Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 21: Lo que empieza a importar… se vuelve peligroso
La semana después del ataque no fue tranquila.
Pero tampoco caótica.
Fue… tensa.
Como si todo estuviera esperando el siguiente movimiento.
Ciel no salió mucho de sus aposentos los primeros días, no por debilidad, sino por estrategia. Dejar que los rumores crecieran, que la incertidumbre trabajara por ella.
Pero no todo era cálculo.
Había algo más… que no había previsto.
—
Lo vio antes de escucharlo.
—
Draven estaba en el pasillo, apoyado contra la pared, como si llevara tiempo ahí.
Esperando.
—Te estás volviendo predecible —dijo Ciel al acercarse.
—Y tú más descuidada —respondió él sin moverse—. No deberías caminar sola aún.
Ciel se detuvo frente a él.
—No estoy sola.
Pausa.
—Solo no siempre me ven acompañada.
Draven la observó con más atención de lo normal.
—Aun así.
Silencio.
No era discusión.
Era otra cosa.
—
—¿Viniste a vigilarme? —preguntó ella.
—No.
Pausa.
—Vine a asegurarme.
—
Ciel alzó una ceja.
—
—¿De qué?
—
Draven se separó de la pared, acercándose lo suficiente como para invadir su espacio.
—
—De que sigues en pie.
—
Por un segundo…
nadie se movió.
—
El ambiente cambió.
—
Más lento.
—
Más cercano.
—
—¿Y? —murmuró Ciel.
—
Draven bajó la mirada apenas… recorriendo su postura, su respiración, su equilibrio.
—
—Sigues en pie.
—
Ciel sonrió levemente.
—
—Siempre lo estoy.
—
—
Pero esta vez…
—
no se apartaron.
—
—
Desde el otro lado del pasillo…
Kael observaba.
—
No le gustaba.
—
Nada.
—
—Se está acercando demasiado —murmuró.
—
Kaian, a su lado, no respondió de inmediato.
—
—No es solo eso —dijo al final—. Ella lo está dejando.
—
—
Y eso…
—
era peor.
—
—
Días después, el ambiente no cambió.
—
Empeoró.
—
—
Los encuentros entre Ciel y Draven se volvieron más frecuentes.
Más cercanos.
Más… cargados.
—
No eran largos.
—
Pero eran suficientes.
—
—
Una noche, en el balcón, todo cambió.
—
La ciudad brillaba abajo, tranquila, ajena a la guerra que crecía en las sombras.
Ciel estaba apoyada en la baranda, respirando el aire frío, cuando sintió su presencia detrás.
No necesitó girarse.
—Otra vez.
—Otra vez —repitió él.
—
Esta vez no se quedó lejos.
—
Se acercó.
—
Demasiado.
—
—
—Esto ya no es casualidad —dijo Draven.
—
—Nunca lo fue.
—
—
Silencio.
—
—
—Sabes que esto es un problema —añadió él.
—
Ciel giró lentamente.
—
Quedaron frente a frente.
—
Muy cerca.
—
—
—Depende para quién.
—
—
Draven sostuvo su mirada.
—
—Para los dos.
—
—
Pausa.
—
—
—Entonces detente —dijo ella en voz baja.
—
—
Pero no se movió.
—
—
Y eso fue suficiente.
—
—
Draven cerró la distancia.
—
No fue brusco.
—
No fue impulsivo.
—
Fue… decidido.
—
—
Sus labios rozaron los de Ciel primero.
—
Apenas.
—
—
Como una advertencia.
—
—
Pero cuando ella no se apartó…
—
—
el beso dejó de ser duda.
—
—
Fue firme.
—
Profundo.
—
Real.
—
—
Y por un momento…
—
la guerra dejó de importar.
—
—
Cuando se separaron…
—
el aire era distinto.
—
—
Más pesado.
—
—
—Esto complica todo —murmuró él.
—
—Todo ya estaba complicado.
—
—
Pero esta vez…
—
ninguno se alejó del todo.
—
—
Desde las sombras…
—
Kael vio lo suficiente.
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Y apretó los puños.
—
—
Kaian bajó la mirada.
—
—
No dijo nada.
—
Pero lo entendió todo.
—
—
En otra ala del castillo…
—
Erina escuchaba.
—
—Se están acercando.
—
No levantó la mirada de inmediato.
—
—¿Cuánto?
—
—Lo suficiente.
—
—
Silencio.
—
—
Y entonces…
—
sonrió.
—
—
—Perfecto.
—
—
Pausa.
—
—
—Si él se convierte en su debilidad…
—
—
levantó la mirada lentamente
—
—
—entonces lo convertiré en su caída.
—
—
La guerra seguía.
—
—
Pero ahora…
—
tenía un punto débil.
—
—
Y alguien ya estaba listo para usarlo.