El mundo terminó en menos de un mes.
Primero fueron los rumores: personas enfermas, ataques violentos, ciudades enteras aisladas.
Después llegó el silencio.
Las calles se llenaron de cadáveres caminando bajo la lluvia, las comunicaciones desaparecieron, y sobrevivir un día más se volvió un milagro.
Charlie nunca creyó necesitar a nadie. Fría, impulsiva y acostumbrada a huir de todo, aprendió rápido que el nuevo mundo solo recompensa a quienes son capaces de abandonar sentimientos.
Hasta que conoce a Tamara.
Tamara es completamente diferente: amable, inteligente, demasiado humana para un mundo muerto.
Y aun así… sobrevive.
Juntas atraviesan ciudades destruidas, hospitales infestados, carreteras cubiertas de sangre y grupos humanos mucho más peligrosos que los zombis.
Pero mientras el horror crece, también crece algo peor:
el amor.
Porque enamorarse en el fin del mundo significa descubrir un miedo nuevo.
No perder la vida.
Perder a la única persona que hace que todavía valga la pena vivi
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Hasta el Último Latido
Capítulo 23: Tú eres mi razón
Las palabras de Tamara quedaron suspendidas en el aire.
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—Por favor no me dejes sola.
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Charlie sintió algo romperse completamente dentro suyo.
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Todo el miedo.
Toda la culpa.
Toda la oscuridad que llevaba años cargando.
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Y en medio de todo eso…
Tamara.
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Siempre Tamara.
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Voss seguía con la mano extendida.
Esperando.
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Pero Charlie ya no estaba mirándolo a él.
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Solo la miraba a ella.
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Tamara tenía lágrimas acumuladas en los ojos.
Pero aun así no soltaba su mano.
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Y Charlie entendió algo finalmente.
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No quería sobrevivir sola.
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Nunca más.
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Lentamente dio un paso atrás.
Alejándose de Voss.
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Acercándose a Tamara.
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La expresión de Voss cambió apenas.
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—Charlie.
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Ella levantó la mirada.
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Y por primera vez en mucho tiempo…
no parecía rota.
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—No vuelvas a decir que puedes salvarme.
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Su voz salió baja.
Firme.
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—Porque tú fuiste quien me destruyó.
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Silencio.
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Los soldados tensaron las armas inmediatamente.
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Voss observó a Charlie varios segundos.
Después suspiró suavemente.
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—Qué decepcionante.
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Charlie agarró el bate con más fuerza.
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—Vete al infierno.
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Y entonces todo explotó.
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Uno de los soldados levantó el rifle.
Charlie reaccionó inmediatamente.
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Empujó a Tamara contra el suelo justo cuando comenzaron los disparos.
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Las balas atravesaron paredes y ventanas.
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Charlie agarró la mano de Tamara y ambas corrieron por el pasillo del hospital.
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Alarmas viejas comenzaron a sonar alrededor por los impactos.
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Voss caminaba detrás de ellas sin apurarse.
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Eso era lo peor.
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Parecía completamente seguro de que no podían escapar.
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—¡Bloqueen las salidas! —ordenó uno de los soldados.
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Charlie abrió violentamente una puerta lateral.
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Escaleras.
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Bajaron rápidamente mientras los disparos seguían detrás.
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Tamara apenas podía seguir el ritmo.
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Charlie respiraba cada vez peor.
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La sangre volvía a bajar lentamente por su costado.
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Pero no soltó la mano de Tamara ni una vez.
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Llegaron al sexto piso.
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Charlie abrió otra puerta.
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Laboratorios abandonados.
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Tubos rotos. Camillas oxidadas. Marcas de sangre vieja en las paredes.
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Y de inmediato…
Charlie se detuvo.
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No.
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No.
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Reconocía ese lugar.
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Tamara la observó alarmada.
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—¿Qué pasa?
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Charlie apenas podía respirar.
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Porque recordaba ese laboratorio.
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La habitación donde despertó atada.
La habitación donde escuchó gritos todas las noches.
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La habitación donde otros niños desaparecían y nunca volvían.
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Mierda.
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Tamara tomó suavemente su rostro.
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—Charlie. Mírame.
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Ella tardó unos segundos.
Pero finalmente levantó la vista.
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Y encontró a Tamara.
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Real.
Aquí.
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Eso la mantuvo cuerda.
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Pasos militares resonaron entrando al piso.
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Más cerca.
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Charlie observó rápidamente el laboratorio.
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Entonces vio algo.
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Un generador de emergencia todavía activo conectado a enormes tanques de oxígeno.
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Idea peligrosa.
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Perfecta.
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Charlie respiró profundo.
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—Tenemos que destruir este piso.
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Tamara abrió los ojos sorprendida.
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—¡¿Qué?!
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—Si explotamos los tanques podremos bloquear el hospital.
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Tamara observó la instalación rápidamente.
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La explosión sería enorme.
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Demasiado.
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Charlie comenzó a conectar cables arrancados mientras hablaba rápido.
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—Tienes que correr cuando te diga.
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Tamara sintió miedo inmediato.
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—No me gusta cómo suena eso.
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Charlie evitó mirarla.
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Eso empeoró todo.
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—Charlie.
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Silencio.
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Finalmente ella habló.
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Muy bajo.
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—Tal vez no salga de esta.
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El corazón de Tamara se rompió inmediatamente.
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—No digas eso.
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Charlie levantó apenas la mirada.
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Y ahí estaba otra vez.
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Ese miedo en los ojos de Tamara.
El miedo de perderla.
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Charlie sintió el pecho dolerle más que cualquier herida.
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Entonces caminó lentamente hacia ella.
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Muy cerca.
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Demasiado cerca.
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La tormenta iluminó el laboratorio por un segundo.
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Y Charlie finalmente hizo lo que llevaba evitando demasiado tiempo.
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Le acarició suavemente el rostro.
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Tamara dejó de respirar.
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Charlie habló casi en un susurro.
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—Tú eres la única razón por la que sigo aquí.
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Los ojos de Tamara se llenaron de lágrimas.
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Y antes de poder pensar…
la abrazó con fuerza.
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Charlie cerró los ojos inmediatamente.
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Porque nadie la había abrazado así en años.
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Como si quedarse viva realmente importara.
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Entonces—
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las puertas del laboratorio se abrieron violentamente detrás de ellas.
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Y Voss sonrió desde la entrada.
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—Qué conmovedor.