Renace en un mundo mágico, dispuesta a cambiar su destino, recuperar lo que le pertenece y vengarse de quienes la lastimaron.
*Esta novela pertenece a un mundo*
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Ivy
El duque Moriarty no esperó invitación.
No la necesitaba.
Se movía por la mansión Wright como si el lugar ya le perteneciera, como si las paredes, los sirvientes y el mismo aire reconocieran su autoridad.
—Lord Wright.. Debemos hablar.
No fue una sugerencia.
Fue una orden disfrazada.
El padre de Ophelia, aún tenso, asintió y lo condujo al salón principal. Ambos se sentaron frente a frente.
Ivy y Lord Owen permanecieron cerca.
En silencio.
Pero atentos.
Muy atentos.
El duque no les prestó atención.
Ni siquiera los miró.
Apoyó un brazo sobre el sillón, relajado… pero con esa presencia que imponía incluso sin esfuerzo.
Y entonces habló.
Claro.
Directo.
—Me casaré con su hija.
Silencio.
Pesado.
Cortante.
Lord Wright parpadeó.
Una vez.
Como si no hubiese escuchado bien.
—¿…perdón?
Negó levemente con la cabeza.
—Eso no es posible…
Pero antes de que pudiera continuar..
—¡NO!
El grito rompió la habitación.
Todos miraron a Ivy.
Ella misma pareció darse cuenta de lo que había hecho.
Su respiración era agitada.
Sus manos tensas.
Demasiado.
Bajó la voz rápidamente, intentando recomponerse.
—No puede.. Mi hermana… ha decidido dedicar su vida al templo. A la oración.
Sonrió.
Pero era una sonrisa forzada.
Urgente.
El duque ni siquiera giró la cabeza hacia ella.
La ignoró por completo.
Como si no hubiese hablado.
—Esta noche.. me llevaré a Ophelia. De buena forma… o por la fuerza.
El silencio que siguió fue distinto.
Más peligroso.
Lord Owen dio un paso adelante.
—No puede hacer eso.. Traería problemas políticos a su reino.
El duque lo miró por primera vez.
Y esa mirada…
Fue suficiente.
—Ophelia es mayor de edad.. Nadie puede impedirle irse.
Simple.
Legal.
Irrefutable.
Ivy apretó los labios.
—Pero antes… Ophelia estaba enamorada de Lord Owen.
El duque giró la mirada hacia él.
Directo.
Frío.
Lord Owen sintió el peso de esa mirada de inmediato.
Su postura se tensó.
Su voz… perdió firmeza.
—Yo… Yo nunca la toqué.
Silencio.
El duque lo observó un segundo más.
Y luego simplemente…
Perdió el interés.
Volvió la mirada a Lord Wright.
Como si el otro hombre no importara.
Y eso…
Dolió más de lo que Owen admitiría.
Finalmente, el padre de Ophelia habló.
Su voz fue más baja.
Más medida.
Pero clara.
—Si… es el deseo de mi hija…
Y asintió.
—Lo respetaré.
Ivy giró hacia él de golpe.
—¿Padre?
Incrédula.
Furiosa.
Lord Owen tampoco lo podía creer.
—Lord Wright, esto es..
Pero no terminó.
Porque ya estaba decidido.
El duque no sonrió.
No celebró.
No necesitaba hacerlo.
Simplemente…
Sabía que había ganado.
Y mientras Ivy apretaba los puños, y Owen luchaba con su orgullo herido…
Una verdad se asentaba en la habitación..
Ophelia ya no les pertenecía.
Y esa noche…
Se iría.
El silencio aún pesaba en el salón cuando Ivy dio un paso al frente, incapaz de contenerse.
—¡Iré a hablar con ella! No puede irse así.
Lord Wright levantó una mano, deteniéndola.
—No.
Su tono fue firme.
—Llamen a Ophelia.
Un sirviente salió de inmediato.
Los segundos se hicieron largos.
Ivy no dejaba de caminar de un lado a otro, sus manos apretadas en su vestido.
Lord Owen permanecía en silencio, pero su expresión se endurecía más con cada instante.
Y el duque…
El duque simplemente esperaba.
Sentado.
Tranquilo.
Como si ya conociera el resultado.
Los pasos se escucharon antes de verla.
Rápidos.
Decididos.
Ophelia entró al salón con una energía completamente distinta a la de días atrás.
Ya no era la joven tímida.
No era la que bajaba la mirada.
No.
Caminó directo hacia ellos.
—Padre.
Lord Wright la observó unos segundos.
Como si buscara algo en su rostro.
—El duque Moriarty ha dicho… que desea casarse contigo… y llevarte esta misma noche.
Una pausa.
—Quiero escucharlo de ti.
Silencio.
Todos los ojos estaban sobre ella.
Ophelia no dudó.
—Sí.
Simple.
Claro.
—Quiero casarme con él.
Y entonces añadió, con una pequeña sonrisa que no pasó desapercibida..
—Y vivir feliz en Sunderland.
Pero no miró a su padre al decirlo.
Miró a Ivy.
Directamente.
Con una chispa burlona.
Sutil.
Pero suficiente.
Ivy sintió cómo la sangre le hervía.
Su rostro perdió el control por un segundo.
Furia pura.
Giró apenas hacia Lord Owen, acercándose lo suficiente para que nadie más escuchara.
—Haz algo —susurró con urgencia..
Lord Owen tensó la mandíbula.
Y dio un paso al frente.
—Ophelia.. Si estás haciendo todo esto por mi atención…
Como si aquello fuera un gran gesto.
—Bien. Me casaré contigo.
Ophelia se rió.
No una risa suave.
No elegante.
Una risa genuina.
Divertida.
—¿Perdón?
Lo miró de arriba abajo.
Sin disimulo.
—Nunca me casaría contigo.
Las palabras fueron claras. Cortantes.
—Solo me casaré con el duque Moriarty.
Y al decirlo…
Ni siquiera miró a Owen.
Se giró levemente hacia el duque.
Como si él fuera la única opción real en la habitación.
Como si los demás…
Ya no importaran.
El duque, apoyado con calma, observó la escena.
Y sonrió.
Esa sonrisa lenta.
Satisfecha.
Porque no solo había ganado la negociación…
Sino que ahora, frente a todos, Ophelia lo había elegido.
Sin presión.
Sin duda.
Y eso…
Lo hacía aún más interesante.
El ambiente en el salón se volvió irrespirable.
Ivy dio un paso al frente, su control desmoronándose por completo.
—¡No puedes casarte así!
dijo, intentando sonar razonable, pero su voz temblaba
—Debes pensarlo mejor…
Ophelia ni siquiera vaciló.
—Me iré esta misma noche con el duque.
Directo.
Sin adornos.
Sin espacio para negociación.
—¡NO! —gritó Ivy.
El sonido retumbó en las paredes.
Pero Ophelia… la ignoró.
Como si no fuera más que ruido de fondo.
—Si quieres impedírmelo —añadió con calma, cruzándose de brazos
—tendrás que hablar con mi futuro esposo.
Y entonces…
Miró al duque.
Él asintió.
Lento.
Seguro.
Como si aceptara el desafío sin siquiera considerarlo un problema.
Ivy abrió la boca, lista para responder, para insistir, para aferrarse a lo que pudiera..
—Basta.
La voz de Lord Wright cortó el momento.
Firme.
Autoritaria.
Ivy se quedó en silencio.
—Si eso es lo que Ophelia desea… la apoyaremos.
La palabra cayó pesada.
[Apoyaremos.]
Ivy no lo podía creer.
Su propia familia…
Dándole la espalda.
Ophelia asintió suavemente.
—Gracias, padre.
Y sin más…
—Iré a preparar mis cosas.
Se giró.
Y se fue.
Sin mirar atrás.
Los pasos de Ophelia se desvanecieron escaleras arriba.
Pero la tensión no se fue con ella.
Se quedó.
Enraizada.
Ivy respiraba con dificultad.
Sus ojos seguían la dirección en la que su hermana había desaparecido.
Y entonces..
Se movió.
Un paso.
Luego otro.
Hacia las escaleras.
—Voy a hablar con ella..
—Deténgase.
La voz del duque no fue alta.
Pero fue suficiente.
Ivy se congeló.
Literalmente.
—Si algo le pasa a Ophelia…
continuó él, con una calma que daba más miedo que cualquier grito
—quemaré este lugar.
Sus ojos se fijaron en ella.
Fríos.
Letales.
—Con todo lo que hay dentro.
El silencio fue absoluto.
Ivy no se movió.
No pudo.
Por primera vez…
Sintió miedo real.
Lento.
Frío.
Subiendo por su espalda.
Giró apenas la cabeza hacia su padre.
Buscando algo.
Apoyo.
Negación.
Pero lo que encontró…
Fue otra cosa.
Comprensión.
Lord Wright la miraba.
Y en sus ojos había algo que Ivy no esperaba ver..
Decepción.
—¿Qué pensabas hacer? —preguntó, bajo… pero firme.
Ivy no respondió.
No podía.
Porque en ese instante…
Había sido descubierta.
No con pruebas.
Pero sí con intención.
—Compórtate —añadió él, tajante.
Y eso fue todo.
Ivy bajó lentamente la mirada.
Sus manos temblaban.
Pero no dijo nada más.
Porque ahora…
No solo había perdido el control de la situación.
Había perdido el espacio para actuar.
Y arriba, en su habitación…
Ophelia preparaba su partida.
Sin saber que, por primera vez…
Alguien había puesto un límite real entre ella… y el peligro.
Pobre Duque con sus hijos😂