En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
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Discusiones reales
Alejandro caminó rápidamente por los pasillos del castillo mientras Esteban lo seguía sin ganas de escucharlo.
Al entrar al despacho real, el rey cerró la puerta con fuerza.
—¿Hasta cuándo seguirás comportándote como un irresponsable?
Esteban soltó una risa cansada.
—Ni siquiera sé qué hice ahora.
—Todo el reino habla de tus apuestas, de las mujeres con las que sales y de los problemas que causas.
—Entonces el reino debe estar muy aburrido.
Alejandro golpeó el escritorio molesto.
—¡Eres el heredero al trono!
—Y ese es exactamente el problema.
El silencio llenó la habitación por unos segundos.
Esteban observó a su padre con seriedad.
—Nunca quise esa corona.
Las palabras sorprendieron al rey.
—Hablas como un niño caprichoso.
—No. Hablo como alguien que creció intentando agradarte sin conseguirlo nunca.
Alejandro desvió la mirada por un momento.
Desde pequeño, Esteban había sido presionado para convertirse en el futuro rey perfecto. Pero mientras más crecía, peor era la relación entre ambos.
—Algún día entenderás el peso que tiene gobernar —dijo Alejandro más calmado.
—Y algún día tú entenderás que no soy como tú.
El príncipe salió del despacho dejando al rey completamente frustrado.
Mientras tanto, Isabella ayudaba a Elena y a varios sirvientes con los preparativos del festival en el gran salón.
—Las flores deben ir cerca de las ventanas —ordenó Elena.
Lucía y Tomás corrían entre las mesas jugando con unas máscaras del festival mientras Samuel intentaba seguirlos.
—¡Devuélveme eso! —gritó Lucía persiguiendo a su hermano.
Por primera vez desde su llegada, Isabella observó un momento de tranquilidad dentro de la familia real.
—¿Siempre son así? —preguntó divertida.
Elena sonrió.
—Todo empeora cuando mi padre y Esteban están cerca uno del otro.
En ese momento, Camila de Verania apareció nuevamente en el salón acompañada por su padre.
La joven caminó directamente hacia Isabella.
—Escuché que eres hija de Ramiro Montenegro.
El ambiente cambió inmediatamente.
—Sí —respondió Isabella con tranquilidad.
Camila fingió una sonrisa.
—Mi padre decía que el duque Ramiro cometió errores muy graves.
Antes de que Isabella contestara, Emilia Montenegro apareció.
—Mi hermano fue un hombre honorable.
El duque Mauricio intervino rápidamente.
—No vinimos a discutir asuntos del pasado.
Pero Isabella notó la incomodidad de varios nobles cercanos.
La caída de los Montenegro seguía siendo un tema delicado en el reino.
Horas después, Isabella salió sola a uno de los balcones del castillo buscando tranquilidad. Desde allí podía verse gran parte de Valdoria iluminada por antorchas.
—Empiezo a pensar que huyes mucho de las personas —dijo Esteban apareciendo detrás de ella.
—Y yo empiezo a pensar que usted aparece en todas partes.
El príncipe apoyó los brazos sobre el balcón.
—Mi padre está insoportable hoy.
—Quizá tiene motivos.
Esteban la observó unos segundos.
—¿También piensas que soy un fracaso?
Isabella dudó antes de responder.
—Creo que eres alguien que intenta aparentar que nada le importa.
Por primera vez, Esteban quedó completamente en silencio.
Desde el pasillo oscuro, la reina Beatriz observó a Esteban e Isabella hablando en el balcón. Una leve sonrisa apareció en su rostro al tener una nueva idea.