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Sweet Blood

Sweet Blood

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Romance oscuro / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.

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Capítulo 21

Los primeros días después de abandonar la mansión Liu fueron una neblina de sensaciones crudas. Se refugiaron en una pequeña cabaña en los límites del bosque, un lugar que Chen Yi había adquirido años atrás en secreto, presagiando que algún día necesitaría escapar. No había sirvientes, no había mármol, solo el olor a madera de pino y el sonido del río cercano.

Para Chen Yi, el proceso de adaptación era fascinante y aterrador a la vez. Cada vez que el sol tocaba su piel, esperaba el dolor, pero solo encontraba calidez. Cada vez que sentía hambre, ya no era la necesidad frenética de desgarrar una garganta, sino un vacío que podía ser saciado con la sangre que XiaoXuan le ofrecía voluntariamente, apenas un sorbo que servía más como un recordatorio de su vínculo que como un sustento vital.

Sin embargo, el dolor físico no era el único que debían enfrentar. El trauma de las semanas anteriores comenzó a emerger. XiaoXuan sufría pesadillas en las que volvía a estar atrapada en el altar, y Chen Yi lidiaba con la culpa de haber puesto en peligro la vida de la única persona que lo amaba.

—No puedes seguir castigándote, Chen Yi —dijo ella una tarde, mientras estaban sentados en el porche observando el atardecer—. Veo cómo me miras cada vez que me siento débil. No fue tu culpa. Fue el destino que nos pusieron delante.

—Pero yo lo acepté, XiaoXuan —respondió él, su voz cargada de una melancolía profunda—. Durante mucho tiempo, acepté mi papel como el monstruo que necesitaba ser alimentado. Ver las cicatrices en tus muñecas es un recordatorio constante de mi propia oscuridad.

XiaoXuan se acercó y tomó sus manos, obligándolo a mirarla.

—Estas cicatrices no son de dolor, Chen Yi. Son de elección. Cada gota de sangre que te di fue un acto de rebelión contra tu madre y contra la maldición. No las veas como heridas; velas como puentes.

Él suspiró, apoyando su frente contra la de ella.

—¿Cómo puedes ser tan fuerte? —susurró—. Yo he vivido siglos y todavía me siento como un niño perdido en comparación contigo.

—Porque yo no tengo el peso de la eternidad sobre mis hombros —rio ella suavemente—. Solo tengo esta vida, y quiero aprovecharla.

La tregua con el destino parecía haberse consolidado. La familia Liu no los persiguió; sin la protección de Chen Yi, estaban demasiado ocupados tratando de mantener su propia existencia frente al paso del tiempo que finalmente empezaba a alcanzarlos. Lady Liu se había convertido en un recuerdo amargo, una sombra que ya no podía tocarlos.

Incluso la madre adoptiva de XiaoXuan vino a visitarlos. Fue un encuentro agridulce. La mujer mayor lloró al ver a su hija sana y salva, pero no pudo evitar mirar a Chen Yi con cierta reserva. Sin embargo, al ver cómo él cuidaba de XiaoXuan, cómo su mirada nunca se apartaba de ella con una devoción casi sagrada, su miedo comenzó a disolverse.

—Cuídala —le dijo la mujer a Chen Yi antes de irse—. Ella es todo lo que tengo.

—Daría mi propia existencia antes de permitir que un solo cabello de su cabeza sea dañado —prometió él, y XiaoXuan supo que lo decía en serio.

Esa noche, mientras las estrellas cubrían el cielo como un manto de diamantes, ambos hablaron del futuro. Ya no era un futuro de un mes, ni una carrera contra la muerte. Era un horizonte abierto.

—Más allá del dolor, hay algo que nunca pensé que conocería —dijo Chen Yi, abrazándola mientras el frío de la noche empezaba a descender—. Hay paz. Hay una vida compartida que no se basa en el poder, sino en la simple compañía.

—¿Y es suficiente para ti? —preguntó ella, curiosa—. ¿Pasar de ser un príncipe de las sombras a ser un hombre en una cabaña?

Chen Yi sonrió, una sonrisa que iluminó todo su rostro y llegó hasta sus ojos grises.

—Es más que suficiente. Es todo lo que siempre quise sin saberlo. Ser nadie para el mundo, pero serlo todo para ti.

La tregua era real. El dolor del pasado estaba ahí, pero ya no era el protagonista de sus vidas. Era solo el trasfondo sobre el cual estaban empezando a pintar una historia nueva, una que no hablaba de maldiciones, sino de dos almas que habían decidido caminar juntas hacia lo desconocido, con el corazón abierto y la esperanza renovada.

1
Helena Palomino Olaya
me gusta la trama
Helena Palomino Olaya
ojalá el acepte la ayuda de ella
Lorena Montoya
Amé!
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