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LA NOVICIA DEL PECADO

LA NOVICIA DEL PECADO

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Betsy Gómez

Isabella Dalmavere eligió una vida de fe, convencida de que su corazón había encontrado por fin un lugar al que pertenecer. Entre los muros de un antiguo convento, las oraciones y el silencio, creyó que podría mantenerse alejada de todas aquellas emociones que alguna vez despertaron su curiosidad por el mundo.

Hasta que conoció a Dorian Virelli.

Rico, elegante y acostumbrado a conseguir cuanto desea, Dorian nunca había encontrado una mujer capaz de despertar tanto su interés como aquella novicia de mirada dulce y voluntad inquebrantable. Isabella no se impresiona con su fortuna, no se deja seducir por sus palabras y, sobre todo, no está dispuesta a renunciar a sus convicciones por un hombre al que apenas conoce.

Pero Dorian no sabe aceptar una negativa.

Sus visitas se vuelven cada vez más frecuentes. Sus conversaciones, más personales. Y lo que comienza como una atracción inesperada se transforma en una obsesión que amenaza con derribar las barreras que Isabella ha construido alrededor de su corazón.

Él le pedirá una oportunidad una y otra vez. Ella se la negará, decidida a proteger la vida que ha elegido.

Hasta que Dorian tome una decisión que cambiará sus destinos para siempre: llevársela por la fuerza, arrancándola del único mundo que conoce y enfrentándola a una realidad que jamás imaginó.


Volumen 1 de la saga Virelli.

NovelToon tiene autorización de Betsy Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No estoy acostumbrado a perder

Dorian Virelli llevaba tres días intentando convencerse de que la joven del convento de Santa Lucía no tenía ninguna importancia para él. Había regresado a su residencia, retomado las reuniones de sus empresas y revisado los contratos que se habían acumulado durante su ausencia. Todo estaba en orden, exactamente como le gustaba. Sin embargo, cada vez que su secretaria le presentaba un documento, terminaba recordando los ojos color miel de Isabella Dalmavere y aquella manera tan serena de responderle, como si su apellido, su fortuna y su posición no significaran absolutamente nada. Lo irritaba no comprender por qué una conversación tan breve había conseguido instalarse en su cabeza con tanta persistencia.

Aquella mañana, mientras desayunaba en su despacho, encontró sobre el escritorio la carpeta de la restauración de Santa Lucía. La abrió, revisó los planos y llamó a su arquitecto para preguntarle cuándo debían regresar al convento. El hombre le recordó que la siguiente visita estaba prevista para la semana posterior, una vez que los proveedores confirmaran la entrega de los materiales. Dorian guardó silencio unos segundos.

—Adelántala. Iremos mañana.

—¿Mañana? Todavía no tendremos todos los materiales, señor Virelli.

—No he preguntado cuándo tendremos los materiales. He dicho que iremos mañana.

La llamada terminó poco después. Dorian dejó el teléfono sobre la mesa y se pasó una mano por el cabello, molesto consigo mismo. Tenía asuntos mucho más importantes que atender y, aun así, estaba modificando su agenda por una mujer que apenas conocía. Lo peor era que no sentía deseos de detenerse. Quería volver a verla, escuchar su voz y descubrir qué había detrás de aquella serenidad que tanto contrastaba con las personas de su entorno.

A la mañana siguiente, el automóvil de Dorian cruzó las puertas del convento antes de las diez. La madre superiora se sorprendió al recibirlo tan pronto, pero lo acompañó amablemente hasta el patio, donde varios trabajadores revisaban las medidas de la capilla. Dorian escuchó las primeras explicaciones sin demasiado interés. Su mirada recorría los senderos, las ventanas y los arcos de piedra, buscando una figura vestida de marfil. Finalmente la encontró junto a un rosal, recogiendo flores con una cesta en el brazo. Isabella estaba conversando con otra novicia y sonreía por algo que acababan de decirle. Dorian sintió una satisfacción inmediata al verla, seguida de un impulso absurdo: quería ser él quien provocara aquella sonrisa.

—¿La joven Dalmavere trabaja siempre en el jardín? —preguntó a la madre superiora.

—Cuando termina sus obligaciones en la biblioteca. ¿Necesita hablar con ella?

—Sí.

La religiosa le indicó que podía acercarse cuando terminara. Dorian no estaba acostumbrado a esperar por nadie, pero se quedó junto a la fuente, observando cómo Isabella terminaba su tarea. Cuando ella finalmente lo descubrió, su expresión cambió. No parecía disgustada, pero tampoco especialmente complacida. Se despidió de su compañera y caminó hacia él.

—Señor Virelli. No esperaba verlo tan pronto.

—Eso parece.

—¿Ha ocurrido algún problema con la restauración?

—No. He venido a verla.

La franqueza de la respuesta la dejó desconcertada. Isabella apretó suavemente el asa de la cesta antes de contestar.

—No creo que sea necesario visitarme para eso. Apenas nos conocemos.

—Precisamente por eso quiero conocerla.

—Pero yo no tengo ninguna razón para conocerlo mejor.

Dorian sintió que aquellas palabras le golpeaban el orgullo. Estaba acostumbrado a despertar interés, a que las personas buscaran su compañía y a que sus invitaciones fueran aceptadas sin demasiadas preguntas. Isabella, en cambio, lo miraba con educación, pero sin ofrecerle la menor señal de que su presencia le resultara especial.

—¿Siempre rechaza a las personas antes de conocerlas? —preguntó.

—No. Simplemente sé por qué estoy aquí y no quiero confundir mis propósitos.

—¿Y si le pidiera que me diera una oportunidad?

Isabella sostuvo su mirada.

—Le diría que no, señor Virelli.

Él guardó silencio. No esperaba una respuesta tan directa, y mucho menos que ella la pronunciara sin titubear.

—Ni siquiera lo ha pensado.

—No necesito pensarlo. He elegido este camino por voluntad propia.

Dorian miró el crucifijo que descansaba sobre su pecho y después volvió a sus ojos. Por primera vez, comprendió que no estaba compitiendo con otro hombre ni con una familia que pretendiera separarlos. Isabella simplemente no deseaba lo mismo que él. Y aquella certeza, en lugar de hacerlo desistir, despertó una obstinación que todavía no sabía controlar.

—No le estoy pidiendo que cambie su vida hoy —dijo, acercándose apenas un paso—. Solo quiero que me permita demostrarle que hay cosas que todavía no conoce.

—Y yo le estoy diciendo que no deseo esa oportunidad.

La respuesta cayó entre ambos con una firmeza que no dejaba espacio para interpretaciones. Isabella inclinó la cabeza a modo de despedida y regresó al jardín. Dorian permaneció inmóvil, siguiéndola con la mirada. Una parte de él le exigía marcharse, aceptar aquella negativa y continuar con su vida. Otra, mucho más insistente, se negaba a considerar que aquella fuera la última vez que intentaría acercarse a ella.

Durante el resto de la visita, Dorian estuvo irritable. Corrigió dos veces las medidas de una ventana, cuestionó una decisión del arquitecto y terminó la reunión antes de lo previsto. No estaba acostumbrado a que una mujer le cerrara la puerta antes siquiera de permitirle entrar, y el hecho de que Isabella lo hubiera hecho con tanta tranquilidad le resultaba casi insoportable.

Antes de subir al automóvil, miró una última vez hacia el convento. La vio detrás de una ventana, ordenando unos libros. Ella no pareció advertirlo.

—Volveremos la próxima semana —le indicó al conductor.

Pero mientras el vehículo descendía por el camino de cipreses, Dorian ya estaba pensando en regresar mucho antes.

No sabía todavía cuánto estaba dispuesto a arriesgar por Isabella Dalmavere. Tampoco comprendía que su necesidad de tenerla cerca podía llevarlo a cruzar límites que jamás había considerado.

Solo sabía una cosa: por primera vez en su vida, Dorian Virelli deseaba algo que no podía conseguir con una orden, un contrato ni una fortuna. Y no estaba preparado para renunciar a ello.

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Suleima Dominguez Guzman
te felicito autora excelente novela gracias por compartirla
mariela
Isabella ahora con la visita de de Dorian al convento es la prueba que le mando Dios para saber si su vocación es genuina para resistir a la tentación del amor terrenal.
ana luisa: hola Mariela te recomiendo la novela la mujer que no supiste amar leerla por favor muy buena
total 2 replies
Maya
Cuantos años tiene lucas
Suleima Dominguez Guzman
excelente novela me encanta cada capítulo te felicito autora
🇻🇪Mary Arrietas🇻🇪
me encantó la novela tiene un contenido que enseña y entretiene muy diferente a otras novelas exelente historia
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