Tercer libro de Lilith la bruja del caos.
Durante años, Lilibeth ha caminado sobre una línea tan fina como el suspiro de un alma rota: la frontera entre la luz y la oscuridad. En su interior coexisten dos fuerzas, fragmentos de una única esencia dividida desde la infancia. De ese quiebre nació Lilith —una sombra viva, su otra mitad, custodia del caos que solo una de ellas puede controlar.
A medida que la armonía entre ambas se debilita, el abismo susurra, desatando un poder ancestral capaz de arrasar con todo. ¿Podrá esa alma fracturada volver a ser una sin destruirse en el proceso? Porque a veces, el deseo de unidad puede despertar lo que estaba destinado a permanecer oculto.
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capitulo 6
—Perdón…
Era lo que Lilibeth siempre terminaba diciendo. Una palabra gastada, repetida, que pronunciaba cada vez que cedía el control a su otra mitad… ese ser que surgía de la sombra, causando caos y destrucción. Y luego, al despertar, ella no podía recordar con claridad lo que había hecho.
“Mamá cree que naciste de mis debilidades… que eres el producto de mis sentimientos más profundos, o algo por el estilo.”
—¿En serio? Eso es divertido…
“¿Verdad...? Por cierto, aún no sé cómo llamarte.”
—Bueno… nunca tuve un nombre. Nací dentro de las sombras.”
“Hmm… ¿Qué te parece si yo te pongo uno?”
—¿Heee? ¿De verdad? ¡Eso sería increíble!”
“Sí. ¿Qué tal... Lilith?”
—Lilith… Me gusta… Lilith. Suena muy lindo.”
“Me alegra que te guste… ¿Sabías que así se llama un demonio muy famoso?”
—¿En serio?”
“Sí. Es conocida en los textos antiguos como la primera mujer creada para Adán, el primer hombre. Pero ella se negó a ser sumisa, escapó del paraíso y ofreció su cuerpo a los súbditos de Lucifer, el ángel más hermoso del cielo... que fue desterrado al inframundo.”
—Increíble…
“¿Verdad? Cuando leí eso en uno de los libros de papá, pensé en ti. Tú vives en el abismo de mi sombra. Un demonio que no se deja gobernar. Que hace lo que quiere.”
—Tú también podrías hacerlo.
“No… no me gusta causar problemas. Además, mi cuerpo es débil… Si no fuera porque lo recubres con sombra, ya habría muerto.”
—No digas eso… Recuerda: tú eres yo, y yo soy tú. Solo que vemos el mundo desde lados distintos. Para mí, la línea entre lo correcto y lo incorrecto es delgada… Pero tú tienes miedo de ser odiada solo por haber nacido. Eso sí que es triste.”
“¿Tú crees...? Supongo que sí. Siempre he vivido así… desde que tengo memoria.”
—Lilibeth —la llamó Ágata, interrumpiendo sus pensamientos.
Al abrir la puerta del armario, encontró a la niña sentada debajo de la ropa, en posición fetal. Su cabello estaba recogido en dos coletas que caían por sus hombros. El vestido cubría sus piernas mientras se abrazaba a sí misma.
—¿Otra vez...? —suspiró Ágata, dejando de lado su preocupación por un momento—. Vamos, mamá quiere que conozcas a algunas personas.
Hizo una pausa al notar el miedo en sus ojos.
—Tranquila… son de la familia. Creo que aún no los has visto. También son demonios de sombras.
—¿En serio...? —murmuró Lilibeth, saliendo del armario más relajada.
—Sí. Uno de ellos es mi padre.
—¿Tu papá...? Creí que estaba muerto…
—Yo también. Pero al parecer solo estaba en una misión para mamá —le tomó la mano con delicadeza—. El caso es que quieren conocer al nuevo integrante de la familia.
—Está bien… —aceptó, dejando que Ágata la guiara hasta la sala principal.
Por primera vez, vio a la familia reunida en un mismo lugar.
Las personas frente a ella parecían ordinarias, pero desprendían una aura tenebrosa, como la de su tío Caín, quien conversaba casualmente con ellos. Al verla entrar, todos se giraron con curiosidad. Su apariencia era demasiado inusual para pasar desapercibida.
—Ya llegaron —anunció su madre, acercándose a ellas—. Es la primera vez que la ven.
Se posicionó detrás de Lilibeth, colocando ambas manos sobre sus hombros.
—Ella es Lilibeth, mi hija menor —dijo con una sonrisa. Luego señaló al grupo frente a ellas—. Y ellos son tus tíos… y primos.
—O... hola… —dijo Lilibeth con dificultad, sintiendo cómo la tensión se apoderaba del ambiente.
—¡Vaya! Realmente es diferente —comentó una mujer joven, de entre 20 y 25 años, sentada en uno de los sillones con una taza de té en mano—. No lo tomes a mal… Por cierto, me llamo Cloe. Soy la hermana menor de tu madre. Y ella —señaló con gracia a la joven frente a ella— es Kavya, mi hija.
—Pues yo creo que es linda —dijo Kavya con una sonrisa radiante—. Parece una muñeca, ¿verdad, cariño?
—Su cabello es blanco —comentó el hombre que estaba de pie detrás de la joven—. Y sus ojos son verdes…
Le dedicó una sonrisa que la tranquilizó un poco.
—Nunca creí ver a un demonio tan hermoso… y tan puro. Excepto por el rey.
—Él es Noah —prosiguió Kavya, señalando al hombre detrás de ella—. Mi pareja. Aunque es un poco excéntrico… ha viajado al Inframundo en varias ocasiones.
—No le digas eso a la niña —refunfuñó Noah, acomodándose el abrigo—. Va a pensar que soy raro.
—Pero es la verdad —interrumpió Caín burlonamente—. Tienes fetiches raros, así que no te le acerques mucho. No quiero que a mi sobrina se le pegue lo extraño.
—Aún me cuesta creer que algo tan lindo haya salido de ti —comentó otro hombre junto a Caín, el único del grupo que llevaba gafas y vestía un traje elegante.
—¡Qué cruel! —exclamó su madre, frunciendo el ceño en forma de puchero.
—No lo tomes a mal, hermana… pero ¿estás segura de que ese humano no tiene sangre celestial?
—Para su mala suerte, no tengo parientes en esta era que confirmen tus sospechas —respondió Víctor, con arrogancia en el tono.
—Una lástima… pero con los años que tienes, no me sorprendería que tuvieras hijos regados por el mundo.
—Mucho cuidado con lo que dices, pequeño Hugo —advirtió Víctor, con una sonrisa helada—. Hay que hablar con moderación… si valoras tu vida.
—Y sí que la valoro —respondió Hugo mientras se acomodaba los lentes con elegancia.
—Pues si es hija de Charlotte… sigue siendo un demonio, ¿no? —dijo un hombre de apariencia similar a Erick, parado junto a Víctor mientras dirigía la mirada a la madre de Lilibeth.
—Así es. Es un demonio que puede manipular magia gravitacional.
—¿Lo dices en serio? —preguntó Cloe, sorprendida. Dejó la taza sobre la mesa y se acercó a Lilibeth para observarla detenidamente—. No puedo sentir ningún tipo de magia en ella.
—Debe ser por el collar que lleva puesto —respondió Víctor, acercándose—. Es un artefacto mágico que diseñé para absorber la energía acumulada dentro de su cuerpo.
—¿Por qué harías algo así?
—Porque su poder mágico supera los límites conocidos… y eso es perjudicial para su frágil cuerpo.
—No puede liberar demasiada energía —añadió Charlotte—. Si lo hace, se lastima a sí misma.
—Entiendo… —suspiró Cloe, algo decepcionada. Luego, sus ojos se entrecerraron—. ¿Y con respecto a su sombra?
Todos miraron a Víctor para que respondiera. Él exhaló con lentitud antes de hablar:
—Solo es capaz de recubrir su cuerpo con ella.
—¿De qué estás hablando? ¿La niña no puede entrar en el abismo?
—No puede —respondió Erick, incómodo bajo la mirada de su padre.
—¿Y controlar las sombras? ¿Crear objetos, animales, cambiar de forma, clones…?
—Lo siento —dijo Lilibeth, sin poder evitar que la tristeza le enturbiara la voz.
—Neizan, basta —intervino Hugo con firmeza—. Ya la escuchaste. La niña es un híbrido. El hecho de que pueda usar magia gravitacional ya es impresionante. —La miró con intención de tranquilizarla.
—Entiendo ese punto —murmuró Neizan mientras se masajeaba la sien—. Lo que no logro comprender es… ¿por qué los Nefilim están detrás de ella? Si lo único inusual… es su apariencia.
—Tal vez porque es un demonio albino —sugirió Caín con tono irónico. Era, después de todo, la única de la familia que destacaba tanto en color como energía.
Charlotte se adelantó, ocupando el centro de la sala. Su postura era firme, su voz templada por la gravedad del momento.
—Dejando ese tema a un lado… muy pronto dará inicio la Guerra entre las Sombras —informó, y las conversaciones se apagaron—. Los Nefilim han tomado como pretexto la existencia de mi hija para eliminar a los últimos de nuestra especie. Los clanes que han vivido ocultos en las sombras de la civilización humana están tomando bandos. Demonios de bajo y mediano rango… se preparan para la guerra que se avecina.
Su mirada se paseó por todos los presentes, uno por uno… hasta que se detuvo en Neizan, su primera pareja.
—Como una de las últimas familias de rango superior que quedan en este plano… les pregunto: ¿qué piensan hacer?