La noche en que debe morir, Angela descubrirá que en brazos de la muerte se puede aprender a vivir.
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El amor de los padres.
Pensé que ya no vendrías. — Me deja entrar para luego besarme de forma demandante y hasta agresiva. Coloco ambas manos en su pecho para separarlo, ya que lastima mis labios, pero el se niega a hacerlo.
— Camilo, por favor no más, me estás lastimando. — Le digo cuando libera mis labios por falta de aire.
— No te vayas, no me dejes solo... — Súplica como un niño pequeño.
— Camilo, debes decirme lo que sucede y el por qué de este cambio de actitud. El hombre al que amo jamás se comportaría de esta manera conmigo, y me desconcierta.
— El hombre al que amas. — Repite mis palabras y sonríe sin ganas mientras se aleja y toma de una pequeña mesa una botella de aguardiente, bebé directo de la botella y se gira para mirarme. — ¿Por qué? — Pregunta lleno de tristeza.
Me acerco hasta quedar nuevamente frente a él.
— ¿Por qué, qué? Necesito que me expliques que es lo que sucede entre los dos, porque al parecer tú lo tienes claro, pero yo no. — Su mirada se vuelve escéptica ante mis palabras y luego pasa a la rabia.
— Quiero hacerte el amor, quítate la ropa. — Espeta molesto.
— ¿Perdón? Dime que escuché mal.
— No, no lo has hecho, soy tu hombre... dentro de poco tu esposo, es normal que quiera tenerte, ¿no acabas de hablar de que soy el hombre al que amas?
— Sí, lo he dicho... y precisamente si te comportaras como "el hombre del que me enamoré" no tendría ningún problema en hacerlo.
— Por supuesto, por eso después de tantos años aún no te has entregado a mí. — Afirma sarcástico y vuelve a beber.
— Te dije lo que quería y tu estuviste de acuerdo en que llegara virgen a nuestra boda; si no hubieses estado de acuerdo yo habría aceptado, no sabes cuantas veces lo he deseado, pero no hoy y no en el estado en que te encuentras.
— A mí me manipulas con ese cuento dándome tres vueltas, cuando en realidad te comportas como una... — Corto sus palabras antes de que diga algo que pueda dañar nuestra relación.
— No lo hagas, no te atrevas a ofenderme, si lo haces no habrá marcha atrás
— Por favor... sé mía... — Su voz pasa a ser una súplica y a pesar de que entiendo que está en estado de ebriedad empiezo a sentir miedo de la forma tan abrupta en que cambia su estado de ánimo, como si tuviera una guerra interna.
— Creo que será mejor que te des un baño y luego duermas, yo volveré a casa y mañana hablaremos antes del vuelo. — Me giro para caminar rumbo a la salida, pero él me sostiene del brazo haciendo que mi cuerpo se gire.
— ¿Te vas mañana? — Su ceño se frunce.
— Sí y no te preocupes, no lo haré sola, mamá viajará conmigo.
— No me importa con quien viajes, ¿por qué no entiendes que lo que no quiero es que estés lejos de mí? — Vuelve a besarme, pero esta vez de forma más delicada. — Dime que te quedarás.
— Lo siento, pero no lo haré, te amo, pero no me puedes manipular, debes confiar en mí.
— Te voy a convencer de que debes quedarte. — Nuevamente me besa de forma posesiva, pero a eso se suma el hecho de que sus manos recorren mi cuerpo de manera brusca hasta posarse en mi trasero, esa sensación me recuerda lo que sentí en medio de aquella pesadilla y mis lágrimas empiezan a correr, al tiempo que trato de soltarme de su agarre. Él baja uno de los tirantes de mi blusa dejando expuesto uno de mis seno*
— ¡Sueltame! ¡No más! — Grito desesperada.
— Perdóname... perdóname... tienes razón, mejor vuelve a la mansión, yo... — No espero a que termine de hablar y salgo prácticamente corriendo.
— ¿Sucede algo señorita? — Pregunta Esteban, uno de los hombres que me acompañan, al ver mi estado.
— No, nada de importancia. — El asiente y abre la puerta para mí y Gustavo, el otro hombre y quien conduce, enciende el motor y me llevan de vuelta a la mansión.
— Mamá... — En cuanto ingreso veo la figura de mi madre y me lanzo a llorar entre sus brazos.
— Ya estás en los brazos de mamá, aquí nada te podrá pasar, calma princesa... ¿Quieres hablar? — Niego con la cabeza sin romper el abrazo y continuo llorando al tiempo que ella acaricia mi cabeza.
— ¿Abrazo familiar? — Pregunta papá sin darse cuenta de mi estado y con sus brazos nos cubre a las dos logrando que mis sollozos se escuchen aún más. Ellos guardan silencio hasta que logro calmarme y nos separamos.
— ¿Qué o quién te ha hecho llorar? — Pregunta papá en un tono que no deja lugar a discusiones o evasivas de mi parte.
— No es nada importante, es solo que discutí con Camilo y no estoy acostumbrada a eso, pero supongo que es normal.
— Ven cariño. — mamá me toma de la mano y hace que me siente en un sofá junto a ella, papá nos sigue, pero se queda de pie frente a nosotras.
— Por supuesto que es normal discutir entre parejas, no será la última vez que suceda, pero debes aprender a diferenciar una discusión de una agresión, si este es el caso, debes aprender a establecer límites y si él no está en la capacidad de respetarlos, entonces debes replantear si este tipo de relación es lo que quieres para tu vida. — Asiento ante sus palabras.
— Princesa, bien sabes que tu mamá y yo vemos a Camilo como un miembro de nuestra familia y eso es por la forma en que ha demostrado amarte, si eso cambia debes hablarlo; jamás permitiré que algun hombre, sea quien sea te maltrate; antes lo acabo con mis propias manos. — Interviene papá.
— Gracias papá y mamá; los amo. Les prometo que hablaré con Camilo y trataré de solucionar las cosas, pero si no es posible solucionar nuestras diferencias, entonces tomaré las decisiones pertinentes; aun cuando se me rompa el corazón, igual ustedes van a estar aquí para ayudarme a remendarlo.
— Claro que sí, tu padre y yo te vamos a apoyar siempre. — Mamá me vuelve a abrazar y papá se inclina para cubrirnos como es costumbre entre sus brazos dejando un beso en la cabeza de ambas.
Aunque el mundo se encuentre al revés, el amor de los padres es capaz de sanar las heridas más profundas del corazón.
desgraciadamente mis padres siempre me hicieron ver y sentir que yo solo fui la causante de su casamiento.ya que aunque soy la única hija mujer jamás me brindaron amor o cariño.. a mis hermanos varones si..
y es el caso que ahora a mis 36 años y ellos ya separados, mi madre me dijo que para ella yo estoy muerta... y mi papá por su parte cambio el número y desapareció, me dió vuelta la cara cuando más lo necesite... en fin...me siento abortada a mis 36 años