"Para mi familia, mi peso era el tamaño de mi vergüenza. Para mi esposo, yo solo era un contrato que cumplir."
Elena siempre fue "la gorda" de la familia, el blanco de las burlas de su madre y la sombra de su perfecta hermana. Cuando las deudas de su padre alcanzan el límite, deciden venderla a un hombre que todos rumorean es un viejo decrépito y cruel.
Pero el destino tiene otros planes. El hombre que la espera en el altar no es un anciano, sino Thiago, un CEO tan frío como apuesto que solo se casó para heredar una fortuna. Entre el desprecio de su nueva familia y el desamor de un esposo que ama a otra, Elena llegará a su límite. Es hora de dejar de ser "la gordita buena" y demostrarles que, cuando el corazón se congela, la venganza es el mejor postre.
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Capitulo 21
La caída de Ricardo había dejado un vacío lleno de paz, pero las víboras heridas son las más peligrosas. En un departamento alquilado de mala muerte en los suburbios, Lucía Vallenari se miraba en un espejo roto, apretando los dientes. Frente a ella, Elena Del Valle, con el cabello desaliñado y las uñas descuidadas, bebía un té barato con amargura.
—Esa gorda nos lo quitó todo —siseó Elena, golpeando la mesa—. Mi marido en la cárcel, mi hija Rebeca llorando en un rincón y yo... ¡yo viviendo como una pordiosera!
—No por mucho tiempo, Elena —respondió Lucía, con una sonrisa gélida—. El público ama las historias de terror. Si no podemos recuperar a Thiago por las buenas, lo haremos por el escándalo. Vamos a decirle a la prensa la "verdad": que Yaneth usó artes oscuras, que lo tiene sedado o que el contrato matrimonial se firmó bajo coacción. Una "vendedora de seguros" que de la noche a la mañana es heredera y esposa de un magnate... nadie se lo va a creer sin sospechar.
—¿Insinúas que el matrimonio es ilegal? —Elena arqueó una ceja.
—Insinúo que vamos a destruir su reputación hasta que Thiago tenga que echarla para salvar su empresa. El hambre de la prensa hará el resto.
Mientras tanto, en la mansión Nova, el ambiente era radicalmente distinto. Thiago estaba en su estudio, pero no miraba balances. Miraba una pequeña caja de terciopelo azul. El susto de ver a Lucía y el dolor de Yaneth le habían enseñado que la vida era demasiado corta para esconderse tras un bloque de hielo.
Yaneth estaba en el jardín, revisando los planos de la "Fundación Regina". Llevaba un vestido ligero que ondeaba con la brisa, y su cabello caía libre sobre sus hombros. Ya no se escondía tras capas de ropa negra para disimular su cuerpo; ahora caminaba con la gracia de quien sabe lo que vale.
Thiago se acercó por detrás y, por primera vez, no hubo vacilación en sus pasos. Rodeó su cintura con suavidad y apoyó la barbilla en su hombro.
—Deja los planos por un momento, nena —susurró él. Su aliento cálido le erizó la piel.
—Thiago... estoy terminando de ver el área de las habitaciones —respondió ella, aunque su corazón ya estaba latiendo a mil por hora.
—La fundación no se va a escapar, pero esta noche sí —él la giró para que quedara frente a él. Sus ojos grises, antes tormentosos, ahora brillaban con una vulnerabilidad que desarmaba—. Quiero invitarte a una cita. Una de verdad. Sin negocios, sin firmas, sin cámaras. Solo tú y yo.
—¿Una cita? —Yaneth sonrió, incrédula—. ¿El gran Thiago Nova sabe lo que es eso?
—Estoy aprendiendo. Y tengo al mejor profesor de lo absurdo esperándote en la sala —dijo él, señalando hacia la casa.
Como si lo hubieran invocado, Fabián apareció en el umbral, con una cinta métrica alrededor del cuello y una expresión de éxtasis.
—¡Basta de romanticismo barato en el césped, que se me oxida la creatividad! —gritó Fabián—. ¡Yaneth, adentro ahora mismo! ¡Tengo tres horas para convertirte en una diosa del Olimpo que haga que las estrellas pidan permiso para brillar! ¡Thiago, tú vete a ensayar cómo se abre una puerta de coche con elegancia, que hoy vas a salir con la mujer más espectacular de este país!
La cita no fue en un restaurante lujoso lleno de gente. Thiago había alquilado un antiguo teatro privado, donde solo había una mesa servida en el centro del escenario, bajo la luz de un único foco que los hacía parecer los protagonistas de su propia película.
—Esto es... demasiado —dijo Yaneth, mirando las hileras de asientos vacíos y la orquesta que empezaba a tocar suavemente desde el foso.
—Es lo que te mereces —respondió Thiago, ayudándola a sentarse—. Durante mucho tiempo te hice sentir que este matrimonio era una carga. Quería que esta noche sintieras que eres lo único que importa.
Cenaron entre risas y confesiones. Yaneth le contó sus sueños de niña, cuando escribía historias en cuadernos viejos para escapar de los gritos de Elena. Thiago le contó cómo su padre lo presionó para ser el mejor, olvidando enseñarle a ser feliz.
—Yaneth —dijo él, tomando su mano sobre la mesa—. Sé que empezamos por las razones equivocadas. Sé que el contrato decía un año. Pero no quiero que termine. Nunca.
Se levantaron para bailar mientras la orquesta tocaba un vals lento. El contacto de sus cuerpos era eléctrico. Yaneth apoyó la cabeza en el pecho de Thiago, escuchando el latido rítmico de su corazón. Ya no era el "Diablo de Hielo"; era su refugio.
Él la tomó del mentón y la obligó a mirarlo.
—Te amo, Yaneth. No por el contrato, no por la herencia. Te amo porque me devolviste la vida cuando yo solo quería estar muerto por dentro.
El beso que selló esa promesa fue profundo, lento y lleno de una esperanza que ninguno de los dos creía posible semanas atrás. Estaban en su propia burbuja, sin saber que afuera, Lucía y Elena estaban a punto de soltar a los lobos.
Al día siguiente, la burbuja estalló. Fabián entró al comedor de la mansión con una tableta en la mano, gritando más fuerte que de costumbre.
—¡Hijos de su mal dormir! ¡Miren esto! —lanzó la tableta sobre la mesa—. ¡El portal de chismes "La Lupa" acaba de publicar una entrevista exclusiva con "la madre sufriente"!
El titular era amarillista y cruel: "EL EMBRUJO DE LA HEREDERA: Elena Del Valle rompe el silencio sobre cómo su hija Yaneth manipuló a Thiago Nova con pócimas y un contrato ilegal".
Debajo, una foto de Lucía llorando falsamente decía: "Ella me lo quitó todo, destruyó nuestra relación de años usando mentiras y documentos falsos".
Thiago miró la pantalla y su rostro se volvió de piedra. Pero esta vez, no fue el hielo el que regresó, sino el fuego de la protección.
—¡Esas víboras no saben con quién se metieron! —gritó Fabián, caminando de un lado a otro—. ¡Dicen que Yaneth le daba "gotitas" en el café para que él no pudiera pensar! ¡Por favor! ¡Si lo único que le da Yaneth es ganas de vivir, que es diferente!
Yaneth sintió un nudo en el estómago, pero sintió la mano de Thiago apretando la suya por debajo de la mesa.
—Déjalas que hablen —dijo Yaneth, con una calma que sorprendió a Thiago—. Si quieren un escándalo mediático, les vamos a dar una respuesta de alta sociedad. Thiago, ¿tienes esa conferencia de prensa para el lanzamiento de la nueva línea textil mañana?
—Sí —respondió él, con una sonrisa maliciosa empezando a formarse—. ¿Estás pensando lo mismo que yo?
—¡Ay, me encanta cuando se ponen en modo villanos elegantes! —exclamó Fabián—. ¡Mañana vamos a darles la bofetada con guante blanco más grande de la historia de la prensa! ¡Preparen las cámaras, que la señora Nova va a dar su primer discurso oficial!
La guerra mediática había comenzado, pero Lucía y Elena habían olvidado un detalle: Yaneth ya no estaba sola en el ring. Tenía al Diablo de su lado, y el Diablo estaba muy, muy enamorado.