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MAS ALLA DE LA TORMENTA

MAS ALLA DE LA TORMENTA

Status: Terminada
Genre:Casarse por embarazo / Reencuentro / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:220
Nilai: 5
nombre de autor: Cecilia Ruiz Diaz

Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.

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CAPITULO 6: COMENTARIOS DESAFORTUNADOS

CAPÍTULO 6: COMENTARIOS DESAFORTUNADOS.

A pesar de ser una noche de verano de junio madrileño, Juan Manuel, se vistió de gala para concurrir a la fiesta de su siguiente, con levita y hasta un pequeño moño blanco en el cuello. Florentino le sugirió llevar el cabello peinado a la gomina, esa mujer se había dedicado a solucionarle la vida con amabilidad desde que arribo a ese lejano país.

Frente al portón de la casa de Robledo, los nervios se apoderaron de él, ese mundo era tan ajeno a todo lo que acostumbraba. Después de todo, su madre se había esforzado mucho para que tuviese un estudio, aunque modesto, decente también. Respiro Hondo y paso por la puerta, en dónde lo recibió el joven Pedro, muy cordialmente lo llevo hasta donde estaba Robledo, junto a Hernández y otro hombre más. Sintió alivio al ver a su abogado allí.

Cuando llego a ellos, Robledo lo recibió con fervor y lo presento al desconocido.

-Él es Pánfilo Miranda, nuestro tercer socio.-.

Un hombre que tendría unos 60 años, bajito, regordete, con una pequeña calva y con canas en los bigotes. Le dio la mano y lo saludo.

-Un gusto.- dijo el hombre estrechándole la mano -Increíble parecido con nuestro amigo Juan. Recuerdito haberlo visitado en Argentina. ¿Quién fue tu madre?-

Sin duda, esa pregunta fue muy inoportuna y fuera de lugar. La expresión de Juan Manuel se endureció repentinamente, todos miraban con desagrado al hombre mayor.

-¡Oh! ¡Aquí llego mi futuro yerno!- exclamó Robledo tratando de pasar ese mal tragó.

Juan Manuel se dio la vuelta para ver al recién llegado y quedó paralizado del asombro. No pudo evitar una gran sonrisa.

-Él es Armand Watson, un viajero inagotable.- lo presento su suegro.

Armand se paró en seco al verlo y sonrió también.

-¡No puedo creerlo!- expreso en inglés, riendo y lo abrazo, sin importarle si era inapropiado esa actitud.

-Disculpad, percibo que os conocéis.- comento el suegro.

-Sí, sí.- respondió Juan Manuel -Hemos viajado juntos desde argentina.-

-¡Increíble casualidad!- agrego Armand.

-Así que aquí está tu amada.- aporto de nuevo él.

-La mayor de mis hijas, Amparo.- se apresuró en responder Robledo -Que aquí vienen.-

Entraron al salón las tres hermosas jóvenes, las dos mayores rubias y de ojos claros, bien formadas, cintura angosta, abultado pecho y caderas. La menor, morena, muy delgada y pequeña, casi sin curvas.

Armand le tomo la mano a Amparo, la más alta de las jóvenes, reluciendo una sonrisa de orgullo.

-Señor Placeres, ellas son las jóvenes que colisionaron con usted ayer.- explico el hombre y él sonrió -Amparo, la mayor y próxima a casarse; Leonor, la mediana, y Elena, de apenas 15 años.-

-Un placer, señoritas.- la salud con una sutil inclinación de cabeza.

-Sus hijas son bellísimas.- comento el abogado Hernández.

-En verdad, he tenido mucha suerte. Las dos mayores son rubias y de ojos claros, como casi todos en mi familia; y la menor... bueno, es la evidencia clara que los moros tomaron la península por muchos siglos.- respondió el padre.

Juan Manuel pudo notar como la sonrisa de la más joven se desdibujó y bajo la cabeza.

-Pero es tan hermosa como sus hermanos, claro.- dijo él, viéndola con una mueca complaciente.

-Claro que sí.- aporto Miranda, pero la chica ignoro el comentario y miro al caballero desconocido con una sutil sonrisa.

Durante la cena, todos hablaban muy atentos, menos la señora Robledo, quien se acababa de agregar porque no se sentía muy bien, y la joven de 15 años, quien probaba la comida de a pequeños bocados, "Ahí está la razón por la cual es tan delgada", pensó. Pudo percatarse que la chica y el joven Pedro se lanzaban miradas y sonrisas fugaces.

Luego de la cena, todos fueron a una habitación en dónde había una mesa con postres y dulces, los cuales se podían servir cuántas veces quisieran, mientras él joven Pedro dosis empleadas as se movían por el salón con bandejas cargadas con copas llenas.

-Así que de Argentina, señor Placeres. He escuchado que su país está atravesado por una guerra civil.- comento el desagradable señor Miranda.

En un principio no reaccionó, no estaba acostumbrado que lo llamen con el apellido Placeres, Pero se dio cuenta de inmediato que se refería a él.

-Sí, en realidad... no estoy muy enterado del tema. Es que vivo en una zona rural al sur de Córdoba, Pero he leído algo en las noticias.- respondió.

-Tengo entendido que es por la pelea electoral entre Carlos tejedor y julio Roca.- continuo el hombre -En lo personal estoy más a favor de la postura de Roca.-

Cuando escucho ese nombre la piel se le heló, del hombre que fue el verdugo del pueblo de su madre y ahora se diputaba la presidencia de la nación. Prefirió no hacer comentario alguno.

-He escuchado que su gran proyecto "La conquista del desierto" ya Ha sido todo un éxito. Ya eliminado a los salvajes que tanto atormentaban esas tierras.- agrego Robledo.

Juan Manuel comenzó a sentir un sudor frío correr por la espalda.

-Yo he estado visitando una ciudad... La plata.- contó Armand -Allí se está creando un museo, en dónde los exponen con su familia. Fue interesante conocer a tan peculiares personajes. Ellos también están terminando de levantar el edificio.-

-Oh, que bien, sería interesante exponerlos en los museos europeos.- agrego Miranda.

Esto detono la paciencia de Juan Manuel.

-¿Exponerlos como animales?- pregunto en un duro tono y muy serio Juan Manuel.

-Bueno, yo creo...- quiso decir el abogado, quien conocía toda su historia.

-Entonces ¿Está de acuerdo con los salvajes y los malones? Señor Placeres. He escuchado que hasta tomaban a mujeres cautivas.- interrumpio Robledo.

-Claro que no.- dijo bajando la mirada, esa parte de su historia le provocaba pudor, luego la levanto con fuerza -La verdad es que no se cómo comenzó esta guerra, Pero no olvidemos que los "Bancos" tomaban a sus mujeres y las vendían como esclavas aquí, en Europa.-

-¿Y eso le parece justificativo?- le salió al cruce Miranda.

-Por supuesto que no. Los llaman salvajes, pero cuando capturaban a uno le propinaban las peores torturas, los estaqueaban, los quemaban, los cortaban todo, hasta sus... partes, aun estando con vida.- dijo mientras todos los miraban desorbitados -Si, estoy de acuerdo que está guerra tenía que finalizar de alguna manera, Pero ahora me preguntó... ¿Eran los únicos en actuar como salvajes?-

Todos se quedaron observandolo sin saber que responder. Él ambiente había quedado tenso, Armand lo observaba con ímpetu y atención.

-Bueno, cambiemos de tema.- dijo Robledo tratando de romper el hielo -Hablemos de nuestros futuros negocios. Y además no olvidemos que se nos aproxima una boda.-

Armand sonrió y levanto su copa, acto seguido, todos los copiaron.

-La verdad que si hija está en muy buenas manos.- comento Pánfilo Miranda -Ahora le quedan las otras dos.-

-Claro que si.- dijo Robledo sin darse cuenta que su hija Elena se encontraba en la mesa de dulces detrás de ellos -A Leonor le sobran pretendientes, pero a Elenita... No sé. Tal vez, al ser tan pequeña, si parece que aún no se ha desarrollado.-

-Parece pequeña, pero con 15 años ya tiene buenas caderas para tener cria.- aporto burlista el hombre mayor.

Elena, al oir esto se dió la vuelta y los quedó observando con una expresión de horror y salió despavorida del lugar

A Juan Manuel esto le molestó, cerró el puño para controlar su ira y su mandíbula se tenso. No podía creer el desafortunado comentario de Miranda, ese hombre le caía cada vez peor. Lo más terrible era la actitud del padre, que no hizo nada para defenderla.

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