NovelToon NovelToon
Lula, la princesita de los cuatro CEO

Lula, la princesita de los cuatro CEO

Status: Terminada
Genre:CEO / Autosuperación / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:10.4k
Nilai: 5
nombre de autor: kiyoe

Tenía cinco años, el estómago vacío y un don que nadie le creía: Lula entiende lo que dicen los gatos, las plantas y hasta los peces del estanque. También ve lo que los demás no ven: una niebla negra que se enrosca en el cuello de quien está a punto de morir.

Cuando una desconocida se desploma frente a ella en plena avenida, la niña hace lo imposible para salvarla... y, sin saberlo, cambia su destino. De dormir sobre cartones pasa a una mansión de mármol, vestidos de seda y una familia que no se parece a nada de lo que conoció.

Los Valderrama no son una familia cualquiera. Adrián, el mayor, es un CEO helado que jura no ablandarse por una mocosa parlanchina (y ya le está sirviendo el desayuno en la boca). Sebastián, médico en ciernes, lo analiza todo con lógica y gafas. Cristóbal arma escándalos de payaso con tal de verla reír. Y Dante, el más gruñón, esconde las orejas rojas detrás de un «yo no hice nada».

Pero el mundo de los ricos es cruel, y una niña recogida de la calle tiene demasiados enemigos: socios traidores, maestras clasistas, compañeras que susurran «niña de mala suerte» y rivales dispuestos a todo por el negocio. Que se atrevan a tocarle un solo cabello a la pequeña Lula... y los cuatro hermanos les harán pagar mil veces.

Mientras tanto, el don de Lula guarda un secreto que alguien, desde muy lejos, lleva tiempo buscando.

NovelToon tiene autorización de kiyoe para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 35

Aquella mañana de domingo se sentía distinta en la residencia de los Valderrama. Marina había reunido a todos sus hijos varones en la amplísima cocina limpia.

Lula estaba de pie sobre un banquito hecho a su medida, para quedar a la altura de la mesada. La niña llevaba un delantal amarillo con estampado de patitos.

—Hoy descansamos de los negocios y de los asuntos de la escuela —anunció Marina con una sonrisa radiante—. Vamos a hacer un pastel especial de fresa para celebrar el día libre de Lula.

Cristóbal vitoreó a todo pulmón, enfundado en un delantal azul.

—¡Tranquila, Mamá! Soy el chef secreto cuya comida supera a la de cualquier restaurante de cinco estrellas —presumió.

Dante resopló mientras se anudaba a la cintura un delantal negro.

—Si hasta los fideos instantáneos te quedan salados casi siempre. ¿De qué chef secreto hablas? —se burló sin piedad.

En la punta de la mesa, Sebastián acomodaba con precisión absoluta una báscula digital y unas probetas medidoras.

—Hacer un pastel es como preparar un medicamento: la dosis tiene que ser exacta, hasta el miligramo —dijo con lógica implacable.

Pero lo más raro de la escena estaba junto a Lula. Adrián permanecía rígido, con el ceño fruncido y la mandíbula apretada. El frío CEO que solía hacer temblar a sus enemigos llevaba puesto un delantal rosa, con una enorme margarita estampada en el pecho.

—Mamá, ¿no hay otro color que no sea este rosa? —se quejó, con el orgullo hecho trizas.

Marina contuvo la risa ante la cara de tormento de su hijo mayor.

—Los otros delantales están en la lavadora, Adrián. Ponte ese o no cocinas con nosotros —amenazó con dulzura.

Adrián ya iba a quitarse el delantal para volver a su cuarto, cuando la manita de Lula tiró de la punta del delantal rosa.

—Adrián, qué lindo te ves de rosa, como un algodón de azúcar gigante —lo elogió con una sonrisa enorme.

Las manos de Adrián, que sujetaban el cordón, se detuvieron en seco ante el halago de su hermanita. Su ego y su dignidad se evaporaron quién sabe adónde.

—Bueno, está bien. Este color no es tan malo —murmuró, rendido ante el encanto de su hermana.

Cristóbal y Dante apartaron la vista para que no se les escapara la carcajada. Sabían que Adrián no se atrevería a regañarlos con Lula a su lado.

—¡Muy bien, empecemos por cascar los huevos y batir la masa! —indicó Marina.

Cristóbal tomó dos huevos dispuesto a cascarlos con aires de chef profesional. Lanzó uno al aire para atraparlo al vuelo.

¡Plaf!

El huevo se le escapó de la mano y se estampó en el piso de mármol.

—¡Cristóbal! ¡Limpia ese piso ahora mismo! —lo reprendió Marina, ya con dolor de cabeza.

Cristóbal sonrió con torpeza y corrió a buscar servilletas para arreglar el desastre.

Por otro lado, Dante cortaba fresas frescas con un cuchillo de cocina, serio y rapidísimo, como si despachara a un enemigo.

Tac, tac, tac, tac.

—Dante, corta las fresas despacio, que te vas a rebanar un dedo —lo previno Sebastián, preocupado.

Lula miró las fresas rojas sobre la tabla de Dante.

—¡Ay, me duele! ¡No me cortes en rodajas finitas! —se oyó una vocecita desde las fresas.

Lula se rio bajito.

—Dante, la fresa dice que le duele si la cortas muy fino —dijo con inocencia.

Dante detuvo el cuchillo y miró la fresa, desconcertado. Claro que no creía que una fruta pudiera hablar. Pero como se lo pedía Lula, terminó cortándola en trozos más gruesos.

—¿Así está bien? —preguntó, siguiéndole la corriente a aquel pedido absurdo de su hermana.

Lula asintió deprisa, con los dos pulgares en alto.

Ahora le tocaba a Adrián batir la mezcla de harina y mantequilla con la batidora eléctrica. Era la primera vez que el hombre alto agarraba un utensilio de cocina.

—Yo bato la masa, Lula, que esto requiere mucha fuerza —dijo con confianza.

Metió las aspas en un tazón grande lleno de harina y leche. Sin leer las instrucciones, empujó el control de velocidad hasta el número más alto.

¡Fuuuuum!

La batidora giró como loca, fuera de control. La harina blanca salió disparada del tazón en todas direcciones, como una tormenta de nieve.

¡Puf!

La cara de Adrián quedó completamente blanca, cubierta de polvo de harina. Y no solo él: Dante, que estaba a su lado, también cayó víctima. Su pelo negro quedó empolvado de blanco, como el de un viejito.

—¡Adrián! ¡Apaga esa cosa, tonto! —gritó Dante, alarmado, con los ojos cerrados.

Adrián trató de apagar el botón, pero tenía las manos resbalosas de mantequilla.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play