Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14
Hay presencias…
que no deberían sentirse.
Y cuando aparecen…
significa que algo…
ya salió mal.
El tiempo…
se detuvo.
No metafóricamente.
Literalmente.
El viento dejó de moverse.
El sonido desapareció.
Incluso la respiración…
se volvió pesada.
Y entonces…
lo vimos.
No llegó caminando.
No apareció de la nada.
Simplemente…
ya estaba ahí.
Frente a nosotros.
No tenía forma clara.
Ni rostro definido.
Pero su presencia…
era imposible de ignorar.
Era antiguo.
Demasiado.
—Demasiado pronto.
La voz volvió.
Más profunda.
Más lenta.
Como si cada palabra…
pesara siglos.
Nadie se movió.
Nadie habló.
Porque no podíamos.
—Esto no estaba previsto.
Nyra…
seguía en el centro.
Respiración agitada.
Pero firme.
—¿Quién eres…?
Su voz fue apenas un susurro.
Pero se escuchó.
La presencia…
no respondió de inmediato.
Como si la pregunta…
no fuera importante.
—Tú…
La voz cambió ligeramente.
Más… enfocada.
—No deberías haber despertado aún.
El aire se tensó.
—No lo hice a propósito.
Respondió Nyra.
Silencio.
—Eso no importa.
Mi cuerpo reaccionó.
Intenté moverme.
Pero no pude.
Nada podía moverse.
—Déjala.
Mi voz salió.
Forzada.
Pero firme.
La presencia…
se volvió hacia mí.
Y por primera vez…
sentí miedo real.
—Tú…
Pausa.
—Eres inestable.
El aire se volvió más pesado.
—Aléjate de ella.
—No puedo.
—Entonces morirás con ella.
El mundo…
se rompió en ese instante.
—No.
La voz de Nyra.
Más fuerte.
Más clara.
Y entonces…
algo cambió.
El tiempo…
volvió.
El viento regresó.
El sonido volvió.
El mundo…
respiró otra vez.
Y la presencia…
retrocedió.
Un paso.
—Interesante…
Silencio.
Total.
—Puedes influir…
—No debería ser posible…
—No sin entrenamiento…
—No sin guía…
Nyno se movió.
Pero tampoco retrocedió.
—No la toques.
Dije.
—No lo haré.
Respondió la voz.
Pausa.
—Aún no.
Eso…
no ayudaba.
—¿Qué quieres?
—Observar.
—Ya lo hiciste.
—No lo suficiente.
Silencio.
—Eres el punto de equilibrio…
—Pero aún no estás completa.
Nyfrunció el ceño.
—¿Completa?
—Te falta decisión.
El aire se volvió más frío.
—Ya decidí.
—No.
Pausa.
—Aún no has elegido.
Silencio.
Eso…
la dejó sin respuesta.
—¿Elegir qué?
La presencia no respondió de inmediato.
—Cuando llegue el momento…
—lo sabrás.
Eso…
era peor que cualquier respuesta.
—Aléjate.
Volví a decir.
—No soy tu enemigo.
—Eso dicen todos.
—Y casi todos mienten.
Silencio.
—Yo no.
Nydio un pequeño paso adelante.
—Entonces dime la verdad.
La presencia…
se detuvo.
—La verdad…
Pausa.
—es que tú decides quién sobrevive.
El mundo…
se volvió más pesado.
—No quiero eso.
—No importa.
—Entonces quítamelo.
Silencio.
Largo.
Profundo.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque no es poder.
Pausa.
—Es existencia.
Nybajó la mirada un segundo.
Pero solo uno.
—Entonces aprendo.
Eso…
lo cambió todo.
La presencia…
pareció reaccionar.
—Interesante…
—No voy a huir.
Continuó ella.
—No deberías quedarte.
—Pero lo haré.
Silencio.
—Entonces…
Pausa.
—veremos cuánto resistes.
El aire volvió a tensarse.
—No es una amenaza.
—¿Entonces qué es?
—Un hecho.
Mi energía reaccionó.
Instinto.
Protección.
—No te acerques.
La presencia…
no se movió.
Pero algo más sí.
Detrás.
A los lados.
En todas partes.
Más.
Muchos más.
Pero no eran como los otros.
Eran…
más antiguos.
Más reales.
—No vinieron solos…
Murmuró mi padre.
—Nunca lo hacen.
Respondió mi madre.
Nyme miró.
Y en sus ojos…
ya no había duda.
—Entonces empieza.
Silencio.
—¿Qué?
—Esto.
Y en ese momento…
lo entendí.
Esto ya no era una amenaza.
Era el inicio.
De algo que…
no podíamos detener.
El aire…
ya no pertenecía a este mundo.
Las nuevas presencias…
no se ocultaban.
No se movían.
Pero estaban ahí.
En todas partes.
Observando.
Midiendo.
Esperando.
—No es un ataque…
Murmuró mi padre.
—No.
Respondió mi madre.
—Es una evaluación.
Eso…
era peor.
Nyno retrocedió.
Ni un paso.
—¿Qué quieres probar?
Su voz fue firme.
Más de lo que debería.
El Antiguo frente a nosotros…
pareció reaccionar.
—Nada.
Pausa.
—Todo.
Silencio.
—No tiene sentido.
—Lo tendrá.
Y entonces…
se movió.
No hacia ella.
Hacia mí.
—¡No!
La voz de Nyra.
Pero ya era tarde.
El aire se comprimió.
Mi cuerpo se tensó.
Y en un instante…
no podía respirar.
—Veamos…
La voz del Antiguo.
—qué tan estable eres.
Intenté moverme.
Liberarme.
Pero no funcionaba.
Era como si algo…
estuviera sosteniendo mi existencia misma.
—Suéltalo.
Dijo Nyra.
—No.
—Déjalo.
—No.
—Te dije que no lo tocaras.
Silencio.
—No lo estoy tocando.
Y eso…
era verdad.
—Entonces suéltalo.
—No hasta que responda.
El aire desaparecía.
Poco a poco.
—¡GABRIEL!
La miré.
Con dificultad.
—Estoy…
bien…
Mentira.
—No lo estás.
—Lo suficiente…
El Antiguo inclinó ligeramente la cabeza.
—Interesante.
—Aún en el límite…
—elige proteger.
Mi energía reaccionó.
Instinto.
Rabia.
Miedo.
Todo junto.
Y explotó.
No controlada.
No dirigida.
Pura.
El impacto rompió la presión.
Me liberó.
Pero también…
hizo algo más.
Atrajo su atención.
Por completo.
—Ahí está…
—La grieta.
El aire se volvió más pesado.
—No…
Murmuré.
Porque lo sentí.
Otra vez.
Ese lado.
Federico.
—¿Ves?
La voz en mi cabeza.
—No puedes controlarlo…
—Cállate…
—Ellos también lo ven…
—¡CÁLLATE!
La energía volvió a elevarse.
Más oscura.
Más peligrosa.
—Gabriel…
La voz de Nyra.
—Detente…
Pero esta vez…
no fue suficiente.
Porque el Antiguo…
no lo detuvo.
Lo observó.
—Esto…
Pausa.
—es lo que rompe el equilibrio.
—No.
Dijo Nyra.
—Sí.
—No.
Dio un paso al frente.
—No es él.
Silencio.
—Aún no.
Respondió el Antiguo.
Eso…
no ayudaba.
—Suéltalo.
—No.
—Te lo estoy diciendo.
—Y yo lo estoy observando.
El aire vibró.
Nylevantó la mano.
Sin saber cómo.
Sin entender por qué.
Pero lo hizo.
Y el mundo…
respondió.
Una onda invisible.
Más fuerte que antes.
Más pura.
Más estable.
Golpeó.
Directo.
No al Antiguo.
A todo.
Y por primera vez…
ellos reaccionaron.
Retrocedieron.
Un paso.
Silencio absoluto.
—Interesante…
—Mucho más de lo esperado…
El Antiguo volvió a mirarla.
Pero esta vez…
diferente.
—Estás aprendiendo.
—No.
Dijo ella.
—Estoy decidiendo.
Silencio.
Eso…
lo cambió todo.
—Aún no.
—Sí.
El aire se tensó.
—Entonces elige.
El mundo…
se detuvo otra vez.
—¿Qué?
—Elige ahora.
—¿Qué cosa?
Silencio.
Y entonces…
la verdad.
—Él…
Pausa.
—o todo lo demás.
El tiempo…
se rompió.
—No.
—Sí.
—No voy a elegir eso.
—Tendrás que hacerlo.
—No ahora.
—Entonces después.
Silencio.
—Y cuando llegue ese momento…
Pausa.
—no habrá vuelta atrás.
Nyno retrocedió.
—Entonces lo enfrentaré cuando llegue.
El Antiguo la observó.
Largo.
Profundo.
—Veremos.
El aire cambió.
Otra vez.
Y las presencias…
comenzaron a desaparecer.
Una por una.
Sin ruido.
Sin rastro.
Pero antes de irse…
la voz volvió.
—No están listos.
Pausa.
—Pero ya no importa.
Y entonces…
se fueron.
El mundo volvió.
Otra vez.
Pero esta vez…
más pesado.
Más real.
Más peligroso.
Cuando se fueron…
no se sintió alivio.
Se sintió vacío.
El tipo de vacío…
que deja algo demasiado grande.
Demasiado peligroso.
Nadie habló.
Porque no había palabras suficientes.
Fui el primero en romperme.
Caí de rodillas.
El aire volvió…
pero no lo suficiente.
—¡Gabriel!
Nyllegó a mí en segundos.
—Estoy bien…
Mentira.
Otra vez.
—No lo estás.
—Puedo respirar…
—Eso no es estar bien.
Intenté levantarme.
Pero mi cuerpo…
no respondía como antes.
—Déjalo.
La voz de mi madre.
Más suave ahora.
—Su energía está inestable.
—Lo sé.
Respondió mi padre.
—¿Qué significa eso?
Preguntó Nyra.
Silencio.
—Que estuvo demasiado cerca.
El aire se volvió más frío.
—¿De qué?
—De perder el control.
Nyme miró.
Y esta vez…
sí hubo miedo.
—No…
—Sí.
—Pero no pasó.
—Porque estabas aquí.
Silencio.
Eso…
la golpeó diferente.
—Entonces no me voy a ir.
—No puedes.
—No quiero.
Intenté hablar.
Pero mi voz salió rota.
—No quiero que tengas que quedarte por eso…
—No lo hago por eso.
—Entonces ¿por qué?
Silencio.
—Porque te elijo.
Eso…
me sostuvo más que cualquier poder.
—Eso no es suficiente…
—Para ti no.
—Para mí sí.
Silencio.
—Y va a tener que ser suficiente.
Mi padre intervino.
—No lo será.
Los dos lo miramos.
—¿Qué?
—Lo que pasó hoy…
Pausa.
—no fue una advertencia.
Nytensó la mirada.
—Fue un aviso.
—¿De qué?
Silencio.
—De que el tiempo se acabó.
El mundo…
se volvió más pesado.
—No pueden forzarme a elegir.
Dijo Nyra.
—No lo harán.
—¿Entonces?
—La situación lo hará.
Eso…
era peor.
—No quiero perderlo.
Silencio.
—Entonces tendrás que aprender a sostenerlo.
—No sé cómo.
—Lo harás.
—¿Y si no puedo?
Silencio.
Largo.
Duro.
—Entonces todo cae.
Nycerró los ojos un segundo.
Cuando los abrió…
ya no era la misma.
—Entonces no voy a fallar.
Eso…
no fue una promesa.
Fue una decisión.
Me ayudó a levantarme.
—No te vayas.
—No lo haré.
—No ahora.
—No nunca.
Silencio.
Pero en el fondo…
sabíamos la verdad.
Ese momento iba a llegar.
Y cuando lo hiciera…
no habría forma de evitarlo.
—Tenemos que entrenar.
Dije.
Mi voz aún inestable.
Pero firme.
—Sí.
Respondió mi padre.
—Pero diferente.
—¿Cómo?
Silencio.
—Más rápido.
—¿Eso es buena idea?
Preguntó Nyra.
—No.
—¿Entonces?
—Es la única.
El aire volvió a sentirse pesado.
—Desde ahora…
continuó él,
—no hay margen de error.
—Nunca lo hubo.
Murmuró ella.
—Ahora menos.
Mi madre nos observó.
—Y no están solos.
Eso…
ya no tranquilizaba.
Porque ahora sabíamos…
que tampoco estábamos preparados.
Esa noche…
no terminó.
Solo cambió.
Porque lo que venía…
ya no era crecimiento.
Era supervivencia.