Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Familia Cartier 1
Los días tranquilos llegaron a su fin una semana después.
Aquella mañana, mientras Melody leía un libro sobre la historia del continente en la biblioteca, escuchó movimiento en el vestíbulo principal.
Voces.
Pasos apresurados.
Sirvientes recibiendo equipaje.
Coches deteniéndose frente a la mansión.
Levantó la vista del libro.
[¿Ya volvieron?]
Recordó entonces que sus padres habían estado fuera atendiendo asuntos comerciales.
Cerró el libro con cuidado.
Respiró hondo.
[Está bien.]
[Los conoces.]
[Bueno... Melody los conoce.]
[Son buenas personas.]
[Creo que todo saldrá bien.]
Se puso de pie y caminó hacia el gran salón.
Apenas cruzó el umbral, un elegante matrimonio acababa de entrar.
Él era un hombre alto de cabello oscuro salpicado por algunas canas prematuras, con una expresión seria que desapareció apenas vio a su hija.
Ella era una mujer de porte refinado y sonrisa cálida, cuyos ojos azules eran prácticamente idénticos a los de Melody.
Durante un instante, ninguno habló.
Entonces...
—¡Madre! ¡Padre!
Sin pensarlo, Melody sonrió ampliamente.
Incluso dejó escapar una pequeña risa cuando vio la cantidad de maletas que los seguían.
—Parece que compraron medio pueblo.
Sus padres se quedaron completamente inmóviles.
La madre abrió ligeramente los ojos.
El padre parpadeó varias veces.
Ambos se miraron en silencio.
[¿Qué ocurre?]
Melody comenzó a preocuparse.
[¿Dije algo raro?]
Pero, al segundo siguiente, su madre caminó rápidamente hasta ella.
—Melody...
La abrazó con tanta suavidad que parecía tener miedo de romperla.
—Qué alegría verte así...
Su padre sonrió con un alivio que no intentó ocultar.
—Hace mucho que no te escuchábamos reír.
Melody sintió un pequeño nudo en la garganta.
Los recuerdos de la antigua Melody aparecieron nuevamente.
Siempre silenciosa.
Siempre encerrada.
Siempre respondiendo con pocas palabras.
Nunca riendo.
Comprendió entonces por qué ambos estaban tan emocionados.
[No era normal...]
[Ella casi nunca sonreía.]
Correspondió el abrazo con cariño.
—Los extrañé.
No era una mentira.
Aunque apenas los estuviera conociendo, ya sabía cuánto habían amado a su hija.
Y era imposible no tomarles afecto.
Las sorpresas para el matrimonio Cartier no terminaron allí.
Aquella noche, cuando el mayordomo anunció que la cena estaba servida, ambos esperaban, por costumbre, que una bandeja fuera enviada a la habitación de Melody.
Así había sido durante años.
La joven evitaba comer frente a otras personas.
Siempre encontraba una excusa.
Siempre decía que no tenía apetito.
Siempre prometía que comería más tarde.
Pero aquella noche...
Melody apareció en el comedor.
Con un vestido azul oscuro y una tranquila sonrisa.
—¿Puedo sentarme?
Su madre casi dejó caer la copa que sostenía.
Su padre tardó unos segundos en responder.
—P... por supuesto. Esta también es tu mesa.
Melody tomó asiento con naturalidad.
Los sirvientes comenzaron a servir la cena.
Mientras tanto, sus padres seguían observándola discretamente.
La primera entrada llegó.
Melody tomó los cubiertos.
Comenzó a comer.
Con tranquilidad.
Sin esconder el plato.
Sin apartar la comida.
La madre bajó lentamente la mirada.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
El padre carraspeó suavemente antes de fingir interés por su sopa.
Pero la sonrisa que intentaba esconder lo delataba.
Melody los observó de reojo.
[Yo solo estoy cenando...]
[No pensé que fuera algo tan importante.]
Entonces recordó.
Para ellos sí lo era.
Durante años habían visto cómo su hija apenas probaba bocado.
Habían llamado a médicos.
A curanderos.
A especialistas.
Habían intentado convencerla con dulzura.
Con paciencia.
Con preocupación.
Y ahora...
La veían comer por iniciativa propia.
No podían estar más felices.
Con el paso de los días, Melody comenzó a compartir casi todas las comidas familiares.
Aquellos momentos terminaron convirtiéndose en su principal fuente de información.
Descubrió que la familia Cartier era una de las comerciantes más influyentes del reino.
Poseían rutas comerciales.
Astilleros.
Tierras.
Almacenes.
Y relaciones con nobles de distintos territorios.
Sin embargo...
Había algo que llamó especialmente su atención.
Una noche, durante la cena, Melody preguntó con aparente curiosidad.
—Padre... ¿Nuestra familia siempre ha vivido en Sunderland?
El hombre dejó el cuchillo sobre el plato.
—No. Los Cartier no nacimos aquí.
Melody fingió sorpresa.
—¿En serio?
Su madre sonrió.
—Tanto la familia de tu padre como la mia provienen del Reino de Forest.
Melody apoyó discretamente los codos sobre la mesa.
[¡Lo sabía!]
—¿Forest?
Su padre asintió.
—Está al otro lado del continente. De hecho... Más allá del Gran Océano Oriental. El viaje tarda varios meses incluso con los mejores barcos.
Melody abrió ligeramente los ojos.
[Tan lejos...]
Su madre comenzó a contar la historia que le habían transmitido sus abuelos.
—Mis abuelos me dijeron que Forest es un lugar muy distinto de Sunderland. Aquí la magia existe, pero la mayoría de las personas nunca llega a verla realmente. Aunque en los últimos años este reino esta despertando nuevamente la magia. En cambio, en Forest...
Sonrió con melancolía.
—Forma parte de la vida cotidiana.
Melody sintió que su imaginación comenzaba a desbordarse.
—¿Cómo es?
Su padre soltó una pequeña risa.
—Mi abuelo también me decía eso, la magia en Forest es algo único. Mucho más salvaje. Los bosques parecen no tener fin. Existen árboles cuya copa supera las montañas. Los ríos brillan por la noche debido al maná. Y las criaturas mágicas viven prácticamente en libertad.
Melody dejó los cubiertos.
Ya ni siquiera disimulaba su interés.
—¿Criaturas mágicas?
Su madre comenzó a enumerarlas.
—Dragones. Unicornios. Hadas. Grifos. Espíritus del bosque. Bestias que jamás verás en Sunderland.
El padre añadió..
—También existen muchas historias. Algunas hablan de hombres lobo. Otras de vampiros. Nadie sabe cuántas son ciertas.
Melody sintió que los ojos le brillaban.
[¡Esto es increíble!]
[¡Este mundo es muchísimo más grande de lo que imaginaba!]
Su entusiasmo era tan evidente que hizo sonreír a ambos padres.
—¿Te interesa la historia? —preguntó su madre.
—¡Muchísimo!
Respondió tan rápido que después carraspeó, intentando recuperar la compostura.
—Quiero decir... Me parece fascinante.
Su padre sonrió satisfecho.
—Mañana pediré que traigan algunos libros de nuestra colección familiar. Muchos hablan de Forest.
Melody casi respondió con un grito de alegría.
Consiguió contenerse en el último segundo.
—Me encantaría.
Aquella noche regresó a su habitación con varios pensamientos dando vueltas en la cabeza.
Se dejó caer sobre la cama.
Miró el techo.
[Forest...]
[Imagina vivir rodeada de dragones.]
[Hadas...]
[Unicornios...]
[¡Hasta hombres lobo y vampiros!]
Sonrió sin darse cuenta.
[Ojalá los Cartier nunca hubieran abandonado ese reino.]
Recordó entonces el final de la conversación durante la cena.
Su padre se había quedado unos segundos en silencio antes de explicar el motivo.
Hacía dos generaciones...
Sus abuelos habían sido acusados de traición contra el rey de Forest.
Nunca explicó exactamente qué ocurrió.
Solo que varias familias habían sido expulsadas del reino.
Obligados a comenzar una nueva vida en Sunderland.
Desde entonces, aunque conservaron su apellido, su fortuna y su influencia como comerciantes, dejaron de pertenecer a la nobleza de Forest y tampoco recibieron un título nobiliario en Sunderland.
Habían reconstruido su prestigio desde cero.
Melody dio media vuelta sobre la cama.
[Qué historia...]
Había pensado que aquella sería una simple novela romántica.
Pero cuanto más aprendía de ese mundo...
Más sentía que escondía incontables secretos.
Reinos lejanos.
Criaturas legendarias.
Familias exiliadas.
Viejas traiciones.
Y quizá...
Verdades que aún nadie se atrevía a contar.
Sonrió mientras abrazaba una almohada.
[Parece que esta historia es mucho más grande de lo que recordaba.]
[Y me encanta.]
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???