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Trazos De Silencio.

Trazos De Silencio.

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Omegaverse / ABO
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

Haru creía que el amor era sacrificio. Graduado con honores en Tokio y con un futuro brillante en el arte y las letras, lo dejó todo por un matrimonio de contrato con Ren, un alfa que solo le devolvió desprecio y violencia. Tras tres años de infierno, Ren lo desecha como a un mueble viejo, dejándole solo un pequeño apartamento en un complejo exclusivo.

En el ático de ese mismo edificio vive Kaito Kuroda, el heredero de un imperio que se mueve entre la legalidad empresarial y las sombras de la mafia japonesa. Kaito no cree en el amor romántico; para él, la lealtad solo existe en la sangre. Sin embargo, su paz se ve interrumpida por un vecino ruidoso que huele a miedo y a pintura fresca.

Lo que comienza como roces por paquetes mal entregados y quejas por mudanzas nocturnas, se convierte en una conexión inevitable. Pero la libertad de Haru es una amenaza para el ego de su exesposo.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: El Crujido de los Nervios

El ático de Kaito, a pesar de sus techos altos y sus ventanales que dominaban el horizonte de Tokio, se sentía para Haru como una pecera de cristal reforzado. Estaba a salvo, sí, pero la seguridad tenía el precio de la vigilancia constante. Cada vez que intentaba levantarse de la cama, un guardaespaldas aparecía en la puerta, o la voz de Kaito resonaba por el intercomunicador preguntando qué necesitaba.

Esa mañana, el aire estaba cargado con el olor acre del alcohol medicinal. Era el día de la primera sesión intensa de fisioterapia para su mano derecha.

—No quiero... —susurró Haru, mirando el aparato de electroestimulación que el médico había traído. Sus ojos estaban fijos en los electrodos como si fueran instrumentos de tortura—. Por favor, Kaito. Hoy no.

Kaito estaba sentado en un sillón cercano, con una tableta en el regazo, pero su atención no estaba en los números de la bolsa de valores. Sus ojos ámbar seguían cada espasmo de los dedos de Haru. Se levantó y se colocó detrás del omega, poniendo sus manos sobre los hombros del chico. Eran manos pesadas, cargadas de una autoridad que no admitía réplica.

—Tienes que hacerlo, Haru. Si los tendones se acortan ahora, no habrá cirugía en el mundo que te devuelva el pincel —la voz de Kaito era suave, pero tenía el filo del acero—. No dejes que Ren te quite también el movimiento.

El médico comenzó la sesión. En cuanto la primera descarga de corriente atravesó los nervios dañados de la mano de Haru, el omega soltó un grito que se ahogó en un gemido sordo. Su cuerpo se arqueó y el sudor frío estalló en su frente. El dolor no era solo físico; era el recuerdo eléctrico de cada golpe, de cada vez que Ren lo había obligado a mantener una postura dolorosa durante horas.

—¡Para! ¡Duele! ¡Duele mucho! —suplicó Haru, intentando retirar la mano, pero Kaito lo sujetó con firmeza desde atrás, inmovilizándolo contra su pecho.

—Sujétalo, Kaito-sama —dijo el médico con frialdad profesional—. Es necesario para despertar la respuesta nerviosa.

Haru empezó a hiperventilar. En su mente, el ático desapareció. Ya no estaba con Kaito. Estaba de vuelta en la mansión Ichijō, con Ren riendo mientras le retorcía la muñeca por haber "pintado algo pretencioso". La cercanía de Kaito, que antes era un consuelo, de repente se sintió opresiva. El aroma a tormenta del alfa se volvió asfixiante, recordándole que él seguía siendo una propiedad, alguien que no tenía control sobre su propio cuerpo.

—¡Suéltame! —chilló Haru, forcejeando con una fuerza nacida del pánico puro—. ¡Eres igual que él! ¡Solo quieres controlarme! ¡Solo quieres que sea tu juguete!

Kaito se tensó. Las palabras de Haru le dolieron más que cualquier herida de bala. Podía sentir el corazón del omega latiendo como un pájaro atrapado contra su propio pecho, pero no lo soltó. Sabía que si cedía ahora, Haru se hundiría en la invalidez permanente.

—No soy igual que él, Haru —gruñó Kaito cerca de su oído, su voz vibrando con una rabia contenida por la situación—. Él te rompía por placer. Yo te sostengo para que te cures. ¡Mírame!

Cuando la sesión terminó, veinte minutos después, Haru estaba completamente agotado. Su mano derecha colgaba inerte, vibrando con un dolor residual punzante. Se soltó del agarre de Kaito en cuanto este aflojó la presión y se arrastró hacia el rincón más alejado de la cama, envolviéndose en las sábanas. Estaba llorando, sollozos silenciosos que sacudían sus hombros hundidos.

Kaito despidió al médico con un gesto seco y se quedó solo con él. El silencio era denso, amargo. Kaito se acercó a la cama, pero Haru se encogió todavía más.

—Vete... —susurró Haru—. No quiero que me veas así. No quiero que me toques.

—Haru, lo que pasó hoy... —empezó Kaito, pero se detuvo.

Vio el cuaderno de cuero que le había regalado tirado en el suelo, abierto por la página donde Haru había escrito "Kaito es mi escudo". Ahora, esa frase parecía una burla.

—Me das miedo —dijo Haru, levantando la vista. Sus ojos estaban rojos, llenos de una desconfianza que Kaito creía haber empezado a disolver—. Tienes el mismo poder que él. Decides cuándo como, cuándo me muevo, quién me toca. Solo has cambiado una jaula por otra más cara.

Kaito sintió un vacío gélido. Se dio cuenta de que su naturaleza de alfa dominante, la misma que usaba para gobernar el submundo de Tokio, era el mayor obstáculo para ganarse el corazón de Haru. Para protegerlo, lo estaba asfixiando. Para sanarlo, le estaba causando dolor.

Caminó hacia el balcón, dándole la espalda para que el omega no viera la frustración en su rostro. —Si crees que esto es una jaula, Haru, no conoces el mundo exterior. Ren está ahí fuera, cazándote. Mis hombres están muriendo en el puerto para mantener las rutas seguras y que nadie sepa que estás aquí. He quemado tres almacenes de los Ichijō esta mañana solo para que Ren esté demasiado ocupado contando sus pérdidas como para pensar en enviarte a otro matón.

Kaito se giró, su silueta recortada contra el cielo gris de Tokio. —No te obligo a comer o a curarte porque quiera un juguete. Te obligo porque no soporto la idea de un mundo donde tu talento no exista. Pero si mi presencia te hace tanto daño... me iré. Cenarás solo. Los guardias se quedarán en la puerta principal.

Kaito salió de la habitación sin mirar atrás, cerrando la puerta con una suavidad que dolió más que un portazo.

Haru se quedó solo. Miró su mano derecha. Todavía le hormigueaba por la electricidad. El miedo seguía ahí, pero el silencio del apartamento ahora se sentía diferente. Sin Kaito, el ático parecía inmenso y aterrador. Se dio cuenta de que, aunque odiara la fuerza del alfa, esa misma fuerza era el único muro que separaba su vida de los colmillos de Ren.

Tomó la pluma con su mano izquierda temblorosa. Debajo de la frase anterior, escribió con trazos erráticos: "El escudo también aplasta".

Mientras tanto, en un club nocturno clandestino en Roppongi, Ren Ichijō bebía frente a un mapa de la ciudad. Su rostro estaba demacrado, sus ojos inyectados en sangre. Había perdido la mitad de su fortuna en una semana.

—Kaito Kuroda cree que puede quedarse con lo que es mío —siseó Ren, rompiendo el vaso de cristal en su mano—. No sabe que un omega que ha sido mío nunca podrá pertenecer a nadie más. Si no puedo recuperarlo, voy a quemar ese edificio con todos dentro.

Ren sacó un teléfono desechable y marcó un número prohibido. Un número que contactaba con mercenarios que no temían a la familia Kuroda. La tensión no estaba bajando; se estaba comprimiendo, como un resorte que, al soltarse, destruiría todo a su paso.

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Maria Quintero
búscate 3 alfas y que lo violen peor que a Haru
Maru19 Sevilla
Por favor que no lo mate pronto que lo encierre y lo martirice por años
Maru19 Sevilla
Por favor que alguien atrapé a Ren
Maria Quintero
Haru en verdad vivió un infierno con ese Alfa de cuarta 😭 me duele leer y a la vez imagínarme lo que vivió me parte el corazón nadie debería vivir así 😭
Maria Quintero
me va encantando la historia, me encanta este alfa que quiera ayudar al Omega a recuperarse del infierno que sufrió
Yudiela Arboleda
yo culpo a la autora por escribir esa atrocidad 😭😭😭😭 Haru no merecía eso kaito inteligente para los negocios y imbécil para el amor si no haces pagar a ren te odiare más que a el 😭😭😭
Aury Garcia: que horror cuantas violencia pobre haru Katio no sabe cuidar ni buscar
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Que revise la ventilación
Maru19 Sevilla
Maldito Ren!
Maru19 Sevilla
Pero como escapo?
Maru19 Sevilla
Esta emergiendo 👏👏👏👏👏
Escorpiona Saucedo
autora cada capítulo me deja con un nudo en la garganta 💔
Maru19 Sevilla
Que bonito!!!👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Ahhh, maldito Ren
Maru19 Sevilla
Maldito Ren, que ganas de sacarle los ojos🤭
Maru19 Sevilla
Maldito Ren, que ganas de sacarle los ojos🤭
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que bueno 👏👏👏👏 que lo destroce
Maru19 Sevilla
Espero que el martirio que infringió en el Omega se retribuido al maldito Alfa con creces
Maru19 Sevilla
Eso! que le hagan pagar👏👏👏
Maru19 Sevilla
Pobrecillo😭
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