Florence es una chica común de 25 años estudiante de ultimo año de literatura.
Alfred Van-Hansen un viudo de 30 años, él primer ministro más joven de la historia, padre de dos niños pequeños que intenta por todos los medios ser un padre presente y ayudar a gobernar su país.
Un escándalo hace que la vida de ellos se encuentre y nos les queda más remedio que unir sus vidas por el bien de ambos. Pero hay dos condiciones que tambalean en la mente del Primer Ministro que reconsidera donde está puesto.
El amor llega donde menos te lo esperas.
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CAPITULO 4
El cuerpo del primer ministro se quedó de piedra al escuchar lo que Florence había mencionado en voz alta.
—¿Perdón?
Ella se incomodó, la valentía de hace un momento ya no estaba, ahora debía repetir la palabra en voz alta. Miro a la publicista y al Secretario que intentaban pasar desapercibido en la sala.
—Mencionaste que debemos llevar el matrimonio al pie de la letra así que yo quiero cumplirlo en todas las partes posibles.
La incomodidad era palpable en la sala.
—¿Entonces esa es tu petición? ¿Tener un hijo mío?
Florence se levantó y camino de un lado a otro, no era lo que había pedido y ni siquiera sabía cómo había llegado a esa conclusión.
—No ¿Porque llegaste a esa conclusión?—La mujer lo miro, incrédula. Quizás este era el objetivo del matrimonio
—Naturalmente llegan después de tu...petición.
Ella se río y el primer ministro sólo la miro exasperado, ¿Enserio estaba en la universidad?
—Si, pero te aseguro que podemos manejar aquello sin siquiera llegar al último paso. O eres del tipo de "Follo solo para procrear"
El carraspeo y la miró enojado.
—No se porque tengo este tipo de conversaciones contigo.
—¡Hey, detente! Pronto seremos marido y mujer y esto naturalmente se dará, si no quieres hablar ahora, lo entiendo, pero algún día tendremos que hacerlo. —Florence levantó los hombros en señal de rendición, si iba a estar en un matrimonio con un hombre tan guapo iba a aprovechar aquello.
Jamás en la vida hubiera podido conseguir a un hombre como Alfred y desaprovecharlo iba a ser un desperdicio.
Pero él pensó que ella lo estaba malinterpretando, el conocía perfectamente el protocolo pero en el corto tiempo que paso con su esposa disfrutando los placeres de unir sus cuerpos, ella había tenido a los chicos y luego había dejado este mundo para siempre.
Alfred entendía perfectamente a Florence, ella era joven, hermosa y con un futuro prometedor, el que le ayudara ya era un milagro así que si ella pedía sexo en el camino lo comprendía. Pero ella no sabía que había grandes probabilidades que al aceptar su condición también había grandes probabilidades que su corazón fuera en un paquete grande.
No te cierres a una nueva oportunidad, Alfred. Las últimas palabras de su esposa resonaron en su mente, ella había mencionado sus últimas palabras hacia él. Aunque le había prometido con lágrimas que jamás lo haría ahora compendia más allá de lo que se refería.
Cuidar a sus pequeños de cuatro años jamás había sido tan difícil, ellos crecían como la espuma y el se arrepentía día a dia dejarlos a cargo de las niñeras en vez de cuidarlos ellos mismos.
Pero se prometio mentalmente que si Florence era lo que prometía, iba a cambiar toda su vida, la de él y la de sus hijos.
—Acepto— dijo sin más.
Esta era una nueva oportunidad y por sus prejuicios no iba a dejar pasar, aunque sin buscarlo, el miedo llegó a la boca del estómago pensando lo peor. ml