre la tabla de mármol de la cocina—. Pensé que mi vida tendría un fin.

La harina seguía flotando en el aire como pequeños fantasmas blancos. Mi ropa estaba arruinada. Mi cabello, también. Y en medio de todo aquel desastre, lo único que podía hacer era reírme para no llorar.

Ahora tengo que limpiar todo esto sola.

Suspiré con la fuerza de quien carga el peso del mundo sobre los hombros. Alessandro Moretti podía tener el control de imperios, manejar hombres y negocios con la frialdad de un verdugo, pero en ese momento yo tenía claro que no iba a permitir que nadie me viera limpiando su estúpida harina.

Aunque me tomara toda la noche.

Me puse manos a la obra con más energía de la que realmente tenía. Trapeé, fregué, limpié cada rincón de esa cocina maldita. La harina se había metido en sitios imposibles: debajo de los electrodomésticos, entre las grietas de los azulejos, incluso dentro del horno que ni siquiera habíamos usado.

Cuando por fin terminé, estaba agitada, sudorosa y terriblemente enojada.

No con Alessandro. No con Carmina.

Conmigo.

¿Por qué demonios le había lanzado harina? ¿Qué clase de instinto de supervivencia había fallado en mi cerebro para cometer semejante estupidez?

—¿Señora? —la voz de Carmina interrumpió mis pensamientos desde la entrada de la cocina. La joven se asomaba con timidez, como si aún temiera que el techo pudiera caerle encima—. ¿Necesita algo?

Me sequé el sudor de la frente con el dorso de la mano.

—No, ya terminé —respondí, y aunque mi voz sonó cansada, había un dejo de orgullo en ella—. Por suerte.

Carmina se acercó con pasos cortos, observando la cocina reluciente con una mezcla de admiración y culpa.

—Señora, lamento mucho lo de antes. No debí…

—No digas tonterías —la interrumpí, y para mi sorpresa, le dediqué una pequeña sonrisa—. Fue lo mejor que me pasó en todo el día.

Ella me miró con los ojos muy abiertos, como si no supiera si creerme. Luego, su expresión se suavizó.

—¿Su jefe siempre es así de gruñón? —pregunté, apoyando la cadera contra la encimera.

Carmina dudó. Sus ojos se desviaron hacia la puerta, como si temiera que Alessandro pudiera aparecer en cualquier momento solo por haber pronunciado la palabra "jefe".

—No, señora —dijo finalmente, bajando la voz—. Suele ser mucho peor.

—¿Peor?

—Mucho peor.

La información me heló la espalda. Si aquella calma helada, aquella sonrisa que no llegaba a los ojos, aquella forma de pronunciar órdenes como quien respira, era la versión amable de Alessandro Moretti… no quería imaginarme la real.

Pero Carmina aún no había terminado.

—Con usted es diferente —añadió, y en su voz había una certeza que me dejó descolocada—. Aunque no lo crea.

Parpadeé varias veces, procesando la información.

—¿Conmigo es diferente? —repetí, y una risa incrédula escapó de mis labios—. Mmm, lo dudo. Me miró como si quisiera arrojarme al mar.

Carmina sonrió con picardía, algo que no creía posible en su rostro.

—Si quisiera arrojarla al mar, señora, usted ya estaría nadando.

Se retiró antes de que pudiera responder, dejándome con la boca abierta y una nueva capa de confusión añadida a la que ya cargaba.

Me quedé sola en la cocina, con los brazos cruzados y la mente dando vueltas.

Con usted es diferente.

No sabía si creerle. No sabía si querer creerle. Porque que Alessandro Moretti fuera "diferente" conmigo podía significar tantas cosas… y ninguna de ellas me resultaba tranquilizadora.

Di vueltas por la mansión durante lo que parecieron horas.

Deambulé por pasillos que aún no conocía, subí escaleras que me llevaban a lugares que no me interesaban, bajé otras que solo me devolvían al punto de partida. Me sentía como un animal enjaulado, midiendo los límites de su prisión con cada paso.

Quiero irme.

El pensamiento se repetía en mi cabeza como un latido.

Quiero irme. Quiero irme. Quiero irme.

Pero no podía. No hasta que encontraran a Ariana. No hasta que mi padre diera la orden. No hasta que Alessandro decidiera que ya no me necesitaba.

Siempre dependiendo de otros. Siempre esperando que alguien decidiera por mí.

Fue entonces cuando mis pies, como si tuvieran voluntad propia, se detuvieron frente a una puerta de madera oscura al final del pasillo principal.

La oficina de Alessandro.

Sabía que era allí porque la puerta estaba entreabierta y podía ver el borde de un escritorio enorme, las estanterías llenas de libros y carpetas, la luz tenue de una lámpara de pie que proyectaba sombras alargadas en el suelo.

Debí haberme ido.

Debí dar media vuelta y regresar a mi habitación, encerrarme, fingir que no había visto nada.

Pero algo me impulsó a empujar la puerta.

Alessandro estaba sentado detrás del escritorio, con la mirada fija en unos papeles que sostenía entre sus manos. Llevaba gafas de lectura —un detalle que nunca habría imaginado en él— y la luz de la lámpara le marcaba el rostro con sombras que lo hacían ver casi humano.

Casi.

—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó sin levantar la vista.

Su voz era tranquila, casi distraída. Como si mi presencia en su oficina a esas horas fuera lo más normal del mundo.

Me quedé en el umbral, con los dedos apretados contra el marco de la puerta. Mi corazón latía con fuerza, pero ya estaba allí. Ya había empezado. No podía retroceder.

—Necesito que hablemos de algo importante —exclamé, y mi voz sonó más firme de lo que me sentía.

Él continuó mirando los papeles unos segundos más, como si yo no fuera suficientemente importante para interrumpir su lectura. Luego, con una lentitud deliberada, dejó los documentos sobre el escritorio y levantó la mirada.

—Bien —dijo, recostándose en el respaldo de la silla—. Habla.

Sus ojos me perforaron con esa intensidad que ya comenzaba a conocer. No era agresiva, no exactamente. Era escrutadora. Como si cada palabra que yo pudiera pronunciar ya estuviera siendo evaluada antes de salir de mis labios.

Di un paso adelante. Luego otro. Mis piernas temblaban, pero mi determinación se mantuvo firme.

—Quiero pedirte que… —tragué saliva, sintiendo el peso de lo que estaba a punto de decir—. Por favor, luego de seis meses, me des el divorcio.

El silencio que siguió fue tan denso que casi pude palparlo.

Alessandro no se movió. No parpadeó. Solo me observó con aquellos ojos oscuros que parecían capaces de ver a través de mi piel, de mis huesos, de la mentira que me sostenía.

Cuando habló, su voz había cambiado.

Ya no era tranquila. Era filosa.

—¿Sabes que este es un matrimonio por diplomacia y organizaciones, verdad? —dijo, y aunque no levantó la voz, cada palabra cayó con el peso de un martillo.

Lo sabía. Por supuesto que lo sabía.

Mi padre me lo había repetido hasta el cansancio antes de la boda. No era un capricho de dos familias. Era un pacto sellado con sangre, dinero y acuerdos que habían tardado años en construirse. La unión entre los De Luca y los Moretti no era un cuento de hadas. Era una estrategia.

—Sí, lo sé —respondí, apretando las manos a los costados para que no notara cómo me temblaban—. Pero aún así, eso no significa que debamos estar casados para siempre.

Alessandro se levantó de la silla con una lentitud que me puso los pelos de punta.

Cada movimiento era calculado, contenido, como si estuviera sujetando a un animal salvaje con una correa muy delgada.

Rodeó el escritorio con pasos firmes y se detuvo frente a mí. Tan cerca que pude sentir el calor que desprendía su cuerpo. Tan cerca que tuve que levantar la cabeza para sostenerle la mirada.

—Explícame —dijo, y su voz era baja, peligrosamente baja—. ¿Por qué crees que después de seis meses voy a soltarte?

Mi respiración se entrecortó.

—Porque no me quieres aquí —respondí, esforzándome por mantener la calma—. Porque este matrimonio no fue tu elección. Porque apenas me conoces. Porque…

—Porque, porque, porque —me interrumpió, y en su voz apareció un dejo de sarcasmo que me heló—. ¿Crees que me caso por amor, Ariana?

Mi nombre en sus labios me dio un vuelco al estómago.

—No —susurré.

—Entonces, ¿por qué demonios te importa si te quiero aquí o no?

La pregunta me golpeó con la fuerza de una bofetada.

—Porque yo no quiero estar aquí —respondí, y esta vez mi voz sí tembló—. No elegí esto. Me empujaron. Me obligaron. Y no voy a pasarme la vida fingiendo ser alguien que no soy en un lugar al que nunca quise pertenecer.

El silencio se hizo de nuevo.

Alessandro me observó en silencio durante lo que pareció una eternidad. Sus ojos recorrieron mi rostro con esa lentitud que me hacía sentir desnuda, expuesta. Como si estuviera leyendo cada una de mis miserias en la forma en que mis labios temblaban, en la manera en que mis dedos se aferraban a mi vestido.

—Eres valiente —dijo finalmente, y en su voz había algo que no supe identificar—. O muy estúpida. Aún no lo decido.

—¿Por qué?

—Porque acabas de pedirle el divorcio a un hombre al que le lanzaste harina hace unas horas. Y sigues viva.

No supe si era una amenaza o un cumplido.

—Solo quiero saber si es posible —insistí, ignorando el latido acelerado de mi corazón—. Seis meses. Luego me dejas ir.

Alessandro dio un paso atrás. No mucho, apenas lo suficiente para que pudiera respirar sin sentir su presencia como una presión en el pecho.

—Seis meses —repitió, como si probara las palabras en su boca.

—Seis meses —confirmé.

Bajó la mirada hacia mis pies. Aún llevaba las vendas que él mismo había colocado la noche anterior. Por un instante, su expresión se suavizó en algo que pudo haber sido… ¿ironía? ¿Curiosidad?

—¿Y qué me ofreces a cambio? —preguntó.

Parpadeé.

—¿Cómo?

—No soy un hombre que regala nada, Ariana. Si quieres tu libertad en seis meses, tendrás que darme algo a cambio.

—¿Qué quieres?

La sonrisa que apareció en sus labios no me gustó nada.

No llegaba a sus ojos. Y había algo en ella que me recordó que estaba hablando con un hombre que había construido su imperio a base de negociaciones donde siempre salía ganando.

—Eso lo decidiré yo —dijo—. Cuando llegue el momento.

—No me gusta la incertidumbre.

—No te pedí que te gustara.

El silencio se tensó entre nosotros. Quise protestar, quise exigirle que fuera claro, que me dijera qué esperaba de mí. Pero algo en su mirada me detuvo.

Porque en ese momento entendí que Alessandro Moretti no era un hombre que negociaba por necesidad.

Negociaba porque le divertía.

Y yo acababa de entregarme voluntariamente a su juego.

—Acepto —dije, apretando la mandíbula.

—Bien.

Se dio la vuelta y regresó a su silla, retomando los papeles que había dejado sobre el escritorio como si nuestra conversación hubiera sido un mero trámite.

—Puedes retirarte.

Me quedé un instante mirándolo, con las manos aún apretadas, el corazón aún desbocado.

Di media vuelta y caminé hacia la puerta.

Pero antes de cruzar el umbral, su voz me detuvo.

—Ariana

Me giré.

Él no levantó la vista de los papeles.

—Seis meses —dijo, con una calma que me heló más que cualquier grito—. Pero no intentes huir antes. Porque si lo haces…

Alzó la mirada.

Y en sus ojos vi algo que me hizo retroceder un paso.

—Te encontraré.

Salí de la oficina con las piernas flojas y la certeza de que acababa de hacer un trato con el diablo.

Y lo peor de todo…

no sabía cuál iba a ser el precio.

1
Paula
me enavnto ...muy linda historia ....
Paula
hay q angutia
Paula
hay dios mio q salga todo bien
Paula
maldito loco 🥹🥹
Paula
maldito sicopata 😱😱😱
Paula
🥹🥹🥹🥹💔
Paula
hay siiii maldito infeliz
Paula
q hdp geronimo no dice nada ...i feliz .....hay Alessandro por favor q sufra por todo lo q le esta haciendo a Alma
Paula
hay dios 🥹🥹🥹
Nerika Moreno
Caramba las joyas que le regaló no son tan valiosas porque solo le alcanza para andar en autobús de pueblo en pueblo
Nerika Moreno
Mujer termina de desaparecer que nervios
Nerika Moreno
La pobre quedó para tapete
Nerika Moreno
ojalá si logré escapar y irse bien lejos😒
Paula
que bueno q geronin9 no.quiera traisionarlos
Paula
amo q estén tan enamorados ....😍
Nilce montilla
de verdad muy bonita historia, felicidades a la autora y que siga cosechando éxitos 👏👏👏👏
Paula
pero lo conoce tanto Alessandro como no se va dar cuenta qel ya sabe quien es su esposa ...q es alma y no ariana. lonpeor qes q lo va a traicionar a alesandro
Paula
jajaja me muero me imagino la cara del padre...q algo q tendría q ser un secreto todo el mundo lo sabe 🤭🤭🤭🤭
Geral Lj
no entiendo, en algunas ocasiones Alessandro la llama Alma, será que él realmente sabe que es ella?
Paula
el de la fiesta 😱😱😱😱
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