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Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Bestia / Romance
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Faltaban veintitrés días para mi boda cuando descubrí que el príncipe Cassiel planeaba matarme después de convertirse en emperador.

Esa misma noche, mi padre apareció muerto.

Solo tenía una forma de escapar de mi prometido: casarme con su hermano mayor.

Killian, el príncipe maldito que todo el Imperio temía.

Creí que estaba eligiendo al menor de dos monstruos.

Hasta que llegué al Norte y miles de soldados se arrodillaron ante mi esposo.

—Bienvenido a casa, mi rey.

Entonces se arrodillaron ante mí.

—Bienvenida, mi reina.

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: La esposa del monstruo.

Descubrí que existían silencios capaces de hacer más ruido que una batalla.

El del salón del trono fue uno de ellos.

Cassiel permanecía frente a nosotros con la mirada fija en la mano que Killian mantenía sobre mi cintura. A nuestro alrededor, los nobles parecían haber olvidado hasta cómo respirar.

Yo tampoco estaba particularmente tranquila.

Tres horas antes había llegado a la fortaleza de Killian siendo la prometida del príncipe heredero.

Ahora estaba casada con su hermano mayor.

—¿Qué acabas de decir? —preguntó Cassiel.

Killian no retiró la mano.

—Pensé que había sido bastante claro.

—Eso es imposible.

—Entonces esta conversación será más larga de lo que esperaba.

La mandíbula de Cassiel se tensó.

Conocía aquella expresión. La había visto cuando algún miembro del Consejo cuestionaba sus decisiones o cuando perdía durante los entrenamientos. Cassiel odiaba no tener el control.

Y acababa de perderlo delante de media corte.

—Alamea —dijo, ignorando a su hermano—. Ven conmigo.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Había obedecido aquella voz durante demasiados años.

Sentí una presión leve de los dedos de Killian sobre mi cintura. No me obligó a quedarme. Ni siquiera me miró.

Simplemente me recordó que tenía una elección.

—No.

Una sola palabra.

Cassiel me observó como si hubiera comenzado a hablar otro idioma.

—Tu padre murió ayer. Estás alterada y claramente no sabes lo que estás haciendo.

El dolor atravesó mi pecho.

—Sé perfectamente lo que hice.

—Te casaste con él.

—Sí.

—Tres semanas antes de nuestra boda.

—Técnicamente ya no tendremos ese problema.

Escuché un ruido sospechosamente parecido a una tos detrás de nosotros. Por la expresión de Killian, tuve la impresión de que estaba ocultando una sonrisa.

Cassiel dio un paso hacia mí.

Killian se interpuso.

No necesitó sacar una espada.

Su sola presencia bastó para que dos guardias imperiales llevaran las manos a las empuñaduras.

Entonces habló el emperador.

—Suficiente.

Su voz recorrió el salón.

El emperador Edric Valtheris descendió lentamente los escalones del trono. Tenía el mismo cabello oscuro que sus hijos, aunque las canas habían comenzado a extenderse alrededor de sus sienes.

Sus ojos se detuvieron en Killian.

No había afecto en ellos.

Killian tampoco parecía particularmente emocionado de reencontrarse con su padre.

—Doce años —dijo el emperador—. Regresas después de doce años y lo primero que haces es provocar un escándalo.

—Buenos días, padre.

El emperador endureció la expresión.

—No me llames así.

Algo pasó por los ojos de Killian.

Desapareció demasiado rápido para comprenderlo.

—Como ordene, Su Majestad.

El emperador me miró.

—¿Existe realmente un matrimonio?

—Sí.

—Quiero pruebas.

Killian hizo un gesto.

Ronan, que había permanecido cerca de las puertas, avanzó y entregó varios documentos a un funcionario imperial.

El hombre los revisó.

Pasaron unos segundos insoportablemente largos.

—Los documentos son legítimos, Majestad —confirmó finalmente—. El matrimonio fue celebrado ante un sacerdote reconocido por la Corona y dos testigos. Ha sido consumado legalmente mediante el intercambio de votos y sangre.

Rosie dejó escapar una exclamación.

Yo también habría querido hacerla.

La parte de la sangre había consistido en un pequeño corte en nuestros dedos.

La expresión de Rosie sugería que imaginaba algo bastante diferente.

Cassiel parecía compartir su interpretación.

—No acepto esto.

Killian giró ligeramente la cabeza.

—Afortunadamente, no recuerdo haberte pedido permiso para casarme.

—Ella es mi prometida.

—Era.

Cassiel intentó acercarse nuevamente.

—La obligaste.

Esta vez fui yo quien dio un paso adelante.

—No lo hizo.

Todas las miradas regresaron hacia mí.

El emperador entrecerró los ojos.

—Lady Alamea, comprendo que está atravesando un momento doloroso. Podemos solucionar esto discretamente.

—No hay nada que solucionar.

—Su padre murió ayer.

—Soy consciente.

Pronunciarlo continuaba doliendo.

—Entonces comprenderá por qué resulta difícil creer que haya decidido casarse voluntariamente con mi hijo mayor apenas unas horas después.

Mi hijo.

Resultaba curioso que el emperador pudiera utilizar aquella expresión para cuestionar mi decisión, pero no para recibir a Killian después de doce años.

—Fue mi decisión.

Cassiel me miró.

—¿Por qué?

Aquella pregunta era peligrosa.

No podía decirle que sabía que planeaba matarme.

Todavía no.

Necesitaba descubrir qué había ocurrido con mis padres antes de revelar cuánto sabía.

Así que respiré.

—Porque no quería casarme contigo.

Algo se quebró en la expresión de Cassiel.

Rosie bajó la mirada.

—Eso es mentira —dijo él.

—No lo es.

—Hace tres días estabas escogiendo las flores de nuestra boda.

Malditas flores.

—Las personas cambian de opinión.

—¿En tres días?

—He tenido tres días bastante intensos.

Killian soltó una breve risa.

Cassiel lo fulminó con la mirada.

—Esto es obra tuya.

—Me atribuyes demasiado encanto.

—Siempre quisiste quitarme lo que era mío.

La temperatura de la habitación pareció descender.

Killian dejó de sonreír.

—Ten cuidado.

Cassiel no lo hizo.

—Primero el trono. Ahora Alamea.

Killian avanzó un paso.

Los guardias imperiales desenvainaron parcialmente sus espadas.

Los hombres del Norte hicieron lo mismo.

Por primera vez comprendí que aquello podía convertirse en algo mucho peor que una discusión familiar.

Me situé frente a Killian.

Sus ojos bajaron hacia mí.

—No.

—Apártate.

—Acabamos de casarnos. Preferiría no enviudar antes del almuerzo.

Sus labios se movieron apenas.

El emperador golpeó su bastón contra el suelo.

—¡Basta!

Las armas descendieron.

—Este matrimonio será investigado —declaró—. Hasta que el Consejo determine su legitimidad, Lady Alamea permanecerá en el palacio.

—No —respondió Killian.

El emperador lo miró.

—No era una petición.

—Y mi respuesta sigue siendo la misma.

—Ella pertenece a una de las casas bajo mi autoridad.

Killian bajó la mirada hacia mí.

—¿Quieres quedarte?

La pregunta me sorprendió.

El emperador también pareció desconcertado.

Killian estaba haciendo algo que nadie había hecho desde que entramos.

Preguntarme.

Miré a Cassiel.

Después a Rosie.

Mi prima finalmente levantó los ojos.

Había miedo en ellos.

Pero también algo más.

Culpa.

Recordé la conversación.

Pensé que eso estaba solucionado.

Ella sabía qué había ocurrido con mi madre.

Algún día conseguiría que me lo contara.

Pero no sería hoy.

—No —respondí.

Killian volvió la mirada hacia el emperador.

—Entonces viene conmigo.

Cuando abandonamos el salón, las noticias ya se habían extendido.

Los corredores estaban llenos.

Nobles, funcionarios y sirvientes encontraban cualquier excusa para detenerse a nuestro paso.

Podía sentir sus miradas.

Algunas eran curiosas.

Otras horrorizadas.

Escuché los primeros susurros antes de alcanzar las escaleras.

—Está loca.

—Su padre acaba de morir.

—Dicen que Killian la obligó.

—¿Por qué alguien se casaría voluntariamente con él?

—Está maldito.

Continué caminando.

Killian parecía no escuchar nada.

—¿Siempre es así? —pregunté.

—¿Así cómo?

—¿La gente habla de usted como si no pudiera oírlos?

—Generalmente esperan a que esté un poco más lejos.

Eso consiguió arrancarme una sonrisa involuntaria.

Fue pequeña.

Pero estaba allí.

Y me sentí culpable inmediatamente.

Mi padre había muerto ayer.

Killian lo notó.

—Puedes reír.

Lo miré.

—No necesito su permiso.

—Excelente. Nuestro matrimonio progresa maravillosamente.

Llegamos al patio.

La lluvia había cesado, pero enormes nubes cubrían todavía la capital.

Había varios caballos esperando.

—¿Dónde está mi carruaje?

—En tu casa, supongo.

—Entonces necesito uno.

Killian montó sobre un enorme caballo negro.

—Puedes venir conmigo.

Miré el caballo.

Después a él.

—Preferiría caminar.

—Estamos a tres calles de mi fortaleza.

—Mantengo mi respuesta.

Ronan apareció con otro caballo.

—Su montura, mi lady.

—Gracias.

Antes de acercarme, escuché pasos detrás de nosotros.

Cassiel.

—Alamea.

Cerré los ojos un instante.

Killian permaneció inmóvil sobre su caballo.

—Necesito hablar contigo a solas —dijo Cassiel.

—No.

—Por favor.

Aquello sí era extraño.

Cassiel nunca pedía.

Me volví.

Su expresión había cambiado. Ya no parecía furioso.

Parecía herido.

Por un instante vi al muchacho que había conocido durante tantos años.

—No sé qué te dijo —murmuró—, pero todavía puedo arreglar esto.

Sentí que algo dentro de mí se endurecía.

—No hay nada que arreglar.

Cassiel tomó mi muñeca.

Fue un gesto pequeño.

Un gesto que había hecho cientos de veces.

Pero esta vez no llegó a terminarlo.

Killian descendió del caballo con una velocidad que apenas alcancé a registrar.

Su mano se cerró alrededor del brazo de Cassiel.

—Suéltala.

La voz que utilizó ya no tenía humor.

Cassiel lo miró.

—No te metas.

Los ojos de Killian parecieron oscurecerse.

Durante un segundo creí ver algo negro extendiéndose bajo la piel de su cuello.

Parpadeé.

Había desaparecido.

Killian apretó ligeramente el brazo de su hermano.

—Escúchame bien, Cassiel. Puedes cuestionar nuestro matrimonio. Puedes acudir al Consejo, llorarle a nuestro padre o llenar la capital de rumores.

Su voz bajó.

—Pero no vuelvas a tocar a mi esposa sin su permiso.

Cassiel soltó mi muñeca.

Killian lo liberó.

Nadie habló.

Entonces Killian se volvió hacia mí con absoluta tranquilidad.

—Ahora sí.

Señaló mi caballo.

—¿Nos vamos, esposa?

Miré a Cassiel una última vez.

Después monté.

Mientras abandonábamos el Palacio Imperial, todavía podía sentir su mirada sobre mi espalda.

Había conseguido escapar de mi prometido.

El problema era que ahora estaba casada con un hombre que hacía que incluso el futuro emperador retrocediera.

Y empezaba a sospechar que los rumores sobre Killian no eran únicamente rumores.

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Maria Arias
hay que bueno jajajsj 🤭
Maria Arias
hay me morí con estos par de locos
Maria Arias
hay Dios esto está es bueno. tiene mucho suspenso
Maria Arias
que desgraciado
Flæka Caviedez
Mucha demora para un capítulo. así no aguanta leer
Mayelin Cepero Valdes
x favor actualizar rápido
inuyasha/ Tomoe🦊
más capítulos plis no dejes de escribir lo espero con ansias 🫠
Maria Liendo
más capitulos por favor 😁 está muy buena la novela sigue así
Arely Castañeda
maldito Cassiel como que apropiación ilegal si ella es la heredera
Darcalie: LO ODIO CON TODO MI CORAZÓN 😭
total 1 replies
Iliana Curiel
oh dios mío autora me encanta tu novela no puedo esperar a leer más capítulos soy tu fan ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
autora estoy fascinada con tu novela me encanta, no tengo palabras estoy ansiosa por más capítulos
gracias me dejas sin palabras, hermosa y misteriosa historia ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
Georgetth Rosemary
Más capitulos
Dulce
Nooo, que feooo /Sob/
Georgetth Rosemary
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