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La Venganza De Los Beltrán

La Venganza De Los Beltrán

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Venganza / Completas
Popularitas:780
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Scarlett, Santiago y Ángel eran tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: el amor y la lealtad. Vivían una vida tranquila, lejos de problemas, en una casa humilde donde las risas de sus padres llenaban cada rincón. Scarlett era inteligente y valiente; Santiago, serio y protector; y Ángel, el menor, noble pero impulsivo. Nunca buscaron enemigos ni conflictos, pero una noche todo cambió. Unos hombres desconocidos entraron a su hogar y asesinaron brutalmente a sus padres frente a ellos. Desde ese instante, el dolor se convirtió en odio. Los tres hermanos hicieron una promesa sobre las tumbas de sus padres: encontrar a los culpables y cobrar venganza, aunque eso significara perderse a sí mismos en el camino.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5 La pelea con Karina

Esa noche la casa se sentía vacía.

Demasiado silenciosa.

Todavía podía oler el perfume de mi mamá en los muebles y escuchar la voz de mi papá en mi cabeza.

Pero ya no estaban.

Y sinceramente todavía no podía creerlo.

El velorio sería al día siguiente y todos estábamos destruidos.

Scarlett llevaba horas llorando encerrada en el cuarto. Santiago estaba afuera hablando con unos familiares mientras caminaba de un lado a otro como un loco.

Y yo…

Yo sentía una rabia tan grande dentro del pecho que casi no podía respirar.

Estaba en mi habitación poniéndome una camiseta negra cuando Karina entró despacio.

Tenía los ojos rojos de tanto llorar y el cabello ondulado desordenado.

Se acercó lentamente y me abrazó por la espalda.

—Amor…

No respondí.

Seguía mirando el piso.

Karina apoyó la cabeza contra mi hombro.

—Tiene que descansar un rato.

—No tengo sueño.

—Ángel…

Me solté del abrazo y seguí buscando cualquier cosa en el clóset solamente para no pensar.

Karina me miraba preocupada.

—Desde que pasó eso usted está raro.

Solté una risa seca.

—¿Raro? Obvio estoy raro, Karina. Mataron a mis papás.

Ella bajó la mirada inmediatamente.

—Yo sé…

El silencio volvió a llenar el cuarto.

Desde afuera se escuchaban voces de familiares llegando a la casa y gente llorando.

Karina volvió a acercarse.

—Amor… ¿en serio usted piensa vengarse?

Me quedé quieto.

Porque sinceramente esa pregunta llevaba horas sonando dentro de mi cabeza.

Lentamente la miré.

—Sí.

Ella abrió los ojos preocupada.

—Ángel…

—Sí pienso hacerlo.

Karina negó con la cabeza rápidamente.

—Pero amor, usted no es así.

Sentí la rabia subirme inmediatamente.

—¿Y cómo quiere que sea entonces?

—No sé… pero usted no es malo.

Solté una carcajada amarga.

—¿Malo? ¿Y los que mataron a mis papás qué?

—Yo no estoy defendiendo a nadie…

—Entonces no me diga cómo reaccionar.

Karina respiró profundo intentando mantener la calma.

—Yo solamente no quiero que usted se pierda por culpa de la rabia.

Me acerqué más a ella.

—¿Y qué quiere que haga? ¿Quedarme quieto?

—Quiero que piense.

—¡YA PENSÉ!

Ella se asustó un poco cuando levanté la voz.

Pero sinceramente en ese momento sentía la cabeza explotándome.

Karina volvió a hablar despacio.

—Ángel… la venganza no le va a devolver a sus papás.

Apreté los puños.

—Pero sí me va a dar paz.

—No.

—Sí.

—No, amor. Eso solamente va a traer más dolor.

La miré con rabia.

—Usted no entiende nada.

Karina frunció el ceño.

—Claro que entiendo.

—No entiende un carajo.

Ella retrocedió sorprendida.

—No me hable así.

Pasé una mano por mi cara respirando fuerte.

—Perdón… pero estoy cansado de que todo el mundo me diga qué hacer.

Karina también empezó a alterarse.

—¡Porque le estamos intentando ayudar!

—¡Nadie puede ayudarme!

—¡Entonces qué piensa hacer!

La miré directamente.

—Buscar a esos hijueputas.

El cuarto quedó en silencio.

Karina tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Ángel… eso da miedo.

—A mí también me da miedo.

—Entonces no lo haga.

Negué con la cabeza.

—No puedo quedarme quieto sabiendo que ellos siguen vivos.

Karina se acercó otra vez.

—¿Y si le pasa algo a usted?

No respondí.

Porque sinceramente esa posibilidad también estaba en mi cabeza.

Ella tomó mis manos.

—Míreme.

La miré.

—Yo no quiero perderlo también.

Sentí un nudo horrible en el pecho.

Karina empezó a llorar.

—Primero fueron sus papás… ¿y después qué? ¿Usted? ¿Santiago?

Apreté la mandíbula.

—Nosotros sabemos cuidarnos.

—¡No son invencibles!

Su voz se quebró completamente.

—Ángel, yo lo amo demasiado…

Eso me destruyó un poco por dentro.

Porque sabía que ella hablaba desde el miedo.

Pero la rabia dentro de mí era más fuerte.

Me alejé caminando hacia la ventana.

—Ellos merecen pagar.

Karina secó sus lágrimas.

—Sí, pero no con sangre.

—¿Entonces cómo?

—Con la policía.

Solté una risa amarga.

—¿La policía? ¿En serio cree que ellos van a hacer algo?

Ella se quedó callada.

Porque en el fondo sabía que yo tenía razón.

Me giré hacia ella.

—Mi papá ya sabía que algo raro estaba pasando y nadie hizo nada.

Karina bajó la mirada.

—Pero usted puede terminar muerto.

—Prefiero eso a quedarme como un cobarde.

Ella levantó la mirada inmediatamente.

—¡Usted no es un cobarde por no matar a alguien!

—¡Sí lo soy si dejo esto así!

Karina empezó a llorar todavía más.

—Ese no es usted…

Sentí el pecho ardiendo.

—Pues ahora sí.

—No.

—¡Sí, Karina!

Golpeé la pared con rabia.

Ella se asustó.

Y sinceramente yo también.

Porque nunca había reaccionado así con ella.

Me quedé quieto respirando fuerte mientras Karina me miraba con lágrimas.

Después habló bajito.

—Lo están cambiando.

Sentí algo romperse dentro de mí.

Porque tal vez tenía razón.

Tal vez el Ángel tranquilo ya no existía.

Tal vez murió junto con mis padres.

Karina caminó lentamente hasta mí.

—Amor… todavía estamos a tiempo de hacer las cosas bien.

La miré cansado.

—¿Y qué son las cosas bien?

—No destruirse usted también.

Cerré los ojos unos segundos.

Pero cada vez que lo hacía veía los cuerpos de mis padres tirados en el suelo.

La sangre.

Los disparos.

Los gritos de Scarlett.

Y toda la rabia volvía otra vez.

Abrí los ojos lentamente.

—No puedo olvidar eso.

Karina tomó mi rostro entre sus manos.

—No le estoy pidiendo que olvide.

—Entonces no me pida perdonar.

Ella lloró en silencio unos segundos.

Después habló.

—¿Y si un día no vuelve?

Esa pregunta me dejó completamente quieto.

Porque sinceramente no tenía respuesta.

Karina apoyó su frente contra la mía.

—Yo no quiero quedarme sola.

Sentí ganas de llorar también.

Pero la rabia era más fuerte que todo.

—Esto ya no se puede detener.

Ella negó con la cabeza.

—Claro que sí.

—No.

Karina cerró los ojos llorando.

—Tengo miedo, Ángel…

La abracé fuerte inmediatamente.

Y ahí fue cuando entendí algo.

No solamente nos habían quitado a nuestros padres.

También nos estaban quitando la tranquilidad.

La vida que teníamos.

La paz.

Karina seguía abrazándome mientras lloraba bajito.

—Prométame que no va a hacer una locura.

No respondí.

Porque sinceramente…

No podía prometer algo que tal vez no iba a cumplir.

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