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El Velo Del Crepúsculo

El Velo Del Crepúsculo

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mundo de fantasía / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darany Jimenez

El equilibrio del mundo se fractura cuando fuerzas antiguas despiertan desde el Velo que separa las realidades.
Silvan y Amara no confían el uno en el otro, pero el destino los obliga a luchar juntos mientras los reinos los señalan como una amenaza.
Cuanto más intentan separarlos, más evidente se vuelve que su vínculo no es casualidad, sino parte de un diseño prohibido que podría salvar el mundo… o destruirlo.
Perseguidos, marcados y temidos, deberán decidir entre huir solos o permanecer juntos y enfrentar una convergencia que cambiará la realidad para siempre.
El mundo teme su poder.
Ellos temen lo que empieza a nacer entre ambos.
Y el Velo observa.

NovelToon tiene autorización de Darany Jimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6— El latido antiguo

El bosque no volvió a dormir.

Silvan lo comprendió en cuanto cruzó de nuevo la frontera del territorio elfo. No fue una sensación brusca, sino una conciencia gradual: el aire vibraba con una inquietud apenas perceptible, como una cuerda tensada que nadie se atrevía a tocar. Cada respiración traía consigo un eco distante, un pulso que no pertenecía al ritmo natural del lugar.

Las hojas susurraban entre sí con un compás irregular, intercambiando secretos que Silvan no alcanzaba a comprender. Las criaturas del bosque evitaban los claros abiertos, refugiándose en la espesura con una cautela instintiva. Incluso los insectos parecían medir sus movimientos, como si temieran perturbar algo que escuchaba.

Algo había cambiado.

Y el bosque lo sabía.

Silvan avanzó con cuidado, atento a cada sonido. Sus sentidos, entrenados durante años, le indicaban que aquello no era un peligro inmediato… sino una presencia consciente. No cazaba. No atacaba. No se manifestaba de forma directa.

Solo… esperaba.

El rastreador sintió cómo su propio paso se volvía más ligero, como si el suelo no quisiera ser perturbado. A cada metro recorrido, el peso invisible aumentaba, no como amenaza, sino como una presión antigua que exigía atención.

Al llegar a un antiguo círculo de piedras —un lugar que los rastreadores usaban como punto de reunión— el aire parecía espesarse. La temperatura descendió apenas lo suficiente para erizarle la piel.

Entonces las vio.

Marcas frescas en la tierra.

No eran huellas de animal ni de elfo. Eran surcos finos, irregulares, como si algo se hubiera desplazado sin peso, dejando un rastro que no alteraba la materia… sino su memoria. El suelo alrededor parecía desalineado, como si hubiera sido tocado por algo que no pertenecía del todo a ese plano.

Silvan se arrodilló y pasó la mano cerca de las marcas.

No tocó la tierra.

Sintió el eco del monolito.

Un pulso sordo le recorrió el brazo y se instaló en su pecho. Su respiración se volvió lenta. Aquello confirmaba lo que temía: lo que despertaron no estaba confinado al claro.

Se estaba extendiendo.

Y lo hacía con intención.

Un crujido rompió el silencio.

Silvan giró con rapidez, arco en mano. El bosque respondió a su tensión con un murmullo breve, como si aprobara su cautela.

Entre los árboles apareció Lyra, moviéndose con la agilidad de quien conoce cada raíz del terreno. Su expresión no era de alarma… sino de preocupación contenida.

—Te estaba buscando —dijo—. El consejo está inquieto. Los centinelas reportaron… cosas extrañas.

Silvan no bajó el arco de inmediato.

—¿Qué tipo de cosas?

Lyra miró alrededor antes de responder, como si el bosque mismo pudiera escuchar.

—Sombras que se mueven donde no deberían. Animales huyendo sin razón. Y… sueños.

Silvan frunció el ceño.

—¿Sueños?

—Sí —dijo ella—. Muchos elfos dicen haber visto el bosque ardiendo. No con fuego… Con memoria Árboles que recuerdan haber sido otra cosa. Senderos que no llevan al mismo lugar dos veces.

Las palabras lo atravesaron como un eco directo de su visión en el monolito. No era solo perturbación: era una reescritura lenta de lo que el bosque creía ser.

—¿Qué hiciste, Silvan? —preguntó Lyra, sin acusación, pero con urgencia.

Él sostuvo su mirada.

—Desperté algo que llevaba demasiado tiempo dormido.

Y al decirlo, comprendió que esa explicación era insuficiente… pero era todo lo que tenía.

Lyra no insistió. Confiaba en él lo suficiente para saber que la verdad podría emerger cuando fuera necesario. Por ahora, lo urgente era entender el alcance.

Un temblor suave recorrió el suelo.

No fue violento. Fue… deliberado.

Ambos levantaron la vista.

Las copas de los árboles se agitaron sin viento. Un pulso invisible atravesó el bosque, profundo y rítmico. Silvan lo sintió en el pecho: el mismo latido que había emanado del monolito.

El bosque respondía.

Raíces invisibles parecían acomodarse bajo la tierra. Las piedras del círculo vibraron con una resonancia grave, como si despertaran de un sueño milenario.

A lo lejos, un coro de aves nocturnas levantó vuelo al mismo tiempo, formando un remolino oscuro contra el cielo. No era pánico… era un desplazamiento. Como si se dieran espacio a algo que avanzaba sin necesidad de tocar el suelo.

Lyra tensó su postura.

—Eso no es natural.

—No —dijo Silvan—. Es antiguo.

El latido volvió a resonar.

Esta vez, el círculo de piedras emitió un brillo tenue. Runas olvidadas despertaron en su superficie, trazando líneas de luz que giraban lentamente. El aire se llenó de una vibración grave que no se escuchaba con los oídos… sino con el cuerpo.

Silvan sintió que el lugar intentaba comunicarse, igual que el monolito.

Imágenes cruzaron su mente:

Guardianes formando un círculo.

Un sello fracturando en silencio.

Un bosque convertido en frontera entre mundos.

Y algo presionando desde el otro lado… no con violencia, sino con paciencia infinita.

Comprendió entonces la verdad.

No habían despertado un enemigo.

Habían debilitado una barrera.

Y aquello que aguardaba no era invasor… era persistente.

Silvan se puso de pie de golpe.

—Tenemos que avisar al consejo —dijo—. Esto no es una amenaza aislada. Es… un desgarro.

Lyra asintió.

Pero antes de que pudieran moverse, el bosque quedó en silencio absoluto.

Ni viento.

Ni hojas.

Ni respiración.

El mundo pareció contenerse.

Y en ese vacío sonoro, una presencia se hizo sentir.

No tenía forma.

No tenía voz.

No proyectaba hostilidad… ni intención reconocible.

Era conciencia pura.

Ambos supieron, sin necesidad de palabras, que algo acababa de cruzar al otro lado del sello.

No caminó.

No emergió.

Simplemente… estaba allí.

El latido se detuvo.

Y por primera vez desde el despertar del monolito, el bosque… tembló.

No de miedo.

De reconocimiento.

Silvan y Lyra intercambiaron una mirada.

En sus ojos no había pánico.

Había certeza.

La historia que creían conocer estaba incompleta.

Y acababan de abrir su capítulo más antiguo.

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Mónica viviana Motta
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