Han Jisung solo quería un trabajo tranquilo pero todo cambia cuando comienza a trabajar para Lee Minho ,un Jefe brillante, Arrogante y peligrosamente atractivo. Entre órdenes, discusiones y miradas intensas, Han empieza a descubrir q detrás del carácter arrogante de su Jefe hay algo q nadie más a logrado ver
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El mundo empieza a arder
Minho salió del edificio con las maletas a sus costados.
El aire de la mañana era frío, pero su cuerpo estaba ardiendo.
Había dado el paso más grande de su vida.
Había perdido a su familia.
Había perdido su apellido.
Había perdido todo lo seguro.
Pero por primera vez…
sentía que estaba caminando hacia algo real.
Sacó el celular.
Las notificaciones eran un desastre.
Más llamadas perdidas.
Mensajes de su madre.
Su padre.
Incluso gente de la empresa.
Y lo peor:
Notificaciones de redes sociales.
Trending.
Titulares.
Videos.
Rumores.
Minho respiró profundo y abrió uno.
“Hijo de familia poderosa rompe compromiso de seis años inesperadamente.”
“Rumores señalan que habría otra persona involucrada.”
“¿Quién es la misteriosa persona que causó la ruptura?”
Minho apretó los dientes.
No decía el nombre de Han.
Todavía.
Pero las especulaciones empezaban.
Y eso lo aterraba.
HYejin: PRIMER MOVIMIENTO
El celular vibró.
Un mensaje de Hyejin.
“Espero que estés orgulloso. Gracias a ti, la prensa está arrasando con mi familia.”
Minho cerró los ojos.
Otro mensaje llegó.
“Pensé que serías más inteligente.”
Otro.
“No lo hiciste por amor. Lo hiciste por rebeldía.”
Y finalmente:
“Me aseguraré de que tu pequeño secreto quede expuesto si continúas mintiendo.”
Minho sintió el corazón saltarle.
Ella lo estaba amenazando.
Respiró hondo y le respondió:
“No te atrevas a mencionarlo. No lo dañes a él.”
Ella contestó casi al instante:
“Entonces no me obligues.”
Minho apretó el teléfono tan fuerte que casi lo rompe.
—No… —susurró—. No vas a tocarlo.
A él no.
UNA VERDAD NECESARIA
Han estaba sentado en el sofá, abrazando una almohada sin darse cuenta.
Changbin lo observaba desde la mesa.
El silencio entre los dos era pesado.
No tenso como antes…
sino desgastado.
—Han —dijo Changbin finalmente—, necesito que hablemos.
Han levantó la mirada.
—Lo sé.
Changbin respiró hondo.
—Sé que estás confundido.
Sé que lo amas.
Y sé que yo no soy él.
Han bajó la mirada.
—Changbin…
—No —interrumpió él suavemente—. Déjame terminar.
No quiero ser otra carga para ti.
No quiero competir.
Y no quiero quedarme a tu lado solo porque estás roto.
Han sintió un golpe en el pecho.
—Pero sí quiero ser alguien que te acompañe —continuó Changbin—. No quiero que tomes una decisión apresurada.
Ni por él.
Ni por mí.
Han apretó la almohada.
—No sé cómo decidir —admitió.
Changbin sonrió triste.
—Y no tienes que hacerlo hoy.
Solo prométeme una cosa.
Han levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
Changbin se acercó un poco.
—Que no vas a dejar que alguien te destruya otra vez.
Ni siquiera si es él.
Han sintió que las lágrimas querían salir.
Asintió.
—Lo prometo.
Changbin respiró aliviado.
—Entonces… voy a apoyarte.
Decidas lo que decidas.
Han sonrió débil.
—Gracias, Changbin.
Changbin bajó la mirada, ocultando el dolor.
—No me lo agradezcas.
Solo… cuídate.
MINHO BUSCANDO DÓNDE CAER
Minho tomó un taxi.
No sabía adónde ir.
Podía ir a un hotel.
Sí.
Pero el dinero que tenía en su cuenta personal iba a agotarse pronto si su familia congelaba sus cuentas, algo que podían hacer en cualquier momento.
Además, la prensa iba a buscarlo.
Necesitaba un lugar discreto.
Sacó su celular y llamó a alguien.
—¿Sí? —respondió una voz adormilada.
—Necesito un favor —dijo Minho, sin rodeos.
—¿A esta hora? ¿Qué pasó?
—Me fui de casa.
Silencio.
Luego:
—¿Va en serio?
—Muy en serio.
—¿Y… es por él?
Minho inhaló profundo.
—Sí.
El hombre suspiró.
—Está bien. Ven a mi apartamento.
Tengo una habitación libre.
Pero, Minho… si esto explota, no voy a meterme.
—No te pido que te metas. Solo… que me dejes caer un rato.
—Ven. Te paso la dirección.
Minho envió un mensaje de confirmación y guardó el celular.
Ahora tenía dónde dormir.
Pero no tenía paz.
LLAMADA SORPRESA
Han estaba sirviéndose un vaso de agua cuando su celular vibró.
Número desconocido.
Changbin lo miró.
—¿Vas a contestar?
Han dudó.
Vibró otra vez.
Y al final, contestó.
—¿Aló?
Una voz nerviosa respondió:
—¿Eres… Jisung?
Han se congeló.
—Sí. ¿Quién habla?
Hubo un silencio corto.
Y entonces:
—Soy Hyejin.
Han sintió que se le iba el alma del cuerpo.
Changbin se levantó de inmediato, alerta.
Han agarró fuerte el teléfono.
—¿Qué quieres?
La voz de Hyejin sonó peligrosa, suave, calculada.
—Quería… advertirte.
Ya que Minho no lo hará.
Han tragó saliva.
—¿Advertirme de qué?
Hyejin sonrió, y se escuchó en la llamada.
—La prensa está preguntando tu nombre.
Han sintió que las piernas le temblaban.
Changbin se acercó pero Han levantó una mano para que esperara.
—¿Qué… qué has dicho tú? —preguntó Han.
Hyejin chasqueó la lengua.
—Nada. Por ahora.
Pero si Minho sigue con este teatro romántico… mi familia y la suya perderán millones.
Y créeme… no planeo cargar con las consecuencias.
Han apretó la mandíbula.
—¿Me estás amenazando?
—Te estoy diciendo la verdad —respondió ella—. Si él insiste en “elegirte”…
la prensa te va a destruir a ti.
Han cerró los ojos.
—¿Qué quieres que haga?
Hyejin no dudó.
—Aléjate de él.
Changbin escuchó eso y casi arrebató el teléfono, pero Han lo detuvo.
—¿Y si no me alejo? —preguntó Han con voz firme pese al miedo.
Hyejin respondió con tranquilidad escalofriante:
—Entonces te prometo que no llegará al final de esta historia con su reputación intacta.
Y tú tampoco.
Han sintió un golpe en el estómago.
—Minho no se merece esto.
—Tú tampoco —respondió ella—. Por eso te llamo.
Porque uno de los dos tiene que ser inteligente.
Han apoyó la mano en la pared para no caerse.
—No sé qué hacer —susurró.
Hyejin añadió, como si fuera un consejo suave:
—Haz lo correcto.
No lo arrastres contigo.
Y colgó.
Han se quedó congelado.
Pálido.
Sin aire.
Changbin puso una mano en su hombro.
—Han… ¿qué te dijo?
Pero Han no pudo responder.
Porque por primera vez desde que esto empezó…
Sintió auténtico miedo.
Han seguía con el celular en la mano, la llamada todavía resonando en su cabeza como un eco venenoso.
"Aléjate de él."
"Si no, los destruyo a los dos."
La voz de Hyejin se había quedado grabada como un cuchillo.
Changbin lo sujetó por los hombros.
—Han, dime qué pasó.
¿Qué te dijo?
Han abrió la boca, pero no salió sonido.
Sentía la garganta seca.
El pecho apretado.
El estómago vacío.
—Me… me amenazó —logró decir finalmente.
Changbin frunció el ceño y lo sostuvo con más fuerza.
—¿Te amenazó? ¿Con qué?
Han tragó saliva.
—Con destruirme… y destruir a Minho también.
Changbin se quedó congelado un segundo.
Luego, su expresión cambió a puro enojo.
—Esa mujer… —murmuró, apretando los dientes—. No tiene idea de con quién se está metiendo.
Han negó, temblando.
—Changbin… no es por mí.
Es por él.
Ella sabe cómo lastimarlo.
Changbin respiró hondo para no explotar.
—¿Y tú? ¿Quién te cuida a ti, ah?
¿Quién te protege mientras todos juegan con tu vida?
Han bajó la mirada.
Changbin tomó su rostro con ambas manos, obligándolo a mirarlo.
—No vas a cargar este problema solo.
No voy a dejar que te hundan.
Han sintió un nudo tan grande en el pecho que tuvo que agarrarse la camiseta para no perder el equilibrio.
—No quiero que le hagan daño a Minho —susurró, con voz quebrada—. No quiero ser la razón de que él lo pierda todo.
Changbin suspiró, dolido.
—Jisung… tú no eres la razón.
Él te eligió.
Su familia lo empujó.
Hyejin lo traicionó.
Tú solo… existes en medio de su tormenta.
Han cubrió los ojos con una mano, temblando.
—Yo no quiero ser una tormenta para nadie.
Changbin lo abrazó sin pensarlo, envolviéndolo con fuerza.
Y por primera vez desde que empezó todo…
Han se dejó abrazar.
Hundió el rostro en su hombro.
Sintió el calor.
La seguridad.
La calma.
Pero la calma duró poco.
Porque el celular volvió a sonar.
Han pegó un brinco.
Changbin aflojó el abrazo.
—¿Es ella… otra vez?
Han negó, revisando la pantalla.
—No.
Es… la mamá de Minho.
Changbin tensó los hombros.
—¿Vas a contestar?
Han dudó.
Mucho.
Pero al final… deslizó para responder.
—¿Aló?
Una voz femenina, frágil, habló al otro lado.
—Jisung… soy la madre de Minho.
Han se quedó completamente rígido.
Changbin abrió los ojos.
—Yo no… no sé si debería hablar con usted —dijo Han, nervioso.
La mujer suspiró, sonando cansada.
Demasiado cansada.
—No te llamo para culparte.
Te llamo porque… Minho no contesta el teléfono.
Y acabo de enterarme que dejó la casa con maletas.
Han se apoyó en la pared.
—Sí… está fuera.
La voz de ella tembló.
—¿Está… bien?
Han sintió una mezcla de cosas extrañas:
alivio… culpa… tristeza por ella.
—Está… herido.
Pero está vivo.
Y está tomando decisiones por sí mismo.
La madre guardó silencio unos segundos.
Luego dijo algo que nadie habría esperado:
—Gracias… por no dejarlo caer.
Han se quedó mudo.
Changbin también.
La madre continuó, con una voz rota que le costó mantener:
—Sé que… mi esposo y yo no siempre hemos sido justos con él.
Sé que lo presionamos demasiado.
Sé que… que cometimos errores.
Han sintió que el corazón le apretaba fuerte.
—Señora, yo…
—No quiero que pienses que te culpo —interrumpió ella—. No eres tú.
Minho tomó su decisión… porque por primera vez encontró algo que realmente quería.
Han sintió un escalofrío.
—Él me quiere, pero… su familia lo odia por eso —susurró.
La madre negó, con voz suave.
—No lo odiamos.
Solo tenemos miedo.
Porque no sabemos cómo protegerlo en este mundo…
si decide vivir así.
Han cerró los ojos.
Esas palabras lo rompieron un poco.
—Yo tampoco sé cómo protegerlo —admitió Han.
La madre respiró hondo.
—Pero él te eligió a ti.
Y si de verdad lo quieres…
cuídalo.
Solo eso te pido.
Han sintió una lágrima caer.
—No sé qué hacer.
La madre dijo lo inesperado:
—Minho va a intentar volver a buscarte.
Y mi esposo va a intentar detenerlo.
Por favor…
no dejes que se quiebre otra vez.
Han no pudo responder.
Porque sentía que el alma se le partía en dos.
La madre terminó con voz temblorosa:
—Eres importante para él.
Y si él te escogió…
yo también te acepto.
La llamada terminó.
Han se quedó mirando la pantalla, paralizado.
Changbin lo observó con el corazón en la garganta.
—¿Qué… qué te dijo?
Han bajó el celular lentamente.
—Que…
que Minho me eligió.
Y que ella…
ella también me acepta.
Changbin apretó la mandíbula.
No por celos.
Por dolor.
Porque entendió exactamente lo que eso significaba.
—Entonces ahora… —susurró Changbin—, nada lo va a detener.
Han tembló.
—No sé si eso es bueno… o si es lo que va a destruirnos a todos.
Changbin respiró profundo, intentando mantenerse fuerte a su lado.
Pero antes de que pudiera decir algo más…
ALGUIEN GOLPEÓ LA PUERTA
CON TODAS SUS FUERZAS.
BOOM.
BOOM.
BOOM.
Han y Changbin saltaron.
—¿Quién… quién es? —preguntó Han con miedo.
Changbin se adelantó.
Miró por la mirilla.
Su expresión se puso pálida.
—Han…
Es un hombre de traje.
Y no está solo.
Han sintió el corazón caerle al estómago.
—¿Quién es?
Changbin lo miró, serio, preocupado… y con un tono que jamás había usado:
—Han…
Son de la familia de Minho.