Acompáñame a ver la historia de Luisa Mendez..
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Vamos a tener un bebé.
A veces la mentira no nace del miedo.Nace de la necesidad.Y Estefany estaba desesperada.
Frente al espejo, se observaba en silencio.
Su mano bajó lentamente hasta su vientre.
—No importa… —murmuró—. Todo esto va a valer la pena, caminó de un lado a otro.Recordando cada detalle de aquella noche.
El error.La confusión.
El maldito fallo de su plan.
—No—negó con la cabeza—. No fue un error fue una oportunidad.
Sus ojos se endurecieron.
—Y la voy a aprovechar.
Tomó su bolso.
Se acomodó el cabello una última vez.
—Diego va a ser mío aunque tenga que atarlo a la fuerza.
Y salió.
La empresa estaba en silencio.
Diego no había dormido bien.
Otra vez.Papeles sin revisar.
Café frío.Y la misma imagen repitiéndose en su cabeza.Luisa.
Su voz.Su rechazo.
—No estoy lista…
Apretó los puños.
—Pero yo sí… —murmuró.
En ese momento, la puerta se abrió sin previo aviso.
—Diego.
Él levantó la mirada.
Y su expresión cambió.
—Estefany… ¿qué haces aquí?
Ella sonrió.
Como si nada hubiera pasado.
—Vine a verte… ¿no puedo?
Diego suspiró.
—No es el mejor momento.
—Nunca es buen momento contigo últimamente —respondió ella, cerrando la puerta detrás de sí—. Pero esto… no puede esperar.
Eso llamó su atención.
—¿Qué pasa?
Estefany caminó despacio hasta quedar frente a él.
—Te tengo una sorpresa —dijo finalmente.
Diego frunció el ceño.
—No estoy para juegos, Estefany.
Ella soltó una pequeña risa.
—No es un juego… es algo serio.
—Vamos a tener un bebé.
El mundo… se detuvo.
Diego no reaccionó de inmediato.
Como si su mente… se negara a procesarlo.
—¿Qué…?
—Estoy embarazada —repitió ella, ahora con una sonrisa más amplia—. De ti.
Ese golpe… fue directo.
Pero no como ella esperaba.
Diego se levantó lentamente.
—Eso no puede ser posible.
Estefany inclinó la cabeza.
—¿Por qué no?
—Porque yo no recuerdo nada de esa noche —respondió—. Y tú tampoco puedes asegurar…
—Sí puedo —lo interrumpió—. Porque no estuve con nadie más.
Mentira.
Pero dicha con tanta seguridad…
que parecía verdad.
Diego pasó la mano por su rostro.
Claramente alterado.
—Esto es… demasiado.
—Lo sé —dijo ella, fingiendo suavidad—. Pero es verdad.
Se acercó.Intentando tocarlo.
Pero Diego retrocedió.
—No me toques —dijo.
—¿Así vas a reaccionar? —preguntó ella, con molestia . ¿Te digo que voy a tener un hijo tuyo y eso es lo único que haces?
Diego la miró fijamente.
— Estoy pensando.
—Pues piensa rápido —respondió ella—. Porque esto no es cualquier cosa.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó él finalmente.
—Poco… lo suficiente para saberlo.
Diego asintió lentamente.
—Está bien.
Esa respuesta sorprendió a Estefany.
—¿Está bien?
—Si estás embarazada —continuó él—, me voy a hacer responsable del niño.
Eso no le gustó.
—¿Solo del niño? —preguntó, entrecerrando los ojos.
Diego no dudó.
—Sí.
Silencio.
—Esto tiene que mantenerse en secreto —añadió—. Nadie puede enterarse de ese embarazo.
Estefany lo miró fijamente.
—¿Secreto?
—Sí.
—¿Te da vergüenza?
—No —respondió de inmediato—. Es por razones que no tienes que cuestionar.
Pero ella sí lo hizo.
—Claro —murmuró—. Es por ella, ¿no?
El nombre no fue necesario.
Luisa estaba presente incluso sin estar.
—No metas a Luisa en esto —dijo Diego.
—¿Por qué no? —replicó Estefany—. Si claramente sigue siendo más importante que yo.
—Esto no se trata de comparaciones.
—Para mí sí —respondió ella, dando un paso más cerca—. Porque yo estoy aquí… y ella no.
Diego apretó la mandíbula.
—No confundas las cosas.
—No las estoy confundiendo —insistió—. Solo estoy viendo la realidad.
Silencio.
—Voy a tener un hijo tuyo —continuó ella, bajando la voz—. Y eso cambia todo.
Diego negó.
—No cambia lo que siento..
—Ya veremos —dijo con una sonrisa leve—. Porque cuando ese bebé crezca… cuando esté aquí… todo va a ser distinto.
Diego no respondió.
Horas después…
Estefany salió de la empresa.
Su expresión cambió completamente.
La sonrisa desapareció.
—No reaccionó como quería… —murmuró.
Se subió al auto.
Golpeó el volante.
—Pero no importa… —añadió, respirando hondo—. Ya está dentro del juego.
Miró su reflejo en el espejo.
—Y no vas a salir, Diego… no ahora.
Su mano volvió a su vientre.
—Aunque tenga que mentir… aunque tenga que manipular todo…
Sus ojos se endurecieron.
—Ese niño… va a ser mi llave para tenerlo.
Mientras tanto…
Diego se quedó solo.
Se dejó caer en la silla.
—Un hijo… —murmuró.
Cerró los ojos.
Y por un segundo…
pensó en Ilian.
En su sonrisa.
En su pequeño cuerpo en sus brazos.
Y luego…
Luisa.
—Esto no puede estar pasando… —susurró.
Pero estaba pasando.
Y lo sabía.
Tomó su celular.
Miró el contacto.
Luisa.
Su dedo dudó.
Pero no llamó.No esta vez.
—Primero… tengo que arreglar esto.
Diego entendía algo.Sus errores…
ya no solo lo afectaban a él.