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Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Sinopsis: Un amor prohibido

Todo comenzó cuando empecé a ir a la casa de Juan Alcázar, mi mejor amigo. Al principio, todo era normal, hasta que comencé a mirar a su mamá con otros ojos. Ella era una mujer hermosa, madura y completamente diferente a todas las que había conocido. Sin darme cuenta, empecé a sentir algo que jamás imaginé sentir por la madre de mi mejor amigo. Intenté luchar contra aquellos sentimientos, pero el corazón no entiende de reglas ni de prohibiciones. Hasta que una mirada se convirtió en deseo y comenzamos a vivir un amor a escondidas, capaz de destruir nuestra amistad y cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Una mañana inesperada

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Eran las siete de la mañana cuando sonó mi despertador. Abrí los ojos, estiré los brazos y solté un suspiro al recordar todo lo que tenía pendiente ese sábado.

Tenía varias reuniones programadas para la mañana. La primera era una videollamada con unos proveedores de Bogotá para revisar un contrato de distribución; después debía reunirme con el equipo financiero para revisar los resultados del último trimestre y, finalmente, tenía una reunión con los directores de las diferentes áreas de mi empresa.

Ser la CEO no era solamente sentarse en una oficina a dar órdenes. Había que tomar decisiones, revisar documentos y estar pendiente de que todo marchara como debía.

—Bueno, Gabriela, ¡a levantarse, pues! Que el día no se va a organizar solito —murmuré mientras me levantaba de la cama.

Me arreglé un poco y bajé a la cocina para preparar el desayuno. Como Juan estaba de viaje con sus compañeros de universidad, la casa estaba bastante silenciosa. Sin embargo, recordé que no estaba completamente sola.

Joaquín seguía en la habitación de huéspedes.

Todavía me parecía increíble que hubiera llegado a mi casa a medianoche, completamente borracho, y que hubiera terminado confesándome que me encontraba hermosa.

—Ave María, este muchacho sí me salió con una cosa muy rara —dije mientras sacaba los huevos de la nevera.

Conocía a Joaquín desde hacía años. Era el mejor amigo de mi hijo, un muchacho al que había recibido muchas veces en mi casa y al que siempre había tratado con cariño. Jamás imaginé que llegaría a verme de otra manera.

De todas formas, no pensaba darle demasiadas vueltas al asunto. El muchacho había tomado demasiado y, en esas condiciones, era mejor no sacar conclusiones.

Preparé huevos revueltos, tostadas y café para mí. También dejé un vaso de agua y un poco de pan para Joaquín, pensando que seguramente despertaría con un dolor de cabeza tremendo.

Cuando terminé, miré el reloj.

Las siete y treinta.

Tenía que conectarme a la primera reunión dentro de media hora, así que decidí ir a revisar cómo seguía nuestro invitado.

Caminé hasta la habitación de huéspedes y golpeé suavemente la puerta.

—Joaquín, mijo, ¿ya se despertó?

No recibí respuesta.

Abrí la puerta despacio y lo encontré acostado, completamente cubierto con una sábana. Me acerqué para llamarlo otra vez.

—Joaquín, venga, despierte un momentico.

Cuando le toqué la frente, retiré la mano de inmediato.

—¡Ave María Santísima! ¡Este muchacho está ardiendo!

Tenía una fiebre muy alta. Su rostro estaba enrojecido y parecía demasiado débil para levantarse.

—Joaquín, ¿me escucha? —pregunté, preocupada.

Él abrió los ojos lentamente.

—Doña Gabriela... me duele todo el cuerpo, ome.

—Ay, mijo, ¿y desde cuándo se siente así?

—No sé... me duele la cabeza y tengo mucho frío.

Le acomodé la sábana mientras buscaba mi celular para pedir orientación médica. No quería asumir que todo se debía a la noche de tragos; una fiebre tan alta podía tener distintas causas y necesitaba que lo valoraran.

—Quédese quietico, Joaquín. Voy a buscar ayuda, ¿bueno?

—No se preocupe tanto, señora. Ya se me pasa.

—¡Cómo que no me preocupe! Usted está enfermo en mi casa y yo no lo voy a dejar así, ¿me entiende?

Él intentó incorporarse, pero se veía demasiado mareado, así que le pedí que no se levantara. Mientras conseguía asistencia médica, le ofrecí pequeños sorbos de agua, siempre que pudiera beber sin dificultad.

Después llamé a mi asistente para avisarle que tendría que aplazar las reuniones presenciales y pedirle que reorganizara mi agenda.

—Buenos días, Gabriela —contestó ella—. ¿Está lista para la reunión?

—Buenos días. Necesito que me ayude con algo. Tengo una situación en casa y debo atenderla. Por favor, comuníquese con el equipo financiero y reprograme la reunión para la tarde. La videollamada con Bogotá también tendrá que esperar.

—Claro que sí, doctora. ¿Todo está bien?

—Eso espero. Apenas pueda, le confirmo.

Colgué y regresé junto a Joaquín.

—Doña Gabriela, de verdad, qué pena con usted. Le dañé el sábado.

—Deje la bobada, hombre. Un sábado se puede organizar de nuevo. Lo importante es que usted se mejore.

Él me miró con los ojos entrecerrados y murmuró:

—Usted sí es muy buena conmigo.

—Pues claro, mijo. Usted es el mejor amigo de Juan y está en mi casa. Ahora vamos a concentrarnos en que se recupere.

Poco después, conseguí que recibiera atención médica para determinar la causa de la fiebre. Me quedé pendiente de las indicaciones y de que no empeorara.

Mientras lo observaba descansar, pensé en lo extraño que había sido todo desde la noche anterior.

Joaquín había llegado borracho, me había hecho una confesión inesperada y ahora estaba enfermo en mi habitación de huéspedes.

—¡Qué fin de semana tan particular, por Dios! —murmuré.

Y yo que pensaba dedicar el sábado entero a mis reuniones empresariales.

Lo que todavía no sabía era cómo iba a comportarse Joaquín cuando despertara completamente recuperado y recordara lo que me había dicho durante la madrugada.

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