En la Casa Valemont, el amor es una debilidad y la sangre solo tiene valor mientras sea útil.
Seraphine Valemont, la hija menor de uno de los ducados más poderosos del reino, ha crecido rodeada de conspiraciones, rivalidades y silencios capaces de destruir familias enteras. Mientras sus hermanos luchan entre sí por poder y supervivencia bajo la mirada implacable de su padre, ella oculta un secreto que bastaría para condenarla a la hoguera: magia.
Pero sobrevivir en la nobleza exige algo peor que esconderse.
Exige aprender a manipular, mentir y convertirse en aquello que más detesta.
Mientras la aristocracia persigue brujas públicamente y las utiliza en secreto, Seraphine comenzará a construir una red clandestina de poder entre sombras, traiciones y pactos peligrosos.
Porque en la Casa Valemont, los monstruos no nacen.
Se crean.
NovelToon tiene autorización de Araknealeg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap 17. La Sangre Bajo el Mármol.
......................
El grito atravesó el salón como una cuchilla.
La música se detuvo abruptamente.
Las conversaciones murieron al instante y durante un segundo completo nadie se movió, como si el castillo entero hubiera contenido la respiración.
Luego comenzó el caos.
—¿Qué ocurrió?
—¡¿Quién gritó?!
—¡Guardias!
Las voces se mezclaron bajo el resplandor tembloroso de los candelabros mientras nobles confundidos se apartaban unos de otros.
Seraphine ya se estaba moviendo.
Cassian llegó primero al extremo del salón seguido por Alaric y varios guardias. El duque avanzó detrás de ellos con expresión peligrosa, fría como acero.
Los invitados Arden también se levantaron.
Cedric fruncía el ceño con evidente tensión militar mientras Octavian mantenía una calma demasiado controlada.
Y Aeron…
Aeron estaba observando a la gente.
No el origen del grito.
A la gente.
Como si intentara descubrir quién ya sabía lo que estaba pasando.
Eso hizo que una pequeña alarma se encendiera otra vez dentro de Seraphine.
Entonces vio sangre.
Oscura.
Extendida sobre el mármol negro cerca de una de las puertas laterales.
Un sirviente yacía en el suelo.
Muerto.
Otra vez.
La multitud retrocedió inmediatamente.
Lady Vivienne cubrió discretamente la reacción de horror detrás de un abanico negro mientras Evelyne tensaba la mandíbula intentando conservar compostura.
Celestine permanecía inmóvil.
Demasiado inmóvil.
Los guardias apartaron rápidamente a los nobles mientras Cassian se agachaba junto al cadáver.
Seraphine se acercó apenas lo suficiente para verlo.
El hombre tenía los ojos completamente abiertos.
Y la garganta cortada.
Limpio.
Preciso.
No parecía un ataque impulsivo.
Parecía un mensaje cuidadosamente preparado.
Otra vez.
Mierda.
Alaric observó el cuerpo desde arriba con expresión peligrosamente tranquila.
—Qué eficiente.
Cassian levantó inmediatamente la mirada hacia él.
—¿Puedes dejar de hablar como si esto te entretuviera?
—No dije que me entretuviera.
—Tu cara lo dice sola.
El ambiente se tensó inmediatamente entre ambos.
Pero el duque habló antes de que continuaran.
—Silencio.
Una sola palabra.
Fría.
Autoritaria.
Todo el salón obedeció inmediatamente.
Seraphine observó discretamente el cadáver otra vez.
Entonces lo vio.
La marca.
Tallada con sangre sobre el mármol junto al cuerpo.
Un círculo atravesado por líneas negras.
El símbolo Morvane.
El pulso se aceleró violentamente.
Mierda.
No podía ser casualidad ya.
Cassian también lo había visto.
Porque se quedó completamente quieto un segundo.
Alaric sonrió apenas.
Muy poco.
Pero Seraphine lo notó.
Él entendía algo. O comenzaba a entenderlo.
Los nobles murmuraban nerviosamente detrás.
—¿Qué significa eso?
—¿Es alguna amenaza?
—¿Otro asesinato?
—Santos dioses…
Octavian Arden observó el símbolo cuidadosamente.
—Eso no parece obra de un asesino común.
El duque levantó lentamente la vista hacia él.
—¿Insinúas algo?
—Solo observo.
Cedric intervino rápidamente antes de que la conversación escalara.
—Lo importante ahora es asegurar el castillo.
Aeron seguía observando el símbolo.
Silencioso.
Pensando.
Y eso comenzó a incomodar seriamente a Seraphine.
Porque la mayoría reaccionaba con miedo.
Él reaccionaba con interés.
Cassian finalmente se puso de pie.
—Cierren el salón. Nadie entra o sale sin autorización.
Los guardias obedecieron inmediatamente.
El sonido metálico de las puertas cerrándose resonó pesado.
La atmósfera cambió por completo.
Ahora parecía una prisión elegante.
Seraphine observó discretamente alrededor.
Nobles nerviosos. Sirvientes aterrados. Guardias tensos.
Y en medio de todo…
El duque parecía furioso.
Pero no sorprendido.
Eso le heló lentamente el estómago.
Porque significaba que quizá esperaba algo así.
—
Horas después el castillo seguía despierto.
La cena había sido cancelada oficialmente y los invitados enviados a sus habitaciones mientras guardias recorrían constantemente los corredores.
Seraphine caminaba sola por una galería oscura del ala norte.
Necesitaba aire.
Necesitaba pensar.
El símbolo Morvane apareciendo públicamente cambiaba todo.
Ya no era un secreto escondido bajo el castillo.
Alguien estaba sacándolo a la superficie deliberadamente.
Y eso volvía peligrosa su mera existencia.
La luz de la luna atravesaba parcialmente los vitrales altos, formando sombras largas sobre el suelo de piedra.
Sombras.
Su respiración se volvió apenas más lenta.
La magia reaccionaba más fácil cerca de oscuridad profunda.
Lo había descubierto recientemente.
No porque las sombras le dieran poder exactamente.
Sino porque respondían mejor a ella.
Como si reconocieran algo.
Seraphine se detuvo frente a una ventana abierta.
El aire frío de la noche movió apenas algunos mechones negros de su cabello.
Pensó en el pasadizo secreto.
En la marca.
En Lyra Morvane.
¿Había usado aquel lugar para esconderse?
¿O para ocultar algo?
Mierda.
Necesitaba volver ahí.
Pero no todavía.
Demasiados guardias. Demasiada tensión.
Entonces escuchó pasos.
Se giró inmediatamente.
Aeron Arden apareció desde el extremo opuesto de la galería.
Perfecto.
Justo lo que necesitaba evitar.
Él también pareció ligeramente sorprendido al verla sola.
—Empiezo a sospechar que este castillo disfruta arruinando cenas.
Seraphine mantuvo expresión neutral.
—Es una tradición familiar.
Eso provocó una pequeña sonrisa en él.
Muy breve.
—¿Siempre respondes así?
—¿Así cómo?
—Como si cada conversación fuera una partida de ajedrez.
Interesante.
Demasiado observador otra vez.
Seraphine apoyó una mano sobre la fría piedra de la ventana.
—En este castillo suele serlo.
Aeron se acercó lentamente.
No demasiado.
Manteniendo distancia respetuosa.
Eso hizo que Seraphine lo analizara con más cuidado.
La mayoría de nobles jóvenes intentaban impresionar. Invadir espacio. Presumir.
Él no.
Actuaba como alguien acostumbrado a observar antes de actuar.
Peligroso.
—Ese símbolo del salón —dijo él finalmente—. Lo reconociste.
La tensión atravesó inmediatamente el cuerpo de Seraphine.
Pero no permitió que apareciera en su rostro.
—No sé de qué hablas.
—Sí lo sabes.
Silencio.
El viento nocturno cruzó la galería lentamente.
Aeron la observaba con demasiada calma.
No parecía acusador.
Eso era peor.
Parecía curioso.
—La mayoría solo vio sangre —continuó—. Tú reaccionaste antes de acercarte.
Mierda.
Había sido demasiado evidente.
Seraphine sostuvo su mirada.
—¿Y tú no reconociste nada?
Él tardó un segundo en responder.
—Reconocí que todos los Valemont reaccionaron distinto.
Interesante.
Muy interesante.
Porque no estaba diciendo “tú”.
Estaba diciendo todos.
Eso significaba que analizaba dinámicas familiares completas.
El tipo de persona que conectaba patrones políticos.
—¿Siempre observas tanto? —preguntó ella.
Aeron apoyó una mano sobre la piedra junto a la ventana.
—Siempre.
Respuesta honesta.
Extrañamente honesta.
Eso la inquietó más de lo esperado.
Silencio.
Luego él habló otra vez.
—Tu familia parece estar escondiendo algo enorme.
Seraphine soltó una pequeña risa vacía.
—Eso describe a casi todas las familias nobles.
—No así.
La forma en que lo dijo hizo que el ambiente cambiara apenas.
Más serio.
Más peligroso.
Porque sonó seguro.
Seraphine decidió terminar la conversación antes de que avanzara demasiado.
—Deberías dormir, lord Arden.
Él la observó unos segundos más.
Como si estuviera decidiendo si insistir.
Finalmente se apartó apenas.
—Buenas noches, lady Valemont.
—Buenas noches.
Aeron comenzó a alejarse por la galería.
Pero antes de desaparecer entre las sombras se detuvo.
—Ten cuidado.
Seraphine frunció apenas el ceño.
—¿Eso fue una advertencia?
Él no giró completamente hacia ella.
—No. Una observación.
Y luego se fue.
Mierda.
—
Más tarde esa noche, Seraphine regresó secretamente al nivel inferior del castillo.
El mismo corredor abandonado. La misma habitación oculta. La puerta secreta detrás de las cajas.
Su corazón latía demasiado fuerte mientras encendía una pequeña lámpara cubierta.
No debería estar ahí.
Lo sabía perfectamente.
Pero también sabía otra cosa:
si alguien más encontraba ese lugar antes que ella… perdería cualquier ventaja.
Empujó nuevamente el mecanismo oculto.
La puerta de piedra se abrió lentamente con un sonido grave.
Oscuridad absoluta detrás.
Aire frío.
Antiguo.
Seraphine tragó saliva y avanzó.
El pasadizo era estrecho.
Demasiado estrecho.
Las paredes de piedra húmeda parecían cerrarse alrededor de ella mientras descendía lentamente por escalones antiguos.
El silencio era sofocante.
Solo escuchaba su respiración y el sonido distante de gotas cayendo en algún lugar profundo.
Entonces sintió algo.
La oscuridad.
No como ausencia de luz.
Como presencia.
Las sombras alrededor parecían… reaccionar.
Mierda.
Seraphine se detuvo inmediatamente.
Control.
No pierdas control.
La lámpara iluminaba apenas el corredor, pero las sombras detrás de ella comenzaron a moverse sutilmente sobre las paredes.
Como humo líquido.
Su pulso se aceleró.
La magia estaba respondiendo otra vez.
Más fuerte ahí abajo.
¿Por qué?
Respira.
Intentó concentrarse.
Las emociones deformaban el control. Lo sabía.
Extendió lentamente una mano hacia la pared.
La sombra proyectada por la lámpara avanzó sobre la piedra.
Obedeciendo.
El corazón comenzó a latirle violentamente.
Seguía siendo aterrador.
Porque no se sentía completamente natural.
Se sentía como controlar algo vivo.
Movió apenas los dedos.
La sombra se deslizó lentamente por el suelo hasta tocar una vieja cadena oxidada colgando de la pared.
Y la cadena se movió.
Apenas.
Pero se movió.
Seraphine contuvo la respiración.
Mierda.
Mierda.
Eso era nuevo.
Nunca antes había logrado afectar algo físico con tanta claridad.
La emoción rompió parcialmente su concentración.
La sombra se agitó violentamente sobre las paredes.
La lámpara tembló.
Seraphine cerró los ojos inmediatamente intentando recuperar control.
Calma.
Calma.
Las sombras comenzaron lentamente a estabilizarse otra vez.
Respira.
No puedes perder control aquí abajo.
Porque si alguien descubría algo…
Estaba muerta.
Cuando abrió nuevamente los ojos, algo brillaba al final del corredor.
Muy tenue.
Como luz reflejada.
Seraphine avanzó lentamente.
Y el pasadizo finalmente desembocó en una pequeña cámara oculta.
El aire ahí era todavía más frío.
Había muebles cubiertos por telas viejas. Libros destruidos por humedad. Velas consumidas hacía años.
Y en el centro…
Un escritorio.
El corazón se detuvo un segundo.
Porque sobre el escritorio descansaba un medallón plateado cubierto de polvo.
Con el símbolo Morvane grabado en el centro.
Las manos de Seraphine temblaron apenas mientras se acercaba.
No.
Esto había pertenecido a su madre.
Tenía que haber sido suyo.
Lo tomó lentamente.
Frío.
Extrañamente frío.
Entonces escuchó voces arriba.
Lejanas.
Guardias.
Mierda.
Seraphine apagó inmediatamente la lámpara.
Oscuridad total.
Su respiración se volvió rápida.
Demasiado rápida.
Y entonces ocurrió.
Las sombras alrededor comenzaron a moverse solas.
Cubriendo parcialmente su cuerpo.
Ocultándola.
El corazón golpeó violentamente contra su pecho.
No estaba haciéndolo conscientemente.
O quizá sí.
No sabía.
Los pasos resonaron sobre el techo de piedra.
Más cerca.
Guardias patrullando.
Si descubrían el pasadizo…
Las sombras se deslizaron más sobre ella.
Silenciosas.
Frías.
Y por primera vez Seraphine entendió algo verdaderamente aterrador.
La oscuridad no solo obedecía.
La reconocía.
......................