Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 08.
Apenas había pasado la media noche cuando Lin regresó al Palacio Cerezo, se había quitado el vestido de jade oscuro, sintiendo cómo sus hombros se relajaban de la tensión de la cena. El vestido, que tanto había impresionado a Xen, ahora colgaba como un recuerdo de su deber.
El descanso fue breve. Un golpe frenético en su puerta la hizo saltar. Era una de las nodrizas del Palacio Estrella.
—¡Consorte! ¡El Príncipe Jian está ardiendo en fiebre! ¡El médico ya ha llegado, pero no se calma!—
El corazón de Lin se encogió. El cansancio de las últimas semanas desapareció, y en un instante, la General tomó el control, se puso una túnica sencilla, sin bordados ni adornos, y corrió hacia el Palacio Estrella, su mente enfocada solo en su hijo.
Cuando llegó, el pequeño Jian estaba en su cama, pálido y sudando profusamente, pero temblando bajo las mantas.
El Médico Imperial, un anciano de barba gris, le tomaba el pulso con gesto preocupado.
Lin corrió a su lado, arrodillándose. Al tocar la frente de Jian, sintió el calor abrasador.
—¿Qué tiene? —preguntó, su voz ronca por la ansiedad.
—Una fiebre violenta y repentina, General —respondió el médico—. Podría ser un resfriado severo, pero debemos vigilarlo toda la noche. He preparado una infusión fuerte para bajar el calor.
Fue entonces cuando notó a Xen. El Emperador estaba al pie de la cama, con el cabello suelto y ropa interior de dormir, su postura rígida. Parecía un padre vulnerable, no el gobernante de un imperio. Había estado allí desde el principio.
—Lin, llegaste —dijo Xen, su alivio evidente—. No ha querido beber el té de hierbas de la nodriza. Solo dice que quiere a su 'mamá guerrera'.
Lin asintió.
—Deme el cuenco, su majestad.
Xen se lo entregó, sus dedos rozaron brevemente los de ella, la sensación fue eléctrica en medio de la crisis.
Lin se sentó en el borde de la cama y tomó a Jian en sus brazos, apoyando su cabeza del pequeño contra su hombro.
—Shh, mi pequeño dragón, es solo una mala noche, ¿de acuerdo? Te haré un fuerte de sábanas mañana. Pero primero, debes ser fuerte.
Lin sopló suavemente sobre el tazón de hierbas, lo probó para asegurarse de que no quemara y luego, con paciencia y firmeza, hizo que Jian bebiera la mezcla amarga hasta la última gota. El pequeño se quejó, pero la familiaridad del toque de su madre y la autoridad suave de su voz lo obligaron a obedecer.
El Médico Imperial se retiró, dejando instrucciones estrictas de que la temperatura de Jian debía ser controlada cada dos horas.
Lin se quedó en la cama de Jian, con una toalla fresca sobre su frente, observando cómo el calor lentamente comenzaba a ceder gracias al medicamento. Xen no se fue. Se sentó en un taburete bajo al lado de la cama, a menos de medio metro de ella.
Eran dos puntos de guardia, juntos en el silencio, unidos por su preocupación por el niño dormido entre ellos.
—No es la primera vez que hace esto —murmuró Xen, rompiendo el silencio—cuando está bajo mucha presión o hay cambios en el palacio... reacciona. Es sensible.—
Lin miró los círculos oscuros bajo los ojos de Xen.
—La cena de hoy...La Emperatriz Madre fue cruel con él. Lo estaba usando como una marioneta para manipularnos.
—Lo sé —asintió Xen, con un suspiro—. Pero me quedé callado, quise defenderte ante los ministros, pero olvidé defender a mi hijo de mi madre.
—Usted hizo su parte, Emperador —corrigió Lin—. Me defendió de la corte, y yo haré mi parte cuidando a nuestro hijo.
Pasó un largo rato. La vela parpadeaba, proyectando sombras largas y danzantes. Lin estaba agotada.
—Usted debería descansar, su majestad —dijo Lin, sin mirarlo— yo me quedaré aquí, lo llamaré si hay algún cambio.
—Y si la fiebre sube, ¿quién te cuidará a ti, General? —preguntó Xen en voz baja. Se puso de pie y, en lugar de irse, caminó hasta un cofre y sacó una manta de seda ligera, cubriéndole los hombros.—Que seas una gran guerrera no quiere decir que no puedas enfermarte.—continuó, sin alzar la voz—
Lin sintió el peso de sus palabras. Ella lo sabía perfectamente, pero, no puede dejar a su hijo, no ahora que la necesita.
—Nunca enferme ni en las peores condiciones, así que, estaré bien ahora. —preguntó Lin, su voz apenas audible.
Xen dudó. Su mirada se posó en Jian, luego en ella.
—Aún así, sin importa lo fuerte que seas, no puedo evitar preocuparme.—
Lin no respondió. Se quedaron en un silencio tenso pero reconfortante, esperando a que saliera el sol. Por primera vez, el Emperador no parecía estar pensando en el trono, ni en su madre, ni en la corte. Estaba pensando en ella y en su hijo.
Jian durmió profundamente el resto de la noche.
...
Qué Lin obtenga esa información del anciano y sepa a quién se enfrenta /Left Bah!/
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/