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En Las Garras Del Villano

En Las Garras Del Villano

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: syv

Ella lo creó para ser el villano perfecto.
Oscuro, seductor… inolvidable.

Pero cuando comienza a soñarlo, él deja de seguir sus reglas.

Cada noche la atrae más, cada sueño se vuelve más real y cada palabra escrita parece darle poder. Lo que empezó como inspiración se transforma en obsesión cuando su personaje comienza a conocerla mejor que nadie… incluso mejor que ella misma.

Ahora debe elegir: terminar la historia y hacerlo desaparecer… o dejar que el villano que inventó la arrastre a un mundo del que quizá no pueda volver.

Porque algunos personajes no quieren un final feliz.

Quieren existir.

NovelToon tiene autorización de syv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11 — "La ausencia"

Despertó sin saber por qué.

No había sueño del que volver ni ruido que la hubiera arrancado del descanso. Solo esa sensación: la de que algo faltaba, la de que el mundo se había quedado un tono más apagado mientras dormía.

Se quedó quieta un momento, escuchando.

Silencio.

No el silencio normal del apartamento, ese que conocía desde hacía cinco años: el del tráfico lejano y el zumbido constante de la nevera.

Era otro silencio.

Más denso.

Más vacío.

El olor no estaba.

Incorporó la cabeza, buscándolo.

Nada.

Ozono.

Tormenta.

Ese algo antiguo que había impregnado cada rincón durante semanas…

Desaparecido.

Se levantó de golpe.

Fue al salón.

Nada.

A la cocina.

Nada.

Abrió la ventana y aspiró el aire de la calle.

Solo gasolina.

Solo polvo.

Solo Madrid en abril.

El olor a pan de la esquina.

El humo de un autobús.

El perfume barato de alguien que pasaba.

Olores normales.

Olores de verdad.

Nada de él.

La marca.

Se llevó la mano a la clavícula.

La piel estaba tibia, normal, sin ese latido que se había vuelto tan familiar como su propio pulso. Presionó con los dedos, esperando.

Nada.

Esperó un poco más.

Nada.

Se quedó así, de pie junto a la ventana, con la mano en el cuello, escuchando el silencio.

No sabía qué hora era.

No sabía qué día era.

No sabía nada.

Se sentó frente al ordenador.

Lo encendió.

El manuscrito estaba ahí, abierto en la página donde había dejado de leer la noche anterior; después de que las letras aparecieran solas, después de que él dijera:

—Alguien que lleva siglos esperando a que hagas esa pregunta.

La pantalla parpadeó.

El cursor esperaba.

Apoyó las manos en el teclado.

Nada.

No vino ninguna palabra.

Ninguna frase.

Ninguna urgencia.

Solo el cursor moviéndose con su ritmo mecánico, ajeno a todo.

—Escribe algo —dijo en voz alta.

Su voz sonó extraña en el apartamento vacío.

Hacía días que no hablaba sola.

Hacía días que no hacía falta.

—Cualquier cosa.

Las manos no se movieron.

Esperó un minuto.

Dos.

Cinco.

Nada.

Cerró el ordenador.

Salió a la calle porque no sabía qué más hacer.

El ruido la golpeó al cruzar el portal: autobuses frenando, conversaciones a medio gritar, el pitido de una obra en la esquina.

Todo ese ruido que antes filtraba sin pensar, que formaba parte del fondo de su vida, ahora le parecía ajeno.

Como si hablaran en otro idioma.

Como si ella hubiera olvidado cómo escuchar.

Caminó sin dirección.

Pasó por delante de la frutería, del banco, de la cafetería donde la marca había ardido tres días antes.

Se detuvo un momento frente al escaparate, mirando su propio reflejo.

La misma cara de siempre.

El mismo pelo revuelto.

Las mismas gafas de montura fina.

Pero algo faltaba.

Siguió caminando.

La ciudad seguía su curso.

Una pareja discutía junto a un semáforo. La chica lloraba. El chico miraba al suelo, con las manos en los bolsillos, sin saber qué hacer con ese llanto.

Valeria los observó un momento.

¿Ellos también tendrán un olor que lo impregna todo?

¿También esperan algo que no saben nombrar?

La mujer del cochecito pasó a su lado, tarareando una canción que sonaba en sus auriculares. El niño dormía, ajeno a todo, con un brazo colgando fuera del capazo.

Normal.

Gente normal con vidas normales.

Valeria ya no sabía si seguía siendo una de ellas.

Un hombre con traje hablaba por teléfono, gesticulando con furia, discutiendo sobre números, plazos y cosas que importaban en su mundo.

Valeria pensó en Marcos.

En los plazos.

En las cuatro semanas.

No le importaban.

Nada de eso le importaba.

Se sentó en un banco.

No porque estuviera cansada.

Porque no sabía adónde ir.

Una paloma picoteó migas a sus pies.

El sol calentaba con ese calor tímido de abril.

Todo era normal.

Todo era lo de siempre.

Pero ella notaba el vacío.

Ese hueco exacto donde antes había una presencia.

Donde antes había un olor.

Donde antes había algo.

—No sé ni cómo te llamas —susurró.

La paloma levantó el vuelo, asustada por el sonido de su voz.

Valeria se quedó mirando el espacio vacío que había dejado.

Volvió a casa cuando el sol empezaba a caer.

El apartamento la recibió con el mismo silencio de la mañana.

Dejó las llaves en la entrada, se quitó los zapatos sin ganas y fue hasta el sofá. Se dejó caer.

No encendió la tele.

No puso música.

No hizo nada.

Solo estuvo.

El techo tenía una grieta que nunca había notado.

Una línea fina, casi imperceptible, que partía de la lámpara y se perdía hacia la pared.

Se quedó mirándola un buen rato, siguiendo su recorrido con la vista, como si pudiera llevarla a algún lugar.

¿Cuánto tiempo llevará ahí?

¿Cuántas noches he dormido debajo sin verla?

Como el olor.

Como él.

Cosas que están y no ves hasta que faltan.

La luz de la calle se reflejaba en el yeso, creando sombras quietas, normales, que no respiraban.

Antes las sombras respiraban.

Antes todo respiraba con él.

La marca seguía inerte.

Se la tocó varias veces durante la tarde, como quien se toca una herida para comprobar que sigue ahí.

Seguía.

Pero no respondía.

¿Dónde estás?

No supo si era un pensamiento o un susurro.

Tampoco importaba.

Nadie iba a responder.

Cayó la noche.

Valeria encendió una lámpara.

Luego la apagó.

La luz le molestaba.

La oscuridad también.

Se quedó a medio camino, con la claridad de la calle entrando por las persianas y creando sombras que no se movían, que no se doblaban sobre sí mismas, que eran solo sombras.

Intentó leer.

Cogió un libro de la estantería, cualquiera, y lo abrió por una página al azar.

Las palabras estaban ahí, impresas, ordenadas, con sentido.

Pero ella las miraba y no significaban nada.

Eran formas negras sobre papel blanco.

Nada más.

Dejó el libro.

El teléfono llevaba horas vibrando a intervalos.

Lo cogió por fin, sin ganas.

Mara (14:32): ¿Viva? Dijiste que llamarías.

Mara (16:47): Val, empiezo a preocuparme.

Mara (18:23): Vale, ya sé que estás escribiendo, pero contesta algo, aunque sea un emoji.

Mara (20:15): Te he llamado tres veces. Ya estoy oficialmente preocupada. Llámame cuando puedas, aunque sea para decirme que estás viva.

Leo (19:05): ¿Todo bien?

Leo (20:31): Esta semana no hay martes, supongo.

Leo (21:14): Valeria.

Miró los mensajes uno por uno.

Los nombres le sonaban a personas que había conocido en otra vida, en otro mundo; antes de que el olor, los sueños y las palabras escritas solas se lo tragaran todo.

Los dedos dudaron sobre la pantalla.

Podía responder.

Podía escribir algo.

Una palabra.

Un emoji.

Lo que fuera.

Escribió:

Viva.

Lo borró.

Escribió:

Todo bien. Escribiendo.

Lo borró.

Al final, solo envió un emoji.

👍

Mara respondió al instante.

Mara: ¿Un pulgar? ¿En serio? ¿Sabes que eso no me sirve, verdad? Te llamo mañana y no me vale con que no contestes.

Valeria dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa.

No sabía si mañana iba a querer contestar.

No sabía nada.

El mensaje de Leo se quedó ahí, sin respuesta.

Esta semana no hay martes, supongo.

No.

No los había.

Probablemente no los habría nunca más.

Pero eso era lo de menos.

Todo era lo de menos.

La madrugada llegó sin que ella supiera muy bien cómo.

No había dormido.

No había llorado.

No había hecho nada.

Solo había estado sentada en el sofá, mirando la grieta del techo, sintiendo el vacío en el pecho como un órgano nuevo que acababa de descubrir.

Se levantó.

Las piernas le dolían por la inmovilidad.

Fue al ordenador y lo encendió.

No esperaba nada.

Hacía horas que había dejado de esperar.

El manuscrito se abrió en la misma página de siempre.

Y entonces lo vio.

En el centro de la pantalla, sobre el fondo blanco, sola, una palabra.

Pronto.

No había más texto.

No había firma.

Solo esa palabra, flotando en la inmensidad de la página vacía.

La marca pulsó.

Una vez.

Débil.

Como un latido lejano.

Como el eco de algo que había estado ausente y, de repente, recordaba cómo existir.

Valeria apoyó la frente en el teclado.

Las teclas se hundieron bajo su peso, imprimiendo letras al azar en algún lugar del documento.

No le importó.

No lloró.

No rió.

Pero algo en su pecho se aflojó.

Como si hasta ese momento hubiera estado conteniendo la respiración sin saberlo.

Levantó la cabeza.

Miró la palabra.

Pronto.

No decía cuándo.

No decía cómo.

No decía nada más que eso.

Pero estaba ahí.

La marca volvió a pulsar.

Más fuerte.

Valeria sonrió.

Una sonrisa pequeña, casi imperceptible, pero real.

La primera en muchas horas.

Retiró las manos del teclado.

Se recostó en la silla.

La grieta del techo seguía ahí, esa línea fina que nunca había notado antes, pero ahora ya no le importaba.

Ahora solo miraba la pantalla.

El silencio ya no era el mismo.

El vacío ya no dolía igual.

Él había vuelto.

O iba a volver.

O nunca se había ido del todo.

No importaba.

La palabra estaba ahí.

La marca latía.

El olor no había regresado, no.

Pero algo en el aire había cambiado.

Como si la espera tuviera un sentido ahora.

Valeria se quedó mirando la pantalla un largo rato.

Luego, sin apartar la vista, susurró:

—Te espero.

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Maria Jose Cardozo
Me encanta, es tan atrapante, y con una historia que te atrapa y te deja esperando por más. Muchas felicidades a la autora por esta bella historia.
Andy
muy bueno
Andy
por favor 😭 autora quiero más nesesito más 🤭 🤣no me dejes en suspenso 👏muy buen trabajo ☺️
Lidy Martines
no te preocupes pero me agradaría leer tus novelas eres una terriblemente magnífica autora de villanos guaperrimos
Lidy Martines: me encanta
total 1 replies
Nata
literal así ando con esta novela
Nata
en fin si ella está perdida yo más, ya no le veo pata ni cabeza a esto
yoly: Hola, lo siento si te perdí un poco, es que no me gustaba lo que había escrito antes y estuve editando los capítulos, lamento confundirte 🥹
total 1 replies
Nata
esta novela está llena de mucho misterio realmente casi no entiendo nada
Nata
es el amigo con derechos o como? ando más perdida
Iris
cómo es pronto editorial 🤔
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