Dieciocho años han pasado desde que un collar de luna y un león de ónix sellaron un destino en la terraza de la Torre Vane. Lo que comenzó como una conexión infantil en medio de una guerra de mafias, se ha transformado en algo mucho más oscuro y complejo.
Aria Vane ya no es la bebé que buscaba refugio en los brazos de Eithan Smirnov. Ahora es una mujer con la inteligencia gélida de su padre, Killian, y la belleza indomable de su madre, Elara. Pero para Eithan, el heredero de la Bratva italiana, ella sigue siendo su única prioridad, su "Luna". Y el León está listo para reclamar su trono.
Tercera parte de:
__Mis hijos hackearon al CEO
__Heredero del pecado
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Capítulo 15: Humo, Besos y un Bigote en el Suelo
La mañana en la mansión Vane comenzó con una calma engañosa. En la sala de juntas, la pantalla gigante estaba encendida. Evans y Edans intercambiaban miradas traviesas mientras Vera y Nadia sostenían baldes de palomitas de maíz como si estuvieran en el estreno de un éxito de taquilla.
—Familia, antes de analizar los datos de Cassandra Forrest, hay un archivo de seguridad que deben ver —anunció Evans con una seriedad fingida—. Lo llamamos "Operación Croqueta".
En la pantalla apareció Killian, vestido de camarero, peleándose con una bandeja de champán y tratando de pegarse el bigote falso mientras perseguía a Ethan y Aria por todo el salón del Plaza. La imagen de Killian tropezando con el vestido de una duquesa provocó que Damián y Mijail estallaran en una carcajada que sacudió los cimientos de la casa.
—¡Mírate, Killian! —gritó Damián, secándose las lágrimas—. ¡Ese bigote parece una oruga moribunda! ¡Eres el peor espía de la historia!
—¡Fue un error táctico del pegamento! —rugió Killian, entrando en la sala con el rostro rojo de la vergüenza—. ¡Evans, borra eso ahora mismo o te mando a vivir a un servidor en la Antártida!
Killian, buscando una excusa para desviar la atención, miró hacia el gran ventanal que daba al jardín trasero. Su cara pasó de rojo a un tono morado oscuro en un segundo. Sus ojos se abrieron tanto que parecían salirse de sus órbitas.
Afuera, bajo la sombra de un gran roble, Ethan tenía a Aria contra el tronco. No era un beso casto; era el beso de un hombre que reclamaba lo que era suyo. Las manos de Ethan estaban enredadas en el cabello de Aria, y ella lo rodeaba por el cuello, perdida en el momento, ignorando que todo Nueva York (y su padre) podía verlos.
—¡No... no... NO! —Killian empezó a hiperventilar, señalando hacia afuera con un dedo tembloroso—. ¡Mírenlo! ¡Se la está tragando viva! ¡Ese Smirnov está profanando mi jardín!
Killian corrió hacia el ventanal y empezó a golpearlo con ambos puños, gritando cosas que el vidrio blindado no permitía escuchar.
—¡Smirnov! ¡Suéltala! ¡Diez metros de distancia! ¡Llamaré al ejército!
Elara se acercó a su esposo con una calma exasperante, sosteniendo una taza de té. Miró por la ventana, viendo la pasión evidente entre los jóvenes, y luego miró a Killian con una sonrisa pícara.
—Cálmate, Killian —dijo Elara suavemente—. Solo se están amando. Deberías estar feliz de que Aria haya encontrado a alguien que la mire como tú me miras a mí.
—¡No es lo mismo! —chilló Killian—. ¡Él es un lobo! ¡Ella es mi pequeña niña que jugaba con muñecas!
—Bueno, Killian... —añadió Elara, acercándose a su oído para que solo él la escuchara, pero con un tono que Alessandra y Damián pudieron captar—. Odio decirte esto, pero a tu "pequeña niña" anoche en las Bahamas... le apagaron el humo de la chimenea.
El silencio en la sala fue absoluto. Damián casi se atraganta con su habano y Leo se tapó la boca para no gritar. Killian se quedó paralizado, procesando la frase. Sus ojos se fijaron en Elara, luego en la ventana, y luego en el vacío.
—¿El humo...? ¿La chimenea...? —susurró Killian. De pronto, la comprensión lo golpeó como un camión—. ¡¿DICES QUE ELLOS...?! ¡¿EN MI PROPIA ISLA?! ¡¿BAJO MI PROPIA CASA?!
Killian soltó un grito de guerra que asustó hasta a los perros de seguridad y salió disparado hacia la puerta del jardín.
—¡SMIRNOV! ¡PREPÁRATE PARA CONOCER A TUS ANTEPASADOS! —gritaba mientras corría por el césped, todavía usando sus pantuflas de seda.
Afuera, Ethan y Aria se separaron justo a tiempo para ver a un Killian furioso corriendo hacia ellos como un toro enfurecido.
—¡Corre, Ethan! —rió Aria, tomándolo de la mano—. ¡Mamá debió decirle algo sobre lo de la isla!
—¡No me arrepiento de nada! —gritó Ethan, aunque empezó a correr junto a Aria hacia el área de los establos—. ¡Vale la pena morir por ese beso, Luna!
Desde el balcón, Alessandra y Damián miraban la persecución.
—Tu mujer eres malvada —rió Damián, abrazando a Alessandra—. Decirle eso de la chimenea... lo has matado en vida.
—Se lo merece por ponerse el bigote falso —respondió Elara con elegancia, tomando un sorbo de su té—. Ahora, Evans, vuelve a poner el video del Plaza. Quiero ver la parte donde se le cae la bandeja otra vez.
La familia Vane-Smirnov estaba en su mejor momento: unidos, letales y con un patriarca que, por primera vez, estaba perdiendo la batalla contra el amor de su hija.