Esta es la historia de una mujer, una madre, recien separada, y de su pequeña hija. Risas, llanto, inseguridad y amor
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Comprando afecto
Unas semanas después del percance con Julián, un día tormentoso, apareció frente a casa un perrito. Cachorro, hermoso y abandonado. Mi debilidad multiplicada por mil.
Como sabía que el cuco no era precisamente fanático de los animales, me conforme con verlo refugiado bajo un pedazo de techo y acercarle un plato de comida que no tocó. Mi perra, Pecas, vino a vivir con nosotros junto con mamá, y se ganó todos los mimos de los chicos, aunque éste viejita, es muy mandona y posesiva, por eso no le veía al cachorro un futuro en mi casa. Al atardecer, el cuco entró en la casa junto con el perrito. Dijo que le dio pena dejarlo afuera con la tormenta, además se dio cuenta que estaba lastimado. Ahí comprendí la razón por la que no había comido nada. una vez adentro, tratamos de secarlo con una toalla, porque tenía mucho miedo y se escondía.
Además de estar lleno de pulgas y garrapatas, algún humano malvado lo había cortado con algún instrumento en la zona de la cintura. me desgarraba el alma que tuviera semejante herida y no llorara siquiera. Lo tratamos con más cuidado y lo dejamos arropado cerca de alimento y agua. No quedaba más opción que esperar al día siguiente para llevarlo a la veterinaria y ver que se podía hacer por él.
A la mañana siguiente, me tocó el gran premio de llevarlo a revisar. Ningún taxi quiso levantarme con el cachorro, por lo tanto terminé caminando las muchas cuadras que me separaban de la veterinaria. Una vez ahí, lo revisaron, le tuvieron que hacer varias curaciones, cosieron su herida y me dieron desparasitantes, vitaminas, antibióticos y calmantes, para que lo tratara por los próximos días. Además debía revisar que no se arrancara los puntos y se mantuviera limpia la herida. En fin. Al que quiere celeste...que le cueste.
Volví a casa con un perro más seguro y decidido, ya no sentía miedo por quienes lo rodeaban. Se convirtió en el mejor amigo de los chicos y en un dolor de cabeza permanente para mi.
Yo estaba preparada para un cachorro travieso, de esos que roban elementos o muerden las patas de los muebles, lo que no imaginé, es que creciera tan rápido a un tamaño galgo, que con sus correteadas arrasara con todo a su paso y que se subiera a la cama de los chicos aunque casi ni cabía.
Comenzaron también, por supuesto, las discusiones en torno a "Capo" como lo nombraron Cesar y Julián.
Capo era un torbellino alegre y despreocupado, torpe y adorable, pero todo eso lo veíamos los demás miembros de la casa. El cuco jamás...
Para el era un peligro, siempre tirando cosas y empujandome hasta hacerme trastabillar, mordía y robaba los calzados y las medias, y parecía incontrolable. Excepto por su idea de disciplina violenta.
Así como me reuse que golpeara a los chicos, tampoco iba a permitir que golpeara al perrito, por lo tanto me comí una buena cantidad de discusiones por defender al animal.
El tiempo fue pasando, y cada día me encontraba más cerca de la fecha de parto, comenzaron los calambres, el insomnio, la acidez incontrolable y otras perlitas.
Como el cuco siempre hacía incapie en SUS prioridades económicas, después de visitar el hospital público maternal, mi mamá decidió sacar un préstamo que le permitiera cubrir mi oarto y recuperación en una clínica privada.
Les mentiría si les dijera que no sentí miedo. Pánico en su estado más puro. No sabía cómo sería el parto, si mi bebé nacería con alguna dificultad (fruto de mi embarazo lleno de sobresaltos) ni tampoco como seguiría la historia a partir de su nacimiento... Me preguntaba constantemente si este evento sería capaz de unir un poco a la pareja que alguna vez creí tener, o si nos iría alejándo de forma inexorable. Me sentía preocupada y ansiosa.
Al sentirme así, también mi insomnio aumentaba, y mis ojeras delataba lo mucho que me estaba costando sobrellevar la última etapa. Eso al cuco no le afectaba en nada, y seguía buscando intimidad cada noche, a pesar de mi pesadez, mi cansancio y mis angustias. Se fueron mostrando cada vez más rasgos de su egoísmo y de mi personalidad menguada... sentía que me iba diluyendo en el flujo de los sucesos. Me iba haciendo cada vez más manipulable, gracias a mis inseguridades y mis miedos.
Una noche, al acostarme, tenía tan llena mi cabeza de pensamientos negativos e inconexos, que recé con todas mis fuerzas por una señal que me indicara el camino o me brindará algo de paz en ese martirio.
Dios me escuchó. Esa noche soñé con 3 de los amores de mi existencia. En mi sueño aparecía mi abuelo paterno (la dulzura y la fuerza) tendiendo blancos manteles en mesones largos, preparando el patio soleado para una celebración. Mientras tanto, yo llamaba a mi papá, y lo buscaba con la mirada, hasta que lo encontraba en el frente de la casa, a contraluz con un fondo intensamente iluminado. Él sostenía en brazos a un bebé, mientras regaba un pequeño jardín. Me saludaba por señas y me decía "todo está bien "
Desperté de ese sueño llorando, muy sensibilizada por verlos después de tantos años. Me sentía feliz y tranquila. Tanto, que a partir de ese momento, no volví a dudar de que mi bebé sería una bendición que llegaría de la manera más normal posible.
Mi cesárea fue programada ( mi alien no era tan pequeño después de todo) y los preparativos nos mantuvieron ocupados y en una relativa armonía hasta esa fecha. Unos días antes tuve unas pequeñas contracciones, pero no pasaron a mayores.
El momento de conocer a mi hija, ya era inminente...
no es la típica historia de ricos
es de gente sencilla que vive el día a día felicidades
Gracias por compartirla!!! Felicitaciones!!!👏👏👏👏👏
Gracias y FELICITACIONES A LA AUTORA!!!
EXITOS EN SUS NUEVAS PUBLICACIONES!!!!!