✅️Tras ser traicionado y reducido a una sombra, el brillo de Ian se apagó. Pero Ronen, un alfa de fuerza serena, llega para ser su escudo. Entre acordes rotos y traumas del pasado, su amor incondicional será la melodía que cure al omega, devolviéndole su voz y su lugar bajo el sol.
Esto puro amor😍✅️
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Sombras
La paz en la casa de las madres de Ronen era un sueño del que Ian no quería despertar. Sin embargo, el destino tiene una forma cruel de recordarte que el pasado siempre guarda una última piedra.
Ian estaba en la cocina, ayudando a Delfina a secar unos platos, cuando su teléfono vibró sobre la mesa. El nombre en la pantalla hizo que su aroma a lavanda se marchitara al instante: era un número desconocido, pero el mensaje adjunto no lo era. Era un video.
Al reproducirlo, Ian sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. En la pantalla, un Ronen más joven, de unos 23 años, aparecía en un ring de combate ilegal. Sus ojos no eran los ojos dulces que Ian conocía. Eran pozos de oro salvaje, descontrolados. El alfa estaba encima de otro alfa, golpeándolo con una furia animal que desprendía un aroma casi perceptible de eucalipto quemado. El video se cortaba con Ronen siendo arrastrado por guardias mientras alguien gritaba: "¡Es un monstruo, casi lo mata!".
Debajo del video, un texto de Samuel: "¿Crees que te protege por amor? Te protege porque es un animal que necesita una correa, y tú eres su nueva distracción. Pregúntale qué pasó con el último omega que intentó 'salvar'".
Ian sintió un frío metálico recorrer su espalda. Sus dedos temblaron tanto que el plato de porcelana que sostenía resbaló y se hizo añicos contra el suelo.
-¡Ian! ¿Estás bien?- Delfina se acercó preocupada, pero Ian retrocedió, su aroma a miel volviéndose agrio por la duda y el miedo.
-Tengo que... tengo que hablar con su hijo.- Susurró Ian, saliendo de la cocina hacia el jardín.
Afuera, la lluvia empezaba a caer, una llovizna fina que se mezclaba con el aroma a tierra. Ronen estaba bajo un cobertizo, revisando unos papeles. Al ver a Ian, su expresión se suavizó de inmediato, pero al notar el aroma de angustia del omega, su instinto de alfa dominante se puso en alerta máxima.
-Pequeño, ¿qué pasa? Estás temblando.- El alfa se acercó, extendiendo su mano para tocar el hombro de Ian.
Ian esquivó el contacto. El rechazo dolió más que un golpe físico. El aroma a eucalipto de Ronen soltó una nota de tristeza punzante.
-¿Quién eres de verdad, Ronen?- Preguntó Ian, con la voz quebrada por la lluvia y las lágrimas -Vi el video. El ring. La violencia. Samuel dice que casi matas a alguien... dice que hubo otro omega antes que yo.-
Ronen se quedó petrificado. Su rostro, usualmente una máscara de calma, se fragmentó. Bajó la mano y apretó los puños a los costados. El aroma a sol de primavera desapareció, reemplazado por un olor a tormenta inminente, cargado de arrepentimiento.
-No es lo que parece, Ian, pero es cierto que perdí el control.- dijo el hombre, su voz volviéndose ronca y dolorosa -Antes de entender quién era, dejé que mi naturaleza de alfa dominante me consumiera. El "otro omega" era mi mejor amigo. No pude protegerlo de un ataque y casi mato al responsable con mis propias manos. Por eso me retiré de todo. Por eso mis madres me ayudaron a sanar.-
El hombre dio un paso hacia Ian, desafiando la distancia que el omega había puesto. La lluvia mojaba el cabello de ambos, pegando la ropa de Ian a su cuerpo delgado.
-Tenía miedo de que si te contaba esto, verías al monstruo y no al hombre que te ama.- Confesó Ronen. Su aroma se volvió suplicante, una fragancia de madera húmeda que buscaba desesperadamente el perdón -Pero mírame, Ian. ¿Alguna vez he usado esa fuerza contra ti? ¿Alguna vez te he hecho sentir algo que no sea seguridad?-
Ian miró a Ronen. A pesar del video, a pesar de las palabras de Samuel, el calor que sentía cuando el alfa lo abrazaba era real. Los roces con electricidad de los últimos días, la forma en que Ronen respetaba sus tiempos y cómo su familia lo había acogido... eso no podía ser una actuación.
Ian dio un paso adelante, acortando la distancia. Su mano, fría por la lluvia, buscó la mejilla de Ronen. El contacto fue eléctrico. El alfa cerró los ojos, inclinándose hacia la caricia de Ian como un hombre sediento ante un oasis.
-Samuel quería que tuviera miedo de ti.- Dijo Ian, su voz ganando firmeza -Quería que el eclipse volviera. Pero se equivoca. Tú no eres un monstruo, Ronen. Eres un alfa que aprendió a domar su fuerza para cuidar lo que ama.-
Ian se puso de puntillas y rodeó el cuello de Ronen con sus brazos, hundiendo su rostro en el hueco de su hombro. El aroma a lavanda de Ian estalló, envolviendo al alfa en una promesa de lealtad. La miel volvió a ser dulce, mezclándose con la humedad de la lluvia.
El hombre soltó un sollozo ahogado y rodeó la cintura de Ian con sus brazos poderosos, levantándolo ligeramente del suelo para pegarlo a su pecho. El roce de sus cuerpos empapados era una danza de calor en medio del frío. Ronen enterró su nariz en el cuello de Ian, inhalando su esencia como si fuera su único oxígeno.
-Confío en ti, alfa.- Susurró Ian contra su oído -No dejes que las sombras nos ganen ahora.-
Ronen lo apretó más fuerte, sus dedos hundiéndose en la espalda de Ian, marcando su presencia sin necesidad de colmillos.
-Nunca más, pequeño. Te lo juro por mi vida.-
Se quedaron así bajo la lluvia, dos almas que habían decidido que sus cicatrices no los separaran, sino que fueran el mapa para encontrarse. El plan de Samuel había fallado: en lugar de romperlos, los había unido más allá de cualquier duda.