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Me casé con un viudo mayor y me consiente cada día

Me casé con un viudo mayor y me consiente cada día

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Novia sustituta / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:32.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Raven Ayu

La descartaron como a un paquete devuelto.

Cuando la prueba de ADN reveló que Lara no era la hija de sangre de la poderosa familia que la crió, la enviaron al altar en lugar de la verdadera heredera: a casarse con un viudo de pueblo, mayor y con tres niños a cuestas. Debía ser un castigo. Debía ser el final de su vida.

Pero al otro lado de aquel portón de hierro no la esperaba un anciano pobre. La esperaba una casa que guardaba secretos, tres pequeños que llevaban demasiado tiempo pasando hambre… y un hombre que no era, ni de lejos, lo que todos decían.

Lara llegó dispuesta a sobrevivir. Nunca imaginó que ese matrimonio arreglado le daría lo único que jamás tuvo: alguien que la mira como si valiera el mundo entero, y la consiente cada día.

Mientras aprende a ser madre de tres corazones heridos y descubre quién es en realidad su esposo, los que la humillaron empezarán a tocar a su puerta. Unos por arrepentimiento. Otros, por codicia. Y Lara ya no es la muchacha a la que se podía reubicar a capricho.

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Capítulo 11: De regreso a Santa Rita

Una semana después de que doña Inés se fue, Adrián me invitó a volver a Santa Rita.

Dijo «volver», no «visitar». Esa sola palabra sencilla me dejó un buen rato de pie frente a la puerta de la cocina, con la llave todavía en la mano.

—¿Y los niños? —pregunté.

—Rafael y Bruno se quedan en casa de doña Sonia hasta la tarde. Sasa también va con ella. —Adrián subió un saco de arroz a la cama de la camioneta—. Ya les avisé.

En la cama del vehículo ya había dos cajas de aceite, azúcar, té, fruta, varios kilos de carne de res y bolsas con provisiones para la cocina. Cuando vi un sobre grueso metido en una bolsa de tela, volteé hacia él.

—Adrián, vamos a visitar a mis padres, no a poner una tienda.

—En su casa hay mucha gente.

—Igual es demasiado.

—No. —Cerró la cama de la camioneta—. Ya me demoré bastante en venir a conocer a mis suegros.

Su tono fue plano, como si la palabra «suegros» no me hiciera vibrar el pecho lo más mínimo. Me subí a las apuradas antes de que viera mi cara.

Santa Rita quedaba a solo dos pueblos de distancia, pero el camino era más angosto y estropeado que el de San Roque. La camioneta iba dando tumbos entre sembradíos secos, plantíos de yuca y una hilera de casas con paredes de bambú tejido. La casa de don Saúl estaba al final de un callejón de tierra, con techo de tejas viejas y un corredor donde apenas cabían dos sillas de plástico.

Doña Mina ya esperaba frente a la reja de bambú.

En cuanto me bajé, sus manos apretaron el borde de su pañuelo. Parecía querer abrazarme, pero se detuvo a un paso de distancia. La vacilación en su rostro me dolió más hondo que cualquier llanto.

—Pasa, mija —dijo en voz baja—. La casa es chica.

Yo la abracé primero.

Su cuerpo se puso rígido un instante, y luego sus dos brazos me rodearon la espalda. Le temblaban los hombros. Un olor a humo de leña y a aceite mentolado le impregnaba la ropa, ajeno y a la vez reconfortante.

—Madre —la llamé.

Su llanto se desbordó.

Don Saúl estaba de pie en el umbral, secándose los ojos con el dorso de la mano. Detrás de él estaban Aldo, mi hermano de sangre, que se ganaba la vida manejando un camión entre ciudades, su esposa Sara, y Nicolás y Mateo, con las caras tan parecidas que solo podía diferenciarlos por el color de la camiseta.

—Ya, no lloren afuera —dijo don Saúl con voz ronca—. Los vecinos van a pensar que aquí no les damos de comer.

La broma fue mala, pero logró hacernos reír en medio de las lágrimas.

Adrián saludó a don Saúl con las dos manos y una leve inclinación. No adoptó la actitud del dueño de una gran ganadería que llega a una casa desvencijada. Ayudó a Aldo a bajar todas las cosas, se negó a sentarse antes de que entrara el saco de arroz y luego le entregó el sobre a doña Mina.

—Esto es para el señor y la señora. No es pago de nada —dijo antes de que alcanzaran a rechazarlo—. Tómenlo como una parte de la fortuna de su hija y su yerno.

Don Saúl repitió una y otra vez que era demasiado. Adrián solo respondió:

—No es nada comparado con Lara.

Todos voltearon a mirarme.

Fue la primera vez que decía mi nombre delante de mi familia. Por lo común me llamaba «tú», o simplemente me sostenía la mirada hasta que yo entendía. Mi nombre sonaba distinto en su boca, más suave, pero con una firmeza total.

Bajé la cabeza y fingí ocuparme de acomodar la fruta.

Doña Mina cocinó un pollo de campo que, por lo visto, guardaba especialmente desde el día anterior. Sara sirvió un guiso de verduras con leche de coco, frituras de soya, salsa picante y el arroz más suelto que tenían. La mesa del comedor no alcanzaba, así que nos sentamos en el suelo de la sala, sobre una estera de fibra.

—Come bastante —dijo doña Mina. Puso un muslo de pollo en mi plato y luego pareció dudar si su gesto había sido demasiado atrevido.

Le devolví la mitad a su plato.

—Usted también, madre.

Se le humedecieron los ojos otra vez.

Aldo carraspeó.

—Mamá está así desde que supo que venías. Desde el amanecer que está cocinando.

—Hasta persiguió al pollo por todo el huerto y se cayó —agregó Mateo.

—Ese fue Nicolás —protestó Nicolás.

—Yo tengo la camiseta azul.

—Ahora tienes la roja.

Los dos se miraron y luego se rieron. Por primera vez me imaginé cómo habría sido mi vida si hubiera crecido en esta casa. Tal vez me quejaría del techo que gotea. Tal vez tendría que ayudar a doña Mina a vender frituras. Pero quizá también reconocería a mis dos hermanos sin fijarme en el color de la camiseta.

Aquella sensación de pérdida llegaba tarde y no podía cobrársela a nadie.

—Perdóname —dijo de pronto don Saúl—. Cuando supimos que habían intercambiado a las bebés, no teníamos dinero ni conocidos. La familia de Bernardo nos dijo que tú ya tenías buena escuela y una vida cómoda. Tuvimos miedo de que, si insistíamos, más bien te arruináramos la vida.

—Ni usted ni mi madre nos intercambiaron a propósito.

—Pero dejamos que vivieras tan lejos.

Le tomé la mano a doña Mina, áspera por el aceite caliente y el jabón de lavar.

—Yo también tardé mucho en volver. Así que estamos a mano.

Don Saúl agachó la cabeza. Aldo se pasó la mano por la nariz. Hasta Nicolás y Mateo dejaron de bromear.

A mi lado, Adrián no intentó consolar con grandes frases. Solo acercó el vaso de té a mi mano cuando vio que me temblaban los dedos.

La conversación pasó poco a poco a los planes de la boda. Doña Mina quería ayudar a coser el ruedo de mi vestido tradicional. Sara se ofreció a encargarse de los recuerditos para los invitados. Don Saúl repitió varias veces que no tenían con qué corresponder a los regalos de compromiso con una fiesta lujosa.

—No hace falta corresponder nada —dijo Adrián—. Lo que importa es que el señor y la señora estén presentes.

Don Saúl suspiró.

—Menos mal que del dinero de la petición de mano todavía queda algo. Sirve para los pasajes de la familia y para las cosas de Lara.

Volteé.

—¿Todavía queda algo?

Doña Mina pareció incómoda.

—Lo que nos dio la familia de Bernardo. Dijeron que era la parte que les tocaba a tus padres de sangre.

—¿Cuánto?

Mencionó una cifra que me cortó la respiración.

Aquella suma no llegaba ni a la mitad del monto que yo había visto en el comprobante de transferencia de Adrián a Bernardo. Lo recordaba con claridad porque Raquel me había mandado llevar la carpeta del compromiso a su despacho y luego me regañó cuando mis ojos, sin querer, captaron la cifra de la hoja de arriba.

—¿Pasa algo? —preguntó Aldo.

Miré de reojo a Adrián. Su mirada ya se había vuelto afilada, pero no se me adelantó.

—No —respondí—. Solo quiero confirmarlo para que después no haya ninguna cuenta equivocada.

No quería que el día de mi regreso se convirtiera en una pelea por dinero. Don Saúl y doña Mina llevaban demasiado tiempo cargando una culpa que no era suya. Así que me guardé la cifra en la cabeza, ayudé a lavar los platos y los abracé una vez más antes de irnos.

En el camino de regreso a San Roque, el sol ya se inclinaba sobre los sembradíos.

—Adrián —dije—, cuando pidió a Tania en matrimonio, ¿cuánto dinero de regalos de compromiso le entregó al señor Bernardo?

Mencionó la misma cifra que yo recordaba.

Mis dedos se cerraron con fuerza sobre la bolsa. Mi familia solo había visto una pequeña parte. Pero recordaba muy bien que el monto que Adrián había desembolsado era varias veces mayor que eso.

—Guarda tu pregunta por ahora —dijo Adrián, sin apartar la vista del camino—. Busquemos los registros antes de acusar a nadie.

Asentí. Eso era lo que yo quería: pruebas, no rabia. Pero las cifras rara vez mienten, y una diferencia tan grande no podía esfumarse así como así.

Entonces, ¿en manos de quién se había quedado el resto del dinero?

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Quica Romero
¿Y si lo que le gusta es poderle callar la boca a alguien?.☝️🙄 ¿Que?. 🤷‍♀️
Quica Romero
¡Ash!.😒🤦‍♀️ ¡Otro alacrán!.
°\🙄/-
Quica Romero
Y es que, "no hagas cosas que parezcan malas y sobre todo sospechosas. ☝️🧐
Quica Romero
Pero no estás dando solo discursos. 🤷‍♀️ Estás dando discursos con pruebas comprobables e irrefutables. ☝️🧐
Quica Romero
La que obra mal... ☝️😌 ¡Se le pudre el tamal!. °~😌~°😈😁😈😄😈😆😈😅😈😂😈🤣😈
Quica Romero
¡No!. ☝️🙂‍↔️ A eso se le llama NO mezclar negocios con la "familia. ☝️😌 Cuentas claras y el chocolate espeso. Así llegarás a viejo y con familia unida.☝️🧐
Quica Romero
Pues no ☝️🙂‍↔️ Ya que cada cocinero tiene su forma y sazón aunque sea la misma receta siempre va ha variar por el sazón que le da el cocinero. 🤷‍♀️🙎‍♀️😏
Y èso si, lo va a notar un buen cocinero y comensal.
☝️🧐 °~😌~°😉
Quica Romero
¡Otro alacrán al calzón!. °\🙄/°
Doña Inés... ☝️🙄 Tania... ☝️🙄 Su ex familia... 🖕🙄 Los nuevos tíos...🖕🙄 y... ¿Quién más se acumulara?. °~🫩~°
Acaso será...¿¡Yolanda!?.
°~🤨~°🤔🤦‍♀️
Quica Romero
¿Y por qué iba a tener tristeza la vieja cínica?. °~🫩~°
¡Vergüenza!, es lo que debería de tener ella y sus padres por rateros.°\🤨/°
¿Y su "nombre"?...¡Ya está en la boca de todos!. Por las acciones de su hija y por el cinismo y la falta de principios y moral de la familia al no devolver luego , luego la dote que su hija rechazó.°~😒~°
Así que...¡Entré cínicos y rateros no hay a quien irle!.
☝️😌👆🤷‍♀️🙎‍♀️
Quica Romero
¿Y para que?. °\😏/°
Si ellos solitos se están destapando de tanto calor. 😈😈°~😌~°😈😈😈😈😈😈😁
Quica Romero
¡Umm!. 😏 ¡Ya comenzó a salir la ropa sucia!. 🙎‍♀️ Destapa una coladera y comenzará a salir las verdades. 😈😏😈🤷‍♀️😈😈😈😈😈
Quica Romero
¡Ése, es problema suyo!.🤷‍♀️ Por no regresar un dinero que ya no les correspondía en el preciso momento que rechazaron la propuesta. °~🫩~°
¿Que mandó a otra persona?. 🤨 ¡Si!. Pero ésa es otra historia. ☝️🧐
¡Nueva prometida, nuevo compromiso! y ...°~🧐~°
¡Nueva administración y dirección!. 🤷‍♀️ Ya que la nueva prometida no viene sóla. ☝️🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¿Ella?. 🤨 ¿O acaso no fueron ustedes quiénes la mandaron ahí?. 😒 ¿A formar una "familia" nueva?. “\🫩/“
Entonces...¿Por qué tanta echada si ustedes mismos la forzaron con tanto chantaje emocional?. 🤷‍♀️
¡Solo están cosechando todo el "cariño" y consideración que le tuvieron todos esos años y no la conveniencia y egoísmo que buscaron cuando les sirvió de utilidad. 🤷‍♀️😒🙎‍♀️
Quica Romero
¡Ahórrate la mirada de "fusil cargado" que no te queda!. Cómo si la víctima hubieras sido tu. 😒🤷‍♀️🙎‍♀️
Quica Romero
¿De cuál familia, señora?. 🤷‍♀️
¿Sé refiere a su familia (hija, esposo y usted)... ¡Si, si es la misma bola de rateros de la que hablamos!.°\🤨/°
Porque, aunque la ratera de su hija fue la que se lo gastó...
¡El deber moral, es de los padres que aceptaron la dote!.
Así como la ratera de su hijita rechazo el compromiso... ¡Ustedes tenían que regresar el dinero,joyas y demás cosas que vino con la dote!.🫰🧐
Y aunque mandaron a su hija adoptada, el tratamiento no fue con ella. Y ella tiene familia biológica. Así que al cambiar de prometida automáticamente se transfiere íntegramente la dote, sin ninguna compensación ya que ellos rechazaron el compromiso.
Y todo ése argumento barato, no quita lo que son en realidad... ¡Una bola de rateros!.
Quedando así... ¡En familia!. Cómo lo dijo.°~🫩~°
Quica Romero
No es que la haya tomado sin permiso. 🤷‍♀️
Es porque no le pertenece porque no hubo ya un compromiso. Que fue para lo que se entregó. 🤷‍♀️
Y no fue como un sueldo ni adelanto de nada y mucho menos préstamo, ni regalo.
Así al no haber ningún compromiso con la susodicha tiene el deber moral y legal(más lo último) en regresarlo junto con los regalos, joyas y otras cosas que se les haya dado como dote. Ya al no hacerlo, se tomará medias ilegales. 🙎‍♀️
Quica Romero
Porque era de una dote para una novia que rechazó un enlace.
Y al rechazar ése compromiso, automáticamente esa familia que recibió esa dote, debe de regresarla íntegramente.☝️🧐
Ya que al no haber boda...¡No hay dinerito!.🫰💵💷💶💴
Quica Romero
¡Quiere la receta completa!. 🤷‍♀️🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¡Nada más!. 😒
La que se friega y parte el lomo es ella y ustedes solo la ganancia ¿no?. °\🤨/°
Quica Romero
¿Verdad?. °\🤨/°
¡Y no el mentado pollo con soya?.🤷‍♀️ Que si lo hace una vez más pronto les saldrá plumas. °~🫩~°
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