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Ámame, Esposo Mío

Ámame, Esposo Mío

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Reencuentro / Completas
Popularitas:95
Nilai: 5
nombre de autor: ErKa

Camila era solo una joven de limpieza que cargaba con deudas, con una madre enferma y con la esperanza de sus hermanos menores sobre los hombros. Una noche, por una simple casualidad, se cruzó con el hombre que jamás debió mirar: Max Montenegro, el frío y poderoso director general de la empresa.

Un error cometido en la borrachera lo cambia todo. Max cree que un cheque cubre cualquier daño, pero semanas después descubre que la mujer a la que despreció lleva en su vientre a su hijo. Entre contratos firmados a la fuerza, una mansión llena de miradas de desprecio y una suegra que ya tiene elegida a la nuera perfecta, Camila tendrá que aprender a sobrevivir en un mundo que no es el suyo.

Mientras tanto, un rival encantador no deja de rondarla, la antigua prometida de Max regresa dispuesta a todo y el corazón de un hombre incapaz de pedir perdón empieza a latir donde nunca quiso.

Pero algunas heridas no se cierran con dinero, y algunos secretos pesan más que un apellido. Años después, el destino los obliga a cruzarse de nuevo, y esta vez hay un niño de ojos curiosos que tiene mucho que decir.

¿Puede un amor nacido del error ganarse una segunda oportunidad?

NovelToon tiene autorización de ErKa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 6 - No puedo aceptarlo

¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¡Era imposible casarse con esa mujer! No eran de la misma clase social, y además su familia jamás aceptaría semejante idea. Tampoco la amaba. Su corazón ya le pertenecía a otra.

P-pero tampoco podía pedirle que abortara. Le gustara o no, esa criatura era su hijo, sangre de su sangre. No iba a matar a su propio hijo, ¿verdad? Entonces, ¿qué hacía?

Clavó la mirada en su subordinado, exigiéndole una respuesta con los ojos.

—¿Tú qué opinas?

—Eh… en mi opinión, señor, lo mejor sería pedirle a esta mujer que interrumpa el embarazo. Después le daríamos una compensación adecuada…

—¡No estoy de acuerdo!

—¿P-por qué no, señor?

—¡Porque, se mire como se mire, es mi bebé! ¡No voy a matar a mi propio hijo! ¡Busca otra forma de resolver esto!

—E-está bien, señor… ¿Y-y qué hacemos con ella, señor?

—Llévala al hospital. Consíguele el mejor ginecólogo. Que le hagan todos los estudios. Que reciba la mejor atención. Al fin y al cabo, está esperando un hijo mío.

—Entendido, señor.

—Y no te olvides de encontrar la mejor manera de quedarme con ese bebé sin tener que casarme con ella.

—Sí, señor. Entonces, con su permiso, me retiro.

Gerardo se despidió y salió. De inmediato llamó a varios de sus subordinados y les ordenó llevar a Camila a un hospital sin despertar sospechas entre la gente de la oficina.

Camila abrió los ojos lentamente. El mareo se le había ido pasando poco a poco, y el cuerpo ya no le dolía tanto como recordaba. Echó un vistazo a su alrededor. ¿Dónde estaba? ¿Era una habitación de hospital? ¿Cómo había llegado ahí? Lo último que recordaba era que esa mañana estaba en la oficina. Había limpiado los baños e iba a subir al siguiente piso. Pero, de repente, en el elevador se había encontrado con aquel hombre cruel. Y luego había perdido el conocimiento.

¿Por qué estaba en un hospital? ¿Quién la había traído? No pudo haber sido ese hombre tan aterrador, ¿o sí? ¿Habrían sido sus compañeros de trabajo? Pero, a juzgar por la habitación, aquello no tenía nada que ver con las salas de tercer nivel que le correspondían con su seguro público. Era a todas luces una habitación carísima, exclusiva para gente rica.

Estaba sola en aquel cuarto tan amplio, que tenía de todo: un sofá grande, una televisión enorme, un refrigerador también grande y otras cosas que jamás habría en una sala de tercer nivel. ¿De verdad había sido aquel hombre cruel quien la había traído a ese hospital? ¿Por qué? ¿No era un hombre malo? ¿Por qué se portaba tan bien con ella? Era rarísimo.

Intentaba sentarse cuando la puerta se abrió. Con miedo, giró la cabeza para ver quién entraba. Eran aquel hombre cruel y su asistente. Camila se encogió de golpe; el miedo volvió a apoderarse de ella.

—Veo que ya despertó, señorita Alcázar. Parece el momento oportuno para que hablemos de todo.

Gerardo se acercó a la cama, mientras que Max prefirió sentarse en el sofá, lejos de ella.

—¿Q-q… qué pasa ahora?

Lo preguntó aterrada. No quería tener nada que ver con ese hombre ni con su asistente. Le entraba una angustia terrible cada vez que la buscaban. ¿Qué otro problema había ahora? Ella había cumplido su palabra. No había denunciado a aquel hombre ante la policía. Entonces, ¿por qué seguía buscándola? ¿Qué había hecho mal?

—Tranquila, señorita Alcázar. No tenga miedo. No vamos a hacerle daño. Solo hay algo que queremos hablar con usted.

—Y-yo no tengo nada…

—Se trata de su vida, señorita. Claro que tenemos algo de qué hablar.

Con paciencia, Gerardo intentó calmar a la muchacha que tenía enfrente. Sacó varias hojas y unas fotos de ultrasonido, y le puso las fotos en las manos.

—Señorita Alcázar, tal vez usted ya estaba enterada de este asunto y prefirió no decírnoslo.

—¿D-de qué asunto? Y-yo cumplí mi palabra. Y-y-yo nunca fui a la policía…

—Sí, sabemos que nunca nos denunció. Pero hay otra cosa que debió habernos informado. Si no se hubiera desmayado delante del director, quizá él nunca se habría enterado.

—¿Q-qué cosa debía informarles? —Camila empezaba a confundirse.

—No sé si está fingiendo o qué. Pero no tenemos tiempo para seguirle el juego. Mire, por favor, la foto que tiene en las manos.

Camila observó la imagen del ultrasonido. Sabía lo que era. En la preparatoria había visto algo parecido, y en internet había montones de fotos así. Era la imagen de un útero con un embrión adentro.

—E-esto es un útero y un em… embrión. ¿Q-qué quiere decir? —preguntó con el rostro lleno de confusión.

Esa expresión convenció a Gerardo de que no estaba fingiendo.

—Es el ultrasonido de su útero. Dentro de usted está creciendo un bebé. Usted está embarazada.

¡PUM!

Camila se quedó mirando a Gerardo, incrédula, en shock. Su expresión cambiaba una y otra vez. Intentaba asimilar la noticia, procesarla, pero no había manera de aceptarla.

—N-no puede ser… N-no puede ser que yo esté embarazada…

Lo negó con un hilo de voz, sacudiendo la cabeza, resistiéndose a la realidad que tenía frente a los ojos.

—U-usted debe estar equivocado. N-no es posible que y-yo esté embarazada… No puede ser.

Seguía negando con la cabeza. Las lágrimas empezaron a asomarle en las comisuras de los ojos.

—Puede negarlo con todas sus fuerzas y huir de la realidad cuanto quiera, señorita. Pero la realidad seguirá siendo la misma: está esperando un hijo de nuestro director.

—N-no… Y-yo no puedo estar embarazada, señor. ¿Q-qué va a pasar si mi mamá se entera? S-se va a sentir muy decepcionada, muy avergonzada. La gente la va a humillar. Y-yo no puedo estar embarazada, señor. No quiero decepcionar a mi mamá. No quiero avergonzarla. N-no quiero estar embarazada. ¡No quiero estar embarazada! ¡No quiero!

Hundió la cara entre las manos. Las lágrimas le corrían a raudales. Rompió a llorar a gritos, y empezó a balbucear cosas sin sentido.

—No quiero estar embarazada. No quiero a este bebé. No lo quiero. ¡Sal de mi cuerpo ahora mismo! ¡Sal!

Se golpeó el vientre una y otra vez, como si quisiera arrancar de ahí a quien lo habitaba. Al verlo, Max se abalanzó hacia ella como un rayo y le sujetó las manos.

—¡Si no quieres al bebé, dámelo a mí! ¡No lo lastimes con tus propias manos! —le gritó, sin soltarle las muñecas.

—¡Te odio! ¡Eres un monstruo! ¡Te odio! ¡Te odio!

Camila gritaba con todo el cuerpo sacudido por el miedo y la rabia a la vez. Le tenía pánico a Max, pero también lo odiaba y lo detestaba con toda el alma.

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