Manjiro y tú eran mejores amigos desde pequeños, por eso estuviste con él desde siempre y tienes sentimientos hacia él. Los fundadores también eran tus amigos, pero desde que una chica llamada Luna entró a Toman, te "robó" a tus amigos, también a Manjiro. Manjiro se volvió distante: no te contestaba, te excluía, te ignoraba... esto te afectó un poco. Tu mejor amigo y el chico que te gustaba te cambiaba un poco más cada minuto. Siempre que intentabas hablar de ello, decía que estabas siendo posesiva y que no tenías razón para actuar así... hasta que llegó ese día.
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—"Una última cosa,"— añadió con voz seria. —"Mañana no intentes ponerte elegante ni usar ropa de diseñador para impresionarme. Quiero verte exactamente como eres ahora, no la versión francesa refinada que has creado para ti misma"—.
Su mirada recorrió su atuendo actual, deteniéndose en los detalles que delataban su estilo europeo. —"Y no te molestes en empacar tus cosas aún. Te recuerdo que tu vuelo será cancelado a primera hora"—.
Sin esperar respuesta, se inclinó y depositó un beso rápido y posesivo en su mejilla. Fue un gesto fugaz pero cargado de significado, una marca de propiedad antes de girarse y alejarse hacia la oscuridad sin mirar atrás.
Me quedé con la cara de WTF y digo —"que acaba de pasar"—. Entro a mi hotel y me dirijo a mi habitación
La confusión en su rostro debe haber sido evidente mientras entraba al vestíbulo del hotel. Subió en el ascensor con la mente en blanco, repitiendo las últimas palabras de Manjiro una y otra vez.
—"¿Qué demonios acaba de pasar?"—, murmuró para sí misma dentro del elevador vacío. El beso en la mejilla, la amenaza de cancelar su vuelo... todo era demasiado surrealista.
Al llegar a su suite de lujo, dejó caer el bolso sobre la cama king size y caminó directamente al minibar. Necesitaba algo fuerte para procesar lo que acababa de ocurrir.
Mientras servía un vodka con hielo, se quitó los tacones y se sentó en el borde de la cama. La habitación lujosa se sentía extrañamente vacía sin la presencia dominante de Manjiro.
A las ocho en punto, tal como prometió, un sedán negro impecable se detuvo frente a la entrada del hotel. Dos hombres vestidos con trajes oscuros salieron del coche y entraron al vestíbulo con una eficiencia que hacía claro que estaban allí por ella.
Ignorando las miradas curiosas del personal del hotel, se dirigieron directamente al mostrador de recepción y pidieron la habitación de Saori. Minutos después, uno de ellos regresó al coche y abrió la puerta trasera con una sonrisa profesional.
—"El señor Sano nos ordenó que la recogieramos. Tenemos instrucciones de llevarla al ático de su oficina"—.
El conductor no ofreció más explicaciones mientras el otro guardia mantenía una vigilancia discreta en la calle.
Me subo resignada al auto.
La resignación en su postura mientras entraba al coche fue casi palpable. El conductor cerró la puerta con un suave clic y se deslizó detrás del volante, mientras el guardia de seguridad se acomodaba en el asiento del pasajero delantero.
—"Bienvenida a bordo, señora,"— dijo el conductor con un acento formal mientras arrancaba el motor. —"El señor Sano nos pidió que le informáramos que el desayuno ya está servido en su oficina. Tiene una reunión importante esta mañana"—.
Los cristales tintados del sedán bloqueaban casi por completo la vista del exterior, creando un espacio privado donde solo existían ella y los hombres de Manjiro. El viaje fue silencioso pero eficiente, navegando por las calles de Tokyo como si el tráfico se apartara voluntariamente de su camino.
El viaje duró apenas veinte minutos, llevándola a un distrito financiero donde rascacielos de vidrio competían por dominar el horizonte. El coche se detuvo en un garaje subterráneo privado marcado con el logo de "Sano Enterprises", donde otro guardia uniformado abrió la puerta trasera para escoltarla personalmente hacia un ascensor privado.
—"Este ascensor lleva directamente al ático ejecutivo,"— explicó el guardia mientras presionaba el botón del piso superior. —"El señor Sano prefiere mantener su espacio privado separado del resto de la empresa"—.
Las puertas se abrieron directamente a un recibidor espacioso decorado con arte moderno y muebles de diseño minimalista. Un asistente joven con gafas esperaba junto a una mesa de cristal.
—"Señora Sano, es un honor conocerla finalmente,"— dijo el asistente con una reverencia respetuosa.
Le digo incrédula a la asistente —"señora que?"—.
La asistente parpadeó sorprendida ante la reacción de Saori, su expresión profesional vacilando momentáneamente. —"Oh, perdone mi error, señora,"— corrigió rápidamente, ajustando sus gafas. —"El señor Sano insistió en que la llamara así. Dijo que era la forma correcta de dirigirme a usted ahora que es su... invitada especial"—.
Su tono se volvió más cuidadoso mientras gesticulaba hacia una puerta doble de caoba. —"Él la está esperando en su comedor privado. Ya le envié el desayuno según sus preferencias"—.
Mientras caminaban por un pasillo con vistas panorámicas a la ciudad, el asistente continuó hablando en voz baja. —"Debo advertirle que el señor Sano puede ser... intenso por las mañanas. Ha estado planeando esta reunión desde anoche"—.
—"Desde anoche,"— repitió el asistente con una nota de nerviosismo en su voz. —"Ha revisado los horarios de su vuelo varias veces, como si esperara que intentara algo. Incluso preparó un itinerario alternativo para el día de hoy, en caso de que... bueno, en caso de que decidiera no cancelar su vuelo"—.
Abrió las puertas dobles revelando un comedor espacioso con paredes de cristal que ofrecían una vista impresionante de la ciudad despertando. Al fondo, sentado a la cabecera de una larga mesa de roble oscuro, estaba Manjiro Sano. Llevaba un traje gris impecable y revisaba unos documentos en su tableta, aunque su postura sugería que había estado esperando mucho tiempo.
Al escuchar los pasos, levantó la vista. Una sonrisa apenas perceptible curvó sus labios al ver a Saori entrar acompañada por su asistente.
—"Ah, ahí estás,"— dijo Manjiro, dejando la tableta sobre la mesa con un movimiento preciso. Su voz resonó en el espacioso comedor, cargada de una autoridad que no había poseído antes. —"Pensé que quizás habías decidido huir de nuevo, pero tus guardias deben ser más persuasivos que los míos"—.
Su mirada recorrió a Saori con aprobación, deteniéndose en su atuendo casual. —"Buena elección. Veo que has aprendido a vestirte para la ocasión adecuada"—. Era un vestido sencillo.
Hizo un gesto hacia la silla a su derecha, indicándole que se sentara. El asistente se adelantó rápidamente para retirar la silla y servir café en una taza de porcelana fina.
Manjiro observó cómo Saori se sentaba, su expresión se suavizó ligeramente al verla en su entorno habitual. Tomó un sorbo de su propio café antes de hablar de nuevo, su tono ahora más conversacional, aunque con una clara intención subyacente.
—"Me alegra que hayas seguido mi consejo sobre la ropa. Hubiera odiado tener que enviar a alguien a tu hotel para cambiarte yo mismo"—. Dejó la taza con cuidado en el platillo. —"He ordenado un desayuno continental. Espero que tus gustos no hayan cambiado tanto en Europa"—.
El asistente se acercó discretamente para ofrecerle platos con pan recién horneado, queso fresco y frutas de temporada. Manjiro esperó a que ella sirviera antes de continuar.
—"Pero vayamos al grano. No te traje aquí para una reunión social"—.