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Furtiva Atracción. Dejándose Amar

Furtiva Atracción. Dejándose Amar

Status: En proceso
Genre:Romance / Romance de oficina / CEO
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Joana había aprendido a vivir sin esperar nada. Cerró puertas, apagó deseos y se acostumbró a la calma de un silencio elegido… o impuesto.Hasta que alguien irrumpió en su vida.Un hombre más jóven, con miradas que encendieron lo que ella creía, con un deseo tan puro como peligroso. Lo que empezó como un juego imposible pronto se volvió una verdad innegable: el amor no entiende de edades, ni de juicios, ni de prohibiciones. Esta antología es un viaje hacia lo inesperado, un homenaje a los amores que llegan tarde… o demasiado pronto. Porque a veces lo prohibido no es un error. Es el único acierto capaz de cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El eco de un apellido

​Esa noche, después de que la oficina quedó en silencio y la ciudad se iluminó con las luces de los edificios, Joana permaneció en su escritorio, sola con sus pensamientos. El murmullo lejano del tránsito se mezclaba con el zumbido constante del aire acondicionado, creando un telón de fondo que intensificaba la soledad de aquel despacho de maderas nobles y leyes antiguas. Frente a ella, la tarjeta que Marco le había entregado descansaba sobre la mesa como un recordatorio vivo de lo ocurrido apenas unas horas antes. Su letra, firme y elegante, parecía contener un desafío silencioso que ninguna norma de protocolo lograba silenciar.

​La tomó entre los dedos y la leyó en voz baja, degustando cada sílaba como si intentara atrapar algo escondido detrás de ellas:

​—Marco D’Lorenzo… —susurró.

​El apellido resonó en su mente, despertando una sensación de familiaridad difícil de precisar. Lo había escuchado antes, estaba segura. Frunció el ceño, intentando hacer memoria. ¿En el ambiente académico de la Facultad? ¿En alguno de los grandes litigios corporativos? ¿En los círculos empresariales a los que a veces era invitada como consultora senior? Ese apellido tenía un eco, una raíz conocida, pero se le escapaba entre los recovecos de su memoria jurídica, como arena escurriéndose entre los dedos.

​Se recostó en su silla de cuero, dejando escapar un suspiro apenas perceptible. Cerró los ojos por un instante, buscando calmar la agitación que la invadía. No era solo el apellido lo que la perturbaba, sino la imagen de él: alto, con esa postura confiada que parecía llenar el despacho sin esfuerzo. Tenía el cabello oscuro, ligeramente rebelde, con un brillo juvenil que contrastaba con la seriedad de sus facciones. Sus ojos, de un color indefinido entre verde y avellana, la habían atrapado desde el primer instante. Había algo en esa mirada: directa, intensa, como si no conociera la duda ni el titubeo ante un tribunal o ante la vida.

​Y lo que más la desconcertaba era su edad. No parecía tener más de veinticinco años, quizá menos, y sin embargo se movía con una seguridad que rara vez había visto incluso en los magistrados más veteranos. La manera en que le había dicho, sin rodeos, que estaba interesado en ella, aún retumbaba en su memoria.

​Joana sintió un cosquilleo recorrerle la piel. Esa clase de audacia era peligrosa, especialmente para alguien que vivía bajo el rigor de la ley y el orden.

​Cinco años. Cinco largos años habían pasado desde que eligió la soledad tras perder a su esposo. Él había sido su primer y único amor: profundo, sincero, lleno de complicidad y ternura. Recordaba sus gestos con una nitidez dolorosa: la forma en que le acariciaba el rostro cuando la veía agotada después de preparar una apelación compleja, su risa franca durante las cenas improvisadas en la cocina, el calor de su abrazo cuando el mundo parecía venirse abajo. La enfermedad se lo llevó demasiado pronto, dejando un vacío que ella había llenado con rutina, disciplina y muros legalistas cuidadosamente levantados alrededor de su corazón.

​Durante esos años, había aprendido a apagar los deseos, a cerrar puertas antes de que alguien pudiera cruzarlas, a vivir con la tranquilidad que otorga el control absoluto sobre cada aspecto de la vida. Su carrera como abogada se convirtió en su refugio, en la certeza que reemplazó la incertidumbre emocional.

​Y, sin embargo, bastó un encuentro con Marco D'Lorenzo para que todo ese equilibrio se tambaleara.

​Se levantó despacio, caminando hacia la ventana que daba a la avenida principal. Las luces de la ciudad parpadeaban bajo un cielo nocturno sin estrellas. Desde lo alto de su despacho, la urbe parecía un organismo vivo, palpitante, lleno de secretos. Apoyó la mano en el cristal frío, como si buscara anclarse a algo tangible.

​Marco era joven, demasiado joven. Diez años de diferencia, tal vez más. Y aun así, se había atrevido a mirarla con un interés tan claro, tan despojado de timidez, que por un momento había sentido que el tiempo retrocedía, que volvía a ser la mujer deseada y no solo la jurista intachable.

​“Si vuelve a aparecer debo mantener la distancia”, se dijo, con un tono firme que, sin embargo, no lograba apagar la agitación en su interior. Cada gesto de él, cada palabra, seguía resonando en su mente.

​Volvió a sentarse, dejando que su cuerpo se hundiera en la silla. El cuero crujió bajo su peso, acompañando el ritmo lento de su respiración. Recordó cómo Marco la había mirado, con esa mezcla de respeto y desafío, como si supiera que estaba cruzando un límite y aun así no pensara retroceder.

​¿Por qué la inquietaba tanto? No era la primera vez que alguien mostraba interés en ella desde que enviudó, pero siempre había sabido mantenerlos a raya con un par de frases corteses y profesionales. Nadie había logrado perturbar su imperium... hasta ahora.

​Y no era solo deseo físico. Marco tenía algo más: una inteligencia aguda, una audacia calculada, un juego de provocación que la descolocaba. Cada palabra suya parecía meditada, diseñada para remover en ella algo que llevaba demasiado tiempo dormido bajo capas de códigos y sentencias.

​Joana cerró los ojos y evocó de nuevo la imagen de su esposo. El contraste era inevitable: la ternura de un amor maduro frente a la provocación juvenil de Marco. Su corazón se debatía entre la memoria y la curiosidad, entre el deber de protegerse y el deseo de sentir otra vez.

​Abrió el cajón del escritorio y sacó un cuaderno de tapas negras. Era su refugio secreto, donde escribía pensamientos que nunca diría en voz alta ni incluiría en ningún alegato. Tomó la pluma y comenzó a deslizarla sobre el papel.

​Escribió sobre sus miedos, sobre la inquietud que Marco había despertado, sobre la sensación de estar al borde de un abismo que no sabía si quería evitar o abrazar. Describió sus ojos, la firmeza de su voz, la forma en que su presencia parecía ocupar todo el espacio alrededor. Anotó también sus dudas: la diferencia de edad, la vulnerabilidad de exponerse después de tantos años, el riesgo de abrir puertas que tal vez no podría volver a cerrar.

​Sin embargo, entre cada línea de cautela, emergía un reconocimiento imposible de ignorar: Marco la había hecho sentirse viva de nuevo.

​Se recostó en la silla, contemplando las palabras recién escritas. Lejos de calmarla, el ejercicio había intensificado la tormenta interior. La pluma seguía temblando entre sus dedos, como si aún guardara la urgencia de lo no dicho.

​La tarjeta de Marco seguía frente a ella, imperturbable, como una promesa o una advertencia. Por primera vez en años, Joana se permitió imaginar un encuentro futuro. No con culpa, sino con la certeza de que algo había cambiado en su defensa técnica ante la vida.

​Se levantó y caminó de nuevo hacia la ventana. El reflejo en el vidrio le devolvió la imagen de una mujer en sus treinta y tantos, con el rostro marcado por la experiencia, por la disciplina, por una fortaleza que muchos admiraban. Y, sin embargo, detrás de esa fachada, había una llama que aún podía encenderse. Marco lo había demostrado.

​Se preguntó qué buscaba él realmente. ¿Era solo deseo? ¿Una conquista? ¿O acaso veía en ella algo que ni siquiera ella reconocía ya?

​El eco de su apellido volvió a resonar en su mente: D’Lorenzo. Buscó entre sus recuerdos, hurgó en los archivos de su memoria. Sí, lo había escuchado antes. Quizá en algún caso internacional de gran relevancia, quizá en una de esas cenas de gala de la judicatura a las que asistía más por compromiso que por gusto. ¿Podría Marco pertenecer a una familia influyente en el mundo legal? ¿Sería ese el origen de su arrolladora seguridad?

​Joana cerró los ojos y apoyó la frente contra el cristal. No tenía respuestas, solo preguntas que la mantenían despierta más allá de la medianoche.

​Sabía que debía poner límites, trazar una línea clara. Pero también sabía que la chispa ya estaba encendida, y que ignorarla sería tan difícil como detener el curso de un río.

​Se giró hacia el escritorio. La ciudad seguía latiendo allá afuera, pero lo único que importaba en ese momento era esa tarjeta, ese nombre, y la certeza inquietante de que Marco D’Lorenzo no desaparecería de su vida con la facilidad con que había irrumpido en ella.

​Y mientras apagaba la luz de la oficina y recogía su maletín para marcharse, Joana comprendió algo que la estremeció: después de cinco años de calma autoimpuesta, la vida volvía a ponerla frente al riesgo de sentir. Y, aunque no quisiera admitirlo, una parte de ella deseaba descubrir hasta dónde estaba dispuesta a llegar.

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Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Carmen Palencia
eres una excelente escritora y gracias por actualizar más capitulos por favor que estoy ansiosa por seguir leyendo más de esta hermosa historia
Carmen Palencia
excelente novela por favor más capitulos que estoy ansiosa por seguir leyendo más de esta hermosa historia
Carmen Palencia
excelente novela
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Joana arriésgate a vivir
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Joana atrévete a vivir
Nairobis Cardozo Portillo
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Nairobis Cardozo Portillo
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Nairobis Cardozo Portillo
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Nairobis Cardozo Portillo
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Nairobis Cardozo Portillo
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Nairobis Cardozo Portillo
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Nairobis Cardozo Portillo
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Nairobis Cardozo Portillo
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Nairobis Cardozo Portillo
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