Carla, una noche luego de escapar de las garras de su acosador jefe se encuentra con un vagabundo en la calle, este le suplica algo de comer y en su corazón algo se mueve. Un gesto de bondad desatara una pasión desmedida sin saber que el hombre que ella conoció esa noche en realidad no es otro que el jefe más temido de la mafia y que él ya tiene una mujer esperandolo. El sueño de la felicidad y de una familia tiembla al despertar los recuerdos de él ¿Todo fue una ilusión? No puede ser verdad, mis hijos son la prueba de que nuestro amor existió. De mendigo a jefe de la mafia. ¿Podra el amor ganarle al deber y la venganza?
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¿Qué estoy haciendo yo aquí?
POV IAN:
Era el hombre más feliz del mundo. Tenía a la esposa más increíble que la vida pudo regalarme, Carla llenaba mis días de luz y felicidad, y cualquiera que nos veía notaba el fuego que ardía entre nosotros.
Después de hacerle el amor con la misma pasión de nuestros primeros días, la acompañé hasta su trabajo como cada mañana. Antes de despedirme, le acerqué la cara para besarla, pero primero tuve que avisarle el plan del día.
- Amor, recuerda que hoy tengo que llevar un cargamento hasta la otra sucursal. Te dejo el auto por si me demoro en el camino de regreso, no quiero que pases frío por olvidar que ya estamos en pleno otoño.
- Está bien, mi amor… ten mucho cuidado, ¿vale? Por favor vuelve sano y salvo. _ susurró con esa voz tierna que me derretía el corazón.
Amaba que se preocupara tanto por mí. Le di un beso profundo en los labios y emprendí el camino hacia el galpón.
Al llegar, todo ya estaba listo para la partida, un largo viaje nos esperaba por delante.
- Ian, faltan cargar los últimos tres modelos que van directo a la otra ciudad. _ me avisó el jefe mientras revisaba la lista en su mano.
- Entendido, jefe. _ respondí mientras me dirigía hacia los grandes muebles, ya empaquetados y listos para subir al camión.
Si la suerte seguía de mi lado, en poco tiempo conseguiríamos una casa más grande… quizás hasta llegaría el momento de pensar en un niño. Ya soñaba con tener una familia completa a lado de mi hermosa mujer, con el hogar lleno de risas y alegría.
Estaba tan sumergido en mis sueños que ni me di cuenta de cómo se desvaneció el tiempo, el viaje se me hizo corto, casi instantáneo. Al llegar a la sucursal, nos pusimos manos a la obra de inmediato para descargar todo el pedido.
Mi ansiedad por llamar a Carla, por escuchar su voz, fue tan grande que me descuide por completo. Pronto cumpliríamos el primer año desde esa noche en que nuestras vidas cambiaron y estaba ancioso por celebrarlo junto a ella.
Las ideas no dejaban de fuir tanto así que no vi que la polea del sistema de elevación estaba suelta, y en un instante de torpeza irremediable, el mueble se me resbaló de las manos. Provocó un derrumbe que logré esquivar por los pelos… pero no vi el trozo de metal pesado venir directo a mi cabeza. El impacto fue tan fuerte que me lanzó al suelo, sintiendo cómo mi cráneo se partía en mil pedazos, a punto de perder casi el conocimiento.
- ¡HUBO UN ACCIDENTE! ¡AYUDEN A IAN! – escuché a lo lejos, mientras el dolor se apoderaba de mí hasta hacerle sombra a todo lo demás.
Con una fuerza que no sabía tener, logré sentarme, me vi atrapado en un rincón, con montones de muebles formando una barricada que me separaba del resto del mundo. El dolor fue tan insoportable que pensé que mi final había llegado, creo que me desmayé por un instante. Cuando abrí los ojos de nuevo, no reconocí ni el lugar ni las voces que venían del otro lado, gritando un nombre que no me pertenecía.
- ¿IAN? ¡IAN, ESTÁS BIEN?!
- ¡Ian, por todos los cielos, háblanos! Ya llamamos a los bomberos, resiste un poco más!
¿Quién diablos era ese tal Ian? ¿Y qué demonios estaba haciendo yo aquí, vestido con esa ropa tan sencilla?
Ahora sí… ahora lo recuerdo. Yo estaba supervisando el embarque de mi mercancía en el puerto, no en un depósito de muebles de cuarta. Entonces, ¿por qué me encontraba en este galpón sucio, atrapado como un ratón en una trampa?
Tenía miles de preguntas revoloteando en mi cabeza, pero no era el momento de pensar. Si esto era una trampa, y todo apuntaba a que lo era, tenía que escapar antes de que mis atacantes terminaran el trabajo que habían empezado.
Miré a mi alrededor con ojos agudos, buscando una salida. Vi una ventana en la parte alta de la pared. Tomé todos los objetos que pude encontrar para armar una escalera improvisada y, con mucho esfuerzo, logré abrirla y salir corriendo. Afuera confirmé que se trataba de un galpón industrial en medio de la nada… y las sirenas se acercaban a toda velocidad. No podía quedarme ahí, tuve que escapar del peligro antes de que fuera demasiado tarde.
Quien quiera que se atreviera a atentar contra mi vida se arrepentiría profundamente de no haber acabado conmigo en el mismo instante en que tuvo la oportunidad.
Cuando sentí que estaba lo suficientemente alejado, agarré a un tipo que pasaba por ahí del cuello, presionando con fuerza para que no pudiera escapar.
- ¿DÓNDE ESTOY? – mi voz salió profunda, cargada de una amenaza que no necesitaba palabras.
- E-eh… esta es la ciudad M, señor… por favor, suélteme. _ tartamudeó, temblando entre mis manos.
¿Ciudad M? ¡Maldita sea! Este era territorio de los Amaya, mis peores enemigos.
- Entrégame tu celular ¡AHORA MISMO! si no quieres morir aquí mismo. _ le ordené, con los ojos inyectados en sangre por el dolor y la rabia.
- Por favor… tengo familia, no haga esto. _ suplicó.
- Entonces obedece, y dámelas también las llaves de tu auto. _ le corté preso de la rabia.
Se lo quité todo como un vil ladrón, pero no tenía otra opción. O era eso, o ser degollado por los lobos del viejo Amaya en cuestión de minutos.
¿Cómo diablos llegué hasta aquí? ¿Alguien me traicionó desde dentro, o ese viejo finalmente logró meter sus garras en mis dominios? La única persona en quien podía confiar ciegamente era Dominico, mi mano derecha. Sin pensarlo dos veces, lo llamé mientras conducía a toda velocidad alejándome de ese infierno.
"¿Quién habla y cómo consiguió este número?" – la voz de mi amigo sonó seria, alerta.
"Soy yo, Dominico. Salvador".
"¿Jefe? ¡En serio es usted?! Esto tiene que ser una broma, no puede ser"
"¿Acaso ya olvidaste cómo suena la voz de tu jefe?" – pregunté, con la mandíbula apretada por el dolor en la cabeza.
"¡Por supuesto que no, jefe! ¿Dónde está? ¿En dónde ha estado metido todo este tiempo?"
No lograba entender nada. ¿De cuánto tiempo hablaba él? Para mí, habían pasado solo unas pocas horas desde el atentado en el puerto… nada más.
"Estoy en la ciudad M. Necesito que vengas a buscarme antes de que los Amaya me encuentren. Toma el jet privado, nos vemos en 30 minutos en el aeropuerto cercano"
"De inmediato, jefe. No se mueva de ahí"
Todo indicaba que había sufrido un ataque traicionero… pero ¿por qué estaba vivo? En este negocio, cuando caes en manos de tus enemigos, solo hay un final. A menos que ese viejo Amaya tuviera otros planes para mí.
Me toqué la frente y sentí cómo la sangre aún bajaba, fresca. Me miré rápidamente en el espejo retrovisor del auto, había muchas cicatrices en mi rostro y mi cuerpo, aunque parecían antiguas. Mi cabeza dolía de una forma insoportable, como si alguien me estuviera martilleando desde adentro. Pero una cosa estaba clara: esto no se quedaría así. Descubriría la verdad de lo que me había pasado, a golpes si fuera necesario.
Vi llegar mi jet privado en la pista, y los ojos de Dominico se abrieron de par en par cuando me vio bajar del auto. No dudó ni un segundo en correr hacia mí y abrazarme con fuerza.
- ¡Jefe! No me lo creía… de verdad, no puedo creer que esté frente a mí ¡VIVO!
- ¿Vivo? – pregunté, desconcertado – Hablas como si fuera un fantasma que vuelve de la tumba. Apenas han pasado uno o dos días, como mucho.
Su mirada se volvió aún más oscura, cargada de tristeza y sorpresa.
- Salvador… te perdiste todo un año completo. Te dimos por muerto hace meses. Mucho tiempo ya pasó desde la última vez que te vimos.
Esto tenía que ser una mala broma. ¿Cómo podía ser posible que me perdiera un año entero de mi vida cuando lo único que recordaba era la noche del atentado? Mi cabeza estaba en blanco, vacía de cualquier recuerdo de ese tiempo. ¿Cómo era posible que no recordara nada?
El viaje de regreso fue un torbellino de confusión. Cada palabra que Dominico pronunciaba para explicarme lo que había pasado en ese año me dejaba más aturdido, traiciones, cambios en la organización, luchas por el poder. Mi primo Lorenzo se había quedado al frente de todo lo que era mío. Seguro que algo andaba mal, que había mano negra detrás de todo… pero no podía llegar como un toro a un cristalero acusando a todos. Tenía que calmarme, tener paciencia, y empezar a recolectar una por una las piezas de ese rompecabezas que ahora era mi vida.
Lo único seguro era que el jefe de la mafia las poderosa estaba de regreso y quien fuera el traidor sufriria inmensamente su osadía.