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El Juego De Las Apariencias

El Juego De Las Apariencias

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Enfermizo
Popularitas:322
Nilai: 5
nombre de autor: E.white Verdun

​¿Hasta dónde llegarías para sobrevivir en un mundo de mentiras?
​Elara Varela ha perdido su herencia y su dignidad a manos de su propia familia, pero tiene una última carta que jugar, un matrimonio arreglado con el hombre más poderoso y enigmático de la región. Damian Montecristo vive confinado a una silla de ruedas, rodeado de enemigos que acechan su imperio.
​Lo que nadie sospecha es que ambos guardan secretos letales. Elara oculta una mente brillante tras su fragilidad, y Damian esconde una fortaleza que desafía a la parálisis que todos creen real. En esta red de engaños, traiciones y ambición, lo único prohibido es confiar... y, sin embargo, es lo único que podría salvarlos.
​Bajo una misma máscara, la verdad es el arma más peligrosa.

NovelToon tiene autorización de E.white Verdun para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Verdades al descubierto

La noche cayó pesada y silenciosa sobre la mansión, solo rota por el viento que seguía soplando con fuerza entre las piedras antiguas. Elara esperaba sentada al borde de su cama, vestida con una bata ligera de tela suave, el cabello suelto cayendo sobre sus hombros, el corazón latiéndole con una mezcla de nerviosismo y expectativa que nunca antes había sentido. Cuando escuchó el leve toque en la puerta, se levantó despacio, olvidando casi por completo el dolor de su pierna.

Al abrir, Damian estaba allí. Ya no llevaba su chaqueta formal ni su postura rígida de siempre; la camisa oscura tenía los primeros botones desabrochados, y su mirada, aunque profunda y seria, ya no estaba protegida por aquel muro de indiferencia absoluta. Entró despacio, empujando su silla hasta quedar cerca de la chimenea donde aún brillaban las brasas.

—Gracias por confiar lo suficiente para venir —empezó ella con voz baja, cerrando la puerta con suavidad tras de sí, asegurándose de que nadie pudiera pasar ni escuchar.

—No he venido solo por confianza —respondió él con voz grave que llenó toda la estancia —sino porque ya no puedo seguir ocultándome ante la única persona que ha empezado a ver quién soy realmente detrás de todo esto. Y porque sé que tú también llevas cargas pesadas que nadie más conoce.

Hizo una pausa larga, mirando las llamas que se reflejaban en sus ojos grises, y por fin habló con total franqueza.

—Lo que todos creen es mentira. Hace tres años, mi propio tío, el hombre que debería haberme protegido, organizó un “accidente” para eliminarme y quedarse con todo el imperio familiar. Sobreviví, sí… pero comprendí que si todos creían que estaba inútil, roto, incapaz de valerme por mí mismo, bajarían la guardia. Así que fingí la parálisis. He aprendido a moverme con cautela, a ocultar mi fuerza, a observar todo sin ser visto… hasta tener pruebas suficientes para derribarlo a él y a todos sus cómplices. He esperado años para ese momento.

Elara lo escuchaba atenta, con el corazón apretado por la comprensión y la admiración creciente. Luego se acercó un poco más, apoyándose con delicadeza en el borde del mueble cercano, y reveló también su propia verdad.

—Mi padre murió muy pronto. Mi madrastra quería quedarse con cada bien que teníamos. Un día me empujó por las escaleras, diciendo que había sido un descuido mío… quedé herida tal como ves. Y luego, cuando ya no le servía, me ofreció a ti como moneda de cambio. Sabía que nadie se atrevería a cuestionar nada si yo parecía frágil y sin valor. He fingido ser tonta, caprichosa e inútil solo para sobrevivir y recuperar lo que es mío, y también para hacer pagar a quien me hizo daño.

Sus miradas se encontraron entonces, y en ese cruce hubo reconocimiento, compasión, pero también una chispa intensa que había estado creciendo en silencio desde el primer instante en que se vieron. Dos almas heridas, dos estrategas ocultos, ahora frente a frente sin nada más que esconder.

—Entonces ambos jugamos el mismo juego —murmuró Damian, y por primera vez una sonrisa pequeña, cálida y verdadera apareció en sus labios —Ambos necesitamos aliados fuertes y leales. ¿Te unes a mí, Elara? Juntos seremos invencibles. Nada ni nadie podrá detenernos.

—Me uno a ti —respondió ella con firmeza, dando un paso más cerca hasta estar casi a su altura — Pero hay algo más que ha estado creciendo entre nosotros más allá de las estrategias y las venganzas… ¿no es así?

El aire se volvió denso, cargado de una energía nueva y poderosa. Damian extendió lentamente la mano, rozando con suavidad la mejilla de ella; el contacto fue leve al principio, luego más seguro, y ella cerró los ojos disfrutando de esa calidez que recorría todo su cuerpo.

—Desde el primer momento en que te vi supe que eras diferente —susurró él, acercándose más— Que eras la única capaz de romper todas mis defensas y hacerme sentir vivo de nuevo. He intentado reprimirlo, negarlo… pero no puedo más. Te deseo con cada parte de mi ser, Elara.

Abrió los ojos y vio en los suyos una pasión profunda, sincera y arrolladora. Sin pensarlo más, ella se inclinó hacia él y sus labios se encontraron por fin, un beso lento, profundo, lleno de todo lo que habían callado, de anhelo, de ternura y de fuego contenido durante demasiado tiempo. Sus manos se entrelazaron, luego recorrieron cuerpos que temblaban de emoción; él, con una fuerza que ella apenas sospechaba, la atrajo hacia sí con cuidado, haciendo que se sentara sobre sus rodillas, sintiendo la solidez de su cuerpo, la calidez de su piel, la verdad absoluta de su capacidad y su deseo.

Las caricias se volvieron más audaces, más íntimas, guiadas solo por la confianza que acababan de nacer y la atracción irresistible que los unía. Se olvidaron de máscaras, de acuerdos, de peligros, entregándose el uno al otro en la penumbra cálida de la habitación, descubriendo que el refugio más seguro y dulce que habían tenido jamás estaban en los brazos de la persona que creyeron su extraño esposo. Cada roce, cada susurro, cada mirada sellaba no solo un deseo, sino una promesa de protección eterna y amor verdadero.

Cuando por fin se separaron un poco, abrazados fuertemente, con la respiración agitada y las miradas brillantes, Damian le acarició el cabello con infinita ternura y le habló con voz llena de determinación.

—A partir de ahora, nadie te hará daño nunca más. Estaremos juntos en cada paso, en cada batalla, hasta que hayamos recuperado todo lo que nos pertenece y hayamos borrado cada injusticia cometida contra nosotros. Y cuando todo termine… te daré todo lo que mereces y mucho más. Eres mía, Elara… y yo soy tuyo, completamente.

Ella apoyó la cabeza sobre su hombro, sintiéndose por fin en casa, segura y amada, mientras afuera la tormenta empezaba a disiparse, dejando ver las primeras estrellas tras las nubes. Sabían que lo que venía sería difícil, peligroso y lleno de trampas… pero ahora ya no caminaban solos, y el amor que acababa de nacer entre ellos sería su mayor fuerza y su mejor arma.

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