Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Poción de la Verdad
Eloise sintió el peso de su mirada como si la sostuviera en el lugar.
Fría.
Directa.
Imposible de esquivar.
El corazón le latía con fuerza, pero no apartó los ojos. Había miedo, sí… pero también decisión. Porque sabía que ese momento no se repetiría.
Era ahora.
O nada.
Tragó saliva suavemente.
—Yo.. quería conocerlo, señor.
El silencio que siguió fue denso.
El conde Archer no respondió de inmediato.
La observó.
No superficialmente.
No como alguien que evalúa apariencia.
Sino como quien busca grietas.
Mentiras.
Intenciones ocultas.
Sus ojos recorrieron su expresión, su postura, incluso la forma en que respiraba.
Pero Eloise no retrocedió.
No podía.
No ahora.
Finalmente, él habló.
—Tengo una oficina cerca.
Su tono no cambió.
—Pasemos a hablar.
Eloise parpadeó, sorprendida.
Pero luego…
Sonrió levemente.
—Sí, señor.
Mientras lo seguía, su mente comenzó a acelerarse.
[Esto… salió mejor de lo esperado… quizas podamos conocernos mejor]
Una pequeña chispa de esperanza apareció en su pecho.
[Quizás… podamos llevarnos bien.. Quizás.. incluso… ser amigos.]
La oficina era sobria.
Ordenada.
Sin adornos innecesarios.
Todo en ese lugar hablaba de funcionalidad… y control.
Archer cerró la puerta tras ellos.
Sin ruido.
Sin apuro.
Eloise observó en silencio, intentando no parecer demasiado curiosa.
—Toma asiento.
Ella obedeció.
Se sentó con cuidado, manteniendo la compostura.
El conde se dirigió a una pequeña mesa lateral.
—¿Té?
—Sí, gracias.
Eloise relajó apenas los hombros.
Un gesto cotidiano.
Normal.
Eso la tranquilizó un poco.
No notó el momento exacto.
Ni el movimiento preciso.
Pero mientras preparaba el té…
Archer dejó caer, con absoluta naturalidad, unas gotas de un líquido azulino en una de las tazas.
Una poción de la verdad.
Incolora una vez disuelta.
Indetectable.
Perfecta.
Regresó con ambas tazas.
Le ofreció una.
—Gracias —dijo Eloise con una pequeña sonrisa.
Sus dedos rodearon la porcelana tibia.
El aroma era suave.
Agradable.
Se sentía… normal.
El conde tomó asiento frente a ella.
La observó.
Esperó.
Eloise bebió un pequeño sorbo.
Luego otro.
Sin sospechar nada.
Archer también bebió de su taza.
La suya… Completamente limpia.
El silencio se instaló.
Pero no era incómodo.
Era… expectante.
El conde apoyó la taza.
Y habló.
—¿Por qué me seguías?
Directo.
Sin rodeos.
Eloise lo miró.
Y respondió.
—Porque quería conocerlo.
Sin adornos.
Sin desvíos.
Archer no reaccionó.
Pero sus ojos se afilaron levemente.
—¿Por qué yo?
Otra pregunta. Más profunda. Más específica.
Eloise sostuvo su mirada.
—Porque usted puede ser un buen aliado.
El silencio volvió.
Pero esta vez… Había algo distinto. Interés.
—¿Aliado… para qué?
Su tono no cambió. Pero su atención… sí.
Eloise no dudó.
No podía.
No con esa sensación extraña que ahora recorría su mente, como si las palabras simplemente… salieran.
—Por si algún día me secuestran.
El aire pareció detenerse.
Solo un instante.
Pero fue suficiente.
Archer no apartó la mirada.
—¿Por qué yo?
Repetición.
Más intensa.
Más directa.
—Porque es valiente. Justo. Y temible.
Respuesta inmediata. Clara. Segura.
El conde inclinó apenas la cabeza.
—Hay muchos hombres asi..
Eloise negó suavemente.
—No.
Y entonces…
Dijo la frase que cambió todo.
—Porque usted ya lo hizo una vez.
Silencio.
Completo.
Total.
Los ojos del conde se fijaron en ella.
Más profundamente que antes.
Más allá de la superficie.
Más allá de las palabras.
—¿…Qué?
No fue una pregunta casual.
Fue… desconcierto.
Real.
Por primera vez desde que la había visto…
Archer no tenía una respuesta inmediata.
Porque esa información…
No era pública.
No de esa forma.
No con ese detalle.
No con esa certeza.
Su mirada se endureció ligeramente.
Pero no por enojo.
Por alerta.
—Explícate.
El silencio entre ambos se volvió casi insoportable.
Eloise lo miró… y esta vez no intentó suavizar nada.
No podía.
No después de lo que ya había dicho.
Respiró hondo, como si reunir valor fuera lo único que la mantenía firme.
—Cuando llegué a este mundo.. tuve recuerdos.
El conde Archer no la interrumpió.
Pero su mirada… no se apartó ni un segundo.
—No eran míos… Eran de ella.. De la verdadera Eloise.
Sus dedos se apretaron ligeramente sobre la taza.
—En esos recuerdos… yo.. bueno.. ella… era secuestrada.
El aire pareció enfriarse.
—Y su familia… no hacía nada.
No hubo dramatismo en su voz.
Solo… verdad.
Una verdad seca.
Dolorosa.
—No pagaban el rescate. No la buscaban.
Sus ojos bajaron un segundo.
—Simplemente… la dejaban morir.
El silencio del despacho se volvió pesado.
Pero no terminó ahí.
Porque lo más importante… aún faltaba.
Eloise levantó la mirada.
Y lo sostuvo.
—Y ahí… lo vi a usted.
El conde no se movió.
Pero algo en él… se tensó.
—Luchando contra los bandidos.
Su voz se volvió apenas más suave.
—Llegó tarde…
Una pequeña pausa.
—No pudo salvarme.
El peso de esas palabras cayó entre ellos.
Pero Eloise no retrocedió.
—Pero aun así… lo intentó.
Su expresión cambió ligeramente.
Más cálida. Más sincera.
—Y me dio una sepultura.
Sus dedos temblaron apenas.
—Una digna.
Sus ojos brillaron levemente.
—Mucho más… de lo que hizo mi propia familia.
El silencio fue absoluto.
Pero falta un toque de celos para él, qué otro hombre se ponga a coquetear con Eloise /Awkward/