La Joven Amante del Lycano
Clara solo tenía dieciocho años cuando conoció al hombre que cambiaría su destino.
Sebastián era siete años mayor, atractivo, elegante y dueño de un encanto imposible de ignorar. Todo en él parecía perfecto: su sonrisa, sus atenciones y la forma en que la hacía sentir la única mujer del mundo.
Lo que Clara no sabía era que, desde el primer día, él le ocultaba el secreto más importante de su vida.
Mientras ella se enamora perdidamente, Sebastián observa, calcula y nunca deja nada al azar. Para él, perder a Clara no es una opción. Y cuando descubre cuál es la única cosa capaz de alejarla para siempre, decide adelantarse a su destino... aunque tenga que atarla a él de la forma más irreversible.
Pero Sebastián no es un hombre cualquiera.
Es un lycano.
Y cuando un lycano decide que alguien le pertenece, no acepta un "no" como respuesta.
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La primera jugada
El rugido de la motocicleta se apagó frente a la pequeña plaza de Riverside.
Sebastián permaneció unos segundos sentado, observando a la muchacha que esperaba junto a la fuente.
Había llegado diez minutos antes.
Lo supo porque llevaba observándola desde la esquina de la calle.
Clara acomodaba una y otra vez el sombrero de paja que llevaba puesto. Luego alisaba su vestido floreado con evidente nerviosismo. Cada pocos segundos consultaba la hora en su celular y volvía a levantar la vista.
Sonrió para sí.
—Llegó antes... Tal como imaginaba.
Se quitó el casco con tranquilidad.
No tenía ninguna prisa.
Las personas nerviosas siempre terminaban mostrando más de sí mismas.
Finalmente apagó el motor.
El sonido hizo que Clara levantara la cabeza.
Sus ojos se iluminaron apenas lo reconoció.
Aquella reacción arrancó otra sonrisa a Sebastián.
No era una sonrisa cálida.
Era la satisfacción silenciosa de quien comprobaba que su plan comenzaba a funcionar.
—Perdón por hacerte esperar.
—No... yo también llegué hace poquito.
Él supo inmediatamente que mentía.
Había esperado casi diez minutos.
Pero no la contradijo.
—¿Lista para enseñarme Riverside?
Ella asintió con entusiasmo.
—Claro.
Comenzaron a caminar por la plaza.
Clara saludaba a todo el mundo.
Un panadero.
Una anciana.
Dos niños que corrían detrás de un balón.
Todos la conocían.
Sebastián no decía demasiado.
Observaba.
Escuchaba.
Memorizaba.
Cada sonrisa.
Cada gesto.
Cada palabra.
La carpeta no había exagerado.
Clara era exactamente igual a la fotografía.
Espontánea.
Amable.
Con una inocencia que resultaba casi imposible encontrar en la ciudad.
"Interesante", pensó.
No fingía.
No intentaba impresionarlo.
Simplemente era así.
—¿Qué estás mirando? —preguntó ella.
—A ti.
Clara sintió que las mejillas le ardían.
Él desvió la vista con absoluta naturalidad, como si no acabara de decir nada importante.
Era suficiente.
No hacía falta insistir.
Sabía medir perfectamente cuánto debía avanzar y cuándo retroceder.
Una palabra bien dicha valía más que diez exageraciones.
Entraron a una pequeña heladería.
—¿Qué sabor te gusta?
—Vainilla.
—¿Solo vainilla?
Ella rió.
—¿Tiene algo de malo?
—No.
Pidió dos helados iguales.
Mientras caminaban otra vez por la plaza, Clara comenzó a hablar de su infancia.
De la escuela.
De sus profesores.
De cómo había conseguido la beca para estudiar Arte.
Sebastián apenas intervenía.
Solo hacía preguntas.
Las personas disfrutaban hablando de sí mismas.
Y mientras hablaban...
Entregaban información.
—¿Siempre quisiste estudiar Arte?
—Desde niña.
—¿Y después?
Ella levantó la vista hacia el cielo.
—Quiero viajar.
Conocer lugares nuevos.
Pintarlos.
Y algún día...
Me gustaría ver el mar de noche.
Sebastián ocultó una sonrisa.
Exactamente igual que en el informe.
Ni una palabra diferente.
Aquellos no eran sueños inventados para impresionarlo.
Eran auténticos.
Eso los hacía todavía más útiles.
Continuaron caminando hasta el puente que atravesaba el río.
El viento movía suavemente el cabello de Clara.
Ella apoyó los brazos sobre la baranda.
—Cuando estoy aquí siento que todo está tranquilo.
Sebastián abrió la mochila y sacó una cámara.
Comenzó a fotografiar el paisaje.
Las montañas.
El río.
Los árboles.
Clara observaba fascinada.
Nunca había visto a alguien tomar fotografías con tanta concentración.
Entonces...
El obturador volvió a sonar.
Pero la cámara apuntaba directamente hacia ella.
—¡Oye!
Él bajó la cámara.
—¿Qué pasa?
—¿Por qué me tomaste una foto?
Sebastián caminó despacio hasta quedar frente a ella.
La observó unos segundos.
—Porque este paisaje ya existía antes de que yo llegara.
Hizo una breve pausa.
—Pero esa sonrisa solo apareció cuando me viste.
Clara sintió que el corazón se aceleraba.
Desvió la mirada.
Nunca nadie le había hablado de aquella manera.
Sebastián volvió a guardar la cámara.
No necesitaba decir más.
Había aprendido hacía mucho tiempo que el silencio también seducía.
Mientras Clara intentaba recuperar la calma, él pensaba en algo completamente distinto.
"No necesito apresurarme."
"Las personas confían más cuando creen que todo ocurre de manera natural."
"Solo debo estar presente."
"Escuchar."
"Hacerla reír."
"Recordar cada uno de sus sueños."
Miró discretamente a la muchacha.
EllA seguía contemplando el río.
Completamente ajena a lo que ocurría en la mente del hombre que tenía al lado.
Sebastián volvió a sonreír.
No porque estuviera enamorado.
Todavía no.
Aquello era otra cosa.
Era curiosidad.
Era el placer de comprobar que podía comprender a una persona antes incluso de que ella misma entendiera lo que sentía.
"Clara..."
"Voy a ocupar un lugar importante en tu vida."
"No porque el destino lo quiera."
"Sino porque yo voy a construir ese camino paso a paso."
El sol comenzaba a ocultarse.
Las sombras se extendían lentamente sobre el puente.
—¿Volvemos? —preguntó ella.
—Todavía no.
Le señaló un sendero que ascendía hasta un pequeño mirador.
—Quiero ver el pueblo desde arriba.
Clara sonrió.
—Entonces ven. Desde allí se ve todo Riverside.
Comenzó a subir con entusiasmo.
Sebastián la siguió unos pasos detrás.
Mientras observaba cómo el viento hacía ondear el vestido floreado de la muchacha, volvió a dibujar aquella sonrisa tranquila.
La partida apenas comenzaba.
Y él jamás había perdido un juego para el que había tenido tiempo de prepararse.
Clara lleva 57 capítulos intentando descubrir dónde diablos está, y ahora resulta que está enamorada del licántropo que la secuestró. 😭
Pero le prometo algo: Sebastián todavía no ha mostrado todo lo que esconde. 👀
Y después de este comentario… me parece que usted va a querer matarme cuando lleguemos a los próximos capítulos. 😂🐺
Gracias por leer y por preocuparse tanto por Clara ❤️.