hace 500 años "Kathall" sufrió tras la última guerra santa donde muchos murieron. En especial, Re'Xhuz el titan de la muerte quien fue derrotado por la primobestia "Fenixsera" pero algo de su esencia quedo vagando en el mundo. Esencia que se introduce en el cuerpo de una humana, siendo esta su cuna mientras se prepara para volver y así iniciar otra guerra santa.
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Capítulo 4: El Veredicto de la Diosa y la Semilla del Odio
La furia de la Diosa Sanir no se limitó a la destrucción física. Su mayor castigo fue la Revelación. En un acto de desprecio absoluto, la diosa proyectó la verdad en las mentes de los líderes de Cendolia, transformando el amor secreto de los fugitivos en una marca de infamia pública.
La Visión de la Profanación
En Belandria y Neressis, de forma simultánea, el tiempo pareció detenerse. Los ciudadanos y nobles cayeron en un trance colectivo. En sus mentes, vieron el Templo de Sanir marchitándose; vieron el abrazo de Liria y Clio, y sobre todo, sintieron la oscuridad reptante de Re'Xhuz filtrándose en el linaje de ambos reinos.
El Rey Cornelius, en su trono astillado, despertó del trance con un grito de náusea. Su sobrina, la sangre de su sangre, se había entregado al "enemigo eterno" y, en el proceso, había condenado las cosechas de su pueblo.
Nerwel: El Despertar del Rencor
Sin embargo, la respuesta más violenta ocurrió en la ciudad arbórea de Neressis. Mientras el Gran Druida Erfren permanecía en estado de shock por la traición de su hijo y la pérdida de conexión con la tierra, su hermano menor, Nerwel, se alzó entre las ruinas de las pasarelas de cristal.
Nerwel era la antítesis de la sabiduría druídica. De facciones angulosas y severas, su cabello rubio ceniza estaba siempre recogido en una trenza guerrera y sus ojos no reflejaban la paz del bosque, sino el brillo del acero. Desde la Gran Guerra Santa de hace 500 años, Nerwel guardaba un odio patológico hacia los humanos, a quienes consideraba seres efímeros, ruidosos y destructores de la armonía.
—¡Lo advertí! —rugió Nerwel ante el Consejo de los 7 Arcos, su voz resonando en el bosque ahora silencioso—. ¡Advertí que la sangre de los hombres es una plaga que corrompe todo lo que toca! Clio no solo ha roto el Pacto; ha dejado que una hembra humana devore la esencia de nuestro linaje.
Nerwel no esperó el permiso de su hermano Erfren, quien seguía sumido en el dolor. Se dirigió a la armería secreta de Neressis y reclamó el Arco de los Susurros Muertos, una reliquia prohibida que solo se usaba cuando la existencia de la raza élfica estaba en peligro.
El Cónclave del Odio
Bajo el cielo gris de Cendolia, Nerwel convocó a los guerreros más radicales de Neressis. Sus órdenes fueron claras:
Objetivo 1: Localizar a los traidores en el Valle Luz de Luna.
Objetivo 2: Eliminar a la humana Liria de inmediato para "limpiar" la mancha en el mundo.
Objetivo 3: Recuperar a Clio para que sea juzgado y ejecutado bajo las leyes del Consejo.
Mientras tanto, en Belandria, la reacción no fue menos severa. El Rey Cornelius, espoleado por su esposa Fedriza y su hermano Marcuz (quien, aunque era el padre de Liria, sentía la presión de la corona sobre su cuello), ordenó la movilización de los Caballeros de la Rosa de Hierro.
—Traedme la cabeza del elfo —ordenó Cornelius con la voz quebrada por la rabia—. Y a mi sobrina... traedla encadenada. Si lleva un demonio en sus entrañas, será la pira bautismal la que decida su destino.
La Naturaleza del Odio
La comunicación de Sanir había logrado lo que 500 años de diplomacia no pudieron: unir a humanos y elfos en un solo propósito, pero no por la paz, sino por la cacería.
En las fronteras de Cendolia, el Río Luminaria comenzó a desbordarse con aguas negras, marcando el camino que Nerwel y los caballeros de Belandria debían seguir. La diosa no solo quería castigar a los amantes; quería que sus propios pueblos fueran los instrumentos de su destrucción.
Nerwel, liderando una vanguardia de exploradores elfos, se detuvo en el linde del Bosque Verdigris. El suelo estaba podrido, pero él sonrió. Por primera vez en cinco siglos, tenía la excusa perfecta para exterminar a los herederos de Belandria.
—Que la tierra se trague sus gritos —susurró Nerwel, tensando su arco—. Esta vez, no habrá sobrevivientes humanos que contar en las crónicas.
CONTINUARÁ...