El Trono Que No Elegí, La Marca Que No Pedí
Mi nombre es Jean De Lucas Grimaldi, hijo alfa de un poderoso CEO.
Hoy cumplo dieciocho años y pensaba festejar mi cumpleaños fuera de casa, como siempre, en el bar de mi mejor amiga, Liana.
Esa noche estaba en el bar bailando y bebiendo más alcohol del que debería. La música corría por mis venas, obligando a mi cuerpo a moverse solo, como si no tuviera control sobre él. En una sola noche había bailado y besado a varios hombres y mujeres del lugar, sin importarme nada más.
Cuando desperté a la mañana siguiente con un fuerte dolor de cabeza, me encontré en una de las camas del bar, rodeado de varios hombres y mujeres desnudos, igual que yo. Todos los hombres con los que me había acostado eran betas; no quería crear ningún tipo de problema.
Apenas abrí los ojos, mi teléfono comenzó a sonar. No miré quién llamaba antes de contestar.
—¿Sabes la maldita hora que es? —gruñí, con la garganta seca y la cabeza latiéndome como si fuera a estallar.
—Claro que lo sé —respondió una voz fría al otro lado de la línea—. Son las siete de la mañana. Y más te vale empezar a moverte.
Mi estómago se contrajo al reconocerla.
—Padre… —murmuré—. Ayer fue mi cumpleaños. Estoy agotado.
Hubo un breve silencio. Uno peligroso.
—No me importa lo cansado que estés, Jean —escupió mi padre, el señor Ashford De Lucas Grimaldi—. Tu cumpleaños no significa nada. Tu comodidad no significa nada.
Cerré los ojos con fuerza. Siempre era así. Para él yo nunca había sido un hijo, solo una inversión.
—Quiero que estés en esta casa en menos de cinco minutos —continuó—. Y si llegas tarde, vas a desear no haber nacido.
—Lo… lo intentaré —respondí, sintiendo cómo el miedo me recorría la espalda.
—No lo intentes —sentenció—. Hazlo.
La llamada se cortó.
Me quedé mirando el teléfono, con el pecho apretado. Algo estaba mal. Muy mal. Mi padre nunca me llamaba tan temprano si no era para anunciar una desgracia.
Y, por primera vez, tuve la certeza de que esa mañana no solo iba a cambiar mi día… iba a cambiar mi vida.
Me levanté de golpe, pero una fuerte náusea me obligó a correr al baño. Apenas llegué, me incliné sobre el inodoro y vomité, con el cuerpo temblándome.
—Jean, amigo, ¿estás bien? —preguntó Dana, mirándome con preocupación desde la puerta.
—No… no, todo es una mierda —murmuré con la voz rota—. Mi padre acaba de llamar. Tengo que estar en casa en cinco minutos… y eso es imposible.
Cinco minutos.
Como si pudiera borrar una noche entera de excesos y miedo en cinco minutos.
—Ve a darte una ducha rápida —intervino Liana sin dudar—. Yo preparo tus cosas y te dejo ropa limpia.
—Gracias… en serio, gracias —dije antes de volver a correr al baño.
Abrí la ducha y el agua cayó sobre mi cuerpo, empapándome por completo. Intenté respirar hondo, relajar los músculos, calmar el nudo que me apretaba el pecho.
Pero no funcionó.
Con mi padre, nada funcionaba nunca.
Salí rápido, me vestí con la ropa que Liana había dejado y tomé mi moto. El trayecto hasta la mansión fue un borrón. Solo tenía una idea clavada en la cabeza: algo malo estaba por pasar.
Apenas crucé la puerta, su voz me atravesó.
—Llegas tarde —dijo con frialdad—. Dije cinco minutos.
—Eso era imposible, padre —respondí con nerviosismo—. Llegué lo más rápido que pude.
—Tarde —repitió, sin mirarme siquiera.
Sentí cómo se me helaba la sangre.
—Debes prepararte —continuó—. Tu boda será esta noche, al anochecer, con el jefe de la mafia.
Lo dijo como si hablara de una reunión de negocios.
Como si no estuviera destruyendo mi vida.
—¿Qué? —grité, completamente en shock.
Esto no puede estar pasando.
No puede ser real.
—Eso es una maldita locura —seguí, la voz temblándome—. No soy tu moneda de cambio para venderme a cualquier hombre.
—Cierra la boca.
—¡Encima ese hombre es viejo, obeso y cruel! —escupí con asco—. ¡Soy alfa! No pienso casarme con otro alfa, y mucho menos con alguien así.
Las lágrimas me ardían en los ojos, pero me negué a dejarlas caer.
No frente a él.
—¿Cómo te atreves a levantarme la voz? —rugió, poniéndose de pie—. Soy tu padre, y haré lo que quiera contigo.
Mi corazón latía tan fuerte que dolía.
—No te pedí tu opinión —continuó—. Solo te di una orden.
El golpe llegó antes de que pudiera reaccionar. El impacto me hizo girar el rostro y sentí el sabor metálico
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Comments
"katu azul"
holissssss comenzando ojala me atrape /Scream//Scream//Scream//Scream//Scream/
2026-02-18
1
Juli
Espero que te guste tanto como a mí
2026-02-18
0