El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”
Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.
Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.
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Capítulo 6: El Pacto de las Sombras
La florería "El Jardín de los Susurros" se había convertido en un campo de batalla donde las leyes de la física se doblaban ante la voluntad del antiguo. Margaret, con la daga de plata en alto, se encontraba en el centro del círculo de sal, pero la mirada que Demon le devolvía no era de miedo, sino de una paciencia depredadora.
—¿De verdad crees que un poco de metal y palabras antiguas pueden borrar cinco siglos de existencia? —la voz de Demon retumbó, haciendo que los cristales de la tienda estallaran hacia afuera.
Francois, de rodillas y atrapado entre su humanidad y la sed que Demon le había inoculado, jadeaba. Sus ojos dorados suplicaban una liberación que no llegaba.
El Error de Margaret
Margaret se lanzó hacia adelante, pero antes de que la daga pudiera tocar el pecho del vampiro, Demon se movió con una velocidad que el ojo humano no podía seguir. No la golpeó; simplemente la tomó por la muñeca con una fuerza que hizo que los huesos crujieran. La daga cayó al suelo con un tintineo metálico que sonó a derrota.
—No voy a matarte, Margaret —susurró Demon, acercando su rostro marcado por las quemaduras de plata al de ella—. Eso sería demasiado misericordioso. Quiero que veas. Quiero que seas el testigo eterno de cómo tu amor se convierte en mi mejor arma.
Demon soltó a Margaret y caminó hacia Francois. El joven levantó la vista, temblando. El vampiro extendió su mano, pero esta vez no había violencia en el gesto, sino una invitación absoluta.
—Francois, mira a tu "salvadora" —dijo Demon, señalando a una Margaret derrotada y herida—. Ella te ofrece una vida de vejez, de debilidad, de flores que se marchitan en un jarrón. Yo te ofrezco el control sobre el dolor. Te ofrezco ser el rey de este jardín de sombras, no su esclavo.
El Quiebre Final
Francois miró a Margaret. Vio su fragilidad, vio la sangre que corría por su antebrazo... y por primera vez, no sintió compasión. Sintió hambre. El vínculo de sangre que Demon había creado era demasiado profundo. La esencia del vampiro no era un veneno externo; ahora era la columna vertebral de la psique de Francois.
—Ven a mí, mi pequeño lirio —ordenó Demon.
Francois se levantó. Ignorando los gritos desgarradores de Margaret, caminó hacia Demon. Se detuvo frente a él y, en un acto de sumisión total, se inclinó y besó el anillo de obsidiana en la mano del vampiro.
—Soy tuyo —susurró Francois. Su voz ya no tenía el rastro de la dulzura humana; era fría, plana, perfecta.
Demon soltó una carcajada triunfal que pareció apagar todas las velas de la tienda. Miró a Margaret, quien yacía en el suelo, deshecha.
—Has perdido, Margaret. Pero como soy un anfitrión generoso, te permitiré quedarte. Alguien tiene que cuidar las flores mientras nosotros gobernamos la noche. Alguien tiene que recordarle a Francois lo que dejó atrás para que su placer sea siempre más dulce.
La Nueva Jerarquía
Demon no murió esa noche. Se instaló en el piso superior de la florería, transformándola en un templo de decadencia. Francois se convirtió en su consorte y su verdugo, un ser de una belleza aterradora que patrullaba las calles de San Jude buscando lo que su maestro necesitaba.
Margaret, atrapada por un hechizo de servidumbre psicológica y el amor que se negaba a morir, se quedó en la florería. Durante el día, atendía a los clientes, con la mirada vacía y los movimientos de un autómata. Por la noche, escuchaba los susurros de Francois y Demon en la habitación de arriba, un recordatorio constante de que su sacrificio no sirvió de nada.
Demon lo había conseguido todo: tenía a Francois bajo su ala de forma definitiva y tenía a Margaret como el trofeo de su victoria, la prueba viviente de que el amor mortal no es más que una chispa frente al incendio de una obsesión eterna.
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!