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Lazos De Sangre: La Hermana Sustituta

Lazos De Sangre: La Hermana Sustituta

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:89.6k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Elena e Isabella son dos gemelas separadas al nacer por la ambición y la maldad. Mientras Elena crece en la pobreza, entregando su vida al trabajo para costear el costoso tratamiento médico de su madre, Isabella vive en una jaula de oro, obligada por su poderosa familia a casarse con Alexander Volkov. Él es un heredero implacable, un CEO cuya frialdad y falta de sentimientos son leyenda en el mundo de los negocios. Un encuentro inesperado pondrá a prueba sus destinos cuando Elena deba ocupar el lugar de su hermana en un juego de identidades peligroso. ¿Serán capaces de salir de este enredo? ¿El CEO será tan implacable como dicen?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo IX El contrato

Punto de vista de Elena

Varios días habían pasado desde que llegue a la mansión Castillo, hasta el momento todo estaba saliendo bien, los padres de Isabella no sospechaban nada y había tratado de mantenerme alejada del padre de ella. Ese hombre transmitía algo que me erizaba la piel.

Desde el día de la cena no había vuelto a saber de Alexander, hasta este dia cuando Armando me informó que iría a la mansión Volkov a firmar el contrato, la familia Volkok no dejaría cabos sueltos, era lo que pensaba Armando sin saberse que realmente era un contrato entre Isabella y Alexander.

La biblioteca de los Volkov era una estancia imponente, revestida de maderas oscuras y miles de libros que parecían vigilar cada uno de nuestros movimientos. El olor a cuero viejo y tabaco caro se adhería a mi piel mientras observaba el documento que descansaba sobre el escritorio de mármol.

Alexander estaba sentado frente a mí, con una pluma estilográfica de oro entre sus dedos largos y elegantes. Me observaba con esa mirada depredadora que me hacía sentir que, en cualquier momento, mi máscara se agrietaría.

—Aquí están las cláusulas, Isabella —dijo con voz gélida, deslizando el papel hacia mí—. Un año de matrimonio. Sin escándalos, sin amantes públicos y, sobre todo, sin acceso a mi vida privada. Serás mi esposa ante la prensa y en los eventos oficiales. Nada más.

Leí el documento con atención. Mis ojos se detuvieron en la cifra final: una compensación económica que no solo salvaría a mi madre, sino que me daría una libertad que nunca me atreví a soñar. Pero también leí la letra pequeña: cualquier falta a la moral o intento de fraude anularía el pago. El corazón me dio un vuelco.

—¿Y qué gano yo con esto, además del dinero? —pregunté, forzando esa voz altiva que ya empezaba a resultarme natural—. Porque convivir con un hombre que me mira como si fuera una mancha en su zapato no es exactamente mi idea de un año divertido.

Alexander soltó una risa seca, sin rastro de humor.

—Ganas que tu apellido no termine en la basura. Ganas que tu padre no pase el resto de sus días huyendo de los acreedores. Pero no te equivoques, Isabella. Si crees que este contrato es una invitación a mi cama o a mi confianza, puedes irte ahora mismo.

—No te halagues tanto, Alexander —repliqué, tomando la pluma con firmeza—. Tu cama es el último lugar en el mundo donde desearía estar. Solo quiero cumplir con mi parte y que este año pase lo más rápido posible.

Firmé con un trazo decidido, imitando la rúbrica elegante de Isabella que había practicado mil veces esa mañana. Al soltar la pluma, sentí que acababa de entregar mi vida a un extraño.

Punto de Vista: Alexander

Observé cómo firmaba. No hubo dudas, no hubo ese drama infantil que ella solía armar cada vez que no se salía con la suya. Esta Isabella era... eficiente. Y eso me irritaba más de lo que quería admitir.

—Perfecto —dije, cerrando la carpeta—. Te mudas a mi apartamento mañana mismo. Mi chofer recogerá tus maletas a las ocho en punto.

—Ocho en punto —repitió ella, levantándose de la silla con una gracia que me obligó a seguirla con la mirada—. Espero que tu apartamento sea más acogedor que tu personalidad, Alexander.

Se dio la vuelta y salió de la biblioteca, dejándome con el aroma de su perfume y una duda que me carcomía. Había algo en su caligrafía, algo en la forma en que sostenía la pluma... era demasiado precisa. Isabella Castillo siempre fue descuidada, impulsiva. Esta mujer era todo lo contrario.

Caminé hacia la ventana y la vi subir a su auto. Por un segundo, antes de arrancar, se quedó mirando hacia la mansión con una expresión de profunda soledad. No era la cara de una heredera que acababa de asegurar su fortuna. Era la cara de alguien que estaba a punto de entrar en una guerra.

—¿Qué escondes, Isabella? —susurré contra el cristal—. Porque te aseguro que, tarde o temprano, voy a descubrir que está pasando realmente.

Tras la firma, me quedé solo en el despacho. Me senté frente al escritorio, reclinando la silla y cerrando los ojos por un momento. No podía sacar de mi mente la actitud de Isabella; algo en ella había cambiado drásticamente, una mutación que me desconcertaba y, por alguna razón, me mantenía en un estado de alerta constante.

De pronto, sentí unas manos suaves deslizándose sobre mis hombros, apretando con la familiaridad de quien conoce mis puntos de tensión.

Una sonrisa cínica se dibujó en mis labios.

—Pensé que no vendrías a verme —dije, bajando el tono a uno más oscuro y seductor.

—¿Cómo supiste que era yo? —susurró Claudia Villegas, la asistente personal de mi abuelo, inclinándose hacia mi oído.

—Reconocería ese perfume en cualquier lugar, Claudia.

Abrí los ojos y la tomé de la mano con firmeza, tirando de ella hasta que se sentó en mi regazo.

Ella y yo habíamos mantenido una relación clandestina durante meses; un juego peligroso, ya que si mi abuelo llegaba a enterarse, ella desaparecería de la empresa en un abrir y cerrar de ojos, y mi herencia volvería a estar en la cuerda floja.

—¿Es cierto que vas a casarte con esa... Isabella Castillo? —preguntó ella, clavando en mí una mirada cargada de un reproche que intentaba disfrazar de lástima.

—Son exigencias del abuelo —respondí con frialdad, restándole importancia con un gesto de la mano—. Él cree que puede atar mi vida a la de esa mujer para siempre. Se equivoca.

—No estoy de acuerdo con este matrimonio, Alexander. Sabes que te amo... He aceptado ser tu amante en las sombras solo por este sentimiento que no me deja razonar.

La miré fijamente. No me gustaban los dramas ni las falsas esperanzas.

—Siempre he sido claro contigo, Claudia. Yo no te amo —solté sin anestesia. Su rostro palideció, pero continué—. Me gustas, y lo que sucede entre nosotros en la intimidad es inolvidable, pero no confundas placer con compromiso.

—No hacía falta que fueras tan cruel —murmuró ella, intentando recuperar su dignidad mientras se levantaba de mis piernas—. Te he entregado todo. Creo que merezco algo de respeto.

—Olvidemos esta conversación —sentencié, señalando la puerta—. Es mejor que salgas de aquí antes de que el abuelo regrese de su reunión.

Claudia se detuvo antes de salir, apretando los puños.

—Antes de irme, júrame que no me cambiarás por esa zorra. Su reputación la precede, Alexander; es una devorahombres y temo que te dejes envolver por sus trucos.

—Eso no pasará —dije, volviendo mi atención a los documentos sobre la mesa—. Isabella Castillo no significa nada para mí. Te aseguro que no entrará en mi cama. Esto es solo un capricho de mi abuelo que tiene fecha de caducidad.

Ella salió del despacho en silencio, pero su advertencia se quedó flotando en el aire. Sabía que Isabella era experta en manipular hombres, pero yo no era un cualquiera. Lo que Claudia no sabía —y lo que yo apenas estaba empezando a procesar— es que la Isabella que acababa de firmar ese contrato no parecía interesada en devorar a nadie. Parecía, más bien, una mujer que cargaba con el peso del mundo sobre sus hombros.

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Silvia Báez de Torres
aaawwwww!!!! qué hermosa historia escritora, me cautivó desde el comienzo.
Maria Cantillo
tronco de energúmeno zipote lio
Susana Macedo
Hermosa historia de amor, de superación y de perdón, muy atrapante de principio a fin felicitaciones autora eres buena escribiendo historias 👏👏👏👏
San Aguirre
Buena.
San Aguirre
¿Y la mamá biológica?
San Aguirre
Pero legalmente no está casado con Isabella porque Elena falsificó la firma.
Darquiz Bonilla
no era miranda
maiy medina
cuando supo que se casó???
Maria Cantillo
bueno aquí se desató la guerra jajaja
Maria Cantillo
bueno ese tal padre voto la hija y resulta que fue la que se casó la heredera pobre Armando y este volok casi viola a Elena por la vida desenfrenada de su hermana
Maria Cantillo
bueno la experiencia de vida te va dar un golpe bien duro Alexander tendrás que luchar por una igual jajaja 😂😂😂
Maria Cantillo
la diferencia de las hermanas es notable
Maria Cantillo
creo que el infierno se lo está ganando el solo bueno tan mal hablado diciendo bienvenida al infierno no sabes nada pelaito
Maria Cantillo
vaya sorpresa de Alex Ander cada vez más metido en su papel de vicioso que parece perro oliendo hasta la mínima cosa veamos cómo sales de esta Elena
Maria Cantillo
vaya ella ya descubrió la amante que rollo 🤭🤭🤭
Maria Cantillo
bueno aquí hay tela pa cortar ellos firman cada cual vive su vida y ella es la que no puede dar espectáculo y el con amante a bordo todo tiene fecha de caducidad
Maria Cantillo
creo que lo que la va despertar es que el amor de Felipe no es lo que ella creía va caer suavecito los padres saben de ese tipo de personas seguro lo han investigado
Maria Cantillo
vaya esto show va a comenzar 🤭
Maria Cantillo
tremendo cambio
Maria Cantillo
vaya propuesta y como si fuera su responsabilidad casarse vivir una vida ajena
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