Maximilian es el Faraón del siglo XXI, un hombre que no perdona errores y que ha construido su mundo sobre el orden y el oro. Amara es la joya que él ha deseado en silencio, la mujer que rescató de un destino cruel para sentarla en un trono que ella nunca pidió.Pero en los pasillos dorados del palacio de cristal, los secretos pesan más que las joyas. Mientras las copas de cristal se alzan en honor a su unión, un beso robado en las sombras y un plan de huida están a punto de derribar el imperio de Maximilian.Él le dio el mundo. Ella solo quería un corazón. Cuando el hombre más poderoso del planeta descubra que su reina ama a un peón, la ciudad de oro conocerá la verdadera furia de un rey traicionado. Porque en la guerra por el amor, Maximilian no está dispuesto a perder... y Amara no está dispuesta a dejarse poseer."
NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 12: La Traición del Alba
La luz del amanecer se coló por los cristales de la villa como un juicio divino, tiñendo de naranja dorado todo lo que tocaba. La tormenta había dejado un silencio espeso afuera, con las dunas remodeladas y el aire cargado de polvo fino. Dentro, el calor había cedido apenas, reemplazado por una frescura engañosa que no alcanzaba a limpiar el peso de la noche anterior.
Amara despertó primero.
Sintió el brazo de Maximilian sobre su cintura, pesado y posesivo incluso en el sueño. Su pecho subía y bajaba con una respiración profunda, y su barba rozaba el hombro de ella con una suavidad que resultaba casi cruel. En la penumbra del amanecer, sin sus túnicas de rey ni su mirada de hielo, Maximilian era simplemente un hombre. Un hombre enorme, poderoso y profundamente dormido, que en algún momento de la noche había apretado su cuerpo contra el de ella como si temiera que desapareciera.
Amara sintió náuseas.
No de asco hacia él, sino de asco hacia sí misma. Recordó sus propias manos recorriendo las cicatrices de su espalda, recordó sus labios respondiendo a los suyos, y ese recuerdo la quemó peor que la arena de la tormenta. ¿Qué clase de mujer respondía al hombre que la había comprado, golpeado y arrancado de la única vida que amaba?
Se deslizó fuera del brazo de Maximilian con una delicadeza quirúrgica, conteniendo la respiración. Recogió su bata de seda del suelo y se envolvió en ella, alejándose hacia el ventanal. Afuera, el desierto estaba quieto, cubierto por una capa nueva de arena dorada que borraba todas las huellas de la noche. Todo estaba limpio, como si nada hubiera pasado.
Pero en su cuerpo, en su memoria y en su corazón confundido, todo había pasado.
—Amara.
La voz de Maximilian llegó desde la cama, ronca por el sueño. Ella no se giró.
—Lo que pasó anoche no cambia nada —dijo ella, su voz fría como el cristal del ventanal—. Fue la tormenta, el calor, el encierro. No fui yo. Y tú no eres nadie para mí.
Escuchó el sonido de las sábanas moviéndose. Los pasos pesados de Maximilian se acercaron hasta que su sombra la cubrió desde atrás.
—Me respondiste, Amara —dijo él, con una seguridad que la enfureció—. Tu cuerpo no miente aunque tu boca lo haga.
—Mi cuerpo es una jaula igual que esta villa —respondió ella, girándose para enfrentarlo. Sus ojos estaban secos, pero ardían—. Puedes poseerlo, pero no significa que yo esté dentro.
Maximilian la miró durante un largo segundo. Su torso desnudo, sus ojos café cargados de una emoción que no quería nombrar. Luego, algo inesperado cruzó su rostro: no la furia habitual, sino un dolor auténtico que Amara no esperaba ver.
—Estás dispuesta a destruirte con tal de no darme ni un milímetro —murmuró él.
—Tú me destruiste primero —respondió ella en un susurro.
Maximilian apretó la mandíbula y dio media vuelta, tomando su túnica del respaldo de una silla. Mientras se la ponía, su voz sonó diferente, más plana.
—Regresamos a Neo-Luxor esta tarde. Tengo negocios que atender y tú tienes que cumplir con tus obligaciones como mi esposa. Aquí terminó el retiro.
Amara asintió, sintiéndose al mismo tiempo aliviada y extrañamente vacía. Cuando Maximilian salió de la habitación, ella se apoyó contra el cristal frío y cerró los ojos. En Neo-Luxor estaba Yusuf, y a través de él, quizás todavía había un hilo que la conectaba con Dario.
Pero en su pecho, una voz que no quería escuchar le preguntaba si ese hilo era lo que realmente todavía quería sostener.