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Lo Siento, Mis Hijos No Necesitan Un Padre

Lo Siento, Mis Hijos No Necesitan Un Padre

Status: Terminada
Genre:CEO
Popularitas:137.7k
Nilai: 4.3
nombre de autor: Lucy-J

Enzo era un libertino; Camila, tranquila y reservada. Eran completamente opuestos, como el fuego y el agua.

Después de casarse, cuando le preguntaban por qué se había casado con Camila, Enzo encendía un cigarrillo y respondía con un tono burlón y serio a la vez:
—Fue mi familia quien lo decidió. ¿Qué podía hacer yo?

Cinco años de matrimonio fueron cinco años de guerra fría. Al final, fue ella quien tomó la iniciativa de pedir el divorcio.
Pero justo cuando Camila estaba a punto de irse, fue Enzo quien no pudo dejarla marchar.

NovelToon tiene autorización de Lucy-J para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

La cena terminó bajo una espesa capa de silencio forzado. Los cubiertos ya habían sido recogidos, las copas vaciadas, pero la incomodidad permanecía suspendida en el aire como un olor difícil de disipar. Paula Silva se levantó con la elegancia rígida de quien estaba acostumbrada a controlar ambientes, pero sus ojos delataban irritación.

—Camila, me llevas a casa —dijo, sin pedir, solo determinando.

Camila Sousa tomó su bolso con calma. Su rostro permanecía sereno, casi indiferente, como si nada de aquello la afectara. Por dentro, sin embargo, las palabras de Enzo —escuchadas minutos antes en el pasillo— aún resonaban frías, cortantes. “Casar... mandó casar. Yo no tenía elección. La dejo como adorno”.

Ella había aprendido, en los últimos meses, que la dignidad no se gritaba, se sostenía.

En el coche, el trayecto hasta la casa de la familia Silva fue silencioso. Paula mantenía la barbilla en alto, mirando por la ventana, mientras Camila conducía con postura erguida, los movimientos precisos. La ciudad nocturna se reflejaba en los cristales como un escenario distante, casi irrelevante ante la tensión que crecía entre las dos.

Así que llegaron, Paula bajó antes incluso de que Camila apagara el motor.

—Entra —ordenó, ya caminando hacia la puerta principal.

La residencia de los Silva era imponente, con su fachada iluminada y jardín perfectamente podado. Un símbolo visible de poder y tradición. Camila entró detrás de la suegra, manteniendo la compostura. Sabía que aquella conversación no sería cordial.

Paula se quitó el abrigo, entregándoselo a la empleada, y caminó hasta la sala de estar. Se sentó, cruzó las piernas y finalmente encaró a la nuera.

—Sabes por qué pedí que vinieras conmigo.

No era una pregunta.

Camila permaneció de pie por algunos segundos antes de sentarse en el sillón opuesto. Cruzó las manos sobre el regazo.

—Imagino que sí.

Paula respiró hondo, como si estuviera reuniendo argumentos para una batalla.

—Lo que pasó hoy fue vergonzoso. Una mujer apareció reivindicando posición al lado de mi hijo, y tú… —hizo un gesto vago con la mano— tú permaneciste impasible.

Camila inclinó levemente la cabeza.

—¿La señora prefería que le hubiera jalado el cabello en medio del restaurante?

La ironía suave irritó a Paula.

—No distorsiones mis palabras. Como esposa, es tu responsabilidad proteger tu matrimonio. Si Enzo está siendo expuesto de esa forma, es porque no supiste mantener tu lugar.

Los ojos de Camila se oscurecieron, pero su voz continuó firme.

—¿Mi lugar?

—Sí. Ningún hombre busca fuera aquello que tiene en casa, si en casa encuentra lo que necesita.

Camila soltó una pequeña risa seca.

—Entonces, según la señora, si su hijo engaña, ¿la culpa es mía?

Paula levantó la barbilla.

—Estoy diciendo que una esposa sabia sabe evitar que otras mujeres tengan espacio.

El silencio que se siguió fue pesado.

Camila apoyó la espalda en el sillón, descruzó las manos y habló con claridad:

—El comportamiento de Enzo no es falta de espacio. Es exceso de instinto. Él actúa como un perro en celo, ¿y la señora quiere que yo le ponga correa?

La frase cayó como un chasquido.

—¡Camila! —Paula se levantó abruptamente—. ¡Mide tus palabras!

—Estoy midiendo muy bien —respondió, también levantándose, pero sin alterar el tono—. Tal vez la señora tenga experiencia en lidiar con terceras personas. Si tiene alguna estrategia eficaz, puede compartirla.

Paula quedó muda por un instante. El rostro perdió parte del color.

—Estás siendo insolente.

—Estoy siendo objetiva.

Paula respiraba con dificultad contenida. Cuando percibió que no conseguiría intimidar con sermones morales, cambió de estrategia.

—No olvides de dónde vienes —dijo, fría—. Puedes tener un diploma, puedes tener carrera, pero tu origen continúa siendo el mismo. Una chica del interior. De una ciudad pequeña, sin tradición, sin nombre.

Camila no se movió.

—La señora sabía exactamente de dónde venía yo cuando insistió en este matrimonio.

—No oses…

—La señora decía que yo era un orgullo. Que mi trayectoria en la medicina era extraordinaria. Que yo no era solo bonita, sino brillante. Recuerdo perfectamente sus palabras: “Tú eres la única capaz de estar a la altura de Enzo en los negocios y en la vida”. Dijo que la familia Silva estaría ganando un tesoro.

Paula cerró los labios con fuerza.

Camila dio un paso adelante.

—Ahora, de repente, ¿mi origen se volvió un problema? ¿O la carrera de una mujer solo tiene valor cuando sirve a los intereses de la familia Silva?

La suegra sintió el golpe. Sus dedos temblaban levemente.

—Estás distorsionando todo. No compares lo que fue dicho antes con la situación actual.

—Solo estoy intentando entender el cambio —Camila inclinó la cabeza—. ¿Qué cambió, Doña Paula? Yo sigo siendo médica. Sigo teniendo mi carrera. Sigo siendo la misma persona que la señora elogiaba. ¿O será que, en aquella época, había algo que yo no sabía?

Paula palideció.

Camila observó atentamente cada microexpresión. No era solo confrontación, era investigación.

—La señora estaba tan empeñada en este matrimonio —continuó Camila— que casi me convence de que era un gran privilegio para mí. Pero ahora parece arrepentida. O tal vez… preocupada.

—¡Basta! —Paula elevó la voz, intentando retomar el control—. Estás intentando crear intrigas dentro de la familia.

—Estoy intentando entender por qué una mujer tan orgullosa como la señora haría cuestión de unir a su hijo con alguien que hoy considera inadecuada.

El silencio que se instaló era más revelador que cualquier respuesta.

Paula desvió la mirada. Por un segundo, parecía más pequeña. Vulnerable.

Sus hombros temblaban levemente, no de debilidad física, sino de algo interno siendo tocado.

—Tú no sabes nada —murmuró.

—Entonces explique —presionó Camila.

Paula levantó nuevamente el rostro, esta vez con expresión dura.

—Estás sobrepasando límites. Estás insinuando que hubo segundas intenciones. Eso es irrespetuoso.

—Yo estoy preguntando —corrigió Camila—. Porque la señora misma acaba de decirme que no soy digna del apellido Silva.

Paula apuntó el dedo en dirección a la nuera.

—Estás intentando poner a madre contra hijo. Eso es bajo.

Camila respiró hondo.

—No necesito poner a nadie contra nadie. Si existe algo mal resuelto, no fui yo quien lo creó.

La tensión era casi palpable. Paula ahora temblaba visiblemente. Sus ojos delataban pánico detrás de la irritación.

—Tú quieres destruir esta familia —acusó.

—Yo solo quiero que la señora sea coherente —respondió Camila, firme—. Cuando me quiso aquí, exaltó mis conquistas. Ahora, usa mi origen para disminuirme. ¿Cuál es la verdad?

Paula no respondió. Apenas repitió, casi mecánicamente:

—Estás intentando separar a madre e hijo.

La frase sonaba más como defensa que como acusación.

Camila percibió. Había algo allí. Algo que la suegra temía que saliera a la luz.

Y eso la inquietó más que cualquier insulto.

Ella estaba a punto de hablar nuevamente cuando oyó el sonido de la puerta principal abriéndose.

Pasos firmes resonaron por el hall.

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Yolanda Villamar
ya me estás cayendo gorda ya hubiera mandado los papeles del divorcio para que se ase pen 🤬🤬🤬🤬a
Rosario. Simoes Veloso
si ls madre no se metiera talvez el seris mas responsable ,pero es el wue estando casado sale con otra mujer ,mientras que la legitima la esconde,que mujer aguante eso...
Hilda Estrada
demasiado amor para ella😞
Hilda Estrada
si, ya basta de rogarle, de pedir tiempo 😢
Hilda Estrada
y x favor, escuchen!
Hilda Estrada
que bárbara, ocupar un espacio de paciente que realmente lo necesita,no,!!!
Hilda Estrada
un catedrático nos dijo: si las mujeres se enamoraran con el cerebro, no con el corazón, otra cosa seria😢
Hilda Estrada
te vas a arrepentir de tus palabras
Hilda Estrada
no sabe que existen sus hijos
Leticia Contreras
finalmente estan juntos despues de sufrir y llorar vale la pena 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰 el entendio
Leticia Contreras
ahy el amor cosa tan rara pero ahi esta
Leticia Contreras
ahora si ya se paso Camila se que esta dolida pero ni le importo que sus nin̈os estan sufriendo mirando a su padre casi moribundo no se vale
Leticia Contreras
los dos necesitan terapia en familia para que ya sea separados oh juntos superen todo lo pasado
Leticia Contreras
lo esta llebando al limite hasta que un dia no despierte
Leticia Contreras
nada esta bien el la quiere reconquistar se vale los dos estan enamorados
Leticia Contreras
los protegio a sus hijos y a Camila de verdad quiere intentarlo bamos con todo Enso
Leticia Contreras
bueno Enso por algo se empieza
Leticia Contreras
ahy que recordar cuando ella lo llamo en busca de alluda y el no le alludo por estar con la zorra de Laura
Leticia Contreras
por Dios ella es una profecional muy ecxelente nunca se gasto el dinero ni en sus hijos
Leticia Contreras
no estaba por dinero estaba porque lo amaba y aun lo ama solo que son dos seres que no saven dialogar y perdonarce el orgullo gana
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