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Bajo El Ala Del Demonio

Bajo El Ala Del Demonio

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Romance paranormal / Fantasía LGBT
Popularitas:657
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Hoks

El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”

Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.

Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.

NovelToon tiene autorización de Giulian Hoks para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El Crisol de la Eternidad

La mansión de Demon no era solo una estructura de piedra y madera; era un organismo vivo que respiraba al ritmo de los siglos. Para Francois, entrar en ella ya no como una visita asustada, sino como un iniciado, fue como sumergirse en un océano de sensaciones que amenazaban con ahogarlo. El aire aquí no era estático; vibraba con los ecos de placeres y dolores antiguos, y cada sombra parecía tener una textura sedosa que buscaba envolverlo.

Desde la noche en que probó la sangre de Demon, el mundo humano se había vuelto una película muda, gris y carente de significado. El recuerdo de Margaret era ahora una fotografía borrosa, una presencia que su mente, alterada por el néctar del vampiro, rechazaba como un trasplante de órgano que no ha cuajado.

La Metamorfosis de Francois

En el gran salón de la mansión, Francois permanecía tumbado sobre un diván de terciopelo. Su piel, antes cálida por el sol de la florería, estaba adquiriendo una palidez luminosa, casi lunar. No era aún un vampiro completo, pero el "ayuno de humanidad" había comenzado. Demon lo mantenía en un estado de duermevela, alimentándolo con pequeñas dosis de su propia sangre y privándolo de comida mortal.

—Bebe, mi pequeño lirio —susurró Demon, inclinándose sobre él.

El vampiro sostenía una copa de obsidiana. Francois bebió con una urgencia animal, aferrándose a la muñeca de Demon. El poder fluía por sus venas como fuego líquido, quemando los últimos restos de su antigua identidad.

—Me duele... —alcanzó a decir Francois, con la voz quebrada.

—El dolor es solo el parto de tu nueva naturaleza, Francois —respondió Demon, acariciando su frente con una ternura depredadora—. Estás dejando atrás la fragilidad. Pronto, el tiempo ya no será tu enemigo, sino tu sirviente. Ya no tendrás que temer a la pérdida, porque nada de lo que vale la pena podrá serte arrebatado.

Demon lo observaba con un hambre que iba más allá de lo carnal. Había logrado lo que deseaba: había vaciado a Francois de su contenido humano para llenarlo de sí mismo. Ya no había rastro del hombre que amaba a Margaret; solo quedaba un recipiente receptivo, una extensión de la voluntad de Demon. Los celos que antes atormentaban al vampiro se habían disuelto en una soberbia absoluta. Él había ganado.

El Despertar de Margaret

Mientras tanto, en el apartamento sobre la florería, el ambiente era de velatorio. Margaret no había limpiado la mesa de la cena. Las flores se habían marchitado por completo, convirtiéndose en esqueletos marrones que soltaban pétalos secos sobre el mantel manchado de vino.

Pero Margaret no estaba derrotada. El dolor inicial, ese que la había dejado de rodillas, se había endurecido hasta convertirse en algo frío y afilado: determinación. Ella conocía a Francois mejor que nadie, y sabía que el hombre que se fue con Demon no era el hombre que ella amaba. Era una víctima de una violación espiritual, un secuestro de la voluntad.

—No voy a dejarte en sus manos —susurró Margaret, mirando una vieja foto de ambos—. Si él usa la oscuridad, yo buscaré en las sombras que él mismo teme.

Margaret recordó las historias que su abuela le contaba en el campo, historias sobre los "Viejos Pactos" y las formas en que los mortales, en su desesperación, habían logrado herir a lo que no puede morir. Se dirigió al sótano de la biblioteca donde trabajaba, un lugar donde los libros prohibidos y los tomos olvidados por la Inquisición descansaban bajo capas de polvo y olvido.

Pasó horas buscando, con los ojos ardientes por el cansancio, hasta que encontró lo que buscaba: un tratado sobre la Sanguis Vinculum (El Vínculo de Sangre) y la Raíz de Mandrágora Negra. Había una manera de romper el hechizo de un vampiro, pero el precio era alto. Para purificar la sangre de Francois, ella tendría que ofrecer la suya propia como un cebo, impregnada de una esencia que era veneno para los inmortales pero sagrada para los vivos.

El Plan de Infiltración

Margaret no podía simplemente llamar a la puerta de la mansión. Demon la detectaría a kilómetros por el simple latido de su corazón. Necesitaba ocultar su humanidad.

Siguiendo las instrucciones del tomo antiguo, Margaret preparó una infusión con hierba de cementerio y ruda, lavando su cuerpo con ella para enmascarar su rastro vital. El olor era acre, casi cadavérico, pero funcionaría. Luego, tomó un pequeño frasco de agua bendita que había sido mezclada con limaduras de plata, un compuesto que no mataría a un vampiro como Demon, pero que le causaría un dolor insoportable, el suficiente para crear una distracción.

—Voy por ti, Francois —dijo, guardando una daga de plata pura en su bota.

La Noche de la Confrontación

La mansión de Demon estaba en silencio cuando Margaret llegó. La niebla gateaba por las paredes de piedra, y el frío parecía intentar detener sus pasos. Usando una llave maestra que había tomado de la administración de la ciudad (algunos edificios antiguos compartían planos de alcantarillado), Margaret logró entrar por las bodegas de vino.

El aire dentro de la mansión era diferente al de afuera. Olía a incienso y a algo dulce que la hacía sentir mareada. Subió las escaleras con el sigilo de una sombra, guiada por un instinto que solo el amor herido puede otorgar.

Finalmente, llegó al gran salón. Lo que vio le rompió el corazón una vez más.

Francois estaba sentado a los pies de Demon, con la cabeza apoyada en las rodillas del vampiro. Demon le leía versos en una lengua muerta, pasando sus dedos por el cabello de Francois con una posesión absoluta. Francois parecía un muñeco de porcelana, hermoso pero vacío.

—Es hora de irse, Francois —dijo Margaret, saliendo de las sombras.

Demon se tensó de inmediato. Se levantó con una velocidad que hizo que el aire silbara, colocando a Francois detrás de él.

—¿Tú otra vez? —la voz de Demon era un trueno contenido—. Tu persistencia empieza a ser molesta, Margaret. Deberías haberte quedado en tu rincón a morir de pena.

—No vine por ti, monstruo. Vine por él —respondió ella, desenfundando la daga.

Demon soltó una carcajada que hizo vibrar los cristales de las lámparas.

—¿Con un cuchillo de juguete? Francois, dile a tu antigua amiga qué sientes por ella.

Francois se asomó por detrás del hombro de Demon. Sus ojos estaban nublados, como si mirara a través de un velo de agua.

—Margaret... vete —dijo con una voz monótona—. Aquí no hay dolor. Aquí soy... eterno.

—¡Esa no es tu voz, Francois! —gritó ella—. ¡Es el veneno que te ha dado!

El Sacrificio de la Sangre

Demon, harto de la interrupción, se lanzó hacia Margaret. Ella fue rápida. No intentó apuñalarlo en el pecho; sabía que fallaría. En lugar de eso, lanzó el frasco de agua bendita y plata directamente a la cara del vampiro.

El frasco estalló. Demon soltó un alarido de agonía pura mientras el líquido bendito quemaba su piel de mármol y la plata se incrustaba en sus poros. El humo negro comenzó a salir de su rostro.

—¡Ahora, Francois! —gritó Margaret, corriendo hacia él.

Lo tomó del brazo, pero Francois se resistía, asustado por el dolor de su "maestro". Margaret sabía que no podía sacarlo a la fuerza. Tenía que romper el vínculo de sangre.

Sin dudarlo, Margaret pasó el filo de su daga por su propio antebrazo. La sangre roja y caliente brotó con fuerza. El olor de la sangre humana fresca, pura y cargada de una voluntad de sacrificio, llenó el salón, compitiendo con el olor a muerte de la mansión.

—¡Bebe, Francois! —le ordenó, pegando su brazo a los labios del joven—. ¡Bebe de la verdad, no de su mentira!

El instinto que Demon había despertado en Francois lo traicionó. Ante el olor de la sangre, Francois se lanzó sobre el brazo de Margaret. Pero esta sangre no era como la de Demon. Tenía el sabor del sol, de los días en la florería, del dolor compartido y de las promesas reales.

Al tragar la sangre de Margaret, Francois sintió un choque eléctrico. El vínculo de Demon comenzó a resquebrajarse. Su mente empezó a recuperar los colores. El dolor de la realidad volvió a golpearlo, y con él, el amor que había sido sepultado.

—¿Margaret? —susurró él, soltando el brazo de ella y mirando sus manos manchadas de sangre real.

La Furia del Inmortal

Demon se recuperó. Su rostro estaba marcado por cicatrices rojas de quemaduras, lo que lo hacía lucir verdaderamente demoníaco. Su elegancia se había desvanecido, dejando solo a la bestia hambrienta.

—¡Maldita seas! —rugió el vampiro—. ¡Él es mío por derecho de sangre!

Demon se lanzó sobre ambos, pero en ese momento, el sol comenzó a filtrarse por los ventanales altos del salón. No era suficiente para matarlo, pero sí para debilitarlo.

Margaret arrastró a un Francois confundido y débil hacia la salida, mientras Demon se cubría los ojos, rugiendo de frustración y odio.

—¡No han ganado! —gritó Demon desde la oscuridad del salón—. ¡Él ya tiene mi marca! ¡Volverá a mí porque ya no puede ser un hombre normal!

Margaret y Francois salieron de la mansión justo cuando el sol de la mañana bañaba la ciudad de San Jude. Francois cayó al suelo, respirando el aire frío del exterior. Estaba vivo, pero algo en él se había roto para siempre.

—Estamos a salvo —dijo Margaret, abrazándolo, ignorando su propio brazo herido.

Pero Francois no respondió. Miró hacia la mansión y luego a Margaret. Sus ojos ya no eran negros, pero tampoco eran los mismos de antes. Había una sombra en ellos que ninguna luz podría borrar. Demon tenía razón en algo: el lirio se había roto, y aunque Margaret lo había rescatado del abismo, el abismo ahora formaba parte de él.

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"katu azul"
y tiene el descaro de decir gracias por la comida estaba insípida a🤭🤭🤭🤭/Scare//Scare//Scare//Scare/
"katu azul"
holissssss comenzando a leerla autoro tengo una duda como francois vio todo eso que el vampiro le mostró si el es un simple humano
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!
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