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Embarazada Del Magnate

Embarazada Del Magnate

Status: Terminada
Genre:CEO / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:865
Nilai: 5
nombre de autor: Luciara Saraiva

Júlia Fonseca siempre fue la guerrera silenciosa. Abandonada por su padre y criada por una madre que se desvivió para darle lo mínimo necesario, Júlia ahora enfrenta la pesadilla de ver a esa madre en coma, con las facturas del hospital acumulándose.

Para sobrevivir y mantener a su madre con vida, se lanza al mundo nocturno de Nueva York, consiguiendo trabajo como camarera en un club de lujo.

En su primera noche, atiende el área VIP y se cruza con un hombre impresionante: frío, misterioso, con una mirada que promete problemas. Todo se sale de control cuando alguien malintencionado echa una droga en la bebida que Júlia está a punto de servirle.

Llega el caos tras una fuerte discusión; él la obliga a beber la bebida alterada. El resultado es explosivo. Dominados por una atracción incontrolable y los efectos de la droga, Júlia y el extraño viven una noche intensa y sin barreras.

Ninguno de los dos imaginaba que ese encuentro sería el punto de inflexión de sus vidas para siempre.

NovelToon tiene autorización de Luciara Saraiva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Otávio no respondió al mensaje de Daniel. No era necesario. La eficiencia era su propia recompensa. Abrió el correo electrónico, leyó el resumen de Agenor Pereira en menos de un minuto y lo archivó mentalmente bajo la etiqueta "Candidato Fuerte, Pero Previsible". Un índice de éxito del 92% era excelente, pero la previsibilidad era un talón de Aquiles en el mundo de Otávio. Los mejores jugadores eran aquellos que sabían usar la sorpresa.

Se levantó y fue a tomar una ducha fría, el choque térmico un método habitual para limpiar la mente de cualquier vestigio de sueño o pensamientos inútiles – como el recuerdo incómodo de Júlia.

A las 11:25, Daniel estaba puntualmente en la sala del ático de Otávio, la carpeta de cuero firme en sus manos, respirando hondo para controlar la palpitación. Saulo ya estaba en la mesa, revisando una pila de informes de mercado con la misma expresión de tedio que Otávio cultivaba, pero con una ansiedad mal disimulada.

—¿Está listo para recibirme? — susurró Daniel a Saulo.

Saulo asintió, sin quitar los ojos del papel. — Tú eres el antídoto para su tedio en este momento, Daniel. Él está ansioso. Pero no te ilusiones, Otávio es muy perfeccionista.

Daniel tragó saliva.

Otávio bajó las escaleras vistiendo un traje gris plomo de corte impecable.

— Vamos a mi oficina.

Otávio entró en la oficina y sus dos amigos y que también eran empleados, entraron a continuación.

El café negro en una taza de porcelana era lo único sobre la mesa, además de Daniel y Saulo. No había siquiera un papel a la vista.

— Tráeme las opciones, Daniel — la voz de Otávio era fría y directa.

Daniel abrió la carpeta y sacó tres expedientes, colocándolos sobre la mesa en una fila organizada.

— Agenor Pereira es el primero, Otávio. El resumen ya lo has visto. Él es el Goliat, el nombre que el mercado espera que contrates. Pero, como has solicitado, tengo dos nombres más, con perfiles que se encajan en tu exigencia de "aplastar" oponentes, y que traen el elemento sorpresa.

Otávio observó a cada uno de los candidatos, su perfil, estatus y desempeño en la vida: Lucas Calderon y Suzana Viana. Dos abogados de alto nivel.

— Agenda una reunión con la doctora Suzana Viana para hoy mismo. Me gustó su perfil. Lucas Calderon también es un buen nombre así como Agenor Pereira, pero son abogados conocidos en el mundo de los negocios. Quiero un nombre nuevo, y Suzana se encaja perfectamente en ese perfil.

Daniel guardó los expedientes.

— Voy a contactarla ahora mismo. Pero dicen que es muy difícil tener un contacto con ella ya que es una mujer muy ocupada.

— Inténtalo Daniel. Creo que para mí, ella tendrá un tiempito -- Otávio exclamó confiado.

Daniel miró de Saulo a su jefe. — Sí, Otávio. Lo haré ahora mismo.

Daniel salió de la oficina y fue para la sala. La llamada tardó mucho en ser atendida, pero en fin, Suzana atendió: -- ¿Aló, quién es?

— ¿Doctora Suzana Viana? — Daniel preguntó, ansioso. — Sí, soy yo. ¿Qué desea? Voy diciendo que si es para agendar conmigo es preciso llamar para mi oficina durante la semana. Ese es mi número personal.

— Doctora Suzana, soy Daniel Alencar y soy el asistente personal del Sr. Otávio Davis, y él quería marcar aún para hoy una conversación con usted, pero por lo visto no será posible.

Suzana cambió rápidamente el tono de voz.

— ¿Otávio Davis? ¿Él quiere mis servicios? Todo bien. Dile a él que envíe la dirección que voy a conversar con él. Será muy bueno reverlo nuevamente.

Daniel quedó impresionado, Otávio era un galanteador nato. Él no quiso preguntar a Otávio sobre dar la dirección a Suzana, pero quería ser más eficiente y repasó la dirección completa para la abogada.

— Listo Daniel, dile a tu jefe que dentro de poco estaré en el apartamento de él.

La llamada fue cerrada. Daniel contó a Otávio las palabras de la abogada.

— Ustedes pueden ir, yo resuelvo esto con la abogada. Vamos a ver lo que ella tiene de mejor.

— Otávio, tú eres el tipo. Todas las mujeres se rinden a tu charme. Pero mudando de asunto, ¿por qué no resuelve esa cuestión con Miguel Fernandes de otra manera? Al final, tiene mucho dinero, renombre y poder para eso.

Otávio dio una sonrisa de escarnio, ajeitando la manga del traje.

— Miguel Fernandes no es un problema de dinero, Saulo. Es un problema de principio. Lo que está en juego es mi nombre, la credibilidad del Grupo Davis. Él cruzó una línea, y cuando alguien hace eso, la respuesta no puede ser apenas financiera. Tiene que ser total. Yo quiero que él sienta el peso de haberme desafiado, ¿entiendes? Quiero que él se arrepienta de haber intentado esa maniobra.

Él fitó al amigo, y la frialdad habitual en sus ojos dio lugar a un brillo intenso de determinación.

— Y para eso, necesito de alguien que no apenas gane, sino que destruya. Agenor Pereira haría el trabajo, sí, pero él juega por el libro. Necesito de un elemento de imprevisibilidad, de alguien que juegue con las reglas, pero que las estire hasta el punto de ruptura. Es por eso que Suzana Viana me interesa. Ella tiene la reputación de ser implacable, de no dejar sobras. Y la sorpresa, Daniel... la sorpresa es un arma poderosa.

Daniel, aún aturdido con la facilidad con que la abogada había cedido al pedido de reunión, apenas asintió.

— Entendido, Otávio. Destrucción total y sorpresa.

Saulo suspiró, pegando los informes de mercado que había dejado en la mesa de centro de la sala.

— Cierto. Ya que la abogada está a camino, voy a ver lo que consigo adelantar sobre aquella cuestión de la compra del Grupo Carter. Es bueno tener la cabeza fría mientras tú... se prepara para enfrentar obstáculos a camino.

Otávio apenas acenó con la mano, dispensándolos.

— Vayan. Y Daniel, por favor, mantenme a par de cualquier desarrollo con Lucas Calderon. Él puede ser un plan B, caso la Doctora Viana no sea tan eficiente cuanto el expediente sugiere.

Daniel y Saulo se retiraron, dejando Otávio solo en la oficina. Él pegó la taza de café, tomó un sorbo lento y amargo, y recostó en la silla de cuero de espaldar alto. El tiempo de la espera era corto.

El recuerdo de Júlia tentó invadir su mente nuevamente – la sonrisa, el jeito que ella lo miraba. Él la repelió con la misma rapidez con que había archivado el resumen de Agenor Pereira. Inútil. Previsible.

Una hora después, el sonido de la campana interrumpió la quietud. Otávio sonrió, una sonrisa genuína esta vez, el tipo que él reservaba para desafíos que prometían diversión.

— Puntual. Eso es un buen comienzo, Doctora Viana.

Él se levantó y caminó en dirección a la puerta del apartamento, listo para recibir a la abogada. Él esperaba una profesional de semblante austero, enfocado en el trabajo, tal vez un poco tensa. La última cosa que esperaba era lo que vio.

Suzana Viana estaba parada en la entrada, vistiendo un conjunto de seda azul marino de corte moderno e impecable. Ella no tenía la carpeta de cuero típica; en vez de eso, cargaba apenas una bolsa pequeña y elegante. Sus cabellos rubios estaban presos en un coque perfecto, y sus ojos, de un azul penetrante, no demostraban ansiedad ni tensión, sino una calma calculada. Y había una familiaridad innegable, un déjà vu en el aire que Otávio no conseguía situar de inmediato.

— Hola, Otávio. Es bueno ver que tú no has cambiado nada — dijo Suzana, con una voz grave e envolvente, extendiendo la mano para un apretón.

Otávio apretó la mano de ella, sintiendo la firmeza del toque. Él sintió un arrepío. La familiaridad no venía de la mirada de una profesional, sino de algo más profundo.

— Doctora Viana, por favor. Entre — él la condujo para la sala.

— Por favor, Otávio, sin formalidades. No después de todo ese tiempo.

Otávio la miró, confuso.

— Disculpa, pero... ¿ya nos conocemos?

Suzana rió, un sonido melodioso y un tanto sarcástico. Ella se sentó en el sofá de cuero que quedaba cerca de la ventana, cruzando las piernas con elegancia.

— Déjame actualizar a Daniel. Él debe haberse olvidado de incluir una nota crucial en mi expediente.

Ella apoyó los codos en las rodillas, se inclinó ligeramente y miró directamente para él, con una sonrisa de predador.

— Mi nombre es Suzana Viana y continúo soltera. Y para responder a su pregunta, sí, Otávio. Nosotros nos conocemos muy bien. En realidad, la última vez que nos vimos, tú estabas gimiendo duro encima de mí.

La sala quedó en un silencio absoluto. La sonrisa de Otávio se alargó: -- Ah, sí.. disculpa Suzana, son tantas cosas en la cabeza.. Pero eso es pasado. Te llamé aquí para un asunto más importante.

Otávio estaba sentado en poltrona al lado de la donde ella estaba sentada.

Suzana levantó y sentó en las piernas de él.

— Antes de cualquier conversación sobre sus asuntos, quiero sentirte de nuevo dentro de mí.

Otávio tragó en seco sintiendo el cuerpo arrepado.

Suzana lo besó suavemente esperando la reacción de él.

Otávio la quería, pero no en aquel momento. Él viró el rostro, respirando hondo.

— No vengas a bancar el difícil, no en mi frente. A no ser que usted no consigue levantar ese palo gostoso de nuevo para mí. Eso sería un desperdicio, al final, estoy mojadiña, sólo te esperando entrar.

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