Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Entrenamiento 1
A la mañana siguiente, Eloise despertó antes de que alguien la llamara.
No por obligación.
Sino por emoción.
Se sentó en la cama, todavía con el cabello ligeramente desordenado, y por un momento se quedó quieta… procesando.
—Hoy empiezo…
Y una sonrisa apareció sola.
Real.
Ilusionada.
No pasó mucho antes de que tocaran la puerta.
—Señorita, es hora.
Eloise se levantó casi de inmediato.
Cuando abrió, el mayordomo estaba allí, impecable como siempre, sosteniendo un conjunto de ropa.
—Para su entrenamiento.
Eloise parpadeó.
Tomó la tela entre sus dedos.
Era… distinta.
Más resistente.
Más simple.
Pero de excelente calidad.
—Es la misma que usa el conde.. Ha sido ajustada a su medida.
Eloise abrió un poco más los ojos.
—¿La suya?
—Sí.
Las doncellas habían trabajado rápido.
La ropa, que originalmente estaba hecha para un cuerpo mucho más grande, ahora se ajustaba perfectamente al suyo… sin perder su estructura.
—Es perfecta… —murmuró ella.
—La modista vendrá más tarde para preparar prendas propias.. Pero para hoy, esto será suficiente.
Eloise asintió, aún observando la ropa con cierta fascinación.
—Gracias.
Antes de salir, el mayordomo le entregó un pequeño frasco.
—Tome esto.
Eloise lo miró.
—¿Qué es?
—Un tónico fortalecedor.
Hizo una leve pausa.
—Se utiliza con niños que presentan debilidad por falta de alimentación.. tiene algo de magia, pero es segura..
Eloise entendió de inmediato.
Lo tomó sin quejarse.
—Perfecto.
Lo bebió.
El sabor no era especialmente agradable…
Pero el efecto fue casi inmediato.
Una ligera calidez recorrió su cuerpo.
Como si algo dentro de ella despertara.
—Me siento… mejor.
El mayordomo asintió, satisfecho.
—Es lo esperado.. encargare mas de estos tonicos, la duquesa Langley tiene magia y ayuda a personas a mejorar su cuerpo con sus pociones y frascos, la conocimos hace un tiempo cuando vino junto a su esposo el duque Langley y dos hermosas niñas..
—Muchas gracias..
Cuando finalmente salió al exterior…
El aire fresco la recibió.
Y allí estaba él.
Un hombre alto.
Mayor.
De postura firme.
Cabello canoso.
Mirada aguda.
—Capitán Rigott —se presentó con voz grave.
Eloise lo miró.
Y sonrió.
—¡Mucho gusto!
Y antes de que pudiera contenerse…
Dio un pequeño salto.
Luego otro.
Claramente emocionada.
—¡Voy a entrenar!
El capitán la observó en silencio.
Evaluando.
Sin comentar aún.
A cierta distancia…
El conde Archer también observaba.
Apoyado ligeramente contra una columna.
En silencio.
Sus ojos se detuvieron en ella.
En la ropa.
Su ropa.
Ajustada ahora a ese cuerpo delgado.
Frágil.
Demasiado frágil.
Un leve gesto de incomodidad cruzó su expresión.
[Fue un error.. traerla aquí]
No en voz alta.
Pero sí claro en su mente.
Exhaló lentamente.
Y llamó al capitán.
—Rigott.
El hombre se acercó de inmediato.
—Mi señor.
Archer no apartó la mirada de Eloise.
—Entrénala. Como a un niño pequeño..
El capitán no reaccionó.
Pero escuchó con atención.
—Es débil. Torpe. Sin experiencia.
Cada palabra fue precisa.
Directa.
Sin suavizar.
—No la sobreestimes.
Silencio.
—Ni un poco.
Rigott asintió.
—Entendido.
El conde miró de reojo a Eloise.
Esperando.
Tal vez una reacción.
Molestia.
Vergüenza.
Orgullo herido.
Pero no hubo nada de eso.
Eloise seguía ahí.
De pie.
Con las manos ligeramente apretadas.
Y una expresión que…
No coincidía con la situación.
No estaba ofendida.
No estaba incómoda.
Estaba… Emocionada.
—¿Cuándo empezamos? —preguntó, casi brillando.
El capitán la miró.
Luego al conde.
Y finalmente volvió a ella.
—Ahora.
Archer frunció apenas el ceño.
[Que mujer tan extraña]
Porque no era normal.
No era la reacción que esperaba.
No era la reacción lógica.
Pero tampoco…
Parecía falsa.
Eloise se posicionó como pudo.
Torpe. Sí.
Inexperta. También.
Pero dispuesta.
Totalmente.
—Estoy lista.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo…
No estaba huyendo.
No estaba improvisando.
Estaba construyendo algo real.
Con esfuerzo.
Con intención.
Y aunque su cuerpo aún no acompañaba…
Su determinación sí.
El conde la observó unos segundos más.
Y luego desvió la mirada.
[Veremos cuánto dura]
Pero en el fondo…
Muy en el fondo…
Había algo que no encajaba.
Porque alguien así…
No se rendía fácilmente.
Y eso…
Podía ser más problemático de lo que parecía.
Horas después…
La mansión Archer dejó de ser la misma.
Durante años, aquel lugar había sido silencioso.
Ordenado.
Predecible.
El sonido más común era el de pasos firmes sobre el mármol… o el roce de páginas en la oficina del conde.
Nada más.
Pero ese día..
Una risa rompió el aire.
Clara.
Fuerte.
Incontenible.
Y no se detuvo.
El conde Archer alzó la mirada desde su escritorio.
El ceño se le frunció de inmediato.
—…
Otra risa.
Más alta.
Más cercana.
Sus dedos dejaron de moverse sobre los documentos.
—¿Qué es ese ruido…?
Se levantó.
Caminó hacia la ventana.
Y al mirar hacia el jardín..
Se quedó en silencio.
Eloise.
Sentada en el suelo.
Cubierta de lodo.
Literalmente.
Las manos sucias.
La ropa de entrenamiento arruinado.
El cabello ligeramente desordenado…
Y riendo.
Riendo como si nada más importara.
A su lado, el capitán Rigott negaba con la cabeza, claramente resignado.
—Señorita… debe levantarse…
Pero ella apenas podía responder entre risas.
El mayordomo estaba ahí también, intentando ayudarla con una dignidad que la situación no facilitaba.
—Con cuidado, señorita…
Pero Eloise solo se reía más.
Como si aquello fuera lo más divertido del mundo.
El conde observó la escena en completo silencio.
Su expresión…
Se endureció.
[ella es un desastre]
No había otra palabra.
Nada en esa imagen encajaba con su mundo.
Con su orden.
Con su forma de vivir.
[No durará en el entrenamiento]
Fue su conclusión inmediata.
[Se cansará.. por lo menos volverá el silencio.. pronto.. se rendirá.. y todo volverá a la normalidad]
Se alejó de la ventana.
Sin decir nada.
Convencido.
Pero falta un toque de celos para él, qué otro hombre se ponga a coquetear con Eloise /Awkward/