En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
NovelToon tiene autorización de ZUILIN T.R para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5: La prueba del "fantasma" y el silencio de la pantera
Capítulo 5: La prueba del "fantasma" y el silencio de la pantera
El reloj de la pared del departamento financiero marcaba las tres de la tarde, y Oleg apenas había levantado la vista de su pantalla. El volumen de trabajo de la constructora era abrumador. Facturas de proveedores de cemento, presupuestos de maquinaria pesada y nóminas de ingenieros se mezclaban en complejas hojas de cálculo. Para cualquier otro pasante de administración, el desorden inicial habría sido motivo de pánico, pero para Oleg, su instinto analítico de leopardo de las nieves había entrado en juego.
Con paciencia estoica, el omeguita desglosaba cada número. Sus orejas blancas y moteadas se movían sutilmente a izquierda y derecha, reaccionando al repiqueteo de su propio teclado. Sin embargo, estar expuesto en un cubículo abierto lo hacía sentir desprotegido; por ello, tenía su larga y gruesa cola invernal firmemente enroscada alrededor del soporte de su silla de oficina, usándola como un anclaje invisible para mantenerse enfocado. Cada vez que lograba cuadrar un balance difícil, un ronroneo sumamente bajo y casi inaudible vibraba en su pecho, acompañado de un ligero y feliz vaivén de sus orejas.
Desde el interior de la oficina de cristal opaco, unos ojos de color amarillo dorado seguían atentamente cada uno de sus movimientos.
Wú Zhìyuān no era un jefe fácil. Como pantera negra y alfa dominante, poseía un oído extremadamente agudo y un olfato implacable. Desde que el joven omega se había sentado afuera de su despacho, el aire del pasillo se había impregnado de un aroma sumamente limpio, como el aire helado que precede a una tormenta de nieve, con un sutil toque dulce. Era una fragancia que, extrañamente, lograba apaciguar el habitual temperamento huraño del alfa.
Zhìyuān se levantó de su asiento con una carpeta en la mano y caminó hacia la salida. Al abrir la puerta acristalada, el aroma de Oleg se intensificó. El alfa se acercó al cubículo a paso lento y completamente silencioso, una habilidad innata de los felinos de pelaje oscuro.
Oleg, concentrado en una celda de Excel, no lo escuchó venir. De repente, una densa y magnética sombra se proyectó sobre su escritorio, y el penetrante aroma a café amargo y madera oscura de Zhìyuān inundó su espacio personal.
El susto fue tan inmediato que los instintos de Oleg reaccionaron antes que su mente: sus orejas se aplastaron por completo contra su cabeza, soltó un tierno y ahogado bufido de sorpresa —un prusten lleno de timidez— y su pesada cola se soltó de la silla para subir de golpe, permitiéndole abrazarla contra su pecho como un escudo protector.
—Se-Señor Wú... —tartamudeó Oleg, con las mejillas encendidas en un vivo tono carmín y sus pequeños colmillos presionando su labio inferior al verse descubierto en una postura tan poco corporativa.
Zhìyuān mantuvo su rostro serio y huraño, pero sus ojos dorados bajaron un segundo hacia la enorme cola gris que el omega abrazaba con tanta fuerza, antes de regresar a la mirada asustada del muchacho. Cualquier otro empleado habría sido reprendido por ser tan asustadizo, pero la reacción de Oleg le pareció curiosamente genuina.
—Un analista financiero no puede perder la concentración de esa manera por un simple acercamiento, Oleg —dijo Zhìyuān con su voz profunda y grave, dejando caer la carpeta sobre el escritorio—. Si alguien del departamento de obras entra de golpe a exigir un presupuesto, no puedes simplemente esconderte detrás de tu cola.
—Lo siento mucho, señor... No volverá a pasar —disculpó Oleg en un hilo de voz, sintiéndose sumamente pequeño bajo la imponente estatura de la pantera. Sus manos comenzaron a amasar disimuladamente el espeso pelaje de su propia cola para calmar los latidos desbocados de su corazón.
—Como sea —cortó Zhìyuān, cruzándose de brazos, lo que hizo que sus hombros anchos se vieran aún más imponentes—. Vine a ver tu avance. Te di el trabajo de tres días para que lo terminaras hoy. ¿Cuánto has logrado procesar?
Oleg tragó saliva. Enderezó sutilmente la espalda, dejando que la determinación de su linaje tomara el control sobre su timidez. Con cuidado, giró la pantalla hacia su jefe.
—He terminado los balances de los dos primeros meses, señor Wú. Encontré un desfase del tres por ciento en el inventario de acero del informe anterior, así que ya lo corregí y lo vinculé con las facturas correspondientes. Estoy por terminar el último mes.
Zhìyuān arqueó una ceja. Se inclinó ligeramente sobre el escritorio para revisar los números. Su cercanía física hizo que el corazón de Oleg diera un vuelco, pero se obligó a mantenerse firme. El alfa analizó las complejas tablas de Excel; el trabajo era pulcro, detallado y perfectamente estructurado. No había un solo error.
La pantera negra guardó silencio durante unos segundos que a Oleg le parecieron eternos. Sus orejas moteadas se agitaron con una tremenda ansiedad, temiendo haber hecho algo mal.
—No está mal para ser tu primer día —declaró Zhìyuān finalmente, recuperando su postura erguida y su habitual expresión fría—. Al menos demuestras tener más cerebro que los pasantes anteriores. Termina el mes restante, déjalo en mi escritorio y puedes retirarte a casa.
El alfa se dio la vuelta y regresó a su oficina sin decir una palabra más, cerrando la puerta tras de sí.
Una vez solo, Oleg soltó un largo suspiro de alivio. Sus orejas volvieron a su posición normal, moviéndose con alegría y una inmensa satisfacción. No había necesitado el nombre de su padre, ni influencias, ni favoritismos; había captado la atención de su exigente y huraño jefe por sus propios méritos.
Apretando su esponjosa cola contra sí una última vez antes de ponerse a trabajar con renovada energía, Oleg sonrió para sus adentros. El jefe Wú Zhìyuān daba miedo, mucho miedo, pero también provocaba en el omeguita una extraña y emocionante necesidad de ganarse su respeto absoluto.