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YO, ¿POBRE? NI MUERTA

YO, ¿POBRE? NI MUERTA

Status: En proceso
Genre:Yuri / Omegaverse / Posesivo
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."

En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".


Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.

En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.

¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

La madrugada en la mansión Volkov era un campo de minas silencioso. Fabiana observaba el pecho de Alessandra subir y bajar, el sonido de su respiración profunda siendo lo único que la anclaba a la realidad. En su mesita de noche, el teléfono secreto vibraba con la insistencia de una serpiente cascabel. Ivanov no iba a detenerse.

—Si te lo digo, me encierras. Si no te lo digo, Daniela muere —susurró Fabiana al aire gélido de la habitación.

Se levantó con cuidado, sintiendo todavía el ardor de los besos de Alessandra en su cuello. No podía confiar en su esposa, no después de saber que fue un "proyecto". Necesitaba un poder externo, alguien que no estuviera bajo el ala de los Volkov.

A las 7:00 AM, Fabiana entró en la oficina de Morgana Sterling antes de que llegara el resto del personal. Morgana estaba allí, impecable, bebiendo un café negro que olía a amargura y éxito. Sus ojos azules letales se clavaron en la palidez de Fabiana.

—Llegas temprano, Volkov. ¿Problemas en el paraíso o es que ya te aburriste de ser rica? —dijo Morgana con una sonrisa cínica.

Fabiana no se anduvo con rodeos. Cerró la puerta con llave y puso el teléfono secreto sobre el escritorio de obsidiana.

—Necesito mercenarios. De los que no hacen preguntas y no tienen miedo a la firma de Alessandra. Ivanov va a intentar llevarse a mi hija hoy a las tres.

Morgana arqueó una ceja, dejando su taza con una parsimonia aterradora.

—Ayudarte a engañar a Alessandra Volkov es un boleto de ida al cementerio, Fabiana. ¿Por qué lo haría?

—Porque usted odia el monopolio de los Volkov tanto como yo odio ser su títere —respondió Fabiana, inclinándose sobre el escritorio—. Si me ayuda a destruir a Ivanov hoy sin que Alessandra se entere, le daré acceso a las rutas logísticas de la Cruz Negra. Global Horizon será la única empresa que mueva el turismo de élite en los sectores restringidos.

Morgana se levantó, rodeando el escritorio con la gracia de una pantera. Se detuvo a centímetros de Fabiana, inhalando su aroma.

—Acepto. Pero no quiero solo las rutas. Quiero que, a partir de hoy, seas mis ojos dentro de esa mansión. Alessandra cree que te posee, pero tú me pertenecerás a mí en lo laboral... y quizás en lo personal. ¿Entendido?

Fabiana tragó saliva. Había cambiado un demonio por otro, pero no tenía opción.

—Entendido.

Mientras tanto, en la universidad, Lucía caminaba por los jardines intentando ignorar la presión en su pecho. El enfrentamiento con Victoria por las pastillas anticonceptivas la había dejado agotada. Sentía que su vida era una cuerda tensada por dos Alphas que querían pedazos de ella.

—¿Lucía? ¿Eres tú?

Lucía se detuvo en seco. Frente a ella, una joven Omega de cabello rubio cenizo y una sonrisa cálida la miraba con incredulidad.

—¿Heidi? —exclamó Lucía, y por primera vez en meses, una sonrisa genuina iluminó su rostro.

Heidi era su mejor amiga de la infancia, la única que conocía su vida antes de que el Cinturón fuera solo un recuerdo doloroso. Heidi acababa de regresar de Alemania tras una especialización en artes. Las dos se fundieron en un abrazo que olía a inocencia y días sin complicaciones.

—¡Mírate! —dijo Heidi, apartándose para observarla—. Estás... diferente. ¿Es cierto lo que dicen las noticias? ¿Eres una Volkov?

Lucía la llevó a una banca apartada, lejos de los escoltas que Victoria le había impuesto.

—Es una pesadilla, Heidi. Mi vida es un contrato de propiedad. Estoy con Victoria Thorne, pero... ella quiere un hijo, quiere que sea su Omega perfecta, y yo solo quiero ser abogada.

Heidi tomó su mano con firmeza.

—No dejes que te borren, Lu. En Alemania aprendí que nadie, ni siquiera la Alpha más poderosa, tiene derecho a decidir sobre tu cuerpo. Estoy aquí ahora. No estás sola en este nido de víboras.

Lucía sintió un peso levantarse. Tener a Heidi de vuelta era como recuperar un trozo de su alma que creía perdido. Pero a lo lejos, uno de los guardias de Victoria informaba por radio: "Sujeto Omega interactuando con desconocido. Procedemos a investigar antecedentes".

A las 3:00 PM, el silencio en la mansión Volkov era sepulcral. Fabiana estaba en su oficina personal, mirando las cámaras de seguridad. Siguiendo las instrucciones de Ivanov, dejó la puerta de servicio "entreabierta", pero lo que Ivanov no sabía era que, ocultos en las sombras de los arbustos, los hombres de Morgana Sterling esperaban con silenciadores.

Alessandra, por su parte, caminaba por el despacho principal. Su instinto le gritaba que algo estaba mal. Fabiana se veía demasiado tranquila, casi mecánica.

De repente, una figura oscura cruzó el jardín. Era Dante, el brazo ejecutor de Ivanov. Se movía con la confianza de quien tiene una infiltrada dentro. Cuando Dante puso un pie en el pasillo que llevaba a la habitación de Daniela, el infierno se desató.

No fueron los guardias de Alessandra quienes dispararon primero. Fueron ráfagas precisas desde los rincones oscuros. El equipo de Morgana interceptó al escuadrón de Dante.

—¡Emboscada! —rugió Dante por su radio.

Alessandra escuchó el primer disparo y salió disparada hacia la guardería. Al llegar, se encontró con una escena de caos: tres mercenarios desconocidos yacían muertos, y Dante estaba acorralado por hombres que no vestían el uniforme de los Volkov.

Fabiana entró corriendo, fingiendo terror, y se lanzó sobre la cuna de Daniela, cubriéndola con su cuerpo.

—¡Daniela! ¡Mi bebé!

Alessandra eliminó al último intruso con una frialdad aterradora y se giró hacia Fabiana. Su mirada no era de consuelo, sino de sospecha letal. Caminó hacia su esposa, ignorando la sangre en el suelo.

—¿Quiénes son estos hombres, Fabiana? —preguntó Alessandra, señalando a los mercenarios de Morgana que ya se estaban retirando por las sombras—. No son del Consejo. Y no son mis guardias.

—No lo sé, Ale... aparecieron de la nada —sollozó Fabiana, pero su actuación flaqueó cuando Alessandra le arrebató el bolso que había dejado sobre la mesa de la guardería.

Alessandra metió la mano y sacó el teléfono secreto. La pantalla parpadeó con un último mensaje de Ivanov: "La puerta está abierta. Hazlo ahora".

El aroma a sándalo de Alessandra se volvió tan violento que Fabiana cayó de rodillas, asfixiada por el poder dominante de la Alpha. Alessandra leyó los mensajes, su rostro transformándose en una máscara de decepción y rabia pura.

—Me traicionaste —susurró Alessandra, y su voz dolió más que un disparo—. Hablaste con el hombre que casi mata a Roberto. Abriste la puerta de la habitación de nuestra hija para él.

—¡Lo hice para salvarla! —gritó Fabiana—. ¡Me amenazaron con matarla si no cooperaba! ¡Los hombres que la salvaron deben ser de mi jefa, no de Ivanov! ¡Tuve que hacerlo sola porque tú solo me ves como un experimento, no confiarías en mí!

Alessandra la tomó por el mentón, obligándola a mirarla. Sus ojos grises estaban inyectados en sangre.

—A partir de hoy, no eres una gerente. No eres una esposa. Eres una prisionera de este apellido.

Alessandra la arrastró hacia la suite principal. La pelea fue la más fuerte de su historia. Fabiana le gritó que la odiaba, que prefería volver a la miseria del Cinturón antes que vivir bajo su bota. Alessandra, herida en su orgullo y en su instinto de protección, la arrojó sobre la cama.

—Dijiste que querías que yo durmiera en la habitación de invitados —rugió Alessandra, arrancándole el vestido de un tirón—. Pero esta noche vas a recordar exactamente a quién le perteneces. Ni Ivanov, ni tu nueva jefa, ni nadie va a sacarte de aquí.

La pasión que siguió fue destructiva, cargada de una rabia que quemaba más que el deseo. Alessandra la reclamó con una ferocidad salvaje, mordiendo sus nalgas y dejando marcas de propiedad en cada centímetro de su piel, mientras Fabiana lloraba de rabia y placer, odiando la forma en que su cuerpo aún respondía a la mujer que la estaba encadenando.

...****************...

Al terminar, la suite principal se convirtió en un escenario de ruina emocional. El aire, denso y cargado con el aroma a sándalo y la ferocidad de la tormenta que acababa de pasar, se sentía ahora como un veneno.

Alessandra, con la respiración entrecortada y los ojos grises convertidos en dos lápidas de hielo, se levantó de la cama. No hubo el acostumbrado abrazo protector, ni el susurro de disculpa, ni el contacto tierno que solía seguir a sus explosiones de pasión. Se vistió con movimientos mecánicos, metódicos, cada botón de su camisa ajustándose como el seguro de un arma.

Fabiana estaba hundida en las sábanas, el cuerpo dolorido, la piel marcada por los dientes y las manos de Alessandra, evidencias físicas de una posesión que esta vez no buscaba placer, sino castigo. Había sido una embestida brutal, una demostración de poder puro donde Alessandra la había reclamado con una saña que rozaba el odio, obligándola a reconocer que, a pesar de sus planes, de Morgana Sterling y de sus intentos de libertad, seguía siendo propiedad de la mujer que controlaba su mundo.

Alessandra se detuvo ante el espejo. Se arregló el cuello de la chaqueta, su rostro una máscara de indiferencia absoluta que era, en sí misma, una sentencia. Se giró hacia la cama, mirando a Fabiana no como a una esposa, sino como a un activo defectuoso que necesitaba ser disciplinado.

—Mañana, a primera hora, tu renuncia a esa empresa estará en mi escritorio —dijo Alessandra, con la voz plana, desprovista de cualquier calor—. Las cámaras de la mansión estarán bajo mi control directo. La niñera será reemplazada por alguien de mi absoluta confianza, alguien que sabe que si un solo dedo tuyo toca un teléfono ajeno, el precio lo pagará ella y la preciada amiga de tu hermana en la universidad.

—Ale... —sollozó Fabiana, intentando sentarse, pero sus piernas temblaban demasiado.

—No me llames así —la interrumpió Alessandra con un tono que heló la sangre de la Omega—. Tu libertad se terminó en el momento en que pusiste la seguridad de Daniela en manos de un criminal. Te di un poco de espacio y lo usaste para traicionarme. Ahora, vas a aprender lo que significa realmente ser una Volkov.

Alessandra caminó hacia la puerta. Se detuvo con la mano en el pomo, sin mirar atrás.

—No saldrás de esta habitación hasta que yo dé la orden. Tienes comida, agua y tiempo suficiente para pensar en cuánto te ha costado tu pequeña rebelión.

La pesada puerta de roble se cerró con un chasquido seco y definitivo, seguido por el sonido metálico del cerrojo electrónico activándose desde fuera.

Fabiana quedó en la penumbra total, rodeada por el aroma persistente de la Alpha que la había destrozado. No hubo beso de despedida, ni una caricia de reconciliación. Solo el silencio sepulcral de una jaula que se había vuelto a cerrar, esta vez con mucha más fuerza.

Afuera, en la mansión, el personal se movía con un miedo renovado. Alessandra caminó por los pasillos con una frialdad que asustaba incluso a sus guardias. El "castigo" de Fabiana acababa de comenzar, y la guerra, lejos de terminar, se había trasladado a lo más profundo de su lecho conyugal.

Continuará... 🔥

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1
Zlahi Magica
¿Principessa? ¿Eh?
Michica Omegavers: Es princesa en español está escrito en Italiano 🥰
total 1 replies
Zlahi Magica
Hay un error ortográfico de la niñera.
Zlahi Magica: Na, no es gran cosa.
total 2 replies
Zlahi Magica
Jajajaja, nuevo halago en la lista: “Quiero verte redonda”.
Zlahi Magica
🔥 Picante, picante🔥.
Zlahi Magica
Picante final, me encanta.
Zlahi Magica
Uuuhh, dramon.
Zlahi Magica
Buen capitulo.
Zlahi Magica
Interesante capitulo.
Zlahi Magica
Buen capitulo.
Zlahi Magica
¿Fabiana no se le ocurrió grabar las sesiones de sexo y mandarla a Alessandra? Tipo, revelando lo que está haciendo.
Michica Omegavers: esa es una buena idea pero no se puede porque cómo sabes Alessandra no es una persona fácil de engañar después de todo ella es posesiva y si se entera de eso no se sería algo bueno para Fabiana 🤭
total 1 replies
Zlahi Magica
Ouch, eso sí que dolió, uffff.
Zlahi Magica
Bien, interesante capitulo. Aunque es odioso que Noveltoon límite el erotismo.
Zlahi Magica: Siiii, espero que el mío no tenga amonestaciones.
total 2 replies
Zlahi Magica
Uuhh, interesante.
Zlahi Magica
Uuuhh, picante.
Michica Omegavers
Alessandra quería ganar la confianza de Lucia dándole bienes acciones empresas propiedades que pertenecía los quería transferir a Lucia
Zlahi Magica
Bien, bien, interesante capitulo.
Zlahi Magica
Interesante capitulo.
Zlahi Magica
Bonito apellido.
Zlahi Magica
Buen capítulo.
Zlahi Magica
Depresión Postparto, no adaptación postparto.
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